
Por su pobre rendimiento individual, algunos incluso en selecciones que han triunfado en Sudáfrica, el once decepción de los editores de Diarios de Fútbol es el formado por: Robert Green; Branislav Ivanovic, Fabio Cannavaro, John Terry, Alexsandar; Ricardo Kaká, Cristiano Ronaldo, Nicolas Anelka, Wayne Rooney, Samuel Eto’o y Fernando Torres.
Ramón Flores | Muslera; Ivanovic, Chiellini, Terry, Badstuber; Di María, Kaká, Messi, Cristiano Ronaldo; Rooney y Torres.
Antonio Agredano | Lloris, Ivanovic, Cannavaro, Kolo Touré, Evra; Rafa Márquez, Dempsey, Verón; Cristiano Ronaldo, Rooney y Eto’o.
Dadan Narval | Green, Taiwo, Ivanovic, Cannavaro, Terry; Lampard, Gourcuff, Yaya Touré; Cristiano Ronaldo, Rooney y Eto’o.
Pol Gustems | Green, Terry, Vidic, Agger; Deco, Gourcuff, Ribéry, Cristiano Ronaldo; Van Persie, Anelka y Rooney.
Sergio Cortina | Lloris, Ivanovic, Vidic, Kolarov, Terry; Di María, Cristiano Ronaldo, Kaká, Ribéry; Torres y Rooney.
Enrique Ballester | Green, Jonás, Terry, Demichelis, Criscito; Felipe Melo, Barry, Gourcuff, Kaká; Cristiano Ronaldo y Torres.









Andrés Iniesta Luján nació en Fuentealbilla, iluminado, brillante y especial. A los 8 años lo fichó el Albacete, y a los 12 el FC Barcelona. En el libreto de los entrenamientos de La Masia pulió su talento puro, en el carrusel continuo de controlar, pasar y ofrecerse, para controlar, pasar y volver a ofrecerse. En uno de los habituales juegos colectivos, la posesión se perdía si al jugador, en el control, la pelota se le elevaba por encima de la rodilla, tal y como le ocurrió a Andrés, en Sudáfrica y ante Holanda, en el minuto 116 de la final de la Copa del Mundo, cuando recibió un pase interior de Cesc Fàbregas, algo escorado, y dejó botar el balón, paciente, perfilándose para la volea de su vida, y la nuestra, la cruzada y firme que batió a Stekelenburg para coronar a España, en el uno a cero definitivo, y para aupar a lo más alto a una generación maravillosa de deportistas, que compitió del primer al último suspiro con bravura, porque nadie se achantó ante la violencia del rival, y con estilo, porque el grupo se reafirmó ante la adversidad y la incertidumbre, en el toque, en la pausa y en la ambición que empujaron el partido al campo contrario, donde cazó el rechace Cesc para plantar al colega Iniesta frente al portero, la gloria y la historia.

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