Con bajas tan sensibles como la de su estrella Arshavin pero con el guión muy bien estudiado y perfectamente ejecutado, el Zenit de San Petersburgo, que tantos elogios ha venido recabando en los últimos meses, ha asaltado la final de la Copa de la UEFA de la mejor manera posible. El campeón ruso, el mismo que rompió la hegemonía moscovita en el campeonato ex soviético, ha desbordado a todo un Bayern (4-0) en un Petrovski enloquecido con sus hombres, que han tocado muy pronto las mieles de un éxito que proyectaban para más adelante. La Ida ya reflejó que los de Advocaat no eran mansos y lo corroboraron siete días después. Dos goles del potente Pogrebnyak (que desgraciadamente no disfrutaremos en Manchester por sanción) y los tantos de Fayzulin y un tremendo Zyryanov, han roto el sueño que los bávaros tenían en la cabeza y que proyectaba un año inigualable con la triple corona (Bundesliga, UEFA y Copa) para despedir a Hitzfeld y, desde luego, a Kahn, que ha jugado su último partido europeo. Y su despedida no pudo ser más decepcionante porque el Bayern se encontró con un Zenit ambicioso, ofensivo y con mucho trabajo colectivo. Su presión, carácter y claridad de ideas hicieron sucumbir al líder germano, tan falto de creatividad como siempre pero alicaído incluso en los ‘chispazos’ de Toni o Ribery (analizaremos este Bayern). El Zenit llega por méritos propios a su primera final europea y pretende emular al CSKA que ganó la UEFA en 2005.



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