Barça y Real Madrid demostraron este sábado por qué llevan todo el campeonato por encima del resto. Ambos acapararon la posesión de la pelota, controlaron en todo momento su partido y acabaron sumando tres puntos en El Molinón (0-1) y Riazor (1-3), respectivamente. Cuando regrese la Champions, dentro de apenas dos semanas, puede que el campeonato se vuelva algo más imprevisible. Anoche no.
Sporting y Deportivo apenas tuvieron una rendija de esperanza. Los asturianos no gozaron de ocasiones claras de gol, pero se agarraron a lo estrecho del marcador para soñar con un milagro final, con forma posiblemente de balón a la olla. El Barça perdonó más de la cuenta. Pudo haber cerrado el partido mucho antes, pero le faltó puntería, que es justo de lo que anda sobrado Pedro. El delantero canario tiene un don para llegar al gol. Ayer, arrancó desde el círculo central, se plantó delante de Juan Pablo y, en lugar de buscar a Ibrahimovic, tuvo la sangre fría de chutar por el primer palo.


En febrero, Cristiano Ronaldo cumplirá 25 años, y la presente es su octava temporada en el fútbol profesional. Hay cosas, sin embargo, que no cambian, pese al paso del tiempo. Cuando se equivoca, el portugués pone cara de bueno y cuando acierta, de niño travieso. Continúan igual, también, sus espléndidas condiciones naturales, el físico trabajadísimo, la técnica de manual. Pero algo sí cambió, en un momento dado, y pasó de ser un excelente jugador a un futbolista clase mundial. Aprendió a hacer mejores a sus compañeros, y comprendió que esa virtud, además, le hacía mejor a él; y asimiló la necesidad de no intentar siempre la jugada imposible, de no tratar de demostrar en cada arrancada lo bueno que podía llegar a ser. 
Es el ejemplo de la reinvención y la capacidad de adaptación a un nuevo escenario. Si hace ocho años alguien le hubiera dicho a la afición del RC Deportivo de La Coruña que, en un par de temporadas, su equipo tendría problemas para confeccionar una plantilla seria y competitiva y que a duras penas conseguiría aspirar a algo más que la permanencia, probablemente hubiera jurado que le estaban gastando una broma. Haber ganado una Liga, haber sido un serio aspirante al eterno mandato dualista, haber sembrado el pánico en Europa y alcanzado unas semifinales de Liga de Campeones, deja unos estigmas difíciles de asimilar cuando no eres un grande ‘de cuna’.
Desde su exitosa irrupción en el mundillo del fútbol español, Augusto César Lendoiro, presidente profesional del RC Deportivo de La Coruña, se ha ganado una merecidísima fama de duro negociador e implacable protector de lo que considera suyo. Muy probablemente, el Dépor no habría sido el Dépor
Tras el Superdépor de Arsenio y el Eurodépor de Jabo Irureta, parece que el RC Deportivo de La Coruña ha encontrado un nuevo faro con el que orientarse. En esta



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