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	<title>Diarios de Futbol &#187; Ferenc-Puskas</title>
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	<description>&#34;Los delanteros ganan partidos. Las defensas ganan campeonatos&#34; (John Gregory)</description>
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		<title>Cristiano, en la encrucijada</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 21:14:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/12/crisyell.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/12/crisyell.jpg" alt="" title="crisyell" width="286" height="320" class=derecha_sinmarco class="alignnone size-full wp-image-25950" /></a> Ahora que el ambiente parece haberse tranquilizado con la distancia al Clásico, los dos partidos que ha jugado el Madrid entre medias, el Mundialito y, cómo no, el ambiente navideño que ya nos va impregnando a todos, toca hablar un poquito de <strong>Cristiano Ronaldo</strong>, y de cómo se encuentra en una etapa clave de su carrera. Un <em>momentum</em> que casi con total seguridad va a determinar su impacto global como futbolista, su posición futura en el Olimpo de las estrellas, e incluso la huella que dejará para las generaciones que vienen detrás.</p>
<p>Inductivamente, ascendamos de lo local a lo global, y depositemos nuestra atención sobre un hecho tan banal que casi podríamos catalogar de anécdota: los silbidos que le dedicó una parte de la afición del Bernabéu en el choque contra el Barça. Por supuesto, la situación deriva en parte del contexto más desagradable posible para el madridismo, que es la inferioridad manifiesta –institucional, deportiva, mediática- respecto al Barcelona, combinada con la repetición casi inexorable de la derrota en el enfrentamiento directo, sea el Madrid claramente superado por el rival o consiga mantener un cierto equilibrio. Una situación que exacerba cualquier sentimiento crítico, y que no contribuyeron a tranquilizar las dos estupendas ocasiones que falló el portugués durante el choque. Unos condicionantes sombríos para el equipo en general, y su estrella en particular.</p>
<p>Sin embargo, cuando un público tan avezado y experto como el de Chamartín decide dedicar silbidos a un futbolista de tal talla, los motivos deben ir bastante más allá de una situación tan coyuntural como un mal partido o una mala actuación. En este caso concreto, es bastante posible que la motivación del aficionado de su equipo que le censura provenga sobre todo de dos circunstancias que se vienen observando con frecuencia desde que el futbolista llegó a Madrid en 2009. Por una parte, una serie de comportamientos que, sin ser violentos ni antideportivos, escuecen mucho al observador neutral, a la vez que ofenden la imagen habitual que el madridista tiene de su propio club; todo ese cúmulo de posturitas, gestos chulescos, manos en la oreja al marcar o declaraciones tipo “quien me critica no sabe de fútbol” o “me tienen envidia por ser guapo”. Un manual de estupideces y niñerías que le granjean animadversión y odio, le separan de su propia afición y ensucian o minimizan sus indiscutibles méritos como futbolista. Muy fáciles de corregir, además.</p>
<p>Las otras razones por las que el aficionado blanco no acaba de entregarse a Cristiano Ronaldo proceden directamente de su rendimiento deportivo. Especialista en triturar a rivales de nivel medio o bajo, a los que abruma o directamente aplasta luciendo su inconmensurable arsenal de virtudes físicas y técnicas, su rendimiento desciende considerablemente ante rivales de empaque, que le impiden ejercitar su despliegue y lo llevan a terrenos donde, más que la fuerza y la potencia, mandan la precisión, la sutileza y el conocimiento del juego. Son cualidades de las que Cristiano no anda sobrado, y esta carencia le penaliza sin piedad, una vez tras otra, en esos duelos en los que todos los focos caen sobre él. Futbolista orgulloso, sobrado de pundonor y autoestima, se obceca en imponer sus virtudes en escenarios nada propicios para ellas, y el resultado suele traducirse en pérdidas de balón, pelotazos a la grada, aventuras individuales que quedan en nada e intrascendencia general.  La situación se vuelve insoportable en la comparación con <strong>Messi</strong>, que reúne punto por punto dichas virtudes, y además las aprovecha para obtener, desde otros presupuestos, unas cifras goleadoras igual de sobrenaturales. Seguramente a Cristiano le encantaría disfrutar de la unanimidad que genera Leo, así como asumir un papel de mesías en el madridismo similar al que ejerce semana tras semana el rosarino en Barcelona. En cambio, sólo encuentra desconfianza y voces discordantes que alimentan su círculo vicioso, y muchos madridistas que opinan que ni siquiera es el jugador menos prescindible del equipo. Para ellos, el hombre es<strong> Xabi Alonso</strong>.</p>
<p>Si Cristiano Ronaldo  quiere alcanzar su cúspide como futbolista, debe asumir que es un maravilloso goleador, quizá el mejor de nuestro tiempo, y “sólo” eso. Ni más ni menos, con sus pros y sus contras. Puede que se hiciera un nombre en el Sporting como extremo –frente a las defensas portuguesas,<em> no offence</em>- pero se ha convertido en el icono actual por sus impresionantes cifras goleadores y su demoledora capacidad frente a la puerta contraria. Un matador atípico porque parte desde la banda en lugar de vivir en el área, pero esto es fútbol moderno de élite, no los años 60 en cualquier barrizal de las Midlands.  Quizá en sus pies estén los goles que puedan llevar al Madrid a discutirle realmente al Barça su supremacía actual, pero no está, ni va a estar, el fútbol necesario para llegar a ello; eso es cosa de otros, y cuanto antes lo asimile Cristiano, mayor será su rendimiento y, sobre todo, el de su equipo. Esta asimilación debería conllevar una cierta mejora de su aportación al engranaje colectivo –algo que hemos empezado a ver este año- a la vez que desdeñar la tentación de jugárselo todo en solitario cuando la cosa va mal y el contrario es poderoso. Esta es la auténtica humildad que le hace falta como futbolista, la de reconocer sus deficiencias para ocultarlas e impedir que oscurezcan sus tremendas virtudes. </p>
<p>Puede ser que el astro portugués tome este camino –está en su mano-, y puede que no. Si su decisión es la segunda, quizá antes de lo que piensa comience a descender escalones.  Pero si escoge correctamente, en cambio, es muy probable que lleguen esos galardones individuales que ansía –siempre posteriores, no anteriores, a los títulos- y con el tiempo, un lugar junto a los <strong>Puskas</strong>, <strong>Müller</strong>, <strong>Van Basten</strong> o <strong>Hugo Sánchez</strong>, que ya es un logro descomunal. La gran sala del Valhalla, la de los <strong>Di Stéfano</strong>, <strong>Pelé</strong>,<strong> Maradona</strong> o <strong>Messi</strong>, siempre le quedará lejos. Es ley de vida. Y no se acaba el mundo por eso.</p>
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		<title>Las cuatro puertas</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Nov 2011 22:32:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/puerta.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/puerta.jpg" alt="" title="puerta" width="300" height="300" class=derecha_sinmarco class="alignnone size-full wp-image-25108" /></a></p>
<p>&#8220;<strong>Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades</strong>&#8220;. </p>
<p><em>Patrick Rothfuss </em></p>
<p>Pasan por la Puerta del Sueño todos los acontecimientos cuya imposibilidad metafísica define al fútbol como onirismo colectivo. No puede ser que un futbolista controle un balón, dé una vuelta de vals en otra dirección y, milagrosamente, se encuentre la bola un año después para ajusticiar a un portero. Ni que el gol que todos hemos ejecutado alguna vez en un sueño, controlando en tu campo a la que no mancha y regateando a un ejército antes de empujar a puerta vacía, lo repitieran idéntico dos tipos a los que une un hilo de plata en tiempos y lugares diferentes. Y mucho menos lo que siempre llevamos en el fondo del corazón, y que repetimos una y otra vez en ese espejo de fantasía que son los videojuegos: tomar el equipo de tu barrio, de tu pueblo o de tu pequeña ciudad, y en un parpadeo hacerlo campeón de Europa. No puede ser. Y si ese tipo seductor se llama Sueño, Morfeo, Oneiros o Sandman, igual podemos conocerlo por Dennis, Armando, Leo o Brian. Qué sabemos nosotros.</p>
<p>Hasta aquí lo que se refiere a esos hermosos momentos en que sonreímos con los ojos cerrados y despertamos felices, dispuestos a exprimir el nuevo día o el nuevo lunes. Pero hay momentos terribles en los que todo parece ir al revés, las grietas resquebrajan las promesas de alegría, y percibimos entre la desazón y la angustia el mar negro e infinito que se anuncia detrás. Pongamos que nuestro club va por delante en el descuento de la final de la Copa de Europa, y la pierde en un minuto. O que morimos por ese equipo que es pequeño pero orgulloso, que se enfrenta al titán en la final, va perdiendo y consigue empatar, y vuelve a ir perdiendo y vuelve hacerlo, marca un gol, dos, tres, cuatro, se queda con diez y aguanta, se queda con nueve y sigue resistiendo, y que, con Ítaca ya a la vista, acaba condenado por un gol en propia puerta de su gran capitán. Cuando el dolor es excesivo, corren las lágrimas y el simple recuerdo regala un martillazo, no hay más solución que cruzar la Puerta del Olvido. Aunque parezca tan lejana que lleguemos a creer que no existe, en algún lugar nos espera para aliviarnos. ¿Dónde está Alesia?</p>
<p>Luego llegan los estados superiores. Si estos sueños o pesadillas siempre nos contemplan como espectador, más o menos implicado, muchas veces demasiado, momentos puntuales nos lanzan al paroxismo. Los minutos más intensos de la vida, los que sentimos con el cerebro, el corazón y el hígado, el borde de las pestañas y las puntas de los pies. Segundos en los que estamos viviendo tanto, sintiendo tanto, celebrando tanto, que el marciano que llegase del exterior saldría despavorido advirtiendo a sus compañeros de la irracionalidad y los sonidos desgarradores capaces de proferir los extraños bichos que habitan en este pequeño planeta. Nadie recuerda nada al cruzar la Puerta de la Locura, esa que por ejemplo reventó el disparo de un pequeño vampiro, y cerró suavemente un santo de barba venerable levantando al cielo seis kilos de gloria dorada. ¿Alguien podría describir qué ocurrió en esos minutos que definen la mente en blanco?</p>
<p>Pero todo acaba. Lo bueno, lo malo, lo alegre y lo duro, felicidad, gravedad y desesperación. La multitud marchándose tras el partidazo, esa tristeza infinita de las gradas sin nadie de la que hablaba Galeano. Nada puede sustituir al fútbol, Kevin, cuando toca la campana de la retirada, y las piernas niegan lo que en la cabeza han dibujado el talento y la experiencia. Un ruido sordo a derribo que nos llega de los fantasmas de Highbury, Sarriá o el auténtico Wembley, catedral desaparecida. El rumor de los que defendieron camisetas que ya no existen, clubes enteros perdidos en el océano de la codicia, la ineptitud o el tiempo. Y sobre todo, por encima de todo y de nosotros, la leyenda de los que nos dejaron: las flores en la Plaza de los Héroes recordando a Pancho, las multitudes despidiendo en Belfast a George Best mientras sentían en su interior mutar la admiración en añoranza; y la otra cara, Juanito en una carretera anónima, Escobar viendo un cañón, o Sindelar Dios sabe cómo. Aunque se fueron, siempre estarán aquí. ¿Por qué entonces, siendo inmortales, tuvisteis que cruzar la Puerta de la Muerte?  </p>
<p>El fútbol es eterno.</p>
<p><a href="http://twitter.com/ramonjflores" target="_blank"><img class="centro_sinmarco" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/bt_ramonjflores-300x51.jpg" alt="" width="300" height="51" /></a></p>
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		<title>Historietas de los mundiales: Puskas en la final del 54</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jun 2010 06:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="480" height="385"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/cKS1cKmsrCI&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/cKS1cKmsrCI&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"></embed></object></p>
<p>Quizá el mejor jugador de su tiempo, <strong>Ferenc Puskas</strong> llegó a la famosa final del Wankdorf con sensaciones encontradas: por un lado su selección era indiscutiblemente el mejor equipo de la época –y de muchas épocas- y él su motor; por otro, “Cañoncito” arrastró todo el campeonato una lesión que no le dejó rendir a su auténtico nivel. Esta dicotomía funciona como perfecta alegoría de un partido que Hungría iba ganando a los ocho minutos 2-0 con gol de nuestro protagonista, pero en el que anduvo lastrada por las limitaciones de su gran estrella, que se pasó cojeando gran parte del partido. Aún así, Puskas se las arregló para lograr un empate postrero que desafiaba al milagro de <strong>Fritz Walter</strong>, pero el fuera de juego que señaló <strong>Ling</strong> dejó sin premio a un equipo maravilloso y a un futbolista irrepetible.</p>
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		<title>España-Turquía, medio siglo atrás</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Mar 2009 14:22:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No corrían buenos tiempos para el fútbol español. El gol de Zarra en el 50 tapó un poco las miserias de nuestro balompié, pero el efecto del enfrentamiento civil, los duros años de posguerra, la dictadura y, sobre todo, la designación a dedo de presidentes de la FEF que procedían del campo político y desconocían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2009/03/yema.jpg" alt="yema" title="yema" width="491" height="298" class="alignnone size-full class=centro wp-image-8440" /></p>
<p>No corrían buenos tiempos para el fútbol español. El gol de <strong>Zarra</strong> en el 50 tapó un poco las miserias de nuestro balompié, pero el efecto del enfrentamiento civil, los duros años de posguerra, la dictadura y, sobre todo, la designación a dedo de presidentes de la FEF que procedían del campo político y desconocían el mundo del deporte fue una terrible rémora para la selección española. Especialmente vergonzosa fue la eliminación del equipo nacional, que contaba con una de las mejores escuadras de su historia, del mundial del 58, y rocambolescas, a la par que tristes, las que nos dejaron fuera de la Copa del Mundo de Suiza, y que ahora nos ocupan.</p>
<p>En aquella época –no olvidemos que estamos hablando del quinto Mundial- las eliminatorias de clasificación eran mucho más sencillas que en la actualidad. En Europa se montaron once grupos de tres o dos equipos, que daban el pase al triunfador de la liguilla o la eliminatoria, respectivamente. El bombo emparejó a España con Turquía, país en aquella época completamente desconocido al máximo nivel, y bisoño hasta el punto de no haber participado jamás en un campeonato del Mundo. El sorteo deparó el primer encuentro en España, y la vuelta en tierras otomanas.</p>
<p>El encuentro de ida se disputó en el coliseo de Chamartín el día de Reyes de 1954, en el mismo escenario donde ambas selecciones repetirán el sábado, 55 años después. Por España podía jugar el nacionalizado <strong>Kubala</strong>, uno de los mejores futbolistas de la época –seguramente sólo<strong> Di Stéfano</strong>, aún en Argentina, y su compatriota <strong>Puskas</strong> podían rivalizar con él en ese tiempo- pero el ínclito seleccionador español Iribarren, dentista de profesión, no consideró necesaria su participación en este partido. No se equivocó, en realidad, porque los <strong>Gainza</strong>, <strong>Lesmes</strong> y <strong>Campanal</strong> despacharon a los turcos con un resultado amplio (4-1). Sin embargo, cuentan las crónicas que fue un encuentro más duro de lo que mostró el marcador, que se llegó al descanso con empate a uno, y que sólo dos buenas penetraciones de los extremos Gainza y Miguel acabaron desequilibrando la balanza. Doblete del sestaoarra Venancio, que mandó un balón al larguero y marcó el último tanto en fuera de juego.</p>
<p>El partido de vuelta fue otra historia. Los turcos, que sabían que un gol les valía para forzar el desempate  -no se contaba la diferencia de goles- prepararon una encerrona en toda regla al combinado hispano, y su plan se desarrolló con absoluta puntualidad. Conscientes de su inferioridad técnica, los anfitriones presionaron desde el principio, endurecieron el juego hasta el límite de la violencia –hay polémica, aún hoy, sobre si la calidad del arbitraje del suizo <strong>Schmetzler</strong>- y metieron pronto a España en la dinámica que le convenía. No faltó ni una fuerte lluvia que ensuciase el partido, ni el consabido gol en el primer cuarto de hora: un fallo de <strong>Pasieguito</strong> que dejó solo a <strong>Bukhan </strong>para que éste ejecutase al meta <strong>Carmelo</strong>. España sólo entró en el partido en la segunda mitad, cuando Kubala  -muy marcado todo el partido- pudo por fin realizar un par de internadas, y gozó de su mejor oportunidad en otro palo de Venancio. Pero no se movió el marcador, y el 1-0, seguramente justo, enviaba la eliminatoria a un dramático desempate, que se jugaría en Roma.</p>
<p>Fue un encuentro marcado por un acontecimiento extraño, que seguramente determinó en parte el destino del encuentro, y que aún hoy no ha sido aclarado: poco antes de comenzar el choque, la delegación española recibió un telegrama de la FIFA, en el que se prohibía la participación de Kubala en el partido por problemas con su pasaporte. El ex húngaro no jugó, y terminado el choque, nunca fue posible encontrar al emisor del telegrama. Quizá, con unas simples líneas, decidió la eliminatoria. A Ladislao lo sustituyó Pasieguito.</p>
<p>… Y todo salió mal, a pesar del gol de Arteche a los doce minutos, y a pesar del partidazo de Campanal. No fructificó el dominio español durante gran parte del encuentro. Burhan lanzó un tiro fácil a priori para el portero que pegó en <strong>Biosca</strong> y se fue fuera. Un contragolpe es el segundo gol turco, que marca <strong>Suad</strong>. Empata el rojiblanco Escudero en una jugada de rechaces, pero hay dos goles más del equipo nacional –uno en la prórroga- que son anulados por falta previa por el árbitro <strong>Bernardi</strong>. Y la mala suerte definitiva, el sorteo posterior en que la mano inocente del niño <strong>Gemma</strong> acaba con las ilusiones hispanas. Una historia dura, cruel y despiadada, de esas en las que tan pródigo ha sido nuestro fútbol. Basta leer estas palabras del cronista de la Vanguardia “Esa misma suerte que nos persigue desde hace demasiados años ya”, que podían haber sido escritas en tantos y tantos momentos de la historia de la Roja.</p>
<p>Afortunadamente, vivimos unas fechas en las que estas situaciones parecen más lejanas que nunca. Disfrutémoslas, y también del gran partido del sábado; pocas veces podremos ver, en nuestro suelo, un partido entre el campeón de Europa y un semifinalista de la anterior Eurocopa.</p>
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		<title>Ojalá hubiéramos estado allí</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jul 2008 08:52:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ya se sabe lo aficionados que son los periódicos ingleses a hacer listas de todo, desde lo más sublime hasta lo más absurdo. Sin embargo, hay que reconocer que en ocasiones estos listados, por muy subjetivos que sean, resultan ciertamente interesantes. Así es el que descubrimos a través de Fútbol Arte, realizado por el sempiterno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href='http://www.diariosdefutbol.com/images/2008/07/best.jpg'><img class="izquierda_sinmarco" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2008/07/best.jpg" alt="" title="best" width="204" height="271" class="alignnone size-full wp-image-4351" /></a> Ya se sabe lo aficionados que son los periódicos ingleses a hacer listas de todo, desde lo más sublime hasta lo más absurdo. Sin embargo, hay que reconocer que en ocasiones estos listados, por muy subjetivos que sean, resultan ciertamente interesantes. Así es <a href="http://www.timesonline.co.uk/tol/sport/football/article4287740.ece?token=null&#038;offset=144&#038;page=13">el que descubrimos</a> a través de <a href="http://futbol-arte.blogspot.com/2008/07/top-50-del-ftbol-ingls.html">Fútbol Arte</a>, realizado por el sempiterno <em>Times</em>, en el que se enumeran hasta cincuenta momentos inolvidables, wish you’d been there, del futbol inglés. Aunque falten algunos videos por obra y gracia de la política UEFA, merece darse una vuelta por los sensacionales textos, y recordar al Sutton matagigantes de 1989, al perro <em>Pickles</em> o la lección de <strong>Puskas</strong> y compañía en Wembley. Ahí va, a modo de aperitivo, la lista de los diez primeros:</p>
<p>1.- Como no podía ser de otro modo, la final del Mundial 66, gran orgullo británico (aunque quizá no debería serlo tanto).</p>
<p>2.- La milagrosa Copa de Europa del Liverpool en Estambul, empatando el 3-0 en cinco minutos.</p>
<p>3.- La remontada de todos los tiempos del Manchester en el Camp Nou.</p>
<p>4.- <strong>Maradona</strong> en el Estadio Azteca, con el énfasis inevitable en la trampa antes que en la magia.</p>
<p>5.- La increíble Liga del Arsenal en el 89, obtenida en Anfield gracias a un tanto de <strong>Michael Thomas</strong> en el descuento del último partido.</p>
<p>6.- La primera Copa de Europa del Manchester, con la prórroga gloriosa ante el Benfica y el gran toque de clase del llorado <strong>Best</strong> (foto).</p>
<p>7.- El paradón espectacular del <em>Chino</em> <strong>Banks</strong> a remate de cabeza de Pelé en el Mundial del 70.</p>
<p>8.- El partido insuperable de un Best de diecinueve añitos en una goleada (1-5) del Manchester al Benfica que acabó con la leyenda del bicampeón de Europa.</p>
<p>9- Las lágrimas de <strong>Terry</strong> este mismo año en la final de Moscú, mostrando lo durísimo que puede ser el fútbol. El mundo encima.</p>
<p>10.- Liga 1957. El Charlton Athletic iba perdiendo 1-5 frente al Huddersfield a la hora de partido y con diez jugadores en el campo, y acabó ganando 7-6. Lo nunca visto.</p>
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		<title>¿Sabías quién fue el único en anotar un hat-trick a domicilio en un clásico?</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Dec 2007 22:04:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="izquierda_sinmarco" id="image1225" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/01/sabias.gif" alt="sabias.gif"> </p>
<p>El clásico suele ser un partido de gran tendencia local, y resulta muy duro, para cualquier jugador, mantener su nivel habitual cuando es jugado en el campo del rival. Por eso, no es extraño que solamente en una ocasión, después de la friolera de 158 enfrentamientos ligueros, un futbolista haya conseguido la gesta de perforar la red del enemigo en el coliseo ajeno en tres ocasiones.  El evento se produjo  el 27 de Enero de 1963, en el entonces flamante Camp Nou, y tampoco es casualidad que el protagonista fuera uno de los mejores delanteros que jamás han disputado un clásico, <strong><a href="http://www.diariosdefutbol.com/2006/12/10/en-memoria-del-canon/">Ferenc Puskas</a></strong>. <em>Cañoncito Pum</em> abrió el marcador de penalty mediada la primera parte, anotó el segundo poco después en un disparo lejano que se comió <strong>Sadurní</strong>, y cerró el marcador al final al culminar una jugada de <strong>Gento</strong>. El resultado de 1-5 parece hablar de una actuación sensacional de los blancos, pero las crónicas hablan más bien de un partido bastante disputado en su primera parte, donde el Barça tuvo la desgracia de sufrir la lesión de <strong>Gensana</strong> –en esa época no había cambios- un máximo castigo dudoso, y unos contraataques mortales del Madrid (a quien se le anularon dos goles) que lo acabaron desarbolando. Fue una especie de canto de cisne del equipo pentacampeón de Europa, que ya envejecido avanzaba hacia su disolución, que se produciría un año después tras la famosa final de Viena.</p>
<p>Hace pocos años, el gran <strong>Rivaldo</strong> estuvo a punto de nivelar la balanza en el Bernabéu, pero su tercer gol, conseguido el descuento de gran disparo y que además significaba la victoria blaugrana, fue anulado por un fuera de juego posicional a todas luces injusto.</p>
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		<title>Grandes estadios (VII): Hampden Park</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2007 10:56:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Copa de la UEFA]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp1.jpg' title='Hampden 1'><img class=centro src='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp1.jpg' alt='Hampden 1' /></a></p>
<p>Cuando hoy dos multitudes vestidas de blanco, azul y rojo caminen por Cathcart Road y comiencen a vislumbrar en la distancia la impresionante mole de <strong>Hampden Park</strong>, muchos de ellos sabrán que se dirigen a un lugar histórico, a un templo del balompié. Seguramente la mayoría, por no decir todos, tendrán en su memoria la impresionante volea de <strong>Zidane</strong> que valió la <em>Novena</em>, y los más entendidos, o quizá también los mayores, se acordarán de aquella final que ganaron los <em>Di Stéfano</em>, <em>Puskas</em> y compañía metiendo siete goles en una final de la Copa de Europa. El mejor partido jamás jugado, dicen.</p>
<p>Sin embargo, es poco probable que demasiados de esos aficionados conozcan realmente cuánta Historia tiene detrás el estadio en el que van a vivir una velada inolvidable. Cómo cuando aquel irrepetible equipo blanco sentó cátedra para siempre, eran ya varias generaciones las que habían disfrutado fútbol en Hampden. O que de aquel monstruoso y destartalado coliseo al supermoderno estadio de la actualidad mediaba tanto o más distancia de la existente entre el primero y el Hampden Park original, de cuya fundación ya han pasado más de 120 años.</p>
<p>Y es que ya ha llovido desde que alrededor de 1870, los amiguetes que habían formado un equipo llamado Queen’s Park (no confundir con el Queen’s Park Rangers inglés) estaban hartos de andar de un lado a otro para disputar sus partidos como locales, pues aún no tenían sede fija. Se trataba de partidos amistosos, pues en aquellos tiempos los pioneros aún se habían organizado en las grandes competiciones que conocemos hoy en día. Así, los miembros del equipo consiguieron, a la segunda, que el Ayuntamiento les alquilara unos terrenos en el lado este de Cathcart Road. No era demasiado, y el alquiler tenía que ser confirmado cada poco tiempo, pero sí un comienzo. El campo se bautizó como Hampden Park por una aglomeración de casas cercanas, recientemente construidas, que llevaban ese nombre.</p>
<p>Con todo preparado, se llevo a cabo la gran inauguración, el 26 de Octubre de 1873. Fue un partido contra el Dumbreck y los locales, que por primera vez vistieron el uniforme blanquinegro, golearon a su rival por 7-0. No es de extrañar la goleada, pues por aquella época los <em>Braindeads</em> eran quizá el mejor club de Glasgow, siendo prueba de ello que en el primer partido oficial entre Escocia e Inglaterra, disputado un año antes, todos los futbolistas caledonianos pertenecían a este equipo. Parece ser que el color de la indumentaria de Escocia, azul oscuro, procede del antiguo color de las camisetas del Queen’s Park, que cambió, como ha quedado dicho, en el primer partido en Hampden.</p>
<p><a href='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp7.jpg' title='Hampden2'><img class=derecha src='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp7.jpg' alt='Hampden2' /></a></p>
<p>Pasaron diez años, en los cuales el club construyó un pequeño pabellón, separado del campo, para servir a la vez de sede y vestuario. Habida cuenta de la popularidad que estaba tomando el fútbol, había voces que hablaban de acometer una obra más seria; sin embargo,y con buen criterio, los rectores del club iban aplazando esos momentos hasta que no se poseyera una sede permanente. Hicieron bien, porque en 1883 el Ayuntamiento les dijo que tenían que irse, pues por los terrenos que ocupaba el campo iba a pasar la vía del tren. En aquel lugar se levanta en la actualidad una bolera.</p>
<p>Así que el club tuvo que moverse, e incluso debió jugar durante varios meses en el campo del Clydesdale. Curiosamente, el equipo al que el Queen’s Park había vencido por 2-0 en la final de la Copa Escocesa, convirtiéndose en el primer campeón del que es, en la actualidad, el torneo más antiguo del orbe. </p>
<p>Al final el club encontró unos terrenos a unos cuatrocientos metros de donde habían jugado hasta el momento, y aunque les fue imposible comprarlos, los fueron alquilando en un régimen renovable cada cinco años. Se construyeron dos pabellones, que fueron pagados a plazos por los aficionados, que eran legión. Normal, por otra parte, porque fueron los mejores años del equipo, en los que ganó sus otras dos Copas. Más tarde, su renuncia a la profesionalidad –que aún hoy sigue haciéndolo único en el mundo- obligó al Queen’s Park a ceder el cetro del fútbol escocés a los dos grandes, Celtic y Rangers, pero al menos le garantizó durante treinta años el privilegio singular de estar eximido de descensos.</p>
<p>En 1900 el club encontró al fin su hogar definitivo. Consistía en una parcela de doce acres que vendía un tal Henry Gordon, esta vez en la orilla oeste de Cathcart Road. Tras adquirirse el terreno, y ya con bastante dinero, el Queen’s Park afrontó la construcción de un gran estadio. El responsable del proyecto fue <strong>Alexander Leitch</strong>, arquitecto de construcciones tan emblemáticas como Old Trafford o Ibrox Park, quien diseñó un gran coliseo oval y descubierto con dos tribunas. Las obras duraron tres años, al final de los cuales el club pudo cambiar de acera y sentirse por fin en casa. El segundo Hampden pasó a ser la sede del Third Lanark, y cambió su nombre por Cathkin Park. Abandonado a finales de los años sesenta, aún queda un terreno de juego público en el lugar.</p>
<p><a href='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp6.jpg' title='hampden3'><img class=izquierda src='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp6.jpg' alt='hampden3' /></a></p>
<p>Así pues, el Queen’s Park tomó posesión de su nuevo campo en un partido contra el Celtic que ganaron los primeros por un gol a cero. Los primeros años del siglo fueron buenos para Hampden: se llevó a cabo una nueva ampliación que aumentó la capacidad del campo hasta más de cien mil espectadores, convirtiéndose de esta forma en el estadio más grande del mundo (disfrutó de esta distinción hasta 1950 en que se construyó Maracaná); se unieron las dos tribunas, cubriéndose parte del estadio; y también el club consiguió comprar los terrenos adjuntos, remozando la casa del antiguo granjero y tornándola en un bonito pabellón que todavía existe. Por esta época se dice que surgió también el “rugido de Hampden”, el descomunal sonido de la hinchada que podía oírse a varias millas de distancia.</p>
<p>El estadio tomaría su forma definitiva a finales de los años treinta, cuando una nueva ampliación de 5.000 espectadores y un acuerdo con la federación lo convertían en el Estadio Nacional de Escocia, donde desde entonces la selección jugaría sus partidos. Fue la época grande del estadio, cuando se alcanzaron asistencias multitudinarias, casi increíbles. De hecho, se cree que en el partido Escocia-Inglaterra se produjo la mayor concentración de espectadores jamás vista en un partido europeo, pues se rozaron los 150.000 espectadores.</p>
<p>Durante la Segunda Guerra Mundial, el Queen’s Park estuvo a punto de abandonar el estadio por graves problemas de dinero, y el club fue salvado por la pronta reanudación de la Liga. El campo fue utilizado como lugar de concentración de prisioneros de guerra alemanes, y milagrosamente se salvó de los bombardeos de la Luftwaffe. Sólo ardió el pabellón exterior, alcanzado por una bomba incendiaria. Más tarde sería reconstruido.</p>
<p>A partir de entonces pasaron varias décadas tranquilas, sólo perturbadas primero por aquel mítico 7-3 del Madrid del que hemos hablado, en el que 130.000 personas asistieron, de piedra, al cenit de un juego “nunca visto en Gran Bretaña”, según un cronista de la época, y después por la final de la Copa de Europa de 1976, donde el Bayern se erigió en tricampeón tras derrotar, gol de Roth, al sorprendente Saint Etienne de Santini, Rocheteau y los Revelli. Un buen lugar, sin duda, para cerrar ciclos gloriosos.</p>
<p><a href='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp8.jpg' title='Hamp4'><img class=derecha src='http://www.diariosdefutbol.com/images/2007/05/hamp8.jpg' alt='Hamp4' /></a></p>
<p>A finales de los ochenta se decidió la última gran reforma de Hampden. El estadio había quedado desfasado, ciclópeo en sus proporciones pero carente de las mínimas comodidades, descubierto en su mayor parte y falto de medidas de seguridad. Recientes los desastres de Heysel y Sheffield, seguramente este último motivo fue el que decidió a las autoridades a acometer un descomunal proyecto de 400 millones de libras. Se demolió parte del campo, se redujo el aforo a 50.000, con todas las localidades de asiento, se cubrió el recinto en su totalidad, se reorganizaron los accesos y, en fin, se le dotó de todo lo necesario para convertirlo en el estadio de cinco estrellas que es en la actualidad. El estadio, prácticamente construido de nuevo, fue reabierto en Mayo de 1999, tras diez años de obras intermitentes, con motivo de una nueva final de la Copa de Escocia. Es reconfortante saber que, tras muchos pleitos, el Queen’s Park –tristemente hundido en Tercera División actualmente- logró conservarlo como su terreno propio, a pesar de multitud de presiones en sentido opuesto.</p>
<p>Este santuario, porque no merece otro nombre, será el que acoja esta noche la gran final de la UEFA. Ojalá el partido, los contendientes y las aficiones estén a la altura del escenario. Como lo estuvo Zidane.</p>
<p>Hampden Park | <a href="http://www.hampdenpark.co.uk/">Página oficial</a><br />
Queen&#8217;s Park | <a href="http://www.queensparkfc.co.uk/">Página oficial</a><br />
NdF | <a href="http://www.notasdefutbol.com/2007/05/16-el-mejor-recuerdo-de-hampden-park">El mejor recuerdo de Hampden Park</a></p>
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