El checo de oro
... para acoplarse en una época posterior a la que le tocó vivir y, entre todos ellos, destacaría la figura del checo de oro: Joseph Masopust. No tenía un físico especial ni mucho menos pero, consciente de ello y con una señera capacidad de sacrificio, se preparaba a conciencia cada invierno en las montañas checas. Retirado de la ciudad y con la mente liberada. El, mejor que nadie, sabía que cuidando su medio de trabajo y perfeccionando en la concentración, no le iban a faltar coronas (moneda checa) que llevarse al bolsillo en una Checoslovaquia sumida en la ausencia de la democracia liberal. Su excelente preparación físico-mental le hacía ser omnipotente en cada partido ya que aparecía con libertad por cualquier zona, defendía la salida de balón y luchaba para recuperarla más allá de sus límites. Su fútbol, en constante estado de nerviosismo por la tensión y énfasis de cada uno de sus enérgicos movimientos, parecía tomarse un respiro cuando se pedía la frialdad del...



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