Desde que un gol de Stankovic eliminase al Ajax de Amsterdam el 14 de marzo de 2006, el Inter, intratable en el Calcio, había vivido frustrado en la Liga de Campeones, al toparse con un muro insalvable en los octavos de final. En 2007, en Mestalla, la noche en la que David Navarro le partió, cobardemente, la nariz a Burdisso. En 2008, el Liverpool de Benítez que fue un elogio defensivo, portería a cero en toda la eliminatoria. Y en 2009, coronando el complejo europeo de los nerazzurri, un nuevo sueño roto en el teatro de Old Trafford. En cada una de las rondas, por cierto, sin noticias de Zlatan Ibrahimovic.
Con estos precedentes, al deparar el sorteo un enfrentamiento contra el Chelsea, el Meazza milanés se volvió a cubrir de nubarrones. A la hora de la verdad, sin embargo, se constató que los tiempos habían cambiado. Sneijder iluminó la senda, con la eliminatoria en el alambre, y Eto’o no falló cuando cazó al contrapié a la zaga londinense, controló en carrera el pase cruzado del holandés y batió por bajo, seco y al palo, a Turnbull. Samu, con el cuello tenso, la piel reluciente y los ojos bien abiertos, con el brillo propio de las grandes ocasiones, festejó con el fondo, el mismo fondo que agitó en 2006, cuando allanó el camino a París en calcado escenario, sólo dos minutos más tarde que anoche. El mismo fondo, con distintas aficiones. Las dos, encantadas de que Eto’o fuera uno de los suyos.
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Cuando ayer hablábamos sobre la carrera futbolística de Rafael Martín Vázquez, y hacíamos especial referencia a su tormentoso paso por el Torino, una de nuestras comentaristas, Ana, nos recordó a una de las principales figuras del fútbol italiano en la década de los 90. Gianluigi Lentini vio su carrera futbolística marcada por dos hechos no estrictamente futbolísticos. Por un lado, su fichaje multimillonario por el Milan, previo pago de 4.000 millones de pesetas al Torino, convirtiéndose así en el fichaje más caro del calcio. Por otro, el gravísimo accidente de tráfico sufrido en el verano de 1993, ya como jugador milanista, cuando un reventón hizo que su Porsche diera varias vueltas de campana en la autopista camino de Turín. La investigación confirmó que el vehículo llevaba instalada una rueda de repuesto de velocidad limitada. Gigi Lentini conducía a más de 200 kilómetros por hora.



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