El Barça tiene un estilo consolidado, eficaz y admirado en todas partes. Guardiola ha encontrado en la plantilla el punto justo de equilibrio, la precisión del toque, la creatividad arriba, la ocupación razonable de las bandas. Todo el mundo habla hoy del mejor equipo del mundo, del candidato a todo, del coleccionista de trofeos, de la envidia futbolística del planeta. Es innegable la mano del de Santpedor en el magnífico ciclo azulgrana pero hoy, tras curiosear para ver como anda el Galatasaray en la Europa League, he recordado la labor de Rijkaard en el club barcelonista. Creo que aquel equipo victorioso fue el embrión de este bloque gracias, por ejemplo, a la dosificación de Messi, el asentamiento de Valdés o Márquez y la purga de una plantilla asimétrica, desvencijada y reflejo de un estado institucional catastrófico en los años últimos del mandato de Núñez y de Gaspar. El Galatasaray ha acabado primero de su grupo, las cosas siguen saliéndole bien al holandés, ahora en Estambul. Seguir leyendo »
Como dice el poeta Pablo García Casado: el fútbol es una suerte de regresos. Esta tarde el Barcelona se enfrenta al Atlante mexicano, son las semifinales del Mundialito de clubes, duelo de elásticas azulgranas. El verso gana fuerza cuando veo la fotografía de Santiago Solari en la prensa deportiva. Tras su marcha del Inter le perdí la pista, primero fue a Argentina y después ya no supe. Leo que se fue a México, a Cancún, para enrolarse en las filas de los Potros de Hierro. También leo que no ha tenido muchos minutos pero que hace unas semanas al fin alcanzó la titularidad. Realmente no importa, El Indio sólo apura sus últimos años de profesional en una liga menos exigente, menos física, más propicia para el adiós tranquilo. Esta tarde el argentino volverá a cruzarse por nuestras retinas, sobre el césped del Estadio Sheikh Zayed, para jugar en su costado bueno, para buscarle las costuras al equipo que, según confiesa, es el mejor del mundo. Seguir leyendo »
113 años de historia. Es el camino que ha debido recorrer, no sin penurias, Banfield, hasta conquistar su primer título de campeón de Argentina. Fundado en 1896 por un grupo de inmigrantes de origen británico, el club del sur de la provincia de Buenos Aires, se aprovechó del tropiezo de Newell’s, que sucumbió ante San Lorenzo de Almagro (2-0), para alzarse con el triunfo en el Apertura 2009. Es un triunfo basado en la austeridad y en la modestia. El conjunto dirigido por Julio César Falcioni, sin estrellas de renombre, basó su éxito en una formidable defensa (fue el conjunto menos goleado del Apertura, con sólo once goles en contra en 19 encuentros) y en el buen hacer de futbolistas como el enganche Walter Erviti o el delantero uruguayo Santiago Silva, máximo goleador del torneo. Por su parte, Boca Juniors y River Plate firmaron un año para el olvido, acabando en las posiciones décima y decimosegunda, respectivamente, en la tabla acumulada del Clausura y el Apertura.
Abordó el compañero Ramón Flores al AZ en 2006, recordando su historia, que en cierta manera se repite en un bucle desdichado, y dejándolo cerca de alcanzar el pleno rendimiento, en el balcón de las emociones fuertes. Desde entonces, y hasta la destitución de ayer del que era su entrenador, Ronald Koeman, el club de Alkmaar ha vivido un carrusel de contrastes inimaginables: dejó escapar una liga holandesa en la última jornada al caer contra un equipo descendido, perdió una final de Copa en los penalties, fue por fin campeón de Holanda hace unos meses, clasificándose para la Liga de Campeones y, de pronto, destrozando la inercia de los tiempos felices, se quedó sin patrocinador, sin faro institucional, y a un paso de quedar eliminado de la Champions sin vencer un solo partido, a 16 puntos del líder en la Eredivisie.
El gran motor de la trayectoria del Az, el que explica el auge y el desplome, es Dirk Scheringa. Scheringa nació en la provincia de Groningen, y roza los 60 años de edad. A los 25, se cansó de trabajar en la Policía, y decidió constituir junto a su mujer Baukje una pequeña empresa de consejo fiscal y préstamo financiero. El asunto fue creciendo y, básicamente, Scheringa amasó su fortuna a base de conceder créditos rápidos, dinero fácil a ser devuelto con elevados intereses. Seguir leyendo »
Cuando a mediados del mes de diciembre del año 2003, el AS Monaco rubricó su participación en la fase de liguillas de la Liga de Campeones con el primer puesto en un grupo en el que también estaban el Dépor, el PSV y el AEK de Atenas, nadie en su sano juicio podría haber aventurado que el equipo del Principado mediterráneo acabaría, cinco meses después, plantándose en la Final de Gelsenkirchen.
¿Quién se atrevería a apostar fuerte a favor de la presencia del Girondins de Burdeos en la Final del Bernabéu del próximo mes de mayo? El conjunto francés está, si las cosas no se tuercen en demasía, a punto de firmar una liguilla excepcional. Encuadrado en un grupo ‘de la muerte’, junto al supuestamente renacido Bayern de Louis van Gaal, la siempre correosa y competitiva Juventus y la incógnita del Maccabi Haifa israelí, el equipo dirigido por Laurent Blanc, lidera la tabla con tres victorias y un empate, habiendo dejado al Bayern con pie y medio fuera de la competición tras su doble victoria ante los bávaros.
Cuando ayer hablábamos sobre la carrera futbolística de Rafael Martín Vázquez, y hacíamos especial referencia a su tormentoso paso por el Torino, una de nuestras comentaristas, Ana, nos recordó a una de las principales figuras del fútbol italiano en la década de los 90. Gianluigi Lentini vio su carrera futbolística marcada por dos hechos no estrictamente futbolísticos. Por un lado, su fichaje multimillonario por el Milan, previo pago de 4.000 millones de pesetas al Torino, convirtiéndose así en el fichaje más caro del calcio. Por otro, el gravísimo accidente de tráfico sufrido en el verano de 1993, ya como jugador milanista, cuando un reventón hizo que su Porsche diera varias vueltas de campana en la autopista camino de Turín. La investigación confirmó que el vehículo llevaba instalada una rueda de repuesto de velocidad limitada. Gigi Lentini conducía a más de 200 kilómetros por hora.
Fue el último club en entrar en la elitista nómina de ganadores de la Copa de Europa. Quizá por eso muchos tendremos para siempre en el recuerdo al Borussia Dortmund. A fuerza de vivir noches europeas, durante aquella temporada 1996/97, con el fulgor del amarillo chillón como paisaje de fondo, a uno se le quedaron fijados de forma y manera indeleble los Stefan Klos, Andy Möller, Jürgen Kohler, Matthias Sammer, Lars Ricken o Stéphane Chapuisat.
Aquel formidable equipo que consiguiera, contra todo pronóstico, imponerse a la Juventus de Zidane, Vieri o Deschamps en la recordada final del Olympiastadion muniqués, fue flor de un día. Su efímero éxito pronto derivó en un gris peregrinar por la Bundesliga que, salvo ocasiones puntuales, como el campeonato de 2001 o el subcampeonato de la Copa de la UEFA de 2002, apenas ha tenido momentos destacables. Lo que parecía ser el principio de un reinado, el advenimiento de un nuevo club dentro del club de los poderosos europeos, quedó finalmente en un feliz capítulo inconcluso y sin continuidad.
Escribió Umberto Eco que la primera vez que le abordó la insoportable sensación de que la existencia toda es un absurdo fue en un campo de fútbol. Creo que es indudable que la visión de veintidós hombres en pantalón corto y camiseta jugando con un balón al tiempo que miles de personas les jalean, aplauden o recriminan, y lloran y ríen de tristeza o alegría sincera porque dicho balón entra en una portería, da pie a esa sensación. Más, si cabe, a alguien que siente de verdad esa alegría o tristeza.
Lo que sucede, sin embargo, es que si lo pensamos, todo, desde la más grande construcción humana, hasta el aspecto más aparentemente nimio de la naturaleza, puede generar igualmente esa sensación. En otras palabras: lo extraño no es tanto percatarse de que la existencia carece de sentido, sino lo contrario, conseguir pensar a partir de una determinada experiencia que en realidad todo esto tiene algún fin o significado comprensible.
Alemania conmemoró el pasado lunes el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín. En DDF nos sumamos al festejo ofreciéndoos la historia de uno de los más apasionados hinchas que jamás haya creado el fútbol alemán. Espero que la disfrutéis.
Helmut Klopfleisch es un berlinés enfermo del fútbol y desde que era un crío su corazón late acompasado al ritmo que imponen los goles del Hertha y del Bayern Munich. Su habitación, empapelada de arriba a abajo con fotografías y recortes de periódico que narran las hazañas de sus equipos favoritos, es un fiel reflejo de la pasión que siente por este asunto de la pelotita. Además Klopfleisch es de los que no se arruga a la hora viajar para apoyar al equipo. Ya en 1960 comienzó a desplazarse por toda Europa para animar a dos de los clubes más populares de la República Federal Alemana (RFA). Como un hincha normal. La sutil diferencia es que vivía en la zona este de Berlín, era un ciudadano de aquella República socialista que la Stasi fiscalizaba con exhaustiva y cruel dedicación.
A mediados de los 60 el joven Helmut era popular en los vestuarios del Hertha y del Bayern Munich. Acudía a muchos de los partidos y se hacía notar. Todo un personaje, incluso confeccionaba sus propias camisetas del Hertha a partir de las elásticas, también azules y blancas, de la Juventud Libre Alemana; la organización juvenil en la que era recomendable perder el tiempo durante el régimen socialista de la República Democrática Alemana para evitarse problemas. Sin embargo, tuvo que pagar un precio muy alto por ser fiel a su pasatiempo favorito. Helmut Klopfleisch, nacido en 1948 al este de Berlín, sufrió la exclusión social e incluso la cárcel tan sólo por llevar hasta las últimas consecuencias su amor incondicional por el fútbol de Alemania Occidental.
Fundado por un vicario en 1874 bajo el muy pío y bizarro nombre de Christ Church Football Club, el Bolton Wanderers deambuló por el país durante sus siete primeros años de existencia sin disfrutar de un campo de fútbol al que poder llamar propiamente casa. Wanderers, que en inglés quiere decir vagabundos, es un apelativo que el clubno adoptó por pura casualidad. Pero como no hay tormenta que no acabe por amainar, en la temporada 1894-95 y tras varias mudanzas, el Bolton estrenaba hogar propio: Burnden Park. El campo fue el escenario de los éxitos y fracasos de los Trotters durante los ciento dos años siguientes hasta que su decadencia y las dificultades que ocasionaba su adecuación a las nuevas normativas de seguridad aconsejaron el traslado al moderno Reebok Stadium.
La imagen que presentaba Burnden Park en sus albores era tan miserable como plato común en las ciudades industriales de la Inglaterra victoriana. Encajonado entre las vías del tren y los vertederos de basuras industriales de la zona, Burnden era un estadio de cinco estrellas en cuanto a escasez de facilidades. Incluso el terreno de juego estuvo inclinado durante años debido a la mala calidad de las tierras donde se levantó el campo. Sin embargo, en aquellas tribunas de madera se fraguó una de las historias más curiosas que jamás nos haya brindado esa delicia en forma de competición que es la FA Cup. No brotó de las botas de un futbolista aunque no por ello es menos memorable.
Patricioz136 en ¿Quien se esta reforzando mejor? Me doy cuenta que no, saben apreciar lo bueno,EL ZARAGOZA sin ninguna duda el mejor refuerzo de todos es aquel que tacharo...
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