Sobresaliente: Andrei Arshavin. Mereció la pena la espera, sin duda alguna. Al diez por excelencia, al que maneja los destinos de Rusia, le han bastado un par de partidos para presentar la más sólida candidatura al jugador del campeonato. Es imposible que la presencia de un solo futbolista cambie tanto un equipo, y esto es precisamente lo que ha logrado el atacante del Zenit, anoche de nuevo un futbolista de otra galaxia. Lo que hizo anoche en el partido, y muy especialmente en la prórroga –la demolición de la defensa tulipán, la cabalgada galáctica y el gol raulino- es Historia desde el momento siguiente a ocurrir. Como decía Miguel Gutiérrez, ¿cuánto vale hoy Arshavin?
Notable: Sergei Semak. Anoche la selección rusa fue una especie de ballet estratosférico que emocionó a todos los aficionados al buen fútbol –bueno, quizá a los holandeses un poco menos- pero justo es mencionar que, para que tanto brillaran los Pavlyuchenko, Arshavin o Zhirkov, alguien tenía que aguantar atrás tan fenomenal mecano. El hombre fue el medio del Rubin Kazan, que con la inestimable ayuda de Shemsov ofreció un curso gratuito para mediocentros defensivos y volantes tapones. Entre los dos cortocircuitaron el brillante juego holandés, cortaron innumerables balones y fueron, una y otra vez, el inicio del hipnotizante fútbol ruso. Fueron los obreros del milagro.












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