Este fin de semana hay grandes partidos en Inglaterra, pero sólo uno se disputará en todas los estadios al mismo tiempo. La FA busca seleccionador. O lo que resulta idéntico en este caso: quiere convencer al que ya ha elegido. El rostro del este londinense, Harry Redknapp, es hoy la imagen en común de todas las cabeceras británicas. El único rostro posible es la del peculiar pelirrojo de ojos pequeños y papada prominente. Si después del traspiés italiano con Fabio Capello preferían un técnico inglés, no hay duda, se han fijado en el prototipo perfecto. ‘Flattered to be linked with England job”, halagado, pero no dispuesto a ceder con facilidad. El actual entrenador del Tottenham no se entrega. Al menos en la primera cita.
Ser en estos días Harry Redknapp, de pequeño fan del Arsenal, es un desafío incómodo. Necesita una clonación urgente. Si todo fuera tan fácil como cuando fue al despacho de Terry Brown -antiguo propietario del West Ham- a firmar su renovación de contrato, no habría mucho problema. Entró en esa habitación convencido de que iba a ampliar con los hammers por cuatro temporadas, y salió de allí con la carta de despido bajo el brazo, por hablar más de la cuenta con la prensa local. La situación presente no es de resolución sencilla. Ahora Harry Redknapp, de pequeño fan del Arsenal pero a los 11 años jugador del Tottenham, tiene el deber de cumplir con las exigencias de la Federación y demostrar su implicación con los Spurs. En otras palabras, el imposible de contentar a todo el mundo.












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