Sin falso nueve (o casi). Hablábamos ayer en la previa de la dificultad de acoplar la figura táctica del falso nueve ante equipos que superpueblan la franja central del terreno de juego. Fàbregas, habitual opción de Del Bosque para desempeñar el papel, se veía en numerosas ocasiones estorbado no ya por los rivales, sino a veces por sus propios compañeros. Como ante Finlandia, el técnico español optó por la inclusión de David Villa, que ya no es el jugador de hace dos o tres temporadas pero que ofrece una variedad de recursos ofensivos y de posicionamiento mayor que la ofrecida por el de Arenys de Mar. Pero esta vez lo hizo para jugar por dentro y para buscar espaldas, no escorado a la izquierda como en Gijón. La apuesta tenía su lógica, sobre todo ante el previsible -y así fue- centro del campo muy físico de los franceses con Matuidi y Pogba acompañando a Cabaye, pero no terminó de funcionar. El Guaje aportó poco a la ofensiva española, pero al menos no dejó tras de sí esa frustrante sensación de embarullamiento en el balcón del área rival.
Selección Española
Cuatro ideas sobre el Francia – España |
mar
27 |
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Secciones: Selecciones, Selección Española |
Más que una reválida: Saint-Denis |
mar
26 |
Estamos que no ganamos para sustos. Primero fue Olivier Giroud en el Calderón, allá por el mes de octubre. Un gol inesperado, casi fuera de plazo, apretó la exigencia un punto por encima de lo planeado. Después fue el contragolpe on the rocks de los finlandeses en El Molinón del pasado viernes, culminado con el sonrojante gol de Teemu Pukki. Justicia poética ante el cachondeo generalizado al que había sido sometido el conjunto de Paatelainen. Un gol con el que no contaba ni el más cenizo de los ‘yoyalodije‘ que rodean siempre al combinado nacional. Así las cosas, el panorama de la selección no solo no se aclaró tras el duelo frente a los escandinavos, sino que acabó dejando la clasificación para el Mundial pendiente de algo que en otros tiempos hubiese sido calificado poco menos que de epopeya, pero que hoy, por fortuna, se ve como una maniobra mucho más accesible. Si la semana pasada nos referíamos al duelo ante Finlandia como una ‘primera reválida’ tras el tropezón de octubre, el empate a uno de El Molinón convierte al choque de trenes del Stade de France en una convocatoria de gracia. Todo o nada, con permiso de la poco deseable recuperación de la repesca, ante Francia.
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Primera reválida: Finlandia |
mar
22 |
España lo tenía todo perfectamente planeado. Una nueva fase de clasificación para un Mundial, el de la reválida, el del ‘siempre difícil segundo disco’, relativamente tranquila. Dosificar esfuerzos y ganas y quizá, sólo quizá, apretarse un poco más el cordoncillo del pantalón en el doble choque ante una Francia de Serie B, o eso se preveía entonces, de la que se acababa de dar buena cuenta en la Eurocopa. Aquello parecía asequible, una hoja de ruta con menos sobresaltos que una excursión de los Salesianos. Pero lo que tienen los planes es que nada los libra de ser alterados. Un justiciero cabezazo de Olivier Giroud descosió a España en el partido disputado sobre suelo nacional allá por el mes de octubre. Aquella no era la Francia que se rebeló contra Doménech y dejó con el culo al aire a toda la República en Bloemfontein. Ni siquiera era el ilusionante pero inocente combinado presentado por Blanc en Ucrania. En Francia había rival. El inesperado empate dio de pronto al traste con toda la hoja de ruta prevista por el combinado nacional. Un solo e inoportuno gol en contra dejó a España de golpe y porrazo sin mapa, sin Guía Campsa, sin Tom Tom y sin móvil, tirada en mitad de la noche en una inhóspita carretera secundaria y con el coche echando un poco amigable humillo blanco bajo el capó.
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Secciones: Selección Española |
Giroud descose a España |
oct
17 |
Un cabezazo cruzado de Olivier Giroud cuando el partido sesteaba ya en los minutos de descuento en espera del pitido final descosió a España en un flojo partido de los de Del Bosque ante una Francia que fue de menos, prácticamente entregada durante la primera mitad, a más. Tras adelantarse en el marcador con el gol de Sergio Ramos y deleitar con un fútbol afinado con el diapasón de Xavi durante la primera media hora de juego, muchos coinciden en señalar al penalti fallado por Fàbregas como el punto de inflexión de un choque en el que todo parecía estar atado hasta que al centrocampista de Arenys de Mar le dio por asumir una tarea que, en principio, no le correspondía. Saltarse las jerarquías y los planes establecidos también es un síntoma de relajación colectiva. A raíz del fallo del barcelonista, España comenzó a echarse atrás. Como si de golpe hubiera percibido un peligro ante el que se había sentido perfectamente inmune hasta ese momento. Francia, que viene de recorrer un tortuoso camino para salir de los lodos que Domenech dejó en Bloemfontein hace ahora ya dos años y medio, percibió que de aquella maniobra de retirada se podía hacer sangre.
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Secciones: Selección Española |
Perpetuar la costumbre |
oct
16 |
Dice Didier Deschamps, seleccionador del combinado nacional francés, que España ha hecho de la victoria una costumbre. La feliz rutina que ha hecho del equipo nacional un asiduo al éxito es tal que cuando las circunstancias quieren que la cosa se ponga fea, y así ha ocurrido en contadísimas ocasiones desde que España pegase el pelotazo en el verano de 2008, las críticas arrecian y los miedos asoman, en muestra de esa muy hispánica costumbre de derribar ídolos a martillazos. Pero no, como ya decía Vicente del Bosque meses atrás, lo extraordinario es la victoria, por mucho que sus futbolistas, con veintidós partidos consecutivos invictos, se empeñen felizmente en demostrarle lo contrario. Lo que España ha firmado en estos ya cuatro años largos es extraordinariamente anormal. Echen la vista atrás simplemente un lustro, o revisen la memoria. Nos verán cayendo derrotados en unos eternos cuartos de final, siendo humillados en Belfast por un futbolista de segunda división o cayendo derrotados en Chipre para poner fin a lo que creíamos que había sido una etapa para el recuerdo. No queramos hacer como que todo aquello nunca existió.
Olímpicos |
jul
25 |
Mi verano tenía dos partes y una de ellas la pasaba en el pueblo. Subíamos todos el viernes y bajaban el domingo mis padres, con mi hermana girando el cuello en el asiento de atrás y mi madre cerciorándose de que yo me daba cuenta de sus lágrimas y de su infinita pena. Yo decía adiós con la cabeza y la lástima me duraba un suspiro. Me quedaba con mi abuela, mi bici, mi balón y poco más. Aún era julio y en la calle los niños se contaban con los dedos de una mano.
Las selecciones de la Euro, una a una (III) |
jul
05 |
España. Campeón. Cuatro partidos ganados y dos empatados. Doce goles a favor y uno en contra. Goleadores: Torres (3), Cesc (2), Silva (2), Xabi Alonso (2), Navas, Alba y Mata.
Lo mejor. La obra de arte que fue la final contra Italia, quizá el mejor partido de la historia de la selección española. También la competitividad mostrada y la solvencia de la línea de zagueros.
Lo peor. La ausencia de ambición atacante en varios de los partidos y el exceso de horizontalidad del juego (excepto en la final), que convirtió por momentos a la Roja en uno de los equipos más aburridos de la Eurocopa.
La estrella. Disfrutando por fin del mejor tono físico en un torneo de selecciones, Andrés Iniesta se echó al equipo a la espalda en los peores momentos de zozobra y sufrimiento, frente a Italia, Croacia y Portugal. Su foto rodeado de defensores es un icono del torneo. MVP oficial.
El momento. En los penaltis contra Portugal, y considerando el precedente de la Champions League, se puede decir que Sergio Ramos se jugó su carrera en un segundo. Nunca sabremos cuánto de su inmensa valentía se contagió a los demás, pero el resultado está ahí.
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Secciones: Euro-2012, Selecciones, Selección Española |
Cuando nos acostumbramos a ganar |
jul
02 |
No sé por dónde arrancar. Realmente, tampoco tengo gran cosa que decir. Al menos, nada que suene realmente nuevo o ingenioso. Cuando lo anecdótico y lo excepcional se convierte en costumbre tendemos a no valorarlo en su justa medida y a considerarlo como parte de una obligación autoimpuesta. Todos, en mayor o menor medida, somos responsables del pecado. El histórico ciclo victorioso de la selección española de fútbol nos ha acostumbrado al beluga en el dorso de la mano, al Reserva Especial de Vega Sicilia en la copa y al agua de Perrier en la bañera. A nosotros, que veníamos del tinto con gas, el bocata de chorizo y la fuente del pueblo. Es complicado de asimilar. El éxito continuado y sin brecha hace que te olvides del abismo, que pierdas la perspectiva y que te olvides de cómo has llegado hasta él. Es un error que cuesta percibir y que solo cuando te cruzas con alguien que es aún más inconsciente de la realidad que tú mismo te percatas de la enorme imprudencia y la sonada injusticia que estás cometiendo.
Campeones, campeones, campeones |
jul
02 |
No creo que hubiera pasado nunca. España saltó a la final con el mismo once que había empezado el campeonato. El partido, además, lo decantó la misma pareja que había enderezado en su día el peliagudo estreno en el torneo, también contra Italia. Entonces Silva asistió y Cesc marcó el gol de un empate que supo amargo. Ayer Cesc asistió y Silva marcó el gol que allanó el camino hacia una victoria superlativa. Con una solvencia imponente, la mejor España se vio en el mejor escenario posible, en la final, allá donde apareció de vuelta la versión más festejada de Xavi Hernández, que devolvió con una actuación magistral la confianza otorgada por Del Bosque, el otro gran vencedor de la noche.
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Queremos la foto |
jul
01 |
Mediterráneo. Anoche azotaba la ventisca el castillo de If. Al menos, esa fue la excusa que una taquillera pelirroja y sonriente lanzó al arriba firmante para justificar que los barcos que realizan habitualmente el trayecto hacia la antigua prisión permanecerían esa tarde anclados en el muelle. La decepción es grande para quien ha crecido con el Montecristo en su cabecera, y así debió de percibirlo la muchacha, que no encontró mejor consuelo que preguntar por la nacionalidad del visitante. “Espagnol? Bonne chance demain!!!“. El oyente se quedó pensando que generaciones de españoles no han podido disfrutar de un extraño que les desee buena suerte para una final internacional, y que nosotros llevamos tres en cuatro años. Tan gigantesco y grandioso que cuesta percibirlo desde dentro.
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