Temporada de transición en el Ramón Sánchez Pizjuán. Lo que comenzó allá por el mes de agosto como un capítulo más en la brillante historia del Sevilla FC en el último lustro, acabo confirmándose como una temporada de paso hacia épocas mejores. Las cosas comenzaron a torcerse demasiado pronto. La inesperada eliminación en la fase previa de la Liga de Campeones a manos del debutante y semidesconocido Sporting de Braga cayó como un mazazo en la ilusionada afición sevillista. A partir de ese momento, la temporada, planificada en torno a la máximo competición continental, comenzó a torcerse.
Pese al traspié inicial, la directiva nervionense decidió mantener su confianza en Antonio Álvarez. Discutido por un lado por su perfil bajo y su nula experiencia en el primer nivel, pero respetado y querido por su procedencia interna, el técnico se encontró a las primeras de cambio con la complicada papeleta de hacer olvidar a su afición la debacle europea con una gran actuación liguera. Además, la temprana eliminación de los sevillistas colocó al equipo de manera automática como uno de los favoritos a alzarse con el título de la Europa League. Quizá demasiada presión.





Javi Varas tiene dos pasiones. El Sevilla, y la Virgen de la Macarena. “




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