Hay muchas maneras de volver a sentirse un niño. Quizá una de las menos ridículas, de las más aconsejables para un tío de pelo en pecho, es sentirse futbolista. Sentirse futbolista es recuperar una de las principales actividades de la infancia. Y no es complicado. Basta juntarse con un grupo de amigos, echar un balón a rodar y uno se encuentra de nuevo como cuando tenía doce años y los partidos duraban hasta que se ponía el sol. Lo bueno es que, a partir de ciertos niveles, ni siquiera es necesaria una cierta condición física para creerse alguien… o eso cree uno. (Llegados a este punto, os voy a hacer una recomendación desinteresada: jamás toméis la inoportuna decisión de grabar en vídeo una de vuestras pachangas con los colegas para después verlo juntos y echaros unas risas; lo lamentaréis).
Camisetas Clásicas
Camisetas clásicas: la del ídolo |
feb
01 |
‘El capitán de la Roma tendría poco de qué hablar con Einstein, pero la inconsciencia le da a su juego el toque de locura y genio de los grandes idiotas del fútbol: Totti forma parte de la dinastía de Garrincha, Best, Gascoigne, Cassano. Con la ventaja de no ser cojo, ni alcohólico, ni paranoico‘. Evidentemente, la genialidad no es mía. Es del maestro, de Enric González (extraída de su espléndido y conocido relato del ‘cucchiaio‘), pero no he conseguido construir una definición más precisa y ocurrente de la figura del gran capitano romanista. Podría perfectamente entender que alguien no idolatrase a Totti. Sin embargo, sería algo menos transigente con aquel al que la figura del emblema giallorosso le resultase intrascendente.
Camisetas clásicas: dulce y amargo |
ene
22 |
El fútbol tiene algo de animal. Cuatro idiotas se peinan la cresta y de bonito, vestidos con la provocativa camiseta de su equipo, están listos para el cortejo en la noche del suburbio. Los rosarios de Cristiano Ronaldo, los cinturones de Eto’o y Balotelli al completo son puro mensaje. Cochazos blancos cegadores para rituales extraños. Pero si asomamos la cabeza por la máquina del tiempo y miramos cien años atrás vemos al conde Airoldi de Palermo escribiéndole una carta al cónsul británico en la ciudad con diversas indicaciones estéticas. Joseph Whitaker, fundador del club y precursor del fútbol en Italia, consiente y obliga al Palermo a vestir de rosa para el resto de su vida. Tíos elegantes sembrando una semilla indebida.
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Camisetas Clásicas: me gusta el olor del césped artificial por las mañanas |
ene
13 |
Abonado, como estoy, a la patada disimulada, al fingimiento en el área, al pelotazo arriba como resumen de la creación; es normal que mi elástica de guerra vaya más unida a la tosca maraña de Uhlsport que a la elegancia brillante de Nike. Me siento más cómodo con una pesada y mate camiseta de Legea que con las rayas de purpurina con las que Adidas remata sus prendas. Para entender el fútbol hay que ponerse en la cabeza del amigo que llama religiosamente cada semana para confeccionar dos equipos. El amigo que elige campo, que reserva pista, que recoge el dinero y que paga, disciplinado, mientras nosotros bromeamos en el vestuario y nos quitamos las botas humedecidas por el contacto salvaje con el falso césped. Ese amigo es, curiosamente y no me he equivoco, el que más conjuntado viene. Pensad en él. En sus medias a juego, el pantalón ceñido a la perfección y la última camiseta que ha sacado su equipo. O lleva el blanco merdellón con dorado que podría haber firmado Volcom, o lleva la estilizada jaula azulgrana con la que Nike dio por finiquitado su trabajo, o la por fin elegante zamarra del Athletic que nos regaló Umbro. Cosas así.
Si miramos al vestuario, ese camerino del sudor y el castañear de dientes, veremos un par de jugadores vestidos de nada. Con esos modelos genéricos de Decathlon o Sprinter que son a la ropa deportiva lo que Ella Baila Sola son al Hard-Rock de los setenta. Esas camisetas que parecen confeccionadas con restos de chalecos reflectantes, con una tela que parece de disfraz de los chinos, con esos diseños a medio camino entre el corredor de mediamaratón y el profesor de gimnasia de los noventa. Y después, esquinados, orgullosos pero invisibles, estamos nosotros. Con nuestras camisetas del Nápoles, con una rareza del Bayern, con una carísima Adidas del Milan o quien sabe qué modelo que hayamos arañado de Ebay o de esta nuestra particular biblia de lo exótico.
Camisetas clásicas: póntela otra vez |
ene
10 |
Son tiempos complicados. Las mejores tardes han quedado atrás y el estadio que te aplaudió ya no existe. ¿Qué se siente ahora? De pie en el área técnica del Emirates Stadium, esperando que el balón salga fuera para poder entrar en el terreno de juego. No es la primera opción. Le adelanta por la derecha un correcaminos. Theo Walcott espera junto a él y pega un acelerón para salir. A su espalda luce un ’14′ que heredó con honor y que no ha cuidado con demasiada brillantez. Cada temporada se agarra a él y lo reivindica para sí. Conoce su significado, de donde viene y quién lo elevo categoría de dorsal trascendente, pero no se acerca. El que siempre ha sido el más rápido del grupo no parece poder liderarlo. “Si finalmente ficha será muy bueno para los jóvenes, tiene mucha experiencia”- no sólo no se incluye en la lección, sino que se niega a ceder su dorsal: “Ahora tengo su número, pero no lo va a recuperar aunque venga aquí por un tiempo. Ya le he avisado”.
Thierry Henry, el mejor jugador de la historia de la Premier League, se seca el sudor con la manga mientras Marouane Chamakh se aproxima a la banda. Mirada al suelo. Cualquier vista menos la espalda de Walcott.
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Secciones: Camisetas Clásicas |
Camisetas clásicas: Dennis the menace |
ene
03 |
Oh Dennis Wise,
Scored a fucking great goal,
In the San Siro,
With ten minutes to go…
Pequeñajo, malencarado, protestón… Un tipo capaz de montar una pelea en una habitación vacía, como llegó a definirle Alex Ferguson tras una de sus innumerables trifulcas sobre el césped. Dennis Frank Wise (Kensington, Londres, 1966), tuvo una escuela de formación inmejorable en aquel hormonal Wimbledon de la Crazy Gang. Siempre con el carnet de pendenciero en la boca, al menudo Wise le sobraba con su metro sesenta y seis para partirse la cara con cualquiera, exhibir cicatrices de peleas de pub a modo de tarjeta de visita y coleccionar ejemplares sanciones por sus repetitivas conductas antideportivas.
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Secciones: Camisetas Clásicas, Historia, Personajes, Premier League |
Camisetas clásicas: Reggae Boyz |
dic
19 |
Uno se imaginaba poco menos que una banda de desarrapados vestidos con chándales de colores llamativos. Una colección desordenada de rastas hasta la cintura, barbas desaliñadas, mucho ritmo metido en el cuerpo y una festiva querencia por ciertas sustancias poco aconsejables para la práctica deportiva profesional. De todo, menos un equipo profesional, vaya. Eran la apoteosis del exotismo. Y arrastraban consigo la simpatía generalizada que siempre despierta el teórico débil. Era Jamaica, debutante en un Mundial. Nunca antes el pequeño país caribeño se había colado entre los mundialistas. Y nunca jamás, desde entonces, ha vuelto a hacerlo. Corría el año 1998 y el mundo entero se preparaba para disfrutar al ritmo alegre y despreocupado de los Reggae Boyz.
Camisetas Clásicas: Compra la camiseta que menos brilla |
dic
02 |
Todo muere menos el fútbol. Se van los amigos con sus bufandas a otra parte. Desaparecen los abuelos y los padres que nos acompañaban al partido. Se mudan lejos los hermanos con los que dábamos patadas al balón sobre el cemento triste de las ciudades. Se van las parejas que compartían espacio a regañadientes frente a la televisión. Muere la pasión, muere hasta el entusiasmo, mutamos como forofos, nos reblandecemos, hasta despreciamos este deporte bárbaro que una vez lo fue todo. Somos pacientes pero no idiotas. Renunciamos cuando las derrotas se encadenan, se eternizan una tras otra, cuando los equipos se hunden en la brea, cuando descubrimos categorías cloacales bajo nosotros y olvidamos lo que sucede sobre el universo verde de los campos. Damos la espalda a lo que fue nuestro. Pero en otro plano, a nuestras espaldas, el fútbol sigue impasible, esperando que de nuevo retomemos el gusto por el balón y los colores, como un hijo de puta paciente que sabe que caeremos de nuevo en sus caprichosas zarpas. Tranquilo, a sabiendas de que todo es un enfado temporal, un apretar de puños que dura lo que un pestañeo, una cinta de nubes que nos cubre la frente durante semanas, tal vez meses. Todo se acaba menos el fútbol, todo es mudable menos el fútbol.
Camisetas clásicas: el entrenador |
nov
25 |
“Hoy el público le grita: ¡No te mueras nunca! Y el domingo que viene lo invita a morirse. Él cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi”
Eduardo Galeano, El Fútbol a sol y sombra
Aparca el chándal en domingo, no vaya a ser que la muerte deportiva le pille en telas cuotidianas. Hay que estar preparado, traje oscuro y corbata que asoma por el cuello. Siempre que no use bufanda, esa albiceleste que le identifica con el aficionado. La combinación de colores es discutible, pero su procedencia -el italiano es elegante porque sí- le salva de esta crítica. No de todas las demás. Su equipo golea y el estadio corea su nombre, pero el mundo del fútbol atribuye todas sus victorias a los millones del propietario, y las derrotas, que algún día sí suceden, únicamente a su persona. ¡Con esos jugadores lo hago mejor que él, y también gano la liga! -mentimos algunos. Frase recurrente cuando sale al campo Nigel de Jong sustituyendo a Adam Johnson.
El tiempo |
nov
20 |
Piénsalo bien: el tiempo no existe. Decimos que han pasado unos minutos, unas horas, un día, un año, pero en realidad son meras convenciones. Hay movimiento, hay acontecimientos, pero no hay tiempo como tal. Un segundero es una aguja que se mueve, nada más. No indica nada ajeno a sí mismo. Eso lo ponemos nosotros.
Hay cambios, eso es innegable. El sol surca el firmamento a un mismo ritmo (el reloj original), las estaciones son más o menos recurrentes. Nuestro cuerpo, nuestro rostro, lo que nos rodea, sufre mutaciones. ¿Es eso tiempo? Sí, pero no. En punidad, son acontecimientos.
¿Y el tiempo futbolístico? ¿Existe? El reloj serían las jornadas, los campeonatos de invierno, los Boxing Days, las temporadas… convenciones, al fin y al cabo.
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