
La Selección griega que se proclamó campeona de Europa en 2004 expuso en un evento de primer nivel y prestigio una de las máximas del fútbol actual: No hace falta brillar ni ser el mejor, sino saber explotar con acierto las cualidades de tu colectivo para llegar a lo más alto. Aquello reflejó que el ‘otro’ fútbol, el que habla de defensas férreas, marcajes mecanizados y vital aprovechamiento de acciones a balón parado, tenía un sitio cada vez más relevante en el panorama actual.
Por suerte o desgracia, si hay algo con vigencia eterna en el deporte rey, es la revancha, aunque en este caso sea a nivel individual y sólo caracterizada en Egipto, la recientemente coronada como campeona africana. Y es que si los helenos dieron un nuevo aire con su victoria inesperada en Portugal 2004, la Egipto de esta edición en Ghana 2008 quería darse un homenaje particular. Su objetivo era mandar un mensaje de cohesión, de trabajo y de fútbol porque más allá de que la fuerza del bloque haya sido (como en el caso de los de Reeghagel), lo más destacado de los árabes, la principal diferencia es que, en este caso, si ganó el mejor.








Tras el partido inaugural disputado el domingo entre la anfitriona, Ghana, y Guinea, y que finalizó 



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