Fingir es una tarea difícil. Uno puede simular durante mucho tiempo ser lo que no es, pero terminan por llegar momentos en los que las circunstancias hacen que nuestra careta caiga al suelo, mostrando nuestro verdadero rostro, aunque no nos guste. La prensa deportiva española es maestra en el arte del disfraz. Deportividad, tolerancia, sentido común, valores del deporte, muchas son las caretas que se pone cuando el momento así lo exige. Igualmente, ante otras vertientes de la letra escrita, reivindica su lugar, su especificidad y su valor. Afirma sin sonrojarse que se puede hacer periodismo deportivo de calidad, que se puede hacer buena literatura desde la épica del deporte y que, además, el deporte –narrado desde los parámetros de la prensa- puede transmitir a la sociedad una serie de valores que ayudan a mejorarla.
Todo muy bonito. Sin embargo, cuando las circunstancias son las que son, la prensa muestra su verdadero rostro. Y hoy, las circunstancias son las que son. Cualquiera con dos dedos de frente que eche un vistazo esta mañana a la prensa deportiva de nuestro país se encontrará a nuestros periódicos desnudos de disfraces, aparte de comprobar empíricamente que no siempre leer es una actividad enriquecedora, ni mucho menos. No hay hoy lugar en sus portadas para eso tan manido de la deportividad, ni en la victoria, ni en la derrota. No hay lugar para una demostración de valores, tampoco para bellos gestos de comprensión o reconocimiento del otro. Ninguno de los supuestos valores del deporte aparecen hoy en sus páginas. Al contrario, cualquiera ajeno a todo esto que lea hoy la prensa deportiva, saldrá de la experiencia, a parte de con varias neuronas menos, con la sensación de que mucho odio y revanchismo tiñe sus páginas, llenas hoy de letras que buscan vendetta, regocijo en el mal ajeno, agravios y descalificaciones. Seguir leyendo »
De entre todos los comentarios que se vierten hoy en cientos de medios de comunicación sobre el partido de ayer y el subsiguiente título de Liga del Madrid, dos corrientes de ideas se imponen claramente sobre las demás: por un lado, que el equipo blanco es justo ganador, por cantidad de puntos, número de goles marcados y recibidos, autoridad durante la mayor parte del campeonato, etc. Por otro, que el fútbol del equipo ha sido ramplón durante una buena parte del curso, que el nivel de la competición española es muy bajo, que los contrincantes han tirado la Liga, o que ha ganado el menos malo. Resumiendo, que se ha repetido el título –lo que siempre se exige- pero que el Madrid ha quedado lejos de la excelencia proclamada por Ramón Calderón –para lo que se cambió el proyecto-. Luego la temporada quedaría en un aprobado raspado.
La impresión es que desde diversos foros se tergiversa, a veces de modo interesado, el significado del término “excelencia”, y que hay incluso gente en la directiva del Madrid que ha caído en la trampa. Hoy parece imponerse la idea de que la única brillantez posible en el fútbol viene tal y como la entiende la escuela holandesa, heredera en cierto modo de la tradición del passing game de Bill Shankly, y continuada por Cruyff y su abrumadora –y positiva- influencia en el Barcelona. Fútbol realmente hermoso de ver, con una belleza en ocasiones abrumadora, que practicado por futbolistas muy técnicos asegura victorias y un gran disfrute estético. Un camino seguro hacia la excelencia…
La imagen social del futbolista no es buena. Si hacemos una mínima prospección, nos encontraremos con que para la gente el retrato del futbolista responde al de un privilegiado que ha tenido la suerte –quizá por arte de magia- de cobrar millones que no se merece por dar patadas a un balón, hacer unas risas con los amigos en los entrenamientos y recitar obviedades al micrófono de la sala de prensa. Esta negativa descripción responde a varios factores. El primero, y más importante, obviamente es el del agravio que muchos sienten en la comparación de su vida con la que creen que llevan los futbolistas. Cuando la escala de valores imperante juzga si una vida es satisfactoria por el coche que conduces, la chica que se agarra a tu brazo y los metros cuadrados de tu piscina, pasan estas cosas. Otro de los factores, importante también, es el de la prensa deportiva, tan dada a los discursos demagógicos y facilones, que afirma sin ambages cuando el equipo de turno pierde dos partidos seguidos, que esos vagos que deambulan por el campo y no sienten la camiseta, no se merecen en ningún caso el sueldo que ganan –comparándolos en el mismo movimiento con el sufrido seguidor mileurista-, que son mercenarios y que solo les importa el dinero.
Sin embargo, este retrato denigrante del futbolista se olvida de una cuestión esencial: el futbolista es, a todos los efectos, un trabajador como cualquier otro. Puede que esté mucho mejor pagado y que sus obligaciones no sean desagradables y frustrantes como la de la mayoría de los trabajadores, pero no se puede dudar de que, en todo caso, y aun privilegiado, es una persona que presta sus servicios a una empresa determinada a cambio de una prestación económica. También se suele olvidar que, en ese sentido, el trabajador que es el futbolista tiene, en la misma medida que unas obligaciones, unos derechos como tal. Entre éstos, está el de unas garantías mínimas en caso de que un accidente le impida desarrollar su trabajo. Seguir leyendo »
Bernd Schuster, entrenador del Real Madrid, en diversos medios
Pues en algún momento habría hacerlo, no estaría mal. Más que nada, porque para eso se le fichó, además de para ganar títulos. Y si bien el que debería ser el objetivo del club está ya casi cumplido esta temporada -un título importante- conviene recordar cómo llegó el alemán al Madrid, sus famosas declaraciones sobre su capacidad, y sobre todo la famosa excelencia esgrimida para largar a su antecesor. El equipo merengue va a ganar la Liga -como hizo el año pasado, por cierto, en condiciones mucho peores- pero el aumento de disfrute estético del aficionado blanco es cuando menos dudoso. La directiva blanca tiene dos caminos: o bien ser consecuente y largar a Bernardo para buscar alguien que garantice el disfrute estético -recomendamos a Frank Gehry o Sara Baras- o bien aguantarlo contradiciéndose a sí misma. Parece que ésta va a ser la decisión, pero por si acaso bien haría Schuster en mantener la boca cerrada en lo que respecta a belleza, excelencia o algo que remotamente suene a esto. Como dicen la megafonía de los aeropuertos, por su propio interés.
El partido del Getafe, nos ha traido a la memoria multitud de partidos que se decidieron en los últimos instantes.
1. Final de la Champions del 99 Bayern-Manchester. Obviamente debía encabezar este top, dos golos en los minutos de descuento para dar la vuelta al partido, no un partido cualquiera, una final de Champions.
Ya tenemos definidas las semifinales de la Liga de Campeones 2007/08. De entre Liverpool FC, Chelsea FC, FC Barcelona y Manchester United saldrá el campeón que reinará en Europa durante toda una temporada. Con tres clásicos de la competición (Liverpool, Barça y United suman nueve títulos de campeón de Europa entre los tres) y un habitual de nuevo cuño como el Chelsea, el pronóstico no deja de ser incierto y resulta muy arriesgado decantarse por uno de los cuatro. En DDF nos hemos mojado, y éstas son las conclusiones que hemos sacado de nuestro particular debate.
Meneito para abajo, meneito para arriba. Melena al viento. Temblores de cadera y nalgas hacia delante y hacia detrás con mucha sensualidad. Melena al viento. Y de fondo el Dj gritando a pleno pulmón Créeeeeuuuu, Créeeeeuuuuu… Este es el baile del Créu. Su cadencia latina hace furor entre los jóvenes en Brasil y esta ha llegado al fútbol.
Jugadores y aficionados se contonean para celebrar los goles. En ocasiones, la grada pide insistentemente el famoso baile para festejar los éxitos del equipo y no dudan en arrancarse con los pasos de esta danza ‘cachonda’. Tanto se ha popularizado, que la Comisión de Arbitraje de Brasil ha ordenado a sus pupilos que castiguen este tipo de celebraciones por su obscenidad.
Lo prometido es deuda. Ayer dije que escribiría un post en el que hablaría de un compromiso con la camiseta más real y tangible que el que se le supone a un jugador por el mero hecho de haberse formado en la cantera de un club. Igualmente, dije que intentaría explicar porqué a veces el tan manido amor a los colores es un factor que lejos de ayudar a destacar es contraproducente. Comenzaré por el segundo de los puntos.
Todos los clubes del mundo se entienden como, y en cierto sentido son, diferentes al resto. Tienen su propia historia, un perfil determinado de seguidores, sus derbis –en los que se ponen en liza símbolos y pasiones a veces muy lejanas al fútbol-, etcétera. Cada club se ve a sí mismo como “más que un club” porque, como diría Narcís de Carreras “representa lo que representa” y no otra cosa. En este sentido, el socorrido amor a los colores del canterano se sustentaría sobre el conocimiento, adquirido en su proceso de formación como jugador en el seno de la entidad, de esa historia, símbolos y perfil social del club. A través de ese conocimiento, se iría fijando una relación de compromiso con los mismos, en la que el jugador hace suyos los rasgos identitarios de la entidad a la que, sobre el campo, representa.
Esto es algo que se le supone a todo canterano y que permitiría diferenciar en los malos tiempos entre los jugadores de una plantilla que están comprometidos con “la causa” o “la razón de existir” del club y los que no. Seguir leyendo »
El pasado sábado, el fútbol español quedó de nuevo convulsionado con la noticia de la agresión a Armando y la consiguiente suspensión del Betis-Athletic. Mediado el segundo tiempo del partido, una botella lanzada desde el fondo impactó cerca en un ojo del portero, provocándole diversas heridas y haciendo necesaria su salida del campo. Mientras el árbitro suspendía el partido, varios aficionados retenían al agresor, que fue inmediatamente detenido por los servicios de seguridad del club, ingresó en prisión y ya ha salido en libertad bajo fianza.
Agotados ya los calificativos de repulsa y cabreo que siempre provocan este tipo de acciones, lo más urgente es articular métodos que eviten en lo posible la repetición de tan deleznables hechos. Cuando se produjo el año pasado la agresión contra Juande Ramos, ya nos hacíamos eco del proyecto de ley contra la violencia y el racismo, que propugnaba un endurecimiento de las sanciones a los violentos y a los provocadores, a veces tan culpables como aquellos. Medidas esencialmente punitivas, deseables en su mayor parte –aunque es discutible el uso de medidas como dar partidos por perdidos por la acción aislada de espectadores- pero que presentan el defecto de tomarse a posteriori, o sea, después de haberse cometido la acción. Por tanto, parece lógico proponer igualmente medidas preventivas, que traten de impedir la comisión del acto más que castigar su ejecución.
Una de las técnicas más corrientes en el fútbol actual es la aplicación de infiltraciones en los jugadores. Su objetivo: el futbolista deja de sentir dolor en la zona dañada y puede jugar sin problemas. Todas las semanas, varios profesionales de la Liga juegan sus partidos infiltrados. Dos ejemplos: Touré Yayá en el Barcelona y Sergio Ramos en el Real Madrid.
Las infiltraciones son un tema delicado. Tienen ventajas con el uso correcto y conservador, mientras que pueden acarrear muchos inconvenientes si se hacen de forma desproporcionada. En manos experimentadas, esta práctica médica tiene unos efectos terapéuticos realmente buenos.
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Lluis Mascaró, columnista de Sport
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