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“Al fútbol se juega con el cerebro” (Johan Cruyff)


El checo de oro

... que terminaría como campeón. En aquella generación sin comparación y sin sustitutos aún a la vista, estaban nombres como Ladislas Novak, Pluskal, Kouba, Borovicka o Safranek, pero sobre todo, el líder intocable era Masopust. Organizador, recuperador y maestro del dribling (arte que le hizo singular), jamás huyó de su sueño, llegar a una final mundialista. Esa meta, que empezó ante Hungría en 1954, se consumó ocho años después, en Chile 1962. A la cita ya llegaba tras haber disputado el Mundial del 58 y de obtener la medalla de bronce en la Eurocopa anterior, pero allí, en tierras chilenas, se vio al mejor centrocampista del momento. No sólo alcanzó la deseada final, sino que un derechazo suyo propició que los checos se adelantaran a Brasil en la finalísima de Santiago. Pese a perder (3-1), su caché ya era imparable y recibió meses después el Balón de Oro. El primero en la historia para el fútbol del este. El Primero de su país. Era la luz entre las sombras, el brillo que...