En el minuto 86′ Pep Guardiola tomó su última decisión como técnico del FC Barcelona: una sustitución. Dio entrada a Thiago en lugar de Pedro, sustituyó al hombre con el que ha compartido cada instante, gol y título desde que un día decidió sentarse en el banquillo azulgrana. A su llegada querían cederle, decían que sólo rendía en los entrenamientos, pero Guardiola quiso llevárselo a la pretemporada del B. Que fuera su último cambio es solamente una casualidad que nos sirve para explicar el punto y seguido que emprende el Barcelona. El míster se baja, pero todo lo demás continúa. Messi, Xavi, Iniesta, Piqué y un largo etcétera. Incluso el jugador que ha recorrido exactamente el mismo camino que el técnico no solo no da un paso atrás, sino que se reconquista a sí mismo en el último día de servicio. Pedro, olvidado durante un largo periodo, fue fue el protagonista junto a Messi de tres tantos que en tan solo 24 minutos sentenciaron al Athletic Club (0-3). Después ya no hubo partido. El mejor Barcelona había dejado huella firmando uno de los tramos más brillantes de estos cuatro años. Tres goles para el catorce. Para el título catorce de diecinueve.
Barcelona
Liga BBVA 2011/12: mejor segundo delantero |
may
20 |
Leo Messi. Aparece en la categoría de segundo delantero como podría aparecer en cualquier otra que tenga que ver con el ataque, porque ha llegado hasta el corazón del área pequeña como el mejor killer y, números en mano, es el mejor asistente de la Liga (empatado con Özil). Principio y final de la última versión del Barça de Guardiola, que ha dependido de él en proporciones casi alarmantes. Su presencia es la mejor garantía en la transición que deberá afrontar el Barça en los próximos meses. Y sus cincuenta goles quedan para siempre.
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Pep, a destiempo |
may
03 |
Guardiola se vacía, el Barça se llena |
abr
27 |
Guardiola se va. La decisión la había tomado hace meses, como cuando se fue por primera vez, como jugador. Entonces dijo que no sabía si era el momento idóneo, que nunca es fácil encontrarlo en un club como el Barcelona. Se despidió con alguna duda, pero firme, ilusionado por experimentar nuevas retos, otras cosas. También habrá dudado ahora, pero no de la misma manera. Se marcha vacío, sin vitalidad, con el único ánimo de parar, queriendo apartarse durante algún tiempo. ‘Creo que nos habríamos lastimado’, un pensamiento que aclara el principal motivo de su marcha. No se siente con fuerzas, pero además cree que la continuidad habría implicado malos resultados. O no tan buenos. Guardiola dice adiós asumiendo el error de no haber renovado por dos años con la posibilidad de liberarse al final del primero, una opción que habría desdramatizado la espera. Lo hace con el elogio unánime de compañeros, futbolistas, periodistas y aficionados, por el fútbol practicado y el trato recibido, con 13 de 17 títulos bajo el brazo. Una estadística a completar el 25 de mayo, cuando aguarda su última final contra el Athletic Club.
Guardiola cerró la puerta |
abr
27 |
Cuando una puerta se cierra no se abre ninguna otra. El piso se queda unos minutos en silencio. El desorden en su desorden y el orden en su quietud incómoda. Sin luz, ni aire que agite la difunta paz de los objetos. No importa ya lo que pasó en ese piso. Quién habitó sus habitaciones. Qué luz arañó los cuerpos durante el desayuno, o los gritos o las risas, o el estruendo de la televisión, o las noticias inesperadas que quedaron ahorcadas del teléfono. Ni de donde vinieron ni a donde se fueron sus habitantes. Ni el llanto enfangado de un niño, ni el ruidoso silencio del sexo. El piso, tras la puerta cerrada, es un enjambre de muebles viejos. Cuando Guardiola cerró la puerta hoy, el piso volvió a ser sólo un desigual cubículo de cemento.
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La línea recta a Múnich |
abr
25 |
Lo contrario a la reconstrucción. Agrupar a la vieja guardia, matizar un par de conceptos sencillos. Solidez defensiva y salir rápido al contraataque. Roberto Di Matteo. Es la huída hacia adelante que ha llevado al Chelsea a la final de la Champions League, en dirección vertical, de Cech a Drogba. Bastaron dos tirones de Ramires y un último acelerón de Fernando Torres, bagaje ínfimo pero altamente eficiente, para derrocar a un Barcelona que le dio demasiadas vueltas a todo. De un costado al otro, sin ganar nada en la transición, no se desenvolvió con naturalidad el equipo de Guardiola. El muro visitante acabó frustrándole, aunque lo formaran centrales improvisados y un hombre menos. La suerte tuvo un papel principal, definitivo, pero decidieron los errores, área arriba área abajo. El conjunto azulgrana ha llegado un punto por debajo a este tramo de temporada. Aun así, se fue al poste, hasta en cuatro ocasiones. Ayer, ni la madera ni un capitán loco. Nada pudo frenar al autobús del Chelsea, que ya corre hacia Múnich.
La falta de un Plan B acaba con el Barça |
abr
25 |
No hubo ‘Iniestazo’. Ni tan siquiera hubo opción a ello. No hubo un Plan B. La confianza plena en el funcionamiento de la maquinaria hizo que el FC Barcelona despreciase la posibilidad de encontrarse en un escenario como en el que finalmente se encontró anoche. El conjunto azulgrana vio como lo que habitualmente resulta infalible e insoportable para sus rivales era repelido, no sin un encomiable esfuerzo, por parte de un Chelsea que hubo de remar contra corriente a lo largo de setenta minutos de partido y al que, en consecuencia, no se le debería restar ni un ápice de mérito.
La oportunidad de levantarse |
abr
24 |
No es el FC Barcelona un equipo que se mueva bien en la épica y a la heroica. Habiéndose hecho fuerte en el virtuosismo, la orfebrería de Pep Guardiola no entiende de empresas imposibles sacadas adelante con más corazón que cabeza. La máquina funciona demasiado bien y no hay por qué dudar de su eficacia. Pero el caso es que, por muy bien que funcione, por mucho que el equipo represente el paroxismo de la estética aplicada al fútbol, el equipo presenta imperfecciones. Escasas, aisladas y relativas, pero imperfecciones al fin y al cabo. Y cuando esas imperfecciones asoman y trascienden se acaban extendiendo rápidamente, como una mancha de óxido a la intemperie. Y sus consecuencias, por inesperadas y poco habituales, pueden ser funestas.
Los onces del clásico, uno a uno |
abr
22 |
Valdés. No demasiado exigido durante el partido, anduvo un poco blando en el primer gol del Madrid, aunque no es suya la mayor responsabilidad; en el de Ronaldo no tuvo ninguna culpa, y le sacó al portugués un testarazo al comienzo en estirada felina. En cualquier caso, no está cuajando su mejor año.
Adriano. La opción de Guardiola para cubrir la baja de Abidal cumplió sin demasiados alardes. Pasó algunos problemas con Özil cuando el alemán cayó por su banda, y la presencia de un extremo puro como Tello en su carril le restó espacio para proyectarse como suele. Superado por Pepe en la jugada del primer gol.
Puyol. Concentrado como suele, el gran capitán del Barcelona debió multiplicarse para defender los vertiginosos contragolpes del Madrid. Debió emparejarse con frecuencia con Cristiano, y el delantero madridista le superó más de lo habitual. Extrañamente irrelevante en el balón parado ofensivo.
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El Madrid se siente campeón |
abr
22 |
Aquí estoy yo, en el Camp Nou. Es el gesto de Cristiano Ronaldo tras encaminar el balón hacia la red. Definitivo. Una porción de autoridad que expone en una sola jugada, a ejemplo del resto, lo que sucedió globalmente en el encuentro de anoche. El Madrid no solo ganó un partido y tres cuartos de liga, sino que lo consiguió sintiéndose superior durante los noventa minutos. Anímica y futbolísticamente, no hubo instante en que los blancos no se comportasen como campeones. El Barcelona, que había dominado la escena en sus anteriores enfrentamientos, dudó en su propuesta inicial, agarrotado, irreconocible en algunos tramos y sin fortuna en los instantes claves. El planteamiento del Madrid le ahogó las vías de producción, en la primera mitad le secó arriba y en la segunda más abajo. Incómodo en el pase, nunca tuvo lucidez el conjunto de Pep Guardiola, que tuvo balón pero no lo pudo circular por donde hubiera querido. No había espacios, tampoco claridad. El nudo lo narró el Madrid, que construyó a partir de la presión su discurso como ganador, del clásico y del título de liga.
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