Ramón Flores
Ya que nuestros compañeros Borja y Antonio han analizado pormenorizadamente el partido de anoche, nos centraremos por un momento en la reacción que ha generado y algunas circunstancias laterales y relevantes. Intentamos presentar sólo hechos objetivos.
- El diario Marca es el diario líder en lectores de la prensa deportiva española durante muchos años, y la distancia con sus perseguidores ha sido siempre sideral, con independencia de quién lo dirigiera.
- En la página web del Diario Marca han colocado esta mañana una encuesta donde preguntaban si había que destituir a Manuel PellegriniCasi el 70 % de los votantes (más de 60.000) votaban que no.
- En las opiniones subsiguientes a esas encuestas, una simple ojeada confirma que la ira de la inmensa mayoría de los lectores (que deben registrarse para comentar y en gran porcentaje son madridistas) se dirige no a Pellegrini sino al director del periódico Eduardo Inda, frecuentemente en términos acerados e insultantes.
- Desde hace meses, y en una racha de resultados generalmente buena del Madrid, el entrenador del equipo sólo ha aparecido en portada en los escasos momentos en que las cosas no han ido bien, y siempre con titulares de carácter apocalíptico: “Pellegrini vete ya”, “Juicio a Pellegrini”, o como puede verse en la foto adjunta, “Adiós Madrid adiós Pellegrini.” La portada suele ser responsabilidad del director.
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Ramón Flores
Vaya por delante que el arriba firmante nunca fue el mayor admirador del fútbol que propuso Manuel Pellegrini en su etapa en el Villarreal. Reconociendo sus estupendos resultados, mérito tanto del entrenador como de una directiva que creó el hábitat ideal para el trabajo de éste, uno gusta más del fútbol rápido y vertiginoso que se abre a las bandas con insistencia y abre zagas rivales como un cuchillo la mantequilla, que del toque parsimonioso y horizontal, muy del gusto sudamericano, que juega una parte importante de sus bazas a través de los interiores y que busca adormecer al rival antes de ejecutarlo. Por supuesto, no hay un modelo mejor que otro, se trata únicamente de gusto personal.
Sin embargo, a pesar de lo antedicho, la hasta el momento corta andadura del Ingeniero en la Casa Blanca debe calificarse, al menos en líneas generales, de admirable. Pese a errores puntuales de alineación y alguna vacilación al principio de temporada, el preparador chileno ha conseguido conjuntar en tiempo récord una plantilla prácticamente nueva con desequilibrios importante y más de un ego monstruoso. Lo ha hecho, además, logrando espíritu de grupo y adaptando su idea inicial de la que hablábamos más arriba a unos futbolistas que brillan, en principio, por cualidades que brillarían mejor en otro tipo de fútbol: verticalidad, velocidad, fútbol eléctrico, dominio del contragolpe. El resultado es un híbrido que aúna toque de balón y profundidad, y que en las últimas semanas se ha mostrado tan eficaz como plástico frente a rivales de bastante empaque.
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Antonio Agredano

Buscaré un símil concluyente: hablar de los árbitros es como cambiarle los pañales a un bebé, al mínimo descuido puedes ser tú el que acabe sucio. Será útil para entrenadores y jugadores. Cuestionar la ley sólo cuando nos perjudica es también un ejercicio muy nuestro, muy de andar por casa. La actuación de Pérez Burrull el pasado domingo fue calamitosa. Estuvo desnortado y permeable, impropio de un colegiado de primera tal vez, y logró aquello que siempre se anuncia de un modo apocalíptico: que el árbitro sea protagonista en lugar de los futbolistas. Sin embargo, y visto el aluvión de críticas –de ahora, de ayer y de siempre-, debo recordar que el árbitro es el máximo responsable sobre el tapete de hierba y que cuestionar ya no su imparcialidad sino su legitimidad es ir contra el equilibrio del fútbol. La nevera, castigar a los jueces, tampoco ayuda mucho a reforzar una institución que se ha terminado convirtiendo en el centro de las iras, en la justificación de las derrotas, los colegiados son los enemigos cuando la realidad deportiva exige otra cosa, más bien el respeto a las normas y a quien se encarga de supervisarlas en el transcurso de un partido.
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Enrique Ballester
La vida está llena de listos. Listos de ésos que nunca verás comprando naranjas, peras y pimientos verdes una mañana de lunes en el Carrefour. Listos tan torpes y estrafalarios que provocan historias que pueden tener su parte graciosa siempre y cuando, claro, las consecuencias no te manchen a ti. Listos, en definitiva, que no lo son tanto como creen.
El figura de Tony Thompson, el timador de la UD Gramenet, se ha revelado estos días como uno de esos fallidos aspirantes a espabilado. Bordeando la ficción cinematográfica, entre surrealista y casposa, Thompson en realidad es Antonio Pastor, y al contrario de lo afirmado, ni es responsable de Gramenet Investment Group porque ni siquiera existe la empresa, ni en su cuenta en Barclays hay un saldo de cien mil euros, sino de treinta, ni en la inmobiliaria Rent to Apartaments en la Diagonal cuenta con los dieciocho pisos en propiedad que dijo tener, sino con una deuda de 31.000 euros en concepto de alquiler. Al menos, eso sí, el tipo es sueco, de padre español y de madre inglesa, pero sueco, al fin y al cabo, del país donde estaba buscado por estafa, y donde se hacía llamar Tony Pitterson, la joyita.
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Ramón Flores
Dos noticias procedentes de contextos muy diferentes han generado una cierta controversia que parece interesante analizar. Por una parte, la sospecha –negada por el preparador Miguel Ángel Portugal- de que varios jugadores del Racing de Santander provocaron tarjetas para cumplir ciclo en el partido del Camp Nou, y por tanto llegar disponibles al siguiente encuentro frente al Almería; por otro, la sanción que ha impuesto la Premier League al Wolverhampton por un comportamiento similar en un partido frente al Manchester United.
Se trata de un tema espinoso que seguramente admite más de un punto de vista válido. Parece comprensible que en un contexto tan exigente como el fútbol profesional, los entrenadores intenten, en lo posible, mirar más allá del siguiente partido, y realizar una planificación global de la temporada para maximizar el rendimiento. Además, puede defenderse que todos, grandes y pequeños, debilitan en cierto modo a su equipo cuando reservan jugadores para un partido posterior más importante, o con vistas a otra competición.
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Dadan Narval
Hace unas semanas comentaba con un amigo lo enormemente curioso que era el caso de Eric Abidal, un jugador que había dado un notable rendimiento en el Barça desde su llegada, que durante unos meses ha jugado a un nivel altísimo y que, sin embargo, seguía siendo considerado por gran parte del público y de la prensa como el eslabón débil de la cadena del equipo blaugrana. Coincidíamos mi amigo y yo en que sin duda este desfase entre el rendimiento real del jugador y la imagen que de él tenía el público y la supuestamente especializada prensa, era debido a un tópico creado a partir de su figura del que sería muy difícil que se librara. En el imaginario colectivo de nuestro país, Eric Abidal es un jugador mediocre. Y poco o nada puede hacer para revertir ese retrato.
En castellano existe una expresión preciosa para denominar esa imagen que no sabes cómo ni porqué te han puesto encima y te resulta imposible desprenderte de ella: “sambenito”. El sambenito era la prenda que la Inquisición hacía vestir a los condenados para su escarnio público. La imagen que ilustra este post, es un dibujo de Goya que presenta un penitenciado vistiendo un sambenito, bajo el titulo de “Por haber nacido en otra parte”.
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Enrique Ballester
Es mejor trabajar en el extranjero”
Fabio Capello, seleccionador italiano de Inglaterra.
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Diarios de Futbol
En las últimas conversaciones futbolísticas que el equipo de DDF hemos mantenido, un tema ha emergido con excesiva recurrencia: la triste deriva que está tomando el periodismo deportivo español casi en bloque. Hemos intercambiado correos y correos en los que adjuntábamos textos –de todos los colores y temas- que nos sorprendían por su bajísimo nivel, su vergonzoso contenido, lo increíblemente estúpido de las tesis que defendían y las formas en que lo defendían. A cada cual creíamos que no se podía caer más bajo. Sin embargo, para nuestra sorpresa, siempre aparecía uno peor. La idiotez, ya se sabe, no tiene límites.
No exageramos. Parece como si una especie de histeria colectiva hubiera invadido las páginas de deportes de nuestro país, como si una nueva e implacable Inquisición persiguiera cualquier texto, reportaje o propuesta razonable y razonada, como si una epidemia de estupidez hubiera contagiado las redacciones deportivas de este país.
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Antonio Agredano

Se ha instalado en el debate futbolístico una corriente de opinión que nada tiene que ver con el diálogo o con el necesario hecho de compartir puntos de vista diferentes. No hay enriquecimiento ni respeto a los afectos del interlocutor y la sensación flotante es que no se puede bailar sobre determinadas losas, como si fuera tabú cuestionar o, cuanto menos, poner en duda ideas que se dan por inamovibles y universales; cosa funesta en un tema tan sometido al azar o la subjetividad como es el fútbol y sus alrededores.
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Ramón Flores
Anda el personal un tanto revolucionado ante la realidad de la vuelta a los partidos televisados los lunes, y quizá también un tanto por la barrera psicológica que se salta al programar fútbol hasta el viernes, día habitualmente intocable por lo que ha tenido siempre de vísperas del ritual balompédico finisemanal. Hoy mismo publica Relaño su segundo artículo defendiendo su posición, y se está discutiendo apasionadamente en distintos foros sobre los aspectos positivos/negativos de la situación, la (posible) saturación, el efecto indeseable sobre ciertos negocios o incluso sobre la felicidad conyugal. Nuestro compañero Borja Barba expuso hace poco su opinión sobre el particular.
A mí todo este asunto me recuerda un poco al parto de los montes del que habló Samaniego, o al famoso soneto de Cervantes al túmulo de Felipe II. O sea, que mucho ruido y pocas nueces. Partamos de la base de que, Madrid y Barça aparte y algunos partidos concretos de dos o tres equipos más, las audiencias de los restantes encuentros suelen ser escasas, en ocasiones casi ridículas, nicho reservado a aficionados de los equipos implicados y futboleros recalcitrantes, que en realidad seguramente no son tantos. No hay que decir que el razonamiento se vuelve doblemente certero si hablamos de la División de Plata.
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