11. Almería. La sombra de Emery era alargada. Arconada no cayó en gracia y, en cambio, Hugo Sánchez reflotó al equipo para decepción de sus detractores. La permanencia, no obstante, se cimentó sobre los goles de Negredo: 19 de los 45 del equipo.
12. Racing. Otra herencia complicada, la de Marcelino, llevó a El Sardinero a exigir a Muñiz más de la cuenta. Zigic transformó por completo al equipo. Marginal en el Valencia, fue el mejor fichaje de invierno posible.
13. Athletic. La Liga se acabó en cuanto se selló el pase a la final de Copa. El colchón acabó siendo suficiente, pues la distracción desde ese momento fue colosal. La temporada deja eso y la esperada explosión de Fernando Llorente.
14. Sporting. La propuesta ofensiva, casi inconsciente de Manolo Preciado acabó teniendo premio. Permanecer en Primera con 79 goles en contra, un solo empate y 23 derrotas es casi un milagro.
El Osasuna ha sido uno de los equipos en situación de riesgo hasta el final del torneo. Durante gran parte de la temporada, la entidad navarra ha estado en zona de descenso directo, aunque finalmente salvó los muebles. Su continuidad en Primera es un premio al buen hacer directivo: su presidente, Patxi Izco, ha demostrado en más de una ocasión su paciencia con los entrenadores del club. Entiende que la parcela deportiva debe ser para los profesionales con conocimientos técnicos y se aparta por el bien de la entidad.
Para algunos, en la jornada sabatina se pudieron ver ocho partidos por televisión; para otros, ninguno. Para todos, lo cierto es que se certificaron los descensos de Recreativo y Numancia, y sólo queda disponible un billete para la fatalidad. A los cinco clubes inmersos en el peligro, les ampara un consuelo reparador. Todos dependen de sí mismos. Una victoria vale la permanencia en Primera División.
El ruido mediático provocado por la vergonzosa agresión de Pepe en el Bernabéu ha oscurecido una circunstancia curiosa de carácter disciplinario que igualmente tuvo lugar esta jornada: en el partido Osasuna-Málaga, el colegiado Carlos Clos Gómez cogió su fusil y desencadenó un rosario de expulsiones en un partido, todo hay que decirlo, bastante lejano a los deseables parámetros del fair-play. Se despidieron del Reyno antes de tiempo Gámez, por el equipo malacitano, y Vadócz, Josetxo, Puñaly el entrenador Camacho por el cuadro local, con lo que los rojillos jugaron bastantes minutos con ocho jugadores y, cosa bastante natural en estas circunstancias, acabaron entregando el partido.
Surge entonces de forma natural la pregunta de cuál es el mínimo de jugadores con los que puede quedarse un equipo para que el partido se siga disputando. Según la FIFA, se trata de una norma potestativa de cada Federación, aunque la International Board recomienda que en ningún caso continúe un partido en el que alguno de los dos equipos se haya quedado con menos de siete futbolistas. Este es el criterio que rige en España actualmente y también en la mayor parte de los países, y es ya tradicional el caso del equipo reducido a siete jugadores en el que uno de los restantes se hace el lesionado para provocar la suspensión y minimizar los daños hipotéticos de la inferioridad numérica.
El Osasuna de José Antonio Camacho perdió una oportunidad fantástica para acercarse a la permanencia. Una victoria en el Reyno de Navarra ante un Málaga revelación esta temporada le hubiera llevado hasta los 38 puntos, a dos de los 40 previsibles para agarrarse a Primera División, pero los blanquizules se impusieron por 2-3. Un partido disputado, intenso, entretenido, que desmiente en parte la tendencia reciente a dudar sobre la competitividad de la Liga española.
El equipo navarro ha mejorado mucho las últimas semanas. En febrero, en la entrada Camacho receta voluntad, afirmé en referencia al entrenador murciano: “Su capacidad para estimular a la plantilla, transmitirle voluntad y sacrificio desde la caseta y su experiencia en banquillos de todo pelaje son motivos para la esperanza”. Los rojillos han cambiado su dinámica y presentan batalla en todos los encuentros. Son un vestuario aguerrido, con una filosofía definida y con calidad suficiente para salvar el cuello.
Osasuna es uno de los equipos de Primera que tienen pinta de descenso. Todavía quedan 15 partidos y todo es posible, pero el equipo del Reyno de Navarra coquetea peligrosamente con la zona roja de la tabla. José Antonio Camacho llegó para un cambio de tendencia positivo, pero el tiempo demuestra que es complicado acabar de un plumazo con una herencia negativa. El club lleva casi toda la temporada abajo y es obvio que la permanencia está en riesgo.
Osasuna ha estado en descenso directo desde la 7ª jornada y salió por primera vez hace dos jornadas. Con anterioridad, el equipo siempre estuvo marcado por una dinámica descendente. Ésa fue la razón por la que Patxi Izco, presidente de la entidad navarra, decidió hacer cambios en el vestuario y contrató al ex seleccionador español para que cogiera el timón del barco a mediados de octubre del año pasado. El sacrificado fue José Ángel ‘Cuco’ Ziganda.
Quizá un poco escondida en medio de la vorágine de partidos internacionales de ayer, se produjo en Belgrado la retirada de la selección de uno de los últimos grandes nueves puros que ha dado el fútbol europeo: Savo Milosevic. Lo que se presumía como un gran homenaje al viejo goleador comenzó mal, nada menos que con dos penaltis fallados por el interesado antes del primer cuarto de hora de choque, pero concluyó como se merece la carrera de este estupendo delantero, con dos tantos y goleada (6-1) a Bulgaria.
En cierto sentido, el partido de anoche puede considerarse una metáfora de la vertiginosa carrera de Savo, llena de cambios, subidas y bajadas, lesiones, polémica, momentos de gloria y, sobre todo, goles, muchos goles. Un periplo que comenzó en el club de su ciudad, Bijeljina, y que se cimentó en un trienio glorioso en el Partizán, donde firmó un promedio de casi 0,75 goles por partido y ganó dos ligas yugoslavas. Lógicamente, pronto las miradas de los clubes más poderosos se volvieron a este díscolo joven de casi 1,90, que sembraba el terror en las defensas con su juego aéreo y su poderosa zurda. Al final, se llevó el gato al agua el Aston Villa, que se lo llevó a Birmingham a la aún temprana edad de 22 años.
La Junta Directiva del Club Atlético Osasuna ha decidido esta misma mañana poner fin al periplo de José Ángel Ziganda al frente de la primera plantilla del conjunto pamplonica. La decisión puede calificarse de sorprendente, pues los mandatarios rojillos mantuvieron al entrenador la pasada temporada bajo circunstancias similares –el equipo se salvó del descenso en la última jornada- y le dieron la oportunidad de iniciar su tercer proyecto. Además, resulta también algo extraña la fecha en que se produce la destitución, justo en el ecuador de dos semanas sin Liga, pues la lógica mandaría que el relevo se hubiera realizado al terminar la jornada anterior, y así se habría dado tiempo al sustituto para conocer a sus nuevos futbolistas y empezar a introducir sus ideas en la plantilla.
Quizá hayan sido, precisamente, las negociaciones para contratar al nuevo entrenador lo que hayan llevado a realizar el relevo en este momento. El elegido es José Antonio Camacho, un nombre que rápidamente evoca valores como remontada, hombría o sinceridad, pero también un personaje cuyo prestigio en el mundillo futbolístico ha venido resintiéndose en los últimos tiempos por campañas publicitarias, discretas experiencias como comentarista y, sobre todo, una carrera como entrenador que empezó de modo brillante pero que parece haber adquirido un cierto camino descendente.
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