Han pasado cuatro años desde que el Valencia CF visitara por última vez Stamford Bridge. Fue en Liga de Campeones, también en una última jornada de la fase de grupos. Aquella noche a los valencianistas no les apretaban las urgencias. Habían llegado sin opciones de clasificación, en un grupo con Schalke y Rosenborg, además de los londinenses. Aquel año acabaría de manera convulsa para los de Mestalla. Campeones de Copa pero con un Ronald Koeman discutidísimo en el banquillo y un proyecto agotado a las primeras de cambio. Los primeros preludios de la tempestad que estaba por azotar al club.
Esos cuatro años transcurridos han sido suficientes para que todos menos uno (el lateral portugués Miguel) de los futbolistas empleados aquella noche por el técnico holandés del Valencia hayan ido abandonando progresivamente el club. Pocos equipos han cambiado tanto la cara en tan poco tiempo. Asfixiado por los créditos impagados y ejecutables, el club ché se vio obligado, hace ahora dos temporadas, a replantearse su existencia, al menos momentánea. Era necesario un golpe de timón, un asumir la gravedad de la situación económica e institucional. Y todo ello, con la condición más complicada: convencer a la masa social y a los aficionados valencianistas de que la nueva situación económica iba a traer consigo un nuevo escenario deportivo de un perfil notablemente inferior al acostumbrado.












Observada desde la media distancia, la campaña del Valencia merece una buena nota. Primero en la Liga de los otros, tercero en el campeonato nacional, el cuadro ché logró su principal objetivo de la temporada: repetir en la Champions League, maná económico del plan balsámico financiero, herencia obligada del desastroso mandato de Juan Bautista Soler. Por concretar, a Unai Emery no le queda ni uno de los campeones de la Eurocopa de 2008. Ni Albiol, ni Marchena, ni, sobre todo, ni Villa, ni Silva. Los dos Davides del Valencia, los dos jugadores más determinantes en la parcela ofensiva, el goleador y el talento más delicioso, emigraron para dejar caja. Sin ellos, el equipo se rearmó subrayando el concepto de bloque. El resultado, si se piensa, es lógico. Notable en el torneo de la regularidad. Peor, falto de estrellas que decantasen la balanza en la igualdad de las eliminatorias, en Champions y Copa del Rey.

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