Hubo un tiempo, no mucho ha, en el que Samuel Eto’o era al barcelonismo como Moisés al pueblo hebreo. El camerunés era considerado como una especie de faro espiritual, un guía imprescindible para salir de los tiempos oscuros, un líder al que encomendarse y un activo por el que sacar pecho. Joan Laporta lo vio claro. El delantero era un plato muy jugoso para la boca del aficionado culé. Su pasado madridista y sus casi siempre brillantes actuaciones contra el eterno rival cuando aún goleaba con la bermellona del Mallorca, hacían de él el abanderado ideal en la lucha por el poder azulgrana. Samu fue clave en el ascenso al poder del hoy presidente culé. Su relación, siempre enfrentada a la existente entre Sandro Rosell y Ronaldinho, traspasaba las fronteras de lo cotidiano entre un presidente y un futbolista de su club.
Pero el amor tiene fecha de caducidad. La relación entre la presidencia y el camerunés se vio truncada por variados factores. La irrupción de Messi o Iniesta, los irresistibles éxitos sobre el césped (encabezados por la Copa de Europa de 2006), o el deterioro de la convivencia del vestuario, fueron factores irresistibles que elevaron a la estratosfera el incontenible ego de Laporta, al tiempo que dilapidaban la relación de éste con Samu, otro con un ego de magnitudes preocupantes.
Dos noticias coincidieron el martes en el tiempo. Dos noticias antagónicas. Una llamaba a la ilusión y otra a la desesperanza. Kaká se presenta en el Bernabéu, De la Red no jugará al fútbol la próxima temporada. Bienvenidas y despedidas en el Real Madrid. Es difícil imaginarse rodeado por cuarenta mil aficionados gritando tu nombre, blandiendo bufandas y enseñando el escudo de las camisetas de esa forma fervorosa e irracional que sólo da el fútbol. Pero más complicado aún es imaginar lo que supone renunciar a la ilusión de una vida, de la noche al día, saber que seguir practicando el deporte que te lo ha dado todo puede tener un desenlace fatal sobre el rectángulo de hierba.
Jorge Valdano, director general del Real Madrid, afirmó, durante la rueda de prensa de Kaká como nuevo jugador blanco, que el cambio de dorsal de Fernando Gago y la cesión del 8 al crack brasileño había puesto de acuerdo a dos personas y, por primera vez, nadie se había enfadado. La casa blanca suscita filias y fobias entre aficionados y profesionales del fútbol. El consenso es casi una quimera.
El problema es que, en muchas ocasiones, los argumentos a favor y en contra de los movimientos deportivos del Real Madrid no se sustentan en una reflexión coherente y razonada. Las contrataciones de Kaká y Cristiano Ronaldo han despertado un debate aburrido sobre si el desembolso económico es desmesurado por dos jugadores hechos, que difícilmente puedan crecer aún más con la elástica madridista. Pero a la vez se plantea un debate en el que el posible fichaje de Karim Benzema (Lyon, 21 años) no apagaría la decepción por la llegada frutrada de David Villa (27 años). La alternativa del francés es una apuesta de futuro, mientras que todos sabemos a qué atenernos con el asturiano.
Probablemente esta entrada sorprenda a mucha gente. Se trata, no en vano, del equipo oficialmente simpático de los últimos tiempos. Sin ir más lejos, Buenafuente hizo el programa con una taza con su escudo la otra noche; o el tío José Ramón no se cansa de ponerlos como ejemplo de cantera (robando juveniles enteros de un Albacete acuciado por las deudas); o regala abonos a los parados (a los mismos que se crean en la industria azulejera). Esa demagogia vende, claro. Es la historia oficial del equipo “humilde” (85 millones de presupuesto en la 2008-09), de pueblo, eso es cierto, que se codea con los mejores de Europa. Estupendo. Pero es la historia también de una opresión regional, que ni se cuenta ni interesa.
Intentaré resumir.
Cuando su club comenzó a crecer, Fernando Roig y José Manuel Llaneza (los que mandan en el Villarreal CF) vieron pronto que debían conquistar la afición futbolística de la capital de la provincia para expandirse lo necesario. Necesitaban una masa social, una afición, mayor. Roig no se esconde en El País, en 2005: El Madrigal no se llena. “Es nuestra cuenta pendiente. Nos está costando. Hay 17.000 abonados, 10.000 de Vila-real, lo que supone el porcentaje más alto en una ciudad de 43.000 habitantes. Intentamos captar a los aficionados de Castellón y la provincia. Pero es difícil cambiar los sentimientos”.
Parece que en esta ocasión Florentino Pérez va en serio con su idea de “españolizar” el Real Madrid. Según ha hecho público el club blanco en un comunicado oficial, su directiva ha llegado un acuerdo con la del Valencia para el traspaso de Raúl Albiol, en una operación cuyo montante total se ha estimado en unos quince millones de euros (la mitad de lo que costó Pepe, dicho sea de paso). El central, que presuntamente llega para cubrir la baja dejada en la zaga merengue por el italiano Fabio Cannavaro, se distingue por su sobriedad, potencia física, velocidad y autoridad en el juego aéreo, aunque frecuentemente también comete fallos de concentración y no brilla por su nervio competitivo. Albiol, de 23 años, firma para las próximas cinco temporadas, y era al parecer del gusto del director técnico Jorge Valdano. Seguiremos con interés su andadura en la capital.
Tras una ardua negociación, se ha confirmado el pase al Español del mediocampista japonés Shinsuke Nakamura. El jugador del Celtic, que ha cedido parte de sus derechos de imagen –se trata de un futbolista con bastante gancho mediático- le ha salido gratis al conjunto periquito, pues llega con la carta de libertad tras cuatro temporadas en el club de Glasgow. De esta manera, el equipo barcelonés firma a un clásico del fútbol europeo en los últimos años, un jugador cuya principal distinción es su maravilloso toque de balón con la pierna izquierda –es un gran especialista a balón parado-, y que practica un fútbol técnico y pausado que ha marcado la diferencia en el torbellino físico en el que suelen desembocar los partidos de la Scottish Premier League. Para la parte negativa queda una cierta frialdad, la incógnita de si podrá sobresalir en un fútbol mucho más técnico que el escocés, su edad (30 años) y una cierta propensión a las lesiones, que le han afectado durante toda su carrera y que, en particular, le mantuvieron gran parte de la pasada temporada en el dique seco. Suerte para él.
Hay un Joan Laporta antes del 12 de junio y otro bien distinto después. El primero era el que, sonriente, se definía como “tritranquilo” y disfrutaba al margen de todo. El segundo es el que, fichaje de Cristiano Ronaldo mediante, habla en tono crispado de “bilis” y de “cagómetros”, y demoniza al eterno rival al tiempo que se arroga para su club las mayores virtudes humanas.
Tiene razón Laporta cuando se queja las deleznables campañas orquestadas por ‘As’ y ‘Marca’ a lo largo de la última temporada para inyectar presión entre el equipo de Pep Guardiola. Los dos diarios han faltado al respeto a los barcelonistas y, al tiempo, se han retratado de mala manera. No tiene razón, en cambio, cuando se queja de que el triplete haya desaparecido de las portadas. Sólo faltaría que los diarios tuvieran que seguir llevando en primera página la final de Roma. Ni siquiera la prensa barcelonista lo ha hecho. No le hace falta a Laporta exponerse al sarpullido leyendo ‘As’ y ‘Marca’: que coja las portadas de ‘Sport’ y ‘Mundo Deportivo’ durante las últimas semanas y compruebe cuántas se han dedicado a hablar del triplete y cuántas a hablar de Ribéry, Villa, Ibrahimovic, Forlán, de la renovación de Valdés, de Cristiano Ronaldo y hasta de Paris Hilton. No lo critico. Es lo lógico (todo menos lo de Paris Hilton).
David Villa se ha convertido en uno de los delanteros más importantes del mundo. El Valencia, equipo que tiene sus derechos federativos, ha reconocido su predisposición a un traspaso. Real Madrid, Barcelona, Chelsea y Manchester han mostrado su interés. Al menos, eso publica la prensa deportiva de medio mundo. Desde entonces, el futbolista vive rodeado de portadas con su nombre, supuestas ofertas económicas y posibles acuerdos contractuales entre él y otras entidades, especialmente con el club de la Castellana.
No tiene que ser nada sencillo vivir dentro una burbuja similar. Todo el mundo te mira y evalúa si hoy estás con el morro torcido, si firmas la camiseta oportuna o si hablas por teléfono con tono preocupado. Se especula sobre todo. Además, Villa tiene un problema añadido: la selección española se juega parte del prestigio adquirido en la Eucopa en la Copa Confederaciones. La prensa también informa de que Villa está ausente, pero que nadie del cuadro técnico ni el vestuario duda de su profesionalidad y buen hacer sobre el césped. Faltaría más.
La temporada del Real Madrid ha sido desconcertante. Un guión complejo, lleno de momentos para la ilusión en pugna con partidos para el desánimo. Un trampantojo con el que, en momentos determinados, creímos ver al equipo blanco pasear el trofeo de la Liga tras una persecución que rozó la perfección pero acabo como un bluff. Un año de extremos, de la explosión de Higuaín a la ininteligible contratación de Faubert, de la racha victoriosa de Juande a la desarmante derrota frente al Barcelona en el Bernabeu. Un año de sombras. En el factor deportivo un entrenador al que botan a mitad de temporada y una plantilla descompensada, llena de jugadores inválidos para el Madrid. En el factor administrativo, imputaciones judiciales, dimisiones, pufos asamblearios e inestabilidad. La memoria en el fútbol es corta. Se perdona, se olvida, se consiente. Cuando escribo esto Florentino tiene encandilada a la parroquia merengue. Kaka, Cristiano y posiblemente Villa. El empresario madrileño es el betadine de las heridas madridistas. Pobre consuelo para un club acostumbrado al éxito, un club donde el segundo puesto en la Liga ha sido tristemente insuficiente.
Una temporada convulsa con final feliz; así puede definirse el año de un Atlético de Madrid que, como suele, ha vivido sobre una montaña rusa durante nueve meses. Un año marcado por la irregularidad, con un excelente rendimiento frente a los grandes (ahí quedan los buenos partidos en Anfield y el Bernabéu, o la sensacional victoria 4-3 frente al poderoso Barcelona), patinazos bastante sonados, dos entrenadores, bastantes choques enloquecidos y una sensación de indeseable inestabilidad que se ha palpado tanto en la plantilla como en la grada o la directiva.
Al final, y como ya lleva ocurriendo varias temporadas, al equipo rojiblanco lo ha salvado su excepcional pareja de delanteros, sin lugar a dudas una de las mejores duplas del balompié mundial. Ahora todos hablamos de Forlán, protagonista de un final de Liga atronador, Bota de Oro e ídolo en el Manzanares, pero precisamente quizá sea éste el mejor momento para recordar la fenomenal aportación del KunAgüero en la primera parte de la temporada, aquellos momentos en que parecía que el club entero dependía de su poderosa arrancada. No es casualidad, por tanto, y a pesar de las sospechas que la segunda vuelta ha arrojado sobre la profesionalidad de este último, que los nombres de las dos puntas de lanza se destaquen en la rumorología que estos días nos asola. También, a pesar de cierta intermitencia, puede considerarse satisfactorio el rendimiento de Simao Sabrosa en el extremo.
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