En 1981, ya ha llovido y sobre todo por aquellas tierras, cuatro post-adolescentes de Essex ponían Inglaterra patas arriba y hacían bailar a todo el país sacando sonidos de un par de sintetizadores de andar por casa. Era su lanzamiento al estrellato, su búsqueda de un lugar dentro de un panorama musical estratosférico, abrumadoramente rico en estilos, matices y tendencias. Cuando aquellos embrionarios Depeche Mode pegaron el pelotazo con ese himno inolvidable que es ‘Just can’t get enough‘, el actual capitán del Celtic Scott Brown no había nacido y los padres de Gary Hooper, probablemente el jugador más decisivo de los Bhoys en la actualidad, ni siquiera se conocían.
Cultural
Levántate y canta: amor en verde y blanco |
ene
24 |
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Secciones: Cultural, Otras Ligas, Vídeos |
Libros de fútbol: delicioso boomerang |
dic
29 |
Desde que gente como Eduardo Galeano, Jorge Valdano o los periodistas de Deportes de El País mostraran en el cambio de siglo que otra información deportiva era posible, mucha gente se lanzó a juntar letras en la convicción de se podía compatibilizar desde el periodismo o la literatura la adoración incondicional al deporte rey con ambiciones perfectamente legítimas de índole cultural y/o intelectual. La onda expansiva del fenómeno asumió pronto la Red como su medio natural de proliferación, y la necesidad expresiva cristalizó en un mundo de blogs deportivos que, durante un tiempo, constituyeron la respuesta del aficionado inquieto al “embrutecimiento” que suelen proponer, en el ámbito futbolero, los medios de comunicación habituales.
La importancia del balón |
dic
15 |
Es bien sabido que el fútbol moderno se distingue del arcaico en el extremo cuidado de los detalles. El césped se corta a una altura predeterminada, se riega o no, se ensayan jugadas de estrategia de saque de banda, se contratan speakers profesionales para animar a la afición, o se opta por un modelo individualizado de bota que permita maximizar el rendimiento del futbolista en cuestión. Cada rincón del juego o sus alrededores es explorado al milímetro, descompuesto al microscopio buscando esa particularidad que nadie ha visto y que pueda permitir arañar algún punto, alguna victoria, algún gol. Una obsesión por lo lateral que tan pronto prestigia a Benito Floro como hace famoso a Rory Delap.
Un debate extemporáneo sobre la pretendida profundidad del fútbol |
dic
02 |
Un deporte que se juega con los pies no puede ser refinado. Un deporte que se juega al aire libre sobre el caprichoso césped no puede aspirar a la estética ni a la métrica. Lo suyo, en el fútbol, es otra cosa: abandonarnos a la imprecisión, asumir el destino, tolerar que hay cien maneras de introducir un balón ingobernable en una enorme portería apenas protegida por un hombre. Emocionarnos con esta danza esperpéntica de patadas y porfía es en buena parte el resultado de la imprecisión de su resultado. Que el número ciento cincuenta de la ATP venza al número uno de la ATP es un milagro. Que un Segunda B elimine al equipo más rico de España es, hoy por hoy, parte de la historia de este deporte.
Lo que rodea al fútbol, esos alrededores de los que presumimos en este blog, basculan también entre la chabacanería y la exquisitez. En ambos estadios los extremos dan grima. Encuentro una necesidad casi ridícula de justificar el fútbol de una forma intelectual, de dotarlo de sentido trágico y universal. Como si la vulgaridad del fútbol no fuera suficiente para su disfrute, como si este deporte necesitara una membrana literaria y sociopolítica para alcanzar estatus de hito comunitario.
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Secciones: Cultural, Futbol Mediático |
El gol nuestro de cada día |
nov
11 |
Todo lo que ocurre en el mundo es futura carne de poema. El amor, el hambre, la guerra o los besos que nunca dimos. Hasta lo que no está puede acabar llenando un cuaderno de versos, por ejemplo, la existencia de dios; por ejemplo, la ridícula mecánica de la existencia. Para muchos de vosotros, como para mí, no hay cosa más grave en este mundo que una derrota, ni más dichosa que una victoria, ni más amarga que un penalti fallado en el último minuto, ni más extática que alzar una copa. Como los poetas, por más que pueda sorprenderos, son gente normal, también escriben sobre fútbol. En mis manos está el libro “El gol nuestro de cada día”, una antología de Francisco J. Uriz publicada por Vaso Roto Poesía. En él, gente de mal vivir desglosa su pasión balompédica en renglones que jamás llegan al margen derecho del folio. Entre ellos, ya adelanto, estoy yo mismo, la excepción que confirma la regla, porque el libro es una auténtica gozada.
Las cuatro puertas |
nov
10 |
“Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades“.
Patrick Rothfuss
Pasan por la Puerta del Sueño todos los acontecimientos cuya imposibilidad metafísica define al fútbol como onirismo colectivo. No puede ser que un futbolista controle un balón, dé una vuelta de vals en otra dirección y, milagrosamente, se encuentre la bola un año después para ajusticiar a un portero. Ni que el gol que todos hemos ejecutado alguna vez en un sueño, controlando en tu campo a la que no mancha y regateando a un ejército antes de empujar a puerta vacía, lo repitieran idéntico dos tipos a los que une un hilo de plata en tiempos y lugares diferentes. Y mucho menos lo que siempre llevamos en el fondo del corazón, y que repetimos una y otra vez en ese espejo de fantasía que son los videojuegos: tomar el equipo de tu barrio, de tu pueblo o de tu pequeña ciudad, y en un parpadeo hacerlo campeón de Europa. No puede ser. Y si ese tipo seductor se llama Sueño, Morfeo, Oneiros o Sandman, igual podemos conocerlo por Dennis, Armando, Leo o Brian. Qué sabemos nosotros.
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Secciones: Cultural, Diarios de Futbol, Historia |
El traje de Zubi |
nov
10 |
Hoy la UEFA rinde homenaje a los internacionales españoles con más de cien entorchados en su palmarés. El que más internacionalidades tiene en este momento es Andoni Zubizarreta, uno de mis mayores ídolos de infancia. Este texto pretende ser un pequeño homenaje personal a lo que para muchos de nosotros él encarnó en nuestra infancia.
1.
El día de mi comunión recibí el mejor regalo que podía imaginar. No era, como es de suponer, entrar en la Iglesia Católica, ni recibir el cuerpo de Cristo, ni ser ya parte oficial de los millones de cristianos de todo el mundo, ni nada por estilo. No. Era algo mucho más importante, aún terrenal, que todo eso: el traje de Zubi.
Sería difícil explicar la absoluta y total felicidad que me dominó cuando lo tuve por primera vez en mis manos. Quizá si tú y yo fuéramos aún niños podríamos reconstruirla. Hazte cargo: tenía la equipación completa de Andoni Zubizarreta, aquella preciosa camiseta con parte superior y las mangas negras, una banda horizontal verde y el escudo del Athletic bordado en el pecho. Además, la zamarra tenía coderas y los pantalones protecciones almohadilladas en los laterales, con lo que podría lanzarme al suelo sin miedo a magullarme. Acompañando al traje, además, me regalaron unos fantásticos guantes de portero, unas botas de tacos de plástico, medias rojiblancas, y todo un tesoro: un balón Tango de cuero, como con el que jugaba el Athletic en San Mamés.
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Dónde estás, a dónde vas, de dónde vienes |
nov
09 |
Un buen amigo, corredor de maratones, suele decir que la reina de las carreras es como la vida, porque en los 42.195 metros que separan salida y llegada recorres todo el espectro posible de emociones. Dice que por momentos estás eufórico, mientras que en otros crees que llegar al final será imposible; afirma que hay trechos que recorres sin esfuerzo, como un coche que baja una pendiente, pero que en ocasiones cada paso te cuesta un esfuerzo sobrehumano, límite; nos jura, a quienes no somos capaces de correr cien metros sin detenernos dos o tres veces, que todo lo que va desde la felicidad plena hasta la más absoluta de las desolaciones (y viceversa) cabe perfectamente en cuarenta y dos kilómetros y pico.
Cada vez que habla de su afición, nos lega otra comparación existencial que quiero compartir con vosotros: el maratón es como la vida, porque para recorrerlo no debes pensar demasiado en por qué lo estás corriendo y debes concentrarte en el siguiente paso, en el siguiente tramo, para llegar al final.
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Frases de fútbol |
nov
03 |
Estarán ustedes de acuerdo en que “tocar un instrumento” constituye una actividad muy diferente de “tocar”, a secas. Mientras que lo segundo responde a una cuestión meramente sensitiva, cuando uno se enfrenta al piano, la guitarra o el arpa con la preparación adecuada, la sensibilidad golpeando y la ansiedad en las yemas, se produce algo que trasciende más allá del mero contacto entre el instrumentista y el artefacto, o entre la piel y la madera: los sonidos que rasgan corazones, una íntima comunión entre músico y oyente, y los recuerdos, reales o inventados, que evoca el mero tránsito de notas y que siempre, sin excepción, nos hacen más humanos y dotan a nuestra vida de un poco más de color. Tan diferentes son las dos acciones, que para lo primero existe un verbo aparte, quizá más preciso, sin duda más rotundo: “interpretar”.
No tenemos en castellano una palabra que codifique la idea “leer sobre fútbol”, pero cuando nos enfrentamos a un texto sobre nuestro deporte favorito, y la cosa marcha, lo que percibimos –y sentimos- en medio de la vorágine lectora dista mucho de lo que puede ofrecernos cualquier novela común. Basta con que se nombre un partido que hemos visto para que la imaginación viaje no sólo al partido, sino a los amigos con quienes lo compartimos, las lágrimas o risas que surgieron tras el lance definitivo, o incluso la rubia, allí al fondo del bar, a la que guiñábamos el ojo entre saque y saque de puerta. El cóctel de memoria compartida, ilusiones de grandeza y momentos irrepetibles que evocan estos tipos vestidos de corto es dinamita emocional, y cuando abrimos el libro con el balón en la portada –siempre hay alguno, compruébenlo- sabemos que de él pueden salir dardos que incendien dentro de nosotros regiones que ni conocíamos. Abismos de la memoria y el sentimiento que la mayor parte de las novelas convencionales ni siquiera sueñan con rozar.
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Secciones: Cultural, Frases lapidarias, Futbol Mediático |
Una película para muy frikis: los cosacos y el fútbol |
nov
02 |
Soy un friki. Todos los que me conocen los saben, y yo lo reconozco abiertamente. No tengo problemas identitarios.
Ser un friki tiene sus ventajas (muchas) y sus inconvenientes (pocos). Una de las ventajas es que te emocionas fácilmente. Ves a un tipo en la calle con una camiseta de Futurama, en una conversación de repente alguien nombra a Guybrush Threepwood, dan de nuevo Indiana Jones en televisión, ves a un niño en el metro leyendo The Sandman, qué sé yo, y en ese instante sientes una alegría inmensa y sincera. Ya hablé de ello aquí, hace tiempo. El mayor de los inconvenientes, sin embargo, es que en algunos contextos te sientes terriblemente incomprendido. Es el reverso tenebroso (nótese el guiño friki de la expresión) de la alegría anterior. Igual que con todos aquellos te sentías entre iguales, hay veces que todos los que te rodean se muestran ante ti como monstruos sin sentimientos, seres extraños y feos, incapaces de hablar de libros (a veces, no siempre, raros), música (a veces rara), series (a veces raras), videojuegos (a veces raros), cómics (a veces raros)… y fútbol (por suerte, a veces raro).
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