La temporada que ha terminado condenando al Real Valladolid a Segunda división tres temporadas después de su ascenso, tiene un claro punto de inflexión el día, maldito día, en el que su directiva tomó la decisión de prescindir de los servicios de José Luis Mendilibar. Bien es cierto que la racha acumulada del técnico de Zaldibar al frente del conjunto castellano le situaba en una posición complicada, pero no es menos cierto que la solución de colocar a Onésimo Sánchez al frente del banquillo blanquivioleta, terminó condenando a un Valladolid que sólo dio muestras de reacción tras la llegada de Javier Clemente al banquillo.
Que un equipo haya estado bajo las órdenes de tres entrenadores diferentes en una sola temporada habla muy mal de su planificación deportiva. Los dedos acusadores apuntaban directamente hacia Roberto Olabe, director deportivo de la entidad pucelana, pero no debe descargarse de responsabilidad a Carlos Suárez, presidente del club que, al menos esta vez, demostró no saber gestionar el problema surgido tras la destitución de Mendilibar.







Cada semana, y de la mano de
Cuatro puntos de seis posibles. La reacción es un hecho. Cuando hace tan sólo siete días comenzábamos a digerir
En medio de la polvareda por la 

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