Que levante la mano quien no tenga simpatía por esta selección. ¡Cuánto la echábamos de menos en estos años que ha sufrido su particular crisis futbolística!
El nombre de Argelia proviene etimológicamente de la palabra árabe “Al-Yaza`ir”, que quiere decir “las islas”, en referencia a una serie de islotes que gobernaban la vista desde el mar de la capital argelina cuando se llegaba en barco. Sin embargo, para muchos de nosotros “Argelia” ha sido sinónimo de sufrimiento, dolor y, futbolísticamente, de injusticia nunca reparada.
Comenzando por lo primero, la historia reciente de Argelia ha estado determinada por la cruenta guerra que precedió a su independencia de Francia en 1962 y que duró ocho largos años, provocando decenas de miles de muertos y civiles torturados y quedando en el imaginario colectivo europeo –especialmente el francés, pero también el de todos aquellos que nos fascinamos con el existencialismo- como uno de los episodios más tristes y lamentables de nuestra historia común. Precisamente hoy, mientras escribo estas líneas, se cumplen cincuenta años de la muerte del único intelectual francés que supo mantener una postura libre y válida ante aquel cruento enfrentamiento entre la metrópoli y la colonia: Albert Camus, quien exigió la paz y el mutuo entendimiento, abogando al menos por la “tregua civil”, que no era otra cosa sino la petición del respeto para los inocentes civiles, tanto a un bando como al otro.
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En la actualidad, sólo un pasito por detrás de las grandes potencias futbolísticas de África como Nigeria, Camerún, Costa de Marfil, Ghana, Egipto o Túnez, está un grupo de equipos que quieren y pueden erigirse como un poder alternativo. Entre ellos destaca uno sobre todos: Malí.
Cada edición, la Copa de África aporta un toque exótico con la sorpresiva presencia de selecciones desconocidas por la práctica totalidad del mundo del fútbol. En esta edición de 2010, dos son los países que se llevan este honor: Mozambique y, sobre todo, Malawi.
La República de Angola es uno de los países que más tardíamente lograron su independencia del poder colonialista. Dominada por los portugueses desde el s.XV, no fue hasta 1975 (oficialmente el 11 de noviembre) cuando, tras catorce años de acciones de guerrilla y el cambio político acaecido en Portugal el año anterior tras la denominada “Revolución de los Claveles” que Angola logró su ansiada independencia. Sin embargo, como tantas otras veces en África, el sueño de la independencia pronto se tornó en pesadilla. Desde ese mismo año del 75, hasta 2002, la guerra civil desoló el país, convirtiendo en un grotesco teatro en el que la guerra fría – se estima que Cuba aportó casi cincuenta mil soldados a la contienda- negó su propio nombre. Las cifras son desoladoras: la guerra civil angoleña se convirtió en el más largo conflicto bélico de África y en uno de los más sangrientos, con casi un millón y medio de víctimas.
Por primera vez en la historia, las selecciones clasificadas para la Copa de África han salido de la misma ronda clasificatoria que las que jugarán el Mundial. Esta decisión se tomó con el objetivo de reducir el cargado calendario africano, así como para dar valor a la misma CAN, ya que en ediciones anteriores no pocos de los mejores jugadores se negaban a jugar partidos clasificatorios para la misma.
El próximo domingo comienza en Angola la vigesimoséptima edición de la Copa de África de Naciones. Desde ese día, y hasta el 31 de enero, los mejores seleccionados africanos se disputarán el trono del continente negro, en el año más importante de la historia de su fútbol.

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