João es ya un norteamericano más. Se ha empapado de la cultura del trabajo, tan ajena a sus orígenes, y se ha convertido en un self-made man ejemplar. Lleva casi treinta años haciendo y repartiendo pizzas en el área de San Francisco, a donde llegó en la década de los ochenta con la magia de su pie izquierdo como único y ligero equipaje. Supo aprovechar las oportunidades y aprender a ganarse la vida en un país abierto a los emprendedores con agallas. João llegó a Estados Unidos para jugar al fútbol. O al soccer. Corrían los años ochenta y el gigante norteamericano intentaba crear el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de un deporte que hacía furor en los países de procedencia de la mayoría de los inmigrantes que comenzaban a llegar a las principales ciudades del país en busca de una vida mejor que la que les ofrecía su tierra. Fue entonces, en mitad de aquella oleada que pretendía introducir el fútbol en una sociedad inhóspita, cuando João Batista de Sales (Minas Gerais, Brasil, 1945) decidió dar un giro radical a su vida y echar raíces en la tierra prometida. Así llegó a San Francisco, previo paso por Nueva York y Los Ángeles, para acabar colgando sus ya maltrechas botas en el San Francisco Mercury, un pequeño y extravagante equipo semi amateur tan efímero como aquella primigenia fiebre por el soccer.
Música
Fio Maravilha, un mito hecho música |
jul
11 |
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Secciones: Historia, Música, Personajes |
Levántate y canta: Paisley Road West |
oct
20 |
Cada vez que escuchaba al bueno de Julio Salinas referirse al himno del Sevilla, a la opereta de Plácido Domingo en la Castellana o alguna que otra obrita perpetrada para solaz de la futbolerada como lo mejor y más emocionante que se había compuesto en la historia me alteraba. Aun me pasa cada vez que algún otro entretenedor repite la jugada. No me miro al espejo cuando ocurre pero seguro que las orejas se me erizan como a un Setter inglés las suyas frente a la perdiz a tiro. Reconozco eso sí que estos tipos, que comentan regular y tienen peor gusto musical, saben tocar las teclas adecuadas. En mi caso particular las de la risa y el escalofrío. Por suerte el realizador siempre tenía a bien ofrecernos un plano medio del delanterazo metido a asesor en materia sonora y de sus camisas imposibles para que entendiéramos todo. Para que algunos nos calmáramos y dejáramos pasar el momento como el que deja pasar un bocinazo en medio de una mañana placida. A lo bálsamo. Hoy recordé todo esto y hice una cosa. Conecté el ordenador, los altavoces y puse a funcionar los acordes rurales de una vieja canción pensando en que dentro de un rato, con el Valencia como buen aderezo, podremos asomarnos de nuevo a Ibrox y tararear tranquilamente el “Paisley Road West”. Y me quedé tranquilo.
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Secciones: Levántate y canta, Liga de Campeones, Música, Valencia |








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