Recién ascendido… y vuelta a los infiernos. El CD Tenerife hizo bueno el pronóstico tipo, que siempre sitúa a los equipos recién ascendidos a Primera como carne de cañón en su retorno a la elite. Como es natural por presupuesto y plantilla, el equipo canario se mantuvo siempre en la cuerda floja, en un permanente tira y afloja con respecto a las tres posiciones de descenso, que finalmente terminó llevándoselo por delante, ocho años después de su última pérdida de categoría.
Pero no todas las lecturas que deben extraerse de este breve periplo por Primera han de ser necesariamente negativas. Bajo la dirección técnica de José Luis Oltra, el cuadro tinerfeño ha sido, de los equipos de la zona media baja de la clasificación, el que ha desarrollado un fútbol más limpio, aseado y vistoso, especialmente en el Heliodoro Rodríguez López. Y eso, con las limitaciones de plantilla evidentes en un club de semejante índole, es digno de elogio. Puede que el aficionado chicharrero hubiera firmado un fútbol menos vistoso pero más efectivo, con el firme objetivo de mantener la categoría, pero a la vista de todos está que esa opción tampoco hubiese garantizado la salvación. Que echen un ojo hacia Valladolid para comprobarlo.





Una vez más, y de la mano de 



Mucho ha llovido desde aquella temporada 2001/02, última del CD Tenerife entre los grandes. Aquel último descenso de categoría, aún con Javier Pérez (el presidente de los éxitos del club de la mano de Jorge Valdano y Ángel Cappa) en la Presidencia, fue la antesala de un sinfín de problemas económicos y de inestabilidad institucional, que dejarían a los tinerfeños en una travesía por el desierto durante las últimas seis temporadas.

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