La selección de Brasil tiene, a buen seguro, los dos mejores laterales derechos del mundo. Dignos sucesores de uno de los grandes referentes del fútbol canarinho: Cafú. Douglas Maicon y Dani Alves son los dos carrileros llamados por Dunga, seleccionador brasileño, para la Copa Confederaciones y su coexistencia en el combinado nacional es una convivencia difícil. Los dos tienen virtudes suficientes para ser titulares indiscutibles y deben pelear por un único puesto.
Maicon ha demostrado con creces su nivel durante el último partido de Brasil en este torneo (su victoria por 0-3 ante EEUU). No es una novedad. Durante mucho tiempo ha sido la primera opción para Dunga, aunque el año majestuoso de Alves en el Barcelona del triplete ha dado un empujón definitivo al carrilero blaugrana. Maicon hace gala de su potencia en cada encuentro, pese a que su carrera parece en algunas ocasiones algo descompasada. Derroche físico arriba y abajo sin descanso, casi siempre con resultado positivo para su equipo.




Por segunda vez en tres años, ha saltado la polémica tras la presunta utilización del video en el arbitraje de un partido de una competición internacional de selecciones. Si la primera fue el ya legendario cabezazo de Zidane a Materazzi –señalado a instancias del español Medina Cantalejo, recientemente retirado- el otro día fue en el Brasil-Egipto; parece ser que, a instancias de nuevo del cuarto árbitro y con monitor de por medio, el colegiado Howard Webb señaló la mano de Al Muhamadi y el consiguiente penalty que decidió el partido. La FIFA, que ha desestimado la queja de la federación africana sobre el particular, ha negado la mayor (dicen que el penalty lo señaló el asistente) pero a la vez, para curarse en salud, ha prohibido los monitores a ras de campo.
Sólo algunos entrenadores tienen una estampa como ésta. Muy pocos han disfrutado de la sensación de tener la dorada Copa del Mundo entre las manos. Uno de esos privilegiados es Marcello Lippi. El míster de Viareggio llevó a la selección italiana hasta lo más alto en 2006, tras la victoria en 
Segunda jornada de la Copa de las Confederaciones, dos buenos partidos, pero el interés sigue bajo mínimos. Y no por la intensidad desplegada en los dos choques que pudimos disfrutar ayer, que no fue poca, sino porque el objetivo sigue siendo irrisorio: ganar ¿el qué? Alguno podrá decir que lo importante, al menos en el caso de España, es ganar prestigio o, como poco, no perderlo. Probablemente, siguiendo el curso lógico del calendario, España estaría ahora mismo enfrentándose a Bosnia, y aumentando su prestigio, por una plaza en el Mundial del próximo curso, tras un viaje cómodo y corto y una brevísima mini concentración. Nada parecido a lo que está sucediendo en Sudáfrica.
Ayer se abrió el telón de esta octava edición de la
Bueno, nos convenza o interese mucho o poco la Copa de las Confederaciones –algunos estamos más de acuerdo con 

RSS