La Selección griega que se proclamó campeona de Europa en 2004 expuso en un evento de primer nivel y prestigio una de las máximas del fútbol actual: No hace falta brillar ni ser el mejor, sino saber explotar con acierto las cualidades de tu colectivo para llegar a lo más alto. Aquello reflejó que el ‘otro’ fútbol, el que habla de defensas férreas, marcajes mecanizados y vital aprovechamiento de acciones a balón parado, tenía un sitio cada vez más relevante en el panorama actual.
Por suerte o desgracia, si hay algo con vigencia eterna en el deporte rey, es la revancha, aunque en este caso sea a nivel individual y sólo caracterizada en Egipto, la recientemente coronada como campeona africana. Y es que si los helenos dieron un nuevo aire con su victoria inesperada en Portugal 2004, la Egipto de esta edición en Ghana 2008 quería darse un homenaje particular. Su objetivo era mandar un mensaje de cohesión, de trabajo y de fútbol porque más allá de que la fuerza del bloque haya sido (como en el caso de los de Reeghagel), lo más destacado de los árabes, la principal diferencia es que, en este caso, si ganó el mejor.
La organización de la Copa de África de Naciones dio ayer a conocer el XI ideal del Campeonato. Con Egipto como vencedor del torneo, un total de cinco jugadores de los Faraones (mas otros dos entre los suplentes), copan el protagonismo del considerado mejor once. Asimismo, el joven centrocampista del Al-Ismaily egipcio, Hosny Abd Radou, de 23 años, ha sido elegido como el mejor futbolista del torneo. En cuanto al XI, la portería es para el Essam Al-Hadari (Egipto, Al-Ahly), con Geremi Nijtap (Camerún, Newcastle United), Michael Essien (Ghana, Chelsea FC) y Wael Gomaa (Egipto, Al-Siliya), en la defensa. Yaya Touré (Costa de Marfil, FC Barcelona) y Hosny Abd Radou (Egipto, Al-Ismaily) como centrocampistas defensivos y Alexandre Song (Camerún, Charlton FC), Mohamed Abou Treika (Egipto, Al-Ahly) y Sulley Muntari (Ghana, Portsmouth FC). como centrocampistas de proyección ofensiva. Amr Zaky (Egipto, Zamalek) y Manucho (Angola, Panathinaikos), forman, con cuatro goles cada uno en el torneo, la pareja de delanteros del equipo. Didier Drogba, con tres goles en su haber, debe conformarse con aparecer entre los reservas del XI, mientras que Samuel Eto’o, con una decepcionante actuación en la fase de eliminatorias, ni siquiera aparece en el banquillo del torneo.
No entraba en los planes de casi nadie para alzarse con el título final, pero Egipto consiguió ayer su segundo entorchado africano consecutivo (sexto en total) al derrotar a la Camerún de Samuel Eto’o por cero goles a uno. Si sorprendente fue el rendimiento en semifinales de los Faraones, consiguiendo el pasaporte a la final al arrollar a la potente Costa de Marfil (otro batacazo en una gran cita de Didier Drogba y sus elefantes) por cuatro goles a uno, no menos lo fue el buen partido desplegado ayer por el cuadro dirigido por Hassan Shehata. Sin grandes estrellas internacionales en su plantilla de seleccionados (si exceptuamos a Mohamed Zidan, el delantero del Hamburgo alemán), el técnico egipcio ha sabido hacer grupo con los suyos hasta sobreponerse a la teórica inferioridad técnica y física ante selecciones como la marfileña o la propia Camerún.
La primera fase de la Copa de África terminó y, con ella, pudimos sacar las primeras conclusiones. En conjunto, podemos decir que esta edición de Ghana 2008 está siendo, por juego, de las más aburridas de cuantas recordamos. Apenas Egipto y Costa de Marfil han realizado, en momentos puntuales del campeonato, un juego digno de ser resaltado. En el resto de los equipos, el corsé táctico ha prevalecido en todo momento, por encima del genio individual y colectivo. Esto, que es habitual en todos los campeonatos a partir de cuartos de final, se ha hecho presente en Ghana 2008 desde el primer momento. Una decepción que, empero, no quita emoción a los cuartos y las semifinales, donde acontecerán enfrentamientos apasionantes.
Grupo A
Ghana se ha mostrado como la más firme candidata al título. Sin hacer en ningún caso un juego brillante, las estrellas negras, no obstante, han mostrado ser un conjunto muy compensando y fuerte en todas las líneas. Con la ventaja de ser locales, Ghana cuenta sus partidos por victorias jugando a un nivel muy por debajo de sus posibilidades. Como los de Le Roy mejoren un poco, se antojan imparables. Essien y Muntari se están reivindicando, y en Ghana, por suerte, nadie echa de menos hoy al lesionado Appiah. Seguir leyendo »
Hace unos meses escribimos aquí un artículo en el que defendíamos la tesis de que el fútbol y la política no tienen porqué caminar separados. Decíamos entonces que si bien el tópico dice que esta mezcla es explosiva, nosotros pensamos que el fútbol puede y debe ser utilizado por sus protagonistas –jugadores, dirigentes, público, etcétera- para realizar reivindicaciones justas, gestos de solidaridad con los desfavorecidos, para concienciar a la gente de que otro mundo es posible. Como cualquier otro ámbito de la expresión humana, el fútbol puede servir y ha de servir para mejorar nuestras sociedades, nuestro mundo.
Estos días, en los telediarios de todo el mundo se han podido ver las dramáticas imágenes de miles palestinos desesperados por cruzar a Egipto para poder abastecerse, debido al bloqueo que Israel está sometiendo a Gaza. Mientras tanto, en Egipto se ha asistido a un debate sobre si cerrar o no la frontera, si dar cobijo y ayuda humanitaria a los habitantes de Gaza o dejarlos a su suerte.
Pues bien, el fantástico mediapunta de la selección de los faraones, Mohamed Abou-Treika decidió tomar parte en ese debate. Tras marcar el tercer gol de su selección frente a Sudán, Abou-Treika mostró a las cámaras de todo el mundo una camiseta en la que aparecía escrito en árabe e inglés “Compasión con Gaza”. Seguir leyendo »
Hay días en los que uno levanta el sueño entre tristezas, en la sombra de haber perdido a uno de aquellos nombres que nos impulsan hacia la superación en cualquier ámbito diario. Uno de los iconos que, desde la infancia, despiertan el interés por algo más que la pelota sobre el césped, de los que te hacen disfrutar más allá del mundo futbolístico y pasar un rato agradable sentado (como en un estadio) sobre una butaca, aunque con las luces apagadas. Al igual que unos perdemos ese referente, hay quien gana cualquier otro en el momento menos esperado.
En las calles de El Cairo, entre los ruidos del mercado, los jóvenes egipcios se amontonaban desde la madrugada buscando una camiseta del que es, desde ayer, su particular ídolo, ése que ya no se les podrá quitar de la cabeza con sus faraónicas diabluras: Mohamed Zidan.
Túnez está viviendo la mejor década futbolística de su historia. Así lo confirman sus tres clasificaciones consecutivas para el Mundial (1998, 2002 y 2006), así como el título de la Copa de África que consiguieron en 2004, año en el que fueron organizadores del torneo.
Anteriormente, su mayor éxito había sido el subcampeonato de la Copa de África de 1996, logrado en Sudáfrica. El equipo que consiguió aquel segundo puesto fue la base sobre la que los tunecinos comenzaron a fraguar un potente equipo que se convertiría en una de las referencias de la África futbolística. Los delanteros Adel Sellimi y Mehdi Ben Slimane, el portero Chokri El Ouaer, el mediapunta Zoubier Baya o el lateral diestro Ahmed Trabelsi eran las piezas clave de aquella selección que, dos años después, lograría la primera participación de Túnez en un Mundial.
Esta misma generación de jugadores, a la que se sumaron los brasileños Jose Clayton y Francileudo dos Santos y algún que otro emergente nuevo valor como Mehdi Nafti, Zied Jaziri o Radhi Jaidi, sería la que venciera el campeonato africano de 2004. Aquella victoria se basó en dos pilares fundamentales. El primero la planificación exhaustiva que de su propio campeonato realizaron los tunecinos y que recayó en el ex seleccionador de Francia Roger Lemerre, que había abandonado la selección gala por la puerta de atrás tras el estrepitoso fracaso del Mundial 2002 y que durante dos largos años preparó concienzudamente la fase final de la CAN. La segunda de las razones de la victoria tunecina en su campeonato fueron una serie de actuaciones arbitrales que si no dieron el título en bandeja a Túnez, sí le allanó mucho el camino que desembocó en su consecución. Seguir leyendo »
Tras el partido inaugural disputado el domingo entre la anfitriona, Ghana, y Guinea, y que finalizó con victoria local por 2-1, ayer se completó la primera jornada del grupo A con la disputa del Namibia-Marruecos y se jugó la correspondiente al grupo B, en la que se enfrentaron dos de las favoritas, Nigeria y Costa de Marfil, y Malí frente a Benin.
Namibia 1 - Marruecos 5. Apenas contaron con oposición los “leones del Atlas” para imponerse a la débil selección Namibia. En la primera mitad los norteafricanos ya habían sentenciado el partido con un 0-2 en los primeros cinco minutos y un 1-4 al descanso. La segunda parte, simplemente sobró. Por los marroquíes destacó la figura de Soufiane Alloudi, jugador del Al-Ain, que anotó un hat-trick. Sektioui de penalti y Zerka, tras rematar de cabeza un corner botado desde la derecha, completaron la goleada y presentaron, de esta manera, su candidatura al título. (Resumen).
Sacar conclusiones previas en el fútbol siempre es un riesgo para aquél que lo asume. Si la lógica no se cumple se puede tener una escapatoria más accesible pero si nos aventuramos a dar predicciones, el margen de maniobra en caso de errar se reduce al mínimo. Hablando de la Copa África, las opciones de fracasar son mayores pues históricamente, el campeonato africano deja constantes sorpresas. Por ello, para no dejarnos mal, cuando Ghana estaba empatando a falta de segundos para que finalizara su estreno ante Guinea (2-1 final) y ya se mascaba una de las sorpresas que tantas veces nos hace quedar mal, apareció uno de los que sí estaba en el papel y en las predicciones: Muntari.
No descubrimos a nadie en el excelente mediocentro del Portsmouth, menos aún en su capacidad de llegada y potencia de disparo (algo de lo que ya ha dejado muestras en su carrera). El obús de este domingo fue una prueba más de su potencia, de la fe que conserva en sus cualidades y, desde luego, del empuje que siempre tienen de más las piernas africanas. Y es que, lanzando una nueva predicción, es probable que muchos partidos de esta primera fase se decidan en los últimos instantes.
La primera Copa de África, celebrada en 1957 tuvo lugar en Sudán. En ella, competían únicamente tres equipos. Junto a los anfitriones, que sólo un año antes habían conseguido su independencia política de Gran Bretaña y se habían desligado de Egipto, jugaron el mismo Egipto –independiente, pero de facto bajo el protectorado británico- y la Etiopía de Haile Selassie. Era una época convulsa para el continente africano. Junto a los tres contendientes de aquella Copa de África, sólo Liberia –primer Estado africano independiente de la época moderna-, Marruecos, Sudáfrica, Libia, y Túnez habían logrado independizarse, y, obviamente, aquellos nuevos Estados tenían cosas más urgentes en las que pensar que eso del balón.
La siguiente edición, celebrada en 1959 en Egipto contó con los mismos contendientes. No fue hasta 1962, en la que la Copa de África se abrió a los nuevos Estados independientes que veían en el fútbol un modo de aportar a la reconstrucción de un África nueva. Era aquella época de primeros de los sesenta un momento de ilusiones, de perspectivas de futuro, de reivindicaciones y de recuperación de una identidad herida por siglos de colonialismo, esclavitud y persecución. Era la época de crear y construir, de establecer las bases de un futuro mejor. Una época liderada por los Kwame Nkrumah (Ghana), Gamal Abdel Nasser (Egipto), Ahmed Ben Bella (Argelia), Léopold Sédar Senghor (Senegal) -también poeta, que reivindicó el concepto de la négritude que tanto molestaba al escritor Wole Soyinka- Patrice Lumumba (República Democrática del Congo), etcétera. Un momento breve, efímero, en el que África sonreía y que desgraciadamente comenzó a extinguirse casi tan rápido como empezó con el siniestro asesinato de Patrice Lumumba (recomiendo la lectura de la investigación realizada por el belga Ludo de Witte sobre este caso, un libro de verdad estremecedor), que mostró a todo África que a pesar de la independencia que tenían sobre el papel, ni Europa ni Estados Unidos dejarían emerger al continente y que quedó aplastado definitivamente por las luchas intestinas en los gobiernos y las guerras tribales que pronto se convertirían en el escenario de casi todo el continente. Seguir leyendo »
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