No es aún matemático (su sorprendente y celebrada victoria en el Ruiz de Lopera ha retrasado la firma de la sentencia), pero la cercanía del descenso a Segunda División del Levante UD ha traído la primera de sus grandes consecuencias, algo disipada por el interés acaparado por la Final de la Copa del Rey. Gianni De Biasi, el técnico italiano que ha apostado siempre por creer en el sueño de la permanencia, sustituyó a Abel Resino en la octava jornada de Liga, con el equipo granota en la última plaza de la tabla y un solo punto sumado de 21 posibles.
De Biasi, encomiable profesional y sacrificado entrenador, ha aguantado hasta casi el final. Es un secreto a voces que la temporada que viene el equipo valenciano jugará en la categoría de plata. Aún así, su entrega, su ardor y su competitividad a pesar de saberse virtualmente condenado, es digna de todo elogio. Quiero pensar que esa entrega, esa profesionalidad y ese respeto por un club que, pese a no pagar a sus trabajadores, tiene una sufrida masa social detrás, guarda alguna relación con la manera de afrontar el trabajo diario del técnico italiano.
Han sido 29 jornadas de aplastante dominio neroazzurri. Solvencia, resultadismo y juego físico, proporcionaron desde el arranque del campeonato, una diferencia cómoda y manejable para el Inter. Con una plantilla muy extensa (que no con muchas alternativas de juego), Mancini logró alternar jugadores y minutos con el respaldo inconfundible que le daba la clasificación, pero desde que cayó derrotado en Anfield (en una cita llena de despropósitos interistas), la moral del equipo se ha desquebrajado al son del crédito de su técnico. Tres empates (Sampdoria, Roma y Génova) junto a dos derrotas (Nápoles y Juventus) en sus últimos siete encuentros ligueros, han dado un giro al Scudetto, que se anima en un tramo final de infarto.
Más allá del bajón de un Inter siempre a la expectativa y decepcionante en cuanto a actitud, el principal culpable de que este renacer de la Serie A ha sido la Juventus. Los de Claudio Ranieri han demostrado ese carácter inconfundible que se les atribuye con el simple hecho de vestirse de bianconeri. Presión en toda la cancha, desgaste físico fuera de lo común, ambición, carácter ganador y eficacia, la misma que viene demostrando año a año y que sólo se vio interrumpida por un ‘Moggigatte’ de infausto recuerdo.
Una remontada épica, una noche de ensueño, el mejor recuerdo de la última Copa de Europa contra el mismo Liverpool allá por 1965 y el actual Centenario que tan brillantemente se vivió el pasado sábado en un abarrotado Giuseppe Meazza, eran las pautas a seguir, las que servían para creer, para contener la respiración y para empujar hasta el final para ver al Inter en cuartos. Era un guión complicado y no sólo por la excelente labor táctica que ya se le preveía a los reds, sino por la incapacidad total que ha demostrado un equipo que, como su técnico, se disolvió por minutos.
Es difícil tener argumentos tan finos y evidentes para poner en duda la capacidad de un auténtico líder en una competición tan dura como la Serie A, pero igualmente complicado resulta pensar que el límite de un equipo que tiene una plantilla con infinidad de posibilidades, rotaciones y planteamientos, no dé más de sí en el momento clave. Más aún que eso se repita hasta la saciedad año tras año, desde luego.
29 partidos sin perder eran el excelente e imponente bagaje que presentaba el Inter de Milan antes de llegar a Anfield. Hasta ahora, el indiscutible líder del Calcio sólo se había permitido el lujo de ceder ante el Fenerbahce en Estambul allá por el mes de septiembre. Cifras mareantes, sobriedad en todas sus victorias y la idea de que el Scudetto 2008 será suyo.
Sin embargo, ese mismo equipo que arrolla entre sus paredes, tiene una losa demasiado grande que asumir, la de no sentirse completo en Europa. En el escenario donde las gestas adquieren el lujo que las hace únicas sólo tienen recuerdos nefastos en la parte neroazzurri de una ciudad que, últimamente, sólo se reconoce a este nivel por el bando rival. Y es que desde aquél ‘doblete’ de 1964 y 1965, con la generación de los Mazzola, Luis Suárez, Facchetti o Peiró, el equipo sufre una larga agonía que no parece ser capaz de mitigar.
Paolo Maldini disputó este sábado su encuentro oficial número 1000, de los cuales, 126 lo hizo con la selección italiana, 13 con la selección olímpica y el resto, 861, con su equipo de toda la vida, el Milan. Palabras mayores de un jugador que colecciona títulos y récords y que esta temporada dirá adiós al fútbol profesional tras 24 años en la primera plantilla rossonera. Casi nada.
El próximo 26 de junio, el capitán milanés cumplirá los cuarenta y, sólo cuatro días después finalizará su último contrato como futbolista. Su legado: siete Scudettos, una Coppa de Italia, cinco Supercopas de Italia y otras tantas de Europa, dos Intercontinentales, un Mundial de Clubes y, tal vez lo más impresionante, cinco Copas de Europa. Si este año el Milan consiguiera de nuevo alzarse con el triunfo en la final de Moscú, Il Bello igualaría a Francisco Gento como el jugador que más veces la ha conquistado, con seis entorchados. En su haber sólo quedará un gran triunfo con la Nazionale. Estuvo cerca, pero Brasil en el 94’ y Francia en el 2000 se cruzaron en su camino.
Nos llega desde Italia la triste noticia de la grave lesión –una más- que acaba de sufrir Ronaldo. A los pocos minutos de salir a San Siro para tomar parte en el Milan-Livorno de esta noche (1-1), el ariete brasileño se ha desplomado entre lágrimas tras un mal movimiento de su rodilla izquierda. Los galenos del Milan han confirmado que se trata de una rotura del tendón rotuliano, la misma lesión que le hizo pasar un calvario en el Inter y que a punto estuvo de retirarle. El periodo de recuperación se estima en cerca de un año, y existen serias dudas sobre la posibilidad de que pueda volver a pisar un terreno de juego. Esperemos que así sea, porque más allá de su vida disipada, las grisura de sus últimas temporadas o la sensación de decadencia que desprende, Ronaldo ha sido uno de los grandes iconos del fútbol mundial en los últimos veinte años, y no se merece esta despedida. Ánimo para él.
Casillas, Puyol, Totti, Gerrard, Terry, Scholes o el eterno Maldini, son algunos ejemplos de aquellos jugadores que llevan escrito la palabra lealtad allá por donde van. Son especiales para la afición, ganadores por naturaleza y con mentalidad a prueba de balas. Criados con esmero en la cantera, mamaron la esencia de la entidad desde sus primeras raíces y tienen la capacidad de levantar a los suyos cuando las cosas se ponen feas. Son quienes quedan para la foto, aquellos que levantarán los títulos y los primeros que salen a la palestra para dar la cara.
Sin embargo, en todo equipo comprador existen serios problemas para que un valor de la cantera llegue algún día a cumplir ese rango en el vestuario. En los grandes de Europa, son cada vez menos los ejemplos pero, en el Inter, hace tiempo (quizás desde el adiós del eterno Bergomi), esa plaza parece maldita y, actualmente, sólo ocupada ‘sobre el papel’ por un interista de los pies a la cabeza, pero argentino, Javier Zanetti. Ahora, ese modelo puede cambiar con una gran generación de jugadores que llegan al primer equipo neroazzurri con fuerza, destacando sobre manera, Balotelli, el nuevo ‘emperador’.
Tras varios años de continuas decepciones, batacazos sonados y fracasos varios cimentados en cientos de millones de euros despilfarrados, parece que por fin llegan días de vino y rosas para el Inter de Milán. Este domingo, con su victoria in extremis frente al Parma, con dos goles en el descuento de Zlatan Ibrahimovic, el equipo de Roberto Mancini cerró la primera vuelta del campeonato italiano invicto: quince victorias y cuatro empates en diecinueve jornadas de liga siendo, a la vez, el equipo más goleador del campeonato (43) y el menos goleado (13). Unos números impresionantes que, no obstante, son similares a los cosechados por los nerazzurros a estas alturas la temporada pasada cuando batieron el récord de victorias consecutivas en el Calcio, estableciéndolo en catorce.
Con su triunfo en San Siro, el Inter dejó a su más inmediato perseguidor, la Roma, a siete puntos y al tercer clasificado, la Juventus, a doce. Abismal es, por si fuera poco, la distancia que les separa de sus vecinos del AC Milan, que penan en mitad de la tabla a 25 puntos del líder. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que el club presidido por Massimo Moratti no celebrara este año su segundo Scudetto consecutivo en una nueva demostración de superioridad extrema. Una superioridad que, desde luego, no parece normal en un campeonato tradicionalmente tan igualado como el italiano.
Era un miércoles atípico pero con muchísimo fútbol por explotar. Una tarde-noche que dejaba citas para todos los gustos en diferentes rincones y que, a los especialmente observadores y fanáticos del fútbol internacional, siempre deja un sabor más que dulce. Era, ante todo, una tarde para disfrutar ‘de copas’ por Europa.
Muy pronto, casi con el café en la mano, el Lyon asomaba en el coqueto Leon Bollée para buscar las semifinales de uno de los torneos que más se le resiste en su historia, la Copa de la Liga. Los de Perrin, que no logran este trofeo desde 2001, visitaban a uno de los equipos de moda en Francia, el Le Mans. Los hombres de Rudi García, que llevan toda la campaña en puestos europeos, tienen una media de edad de apenas 23 años (hoy incluso algo menor) y viéndoles jugar, claramente reflejan la idea de equipo trampolín del que saldrán varios jugadores a equipos más grandes.
La pasada semana, coincidiendo con la reanudación del campeonato liguero en Italia, la FIGC (Federación Italiana de Fútbol) ponía en marcha una nueva iniciativa en todos los campos de Serie A y Serie B. Inspirándose en el conocido ‘tercer tiempo’ del rugby, los mandamases del fútbol transalpino han decidido que, a la conclusión de los partidos de fútbol de las dos primeras categorías nacionales, los equipos contendientes se dirijan hacia el centro del campo e intercambien amistosos y deportivos saludos, como muestra de ‘normalización’ de la complicada situación del fútbol italiano.
La medida, que fue cumplida a rajatabla en todos los encuentros disputados el pasado fin de semana, llega tras los últimos arranques de violencia ultra que sacudieron el calcio hace ahora un par de meses. La muerte del aficionado laziale Gabo Sandri tras un disparo efectuado por la policía de Arezzo, a la que siguieron los gravísimos disturbios que los seguidores ultras protagonizaron por todo el país, ha terminado de manchar definitivamente la sucia imagen del fútbol en Italia. El torpe remedio del ‘Terzo tempo’ ideado por la FIGC no es más que una media sobre el objetivo en una foto que tiene difícil retoque.
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