Empate a cero tras un partido laborioso, intenso, de los que agotan a los del césped y también un poco a los que vemos el fútbol desde el sofá. Tensión defensiva del Deportivo que ha acabado con el empuje intermitente y deslavazado de un Madrid que alterna buenos partidos con comatosos encuentros como el de hoy. Algo no funciona en el equipo de Mourinho cuando el equipo rival sale bien plantado, sin dejar espacios al siempre dubitativo Özil y tiene que dejar la creación a jugadores insolidarios como Cristiano o Di María, que por muy buenos que sean –y lo son- a veces no pueden ganar partidos solos. Kaká en el once titular no pasa de la anécdota. Su labor ha sido gris, plomiza, ajena al nervio que suele sacudir al Madrid esta temporada y el magnífico jugador que fue sólo pervive en los posters con la camiseta rojinegra.
El equipo de Lotina es un equipo muy luchador. No tiene brillantez arriba, ninguna, ni Lassad, ni Riki ni hoy Sand –que eso sí, no ha parado de atosigar en la salida de balón merengue- aportan el golpe definitivo que debe caracterizar a los delanteros. Guardado, que hoy reaparecía, puede ser la solución a esta negritud ofensiva. Lo poco reseñable que ha hecho el club gallego en vanguardia ha estado firmado por el fino interior mexicano. La posición escorada del otro jugador talentoso del equipo, Adrián, ha deslucido un poco su labor, creo que es más jugador de ataque, más cerca del área es más peligroso. El resto del mérito ha sido de los hombres de atrás, Colotto y Lopo siempre atentos, Laure tapando los carriles junto a Morel y la piña de mediocentros secando a Lass –que ni está ni se le espera, y a un Alonso que no ha dado más de sí en su soledad medular.







Hace no mucho comencé una serie en este blog, inacabada y llamada 

La espiral deportivista vuelve a dar una vuelta más, alejándose del punto álgido que recuerdan los títulos del pasado, pero reiterando la idea cumplidora del último lustro: bloque y oportunidades. Miguel Ángel Lotina terminó la temporada alineando un núcleo que sirve de columna para el nuevo curso. Sobre él intentarán amoldarse las jóvenes novedades, que llegan después de un buceo de mercado en busca de calidad gratuita. Y en él también asomaran las piezas de antaño, la pausa de Valerón y la regularidad de Manuel Pablo, viejos conocidos y voces de la experiencia. En el capítulo de objetivos volver a Europa pasa por repetir la fenomenal primera vuelta de la
Pronosticar a principios de temporada cómo iba a resultar la temporada del Deportivo de la Coruña resultaba una tarea ciertamente ardua. Bien es verdad que, tras el tortuoso final de la etapa de Caparrós, Lotina había conseguido estabilizar el equipo en la zona tranquila de la tabla, y que poco a poco, lejanas ya las grandes hazañas, las exigencias de la masa social se adecuaban cada vez más a la realidad actual del club. Sin embargo, había que ver cómo reaccionaba un equipo sin refuerzos de excesivo fuste –no podían calificarse así los nombres de Juca o Angulo- que había perdido además a Verdú y Lafita, capitales en el curso anterior, y que ya de entrada mostraba una preocupante carencia de cara al gol: Adrián venía de una buena temporada en el Málaga pero nunca ha sido un ariete puro, y ni de Riki ni de Bodipo se podía esperar ya demasiado a estas alturas.
Cada semana, y de la mano de 

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