Redención
Recibo el balón pegado a la línea, como a mí me gusta. Acomodo la pelota con el pie izquierdo, delicado, privando a la línea de banda del placer de besar el cuero. Sobre mí, cincuenta mil pares de ojos se clavan en mis botas. Hay un murmullo constante, pero no lo escucho. Sólo escucho lo [...]






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