Si ha empezado a leer con la vaga esperanza de que esto no se convierta en una absurda comparación entre fútbol y cine -las hay muy buenas, pero me temo que a esta la une un lazo extremadamente fino – siento anunciar que el título aparenta lo que es. Siempre podrá abandonar o dar un salto hacia el quinto párrafo, donde preveo que el asunto se transforme en una previa más habitual.
Nótese el poco interés en que esto salga bien en el reloj del clásico. Habría sido todo un detalle situarlo a las diez, ¿verdad? Entonces la medianoche de Barcelona tendría sentido como espacio de reflexión. Saltamos sobre esta primera valla porque no nos referimos a la medianoche del día de partido, sino a la anterior. Al fin y al cabo Gil Pender no se subió en un coche de otra época después de casarse. Lo hizo antes de la tragedia. No terminó su novela y a posteriori hizo que la consultaran, la dejó a medias hasta recibir las notas de sus antepasados. París, Woody Allen, si no han visto el film este es otro buen momento para saltar de cabeza al quinto párrafo.








Dicen que todo surgió de 




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