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	<title>Diarios de Futbol &#187; Dwight Yorke</title>
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	<description>&#34;Los delanteros ganan partidos. Las defensas ganan campeonatos&#34; (John Gregory)</description>
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		<title>Russell Latapy: la historia del pequeño mago</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jan 2009 11:56:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Sudáfrica 2010]]></category>
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		<description><![CDATA[El pasado mes de enero colgó las botas Russell Latapy. Dejó su último equipo, el Falkirk, escocés, del que era jugador y segundo entrenador, para ayudar a Pacho Maturana a intentar lograr la clasificación de Trinidad y Tobago para Sudáfrica 2010. Para muchos será un nombre desconocido. Sin embargo, se trata de un jugador que, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="izquierda" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2009/01/russell_latapy_571470.jpg" alt="" title="russell_latapy_571470" width="330" height="233" class="alignleft size-full wp-image-7013" />El pasado mes de enero colgó las botas <strong>Russell Latapy</strong>. Dejó su último equipo, el Falkirk, escocés, del que era jugador y segundo entrenador, para ayudar a <strong>Pacho Maturana</strong> a intentar lograr la clasificación de Trinidad y Tobago para Sudáfrica 2010.</p>
<p>Para muchos será un nombre desconocido. Sin embargo, se trata de un jugador que, a su manera, ha hecho historia del fútbol. Pequeña y modesta, pero historia al fin y al cabo, pues ésta se escribe línea a línea.</p>
<p>Os la traigo aquí: una historia paralela a la de las grandes estrellas mundiales, escrita sin ruido y sin palabras altisonantes. Una historia que yo recojo desde la admiración y el reconocimiento. No es para menos: a toda su carrera hay que añadir una de las frases más brillantes y poco educativas de la historia del fútbol. Fue cuando, cuestionado por cómo estaba preparando el Mundial de 2006 a sus nada menos que 38 años, Latapy afirmó que “fumando menos”, pues había readucido el consumo de cigarrillos de los cuarenta diarios que fumaba habitualmente a poco más de diez.   </p>
<p>El destino quiso que cierto niño de apellido Latapy y nombre Russell naciera el 2 de agosto de 1968 en Puerto España, en lugar de Buenos Aires, Sao Paulo, Berlín o Madrid. Quién sabe si, habiendo venido al mundo en otro lugar con más tradición futbolística que Trinidad y Tobago, ese niño de nombre Russell y apellido Latapy lo habría tenido más fácil en esto del fútbol. Porque fácil, no lo tuvo.</p>
<p>Pensemos en las pequeñas islas caribeñas de Trinidad y Tobago en el año 1986, día del cumpleaños de nuestro amigo. Cuatro días antes, ha terminado el Mundial de México. El joven Latapy, recién cumplida la mayoría de edad, ha visto el Mundial por televisión. Ha visto los goles de <strong>Maradona</strong> contra Inglaterra; los seis de <strong>Gary Lineker</strong>; la goleada de la URSS a una Hungría que empezaba su declive; la clase de la Francia de <strong>Platini</strong> y <strong>Tigana</strong>; la magia del Brasil de <strong>Sócrates</strong>, <strong>Careca</strong> y el mago blanco, <strong>Zico</strong>; los cuatro goles de <strong>Butragueño</strong> a Dinamarca; las gestas de la Marruecos de <strong>Zaki Badou</strong> y de la Bélgica de <strong>Scifo</strong>. Ha visto todo esto y sueña con un día, jugar él también un Mundial. Sabe que lo tiene difícil, porque el destino ha querido que nazca en una isla en la que hay muchos velocistas, pero pocos jugadores de fútbol, una isla de la que, por cierto, ya ha sido, a sus dieciocho años, nombrado mejor jugador en dos ocasiones.</p>
<p>Poco después, Russell Latapy debuta con la selección absoluta de Trinidad y Tobago, en la fase de clasificación para el Mundial de Italia 90. La misma, es afrontada en la isla como todas las anteriores: sin ninguna esperanza. Sin embargo, los “Soca Warriors”, tal y como son conocidos, despliegan un fútbol hasta entonces nunca visto, con Russell Latapy como el cerebro en torno al cual se genera todo el fútbol. Poco a poco, la clasificación deja de verse como una quimera. En esto también tiene que ver, por supuesto, la emergencia de otro joven trinitense, que junto a Latapy forma un dúo hasta entonces nunca visto en la isla. Este joven jugador tiene por nombre <strong>Dwight Yorke</strong>. Juntos, consiguen que Trinidad y Tobago llegue al último partido de clasificación con posibilidades reales de estar en Italia 90. El rival de turno es nada menos que Estados Unidos, cuyo fútbol comienza a emerger con jugadores como <strong>Tab Ramos</strong>, <strong>Eric Winalda</strong>, <strong>Tony Meola</strong> o <strong>John Harkes</strong>, muchos de los cuales ya juegan en Inglaterra. El partido se disputó el 19 de noviembre de 1989 en Puerto España. En el mismo, los “Soca Warriors” sólo necesitaban un empate, algo que ya habían conseguido en la ida frente al mismo rival.</p>
<p>Sin embargo, la responsabilidad a veces pesa demasiado, y a pesar de que aquella tarde el estadio nacional de Trinidad y Tobago registró un lleno inaudito y de que todos los habitantes de las dos islas estuvieron pendientes de televisiones y radios, los “Soca Warriors” cayeron derrotados por 0-1.</p>
<p>Se había perdido una oportunidad histórica. Sin embargo, aunque el grupo no consiguió el sueño, algunos jugadores comenzaron a vivirlo: los ojeadores de los equipos europeos habían descubierto un nuevo país en el que poner sus miras. Por ejemplo, Dwight Yorke, un joven extremo zurdo que apuntaba maneras, fichó por el Aston Villa inglés. El talentoso Latapy, sin embargo, no tuvo tanta suerte y terminó fichando por un equipo menor de una liga también menor: el Académica de Coimbra portugués. Acompañado de otro jugador de aquella selección que casi hace historia, <strong>Leonson Lewis</strong>, con quien antes había jugado una serie de partidos en el Port Morant United jamaicano, Latapy hizo las maletas con destino a Portugal.</p>
<p>Un equipo pequeño para un jugador desconocido, pero Latapy pronto comenzó a demostrar el fútbol que tenía en sus botas. En pocos partidos, tanto Latapy como su amigo y compañero Lewis se hicieron con un lugar en el modesto equipo portugués. Cuatro largas temporadas liderando al modesto Académica necesitó Latapy para consolidarse como uno de los mediapuntas más interesantes del campeonato luso. Alcanzada esa condición, en la temporada 94/95 el todo poderoso Oporto se hizo con sus servicios. El Académica había descendido en el curso anterior, y su compañero Lewis, con el que coincidiría de nuevo más adelante, marchó al Felguieras.</p>
<p>En el Oporto Russell Latapy pasó sus mejores años como futbolista. Aún cuando no se consolidó como titular, en un plantel en el que tenía más competencia de la que estaba acostumbrado, el “pequeño mago”, como le llamaban, hizo las delicias de su afición en cada minuto que disputó. En sus años como “dragao” aprendería, según sus propias palabras, todo lo que necesitaba saber para ser feliz en el mundo del fútbol.</p>
<p>Para el fútbol de Trinidad y Tobago, Latapy fue en aquel tiempo un pionero: primer jugador trinitense en hacerse con un título en Europa; primero también en jugar en la Champions League… Escribía, pues, la historia del fútbol de las dos islas. Sin embargo, esto no era crédito suficiente para mantenerse en un grande de Europa como el Oporto: en la temporada 1996/97 fue traspasado al ajedrezado equipo del Boavista.</p>
<p>En “el otro equipo de Oporto”, Latapy volvió a coincidir con su amigo Leonson Lewis. Ambos formaban, junto a jugadores como <strong>Erwin “Platini” Sánchez</strong>, <strong>Jimmy Floyd Hasselbaink</strong>, <strong>Nuno Gomes</strong>, <strong>Litos</strong> o el portero <strong>Ricardo</strong>, uno de los mejores equipos que jamás ha tenido el club ajedrezado. En su primera temporada, Latapy logró vencer con su equipo la Copa de Portugal, en una final apasionante en la que hicieron hincar la rodilla al Benfica (3-2). Latapy, sin embargo, no disputó aquel partido. Fue un año exitoso en lo personal y lo grupal, que se cerró con la victoria en copa y que se abrió venciendo al gran rival y vecino (y ex equipo de Latapy), el Oporto, en la Super Copa.</p>
<p>La temporada siguiente, con la marcha de algunos de los jugadores más importantes del plantel –Hasselbaink (Leeds), Erwin Sánchez y Nuno Gomes (Benfica)-, el Boavista no logró repetir el éxito de la temporada anterior y, al final de la misma, Latapy decidió hacer las maletas. De nuevo fue una liga menor y un equipo también menor quien recibió al pequeño mago: el Hibernian escocés, que, además, acababa de descender a la First Division.</p>
<p>A pesar del clima, Latapy no tardó en hacerse con las riendas del equipo y la afición lo identificó, desde el primer momento, como su favorito. Con el pequeño mago como cerebro del equipo, el Hibernian no tuvo problema ninguno para recuperar la categoría perdida la temporada anterior. Pronto alcanzaron el ascenso, con nada menos que veintitrés largos puntos de ventaja sobre el segundo clasificado. Latapy fue nombrado Jugador del Año de la First Division y, por supuesto, Jugador del Año de los “Hibs”.</p>
<p>El siguiente curso se imponía mantener la categoría. El equipo se reforzó bien y el Hibernian logró alcanzar un puesto medio de la tabla: lejos de éxitos, pero también de peligros.</p>
<p>Llegó la tercera temporada del pequeño mago en los “Hibs”. Latapy era ya un jugador reconocido por el público escocés y se comentaba que, de su mano, el Hibernian podría hacer una gran temporada. La primera parte de la predicción se cumplió: los “Hibs” alcanzaron aquel curso 2000/01 una más que meritoria tercera plaza, siendo superados en la tabla sólo por los dos gigantes de Glasgow. Sin embargo, aquel año fue posiblemente el peor de la carrera deportiva de Latapy: a principios de 2001, fue cazado en un control de alcoholemia junto a su amigo Dwight Yorke, y dio positivo. El problema fue que este control fue realizado a penas un día antes de que el Hibernian disputara un partido de liga. Roto el código interno del club, el entrenador, <strong>Alex McLeish</strong>, decidió expulsarlo del club.</p>
<p>Y no sólo se quedó sin club. Después de que también junto a Yorke se perdiera un entreno con la selección de Trinidad y Tobago debido a una noche de alegrías, el entrenador <strong>René Simoes</strong> decidió dejar a ambos sin jugar el siguiente partido. En respuesta, los dos jugadores más brillantes del país, decidieron no volver a jugar con Trinidad y Tobago. Los fans se dividieron entre aquellos que defendían la disciplina y el trabajo de Simoes y los que, a pesar de los pesares, se temían que sin Yorke y Latapy Trinidad y Tobago perdía todas las esperanzas de llegar algún día a jugar un Mundial.</p>
<p>Libre, sin equipo ni selección, Latapy se trasladó a su casa espiritual, Oporto, hasta que tocó en su puerta el entrenador del Rangers, <strong>Dick Advocaat</strong>, quien quería que Latapy fuera una de las piezas de la máquina que se encontraba construyendo para que los protestantes recuperaran el trono perdido ante el Celtic la anterior temporada. No se lo pensó mucho el pequeño mago y pronto hizo las maletas para regresar a la lluviosa escocia.</p>
<p>Sin embargo, a Latapy no le fueron nada bien las cosas en el Rangers. No jugó demasiado con Advocaat, a pesar de que el equipo no terminaba de funcionar. Pero es que, además, la cosa se complicó cuando, en enero de 2002, Advocaat decidió dejar Glasgow para hacerse cargo de la selección Holandesa en sustitución de <strong>Van Gaal</strong> y el Rangers fichó como sustituto nada menos que a Alex McLeish, es decir, el técnico que expulsó a Latapy del Hibernian. A pesar de que comenzó la siguiente temporada en Ibrox Park, en enero de 2003, MacLeish, harto de la indisciplina de Latapy y con la excusa de rejuvenecer la plantilla, dio de nuevo la carta de libertad al pequeño mago.</p>
<p>Inmediatamente, Latapy fue reclutado por el Dundee United. Sin embargo, el trinitense vistió en contadas ocasiones la camiseta naranja de este equipo y, en verano de aquel año, de nuevo estaba de vuelta en Portugal, sin equipo.</p>
<p>Con 35 años y sin equipo, cualquier jugador sucumbiría a la tentación de la retirada. No así Latapy, quien decidió afrontar un nuevo reto en el país que ya se había convertido en su tercera casa. La culpa de ello la tuvo <strong>John Hughes</strong>, antiguo compañero del trinitense en el Hibernian y por aquel entonces manager del Falkirk, quien convenció al pequeño mago para jugar en el modestísimo equipo escocés, ofreciéndole además, el puesto de segundo entrenador del mismo. La oferta encantó a Latapy, que de nuevo se vio haciendo las maletas.</p>
<p>Latapy llegó al modesto equipo escocés en un momento difícil para el club. Los aficionados arrastraban una enorme depresión debido a que el año anterior su equipo vio cómo en los despachos se le denegaba el ascenso conseguido en el campo. La razón: que su estadio no cumplía con los mínimos exigidos por la FA. Tras unos meses de negociaciones a la postre infructuosas, en el que se propusieron campos alternativos de otros clubes, el modesto Falkirk vio cómo comenzaba de nuevo la temporada en la segunda categoría escocesa.</p>
<p>Latapy llegó, pues, como única alegría para una afición que entendía que con el trinitense -siempre que estuviera en forma a pesar de estar más cerca de los cuarenta que de los treinta- se daba un salto de calidad en la plantilla. Y todo salió bien. Latapy, obligado en su rol de “coach” a ser un ejemplo para el resto de la plantilla, olvidó la indisciplina que había marcado su carrera en los últimos años y con su amigo Hughes y con el también trinitense <strong>Brent Rahim</strong> en la plantilla, recuperó de inmediato la clase que había demostrado en otro tiempo.</p>
<p>Sin embargo, no se cumplió de inmediato la meta ansiada. El Falkirk tuvo que esperar esa y otra temporada antes de volver a lograr el ascenso. El día en que se hizo justicia fue el 9 de abril de 2005. Latapy, con casi 37 años, se sentía como un niño. </p>
<p>Y con el ascenso llegó otro giro inesperado del destino. Resultó que todo Trinidad y Tobago se había conjurado para alcanzar el billete para Alemania 2006. Tras comenzar terriblemente mal la fase final de clasificación, con sendas derrotas por 1-2 y 5-1 frente a EEUU y Guatemala respectivamente, y tras un empate a cero ante Costa Rica en casa, la federación contrató al veterano técnico <strong>Leo Beenhakker</strong> para que obrara el milagro. “Don Leo”, como se le conoce en España, intentó recuperar para la causa a Latapy, después de que Yorke ya reculara de su decisión de no volver a jugar para los Socca Warriors. Al fin, en septiembre de 2005, <a href="http://es.fifa.com/worldcup/archive/germany2006/preliminaries/preliminary=7761/matches/match=39407/report.html">Latapy decidió regresar</a>, después de que su club no le pusiera impedimentos a pesar de ser parte también del cuerpo técnico del mismo. Su regreso fue aclamado por el público, al que agradeció con el gol que comenzaría la remontada ante Guatemala (3-2).</p>
<p>El resto, es historia: a partir de aquel partido, Trinidad y Tobago comenzó una impresionante remontada que hizo que terminara en cuarta posición de grupo, lo que le llevó a la repesca ante Bahrein, a quienes dejaron en el camino con goles del blanco, blanquísimo, <strong>Christopher Birchall</strong> y <strong>Dennis Lawrence</strong>.</p>
<p>En verano de 2006, llegó el gran momento de la carrera de Latapy. Veinte años después de que viera a Maradona y Lineker por televisión y soñara con un día poder llegar a jugar en el más grande evento del mundo del fútbol, Latapy lo conseguía. Fue el 20 de Junio, <a href="http://es.fifa.com/worldcup/archive/germany2006/results/matches/match=97410036/report.html">ante Paraguay</a>, en el tercer y último partido de los caribeños en la Fase Final. Latapy jugó solamente los últimos veintitrés minutos del choque, en un gesto desesperado de Beenhakker por intentar alcanzar una hazaña imposible. Pero fue suficiente para hacer honor a uno de los más importantes jugadores que ha el caribe, historia viva del emergente fútbol de centroamérica. Veintitrés minutos que el pequeño mago disfrutó con intensidad: no es para menos, llevaba nada menos que veinte años soñando con ellos.  </p>
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		<title>Milosevic se marcha por la puerta grande</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Nov 2008 18:27:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ramón Flores</dc:creator>
				<category><![CDATA[Espanyol]]></category>
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		<description><![CDATA[Quizá un poco escondida en medio de la vorágine de partidos internacionales de ayer, se produjo en Belgrado la retirada de la selección de uno de los últimos grandes nueves puros que ha dado el fútbol europeo: Savo Milosevic. Lo que se presumía como un gran homenaje al viejo goleador comenzó mal, nada menos que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2008/11/milo.jpg"><img class=derecha src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2008/11/milo.jpg" alt="" title="milo" width="346" height="270" class="alignnone size-full wp-image-5459" /></a> Quizá un poco escondida en medio de la vorágine de partidos internacionales de ayer, se produjo en Belgrado la retirada de la selección de uno de los últimos grandes nueves puros que ha dado el fútbol europeo: <strong>Savo Milosevic</strong>. Lo que se presumía como un gran homenaje al viejo goleador comenzó mal, nada menos que con dos penaltis fallados por el interesado antes del primer cuarto de hora de choque, pero concluyó como se merece la carrera de este estupendo delantero, con dos tantos y goleada (6-1) a Bulgaria.</p>
<p>En cierto sentido, el partido de anoche puede considerarse una metáfora de la vertiginosa carrera de Savo, llena de cambios, subidas y bajadas, lesiones, polémica, momentos de gloria y, sobre todo, goles, muchos goles. Un periplo que comenzó en el club de su ciudad, Bijeljina, y que se cimentó en un trienio glorioso en el Partizán, donde firmó un promedio de casi 0,75 goles por partido y ganó dos ligas yugoslavas. Lógicamente, pronto las miradas de los clubes más poderosos se volvieron a este díscolo joven de casi 1,90, que sembraba el terror en las defensas con su juego aéreo y su poderosa zurda. Al final, se llevó el gato al agua el Aston Villa, que se lo llevó a Birmingham a la aún temprana edad de 22 años.</p>
<p>La experiencia en Premier tuvo un sabor agridulce para Savo. A pesar de que formó una pareja con <strong>Dwight Yorke</strong> que con el tiempo se convirtió en clásico, y de sus dos famosos goles en la final de la <em>Cup</em> contra el Leeds, el jugador nunca se adaptó al modo de vida inglés, vivió rachas negativas de cara a portería–durante un tiempo le llamaron <em>Missalotevic</em>- e incluso protagonizó algún enfrentamiento con el público, como aquel día en que escupió a sus propios aficionados, que le abucheaban tras un humillante 5-0 en Ewood Park. El jugador siempre ha valorado la experiencia que le dio jugar más de cien partidos en un fútbol como el inglés y a tan temprana edad, pero sus números –menos de treinta goles en tres temporadas-  hablan bien a las claras de que no fue una buena época para él.</p>
<p>Los malos tiempos se acabaron en el verano de 1999, cuando el Zaragoza se hizo con sus servicios.  El jugador volvió por sus fueros, anotó 17 goles –incuido un doblete en el Bernabéu- en un equipo maño que llegó a Europa y se quedó a las puertas de la Liga de Campeones, mejoró en varios aspectos de su juego, como el control de balón o el tiro con la derecha, y regresó, en suma, a la élite de los grandes <em>killers</em>. El broche a su sensacional temporada fue la Eurocopa, donde sus cinco goles le sirvieron para compartir la Bota de Oro del torneo. Fue seguramente su mejor año, en una ciudad donde vivió feliz y, al parecer, llevó una agitada vida social.</p>
<p>Traspasado al Parma ese mismo verano por una cantidad cercana a los veinte millones de dólares, Milosevic vivió en Italia problemas semejantes a los que habían lastrado su etapa inglesa, en un club que se encaminaba a la quiebra tras una época gloriosa. Una inoportuna racha de lesiones lo llevaron a pasar dos años prácticamente en blanco, que concluyeron con una cesión al Zaragoza en la que no recordó, ni de lejos, al fenomenal delantero de su etapa anterior. El club acabó descendiendo a Segunda División, y el ariete devuelto a Parma, donde ya era considerado poco más o menos que un lastre. Era el verano de 2002.</p>
<p>La montaña rusa volvió a tomar altura en las dos temporadas siguientes, donde sus buenas actuaciones en respectivas cesiones a Español y Celta devolvieron a Milosevic parte del caché perdido en sus años de travesía del desierto. En el equipo perico comenzó de suplente, pero poco a poco se ganó el puesto y acabó siendo indiscutible, mientras que en Vigo su juego uno de los escasos argumentos de un equipo que se descomponía y que acabó descendiendo. Traspasado finalmente a Osasuna en 2004, y tras un primer año en el dique seco por una grave lesión, el serbio se ganó poco a poco la admiración de la afición rojilla por su saber estar, su inteligencia en el campo y, cómo no, sus goles. Savo fue pieza clave en la fenomenal temporada osasunista de 2006, y aunque el año siguiente bajó algo su rendimiento, la despedida que recibió en verano fue de las que sólo se tributan a los grandes héroes. </p>
<p>Ya con 34 años, mucho más maduro como jugador y como persona, se tomó su tiempo para encontrar un retiro dorado. Poco ruido hizo su traspaso a un desconocido equipo ruso, el Rubin Kazan –un nombre que evoca más a Khanes y tártaros que a figuras balompédicas- que en pocos meses ha saltado a la fama al alzarse con el título de una de las ligas económicamente más potentes del mundo. Algo tuvo que ver en ello el chico de Bijeljina, que fue dado por muerto muchas veces y resucitó más, y que ayer dijo adiós a su elástica nacional. Más de trescientos goles le contemplan.</p>
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