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	<title>Diarios de Futbol &#187; Barraqueros del Mundo</title>
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	<description>&#34;Los delanteros ganan partidos. Las defensas ganan campeonatos&#34; (John Gregory)</description>
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		<title>Barraqueros del Mundo. Hoy: Héctor Cúper</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Jan 2011 13:26:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Ballester</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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		<description><![CDATA[Es posible que Héctor Raúl Cúper (Chabás, Santa Fe, Argentina, 1955) no sea un Barraquero en sentido estricto. De algún modo, en la encrucijada que representaban, a uno y otro lado, Menotti y Bilardo, eligió la llamada tercera vía, heredero del maestro Griguol. Pero, con todo, Cúper cabe en esta serie por méritos propios. Sólo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/01/Hector-Cuper1-300x180.jpg" alt="" title="" width="300" height="180" class="izquierda_sinmarco" />Es posible que Héctor Raúl Cúper (Chabás, Santa Fe, Argentina, 1955) no sea un <strong><a href="http://www.diariosdefutbol.com/category/barraqueros-del-mundo/">Barraquero</a></strong> en sentido estricto. De algún modo, en la encrucijada que representaban, a uno y otro lado, Menotti y Bilardo, eligió la llamada tercera vía, heredero del maestro Griguol. Pero, con todo, <strong>Cúper</strong> cabe en esta serie por méritos propios. Sólo él fue capaz de sentar a Ronaldo, al Ronaldo original, cuando le urgía alcanzar el gol durante un partido decisivo. Era el último del campeonato italiano, con el Scudetto en juego, y aquel cambio provocó una catarsis. El Inter perdió, Ronaldo estalló y planteó un ultimátum. Moratti se alineó con su entrenador, y el Madrid pescó en aguas revueltas. Cúper sobrevivió a un verano que fue un punto de inflexión y, al volver, sabía que no le iba a valer nada que no fuera ser campeón. No lo fue, y su carrera en los banquillos, que hasta entonces había sido un firme y seguro escalar, entró en un declive lánguido y continuado.</p>
<p>Cúper es hombre de tez morena, y piel curtida. De origen humilde, antes que nada fue futbolista, defensa central, protagonista de los mejores años de <strong>Ferro Carril Oeste</strong>, doble campeón nacional en los ochenta. Cuando pasó al banquillo exportó una imagen de padre cauteloso, cuerdo, poco amante del riesgo y las improvisaciones. Uno de ésos que rastrea minucioso todo el mercado automovilístico para terminar comprándose un coche diesel, y gris. Con el trabajo por bandera, forjó equipos sufridores que no perdían jamás. Si acaso, se les ganaba.</p>
<p>Así, del estreno amargo en <strong>Huracán</strong> (extravió el campeonato en la última jornada) pasó a la consagración en <strong>Lanús</strong>, donde ganó una Conmebol y la oportunidad de saltar a Europa, en 1997. En el recién ascendido <strong>Mallorca</strong> alumbró una extraña capacidad. Cúper, un hombre corriente, construyó con un puñado de futbolistas corrientes un equipo nada corriente, sino extraordinario. Fue quinto, y finalista de una <a href="http://www.youtube.com/watch?v=TuiWZ4qs1nA&#038;feature=related">Copa que perdió con honor y agonía</a>. Honor, porque sostuvo con nueve hombres al Barcelona exuberante de Van Gaal. Y agonía, porque su lanzador más fiable a pelota parada, el zurdo Stankovic, falló por un milímetro su penalti en la ruleta de la tanda, el que hubiese otorgado al Mallorca el primer título de su historia.</p>
<p>El subcampeonato, en este caso, tuvo premio. Después de vengarse del Barça en la Supercopa, el Mallorca de Cúper alcanzó la final de la última edición de la extinta <strong>Recopa</strong>, en un alarde de optimización de recursos. Reinventando medio once respecto a la campaña anterior, eliminó a Hearts, Racing de Genk, Varteks y Chelsea, y sólo frente a los croatas le sobró algún gol. En la cita clave cayó contra una <a href="http://www.youtube.com/watch?v=IYqVkT70tb8">Lazio plagada de estrellas</a> (de Nesta a Vieri pasando por Nedved o Mancini), y empezó a sospecharse sobre el don fatal del entrenador argentino. El de perder finales a partido único.</p>
<p>Cúper terminó el curso y se marchó de la isla, dejando al Mallorca en la Champions, 3º en Liga, su mejor clasificación de siempre. Heredó el <strong>Valencia</strong> de Ranieri, y lo hizo menos populista, más prosaico. De Mestalla, donde fue pitado a menudo, se marchó con la etiqueta de barraquero, claro, no sin antes rozar la gloria en dos finales de Champions consecutivas. Perdió la segunda con especial crueldad, otra vez en una desdichada tanda de penalties. En Valencia, Cúper consiguió de nuevo elevar, a raíz de priorizar el concepto de bloque, el rendimiento de varios futbolistas que jamás volvieron al nivel entonces mostrado, caso de Farinós o Gerard, entre otros.</p>
<p>El firme y seguro escalar que antes hemos reseñado cumplió su última fase el verano de 2001. Cúper fichó por un <strong>Inter</strong> que buscaba con desesperación un Scudetto que no vencía desde la década de los ochenta. Acostumbrado a lidiar en vestuarios de bajo perfil, Cúper sufrió para empastar la conglomeración de astros del Inter. El fiasco trituró su prestigio, y comenzó el languidecer. Regresó al sol de Mallorca pero pasó, igual que en las experiencias siguientes en el <strong>Betis</strong> y en el <strong>Parma</strong>, de pelear por títulos a embarrarse en cuitas de descensos. Abrazó una inesperada excentricidad, respondiendo a la propuesta de la selección de <strong>Georgia</strong>, que abandonó para empezar de cero en una Liga menor, la griega. En el Aris, Cúper se reencontró con su destino. Llegó a la final de la pasada Copa y, en efecto, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=0vW46vkoS-w">la perdió</a>.</p>
<p>foto: sportige.com</p>
<p><a href="http://twitter.com/eballester"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/bt_eballester-300x51.jpg" alt="" title="" width="300" height="51" class="centro_sinmarco" /></a></p>
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		<title>Barraqueros del Mundo. Hoy: Nereo Rocco</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Oct 2010 14:22:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Ballester</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="izquierda_sinmarco" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/10/rocco6669.jpg" alt="" width="200" height="246" />Hablamos de mayo de 1968. El <strong>Milan</strong>, lejos de la excitante agitación primaveral parisina, se jugaba la Recopa ante el <strong>Hamburgo</strong> de Uwe Seeler. La tarde previa al encuentro, la expedición italiana decidió liberar la tensión con un paseo por las calles de Rotterdam, donde se topó con unos folletos anunciadores de la final, que incluían las alineaciones previstas por ambos equipos. El entrenador milanista, <strong>Nereo Rocco</strong> (Trieste, 1912-1979), se guardó uno de ellos y después de la cena, justo antes de que los futbolistas se retirasen a sus habitaciones, convocó una reunión imprescindible con un objetivo principal: asignar las marcas defensivas. Rocco sacó el folleto y empezó a repartir misiones. Anquiletti, Rosato, Scala&#8230; todos retenían en la memoria el nombre de su par. Tachando cruces, el entrenador se quedó sin peones antes de tiempo y, extrañado, preguntó: &#8220;Y a éste, ¿quién lo marca?&#8221;. Sobraba libre un contrario y Rocco no daba crédito. Angustiado, volvió a repasar la táctica. Y Anquiletti, Rosato, Scala&#8230; todos retenían en la memoria el nombre de su par.  Pero tachando cruces, el entrenador se quedó, de nuevo, sin suficientes peones. Cuando bordeaba la desesperación, el portero Cudicini se atrevió a terciar, escueto: &#8220;Por favor, que alguien le diga que scheidsrechter, en holandés, significa árbitro&#8221;.</p>
<p>La obsesión por la marca fue uno de los rasgos principales del libreto de Nereo Rocco. No en vano, está considerado el introductor del <strong>catenaccio</strong><em> </em>en el Calcio, y el inventor del juego <em>&#8220;</em>a la italiana&#8221;. Esto es, acumulativo rigor defensivo, agonía física y dureza mental, poco atrevimiento y menos errores, y fe ciega en el talento de un único <em>fantasista.</em> <a href="http://www.youtube.com/watch?v=y6n1F3XZLGo">Rocco</a>, un hombretón de origen vienés, siempre con el marcado acento triestino, a menudo con el ceño fruncido, no sólo fue entrenador sino símbolo nacional. No tan obvio como la pizza o la pasta, y sí más sutil como el sentido dramático, la tendencia a la exageración o la sensación interior y pragmática de que al final las cosas funcionan por sí solas. Italia es Rocco y Rocco, <strong>il Paròn</strong>, simbolizaba la Italia común y popular. Tanto, que fue la opción original que Fellini deseó para el padre de familia de <strong>Amarcord</strong>, su obra maestra.</p>
<p><em><span style="font-style: normal;">Icono costumbrista, pues, Rocco fue, en cambio y sobre la pizarra, un entrenador revolucionario gracias principalmente a un solo movimiento. Retrasó a uno de los centrocampistas a la posición de líbero. Y jaque mate. Rocco, que fue un futbolista del montón, empezó su carrera en los banquillos en el equipo de su ciudad, la </span><strong><span style="font-style: normal;">Triestina</span></strong><span style="font-style: normal;">, donde logró su proeza inaugural, un subcampeonato, sólo superado por el imponente Torino previo al accidente de Superga.</span></em></p>
<p><em><span style="font-style: normal;">Tras otro milagro salvador en </span><strong><span style="font-style: normal;">Padova</span></strong><span style="font-style: normal;">, y la certificación del valor del método a medio plazo, </span><a href="http://www.youtube.com/watch?v=y6n1F3XZLGo"><span style="font-style: normal;">Rocco</span></a><span style="font-style: normal;"> dio el gran salto y llegó al Milan. Ahí encontró a la estrella que decantase la gloria, </span><strong><span style="font-style: normal;">Rivera</span></strong><span style="font-style: normal;">, al que da la alternativa de juvenil. Il Paròn dirigió al Milan en dos épocas quebradas por un inciso en el </span><strong><span style="font-style: normal;">Torino</span></strong><span style="font-style: normal;"> del </span><a href="http://www.diariosdefutbol.com/2009/07/06/la-farfalla-granata/"><span style="font-style: normal;">incipiente Meroni</span></a><span style="font-style: normal;">. La primera, en el arranque de la década de los sesenta. La segunda, hacia el final, en el paso a la siguiente, la más longeva. En las dos, desafiando al </span><strong><span style="font-style: normal;">Inter de Helenio Herrera</span></strong><span style="font-style: normal;">, fue campeón de Italia y de </span><a href="http://www.youtube.com/watch?v=yEyF6Bui2pA"><span style="font-style: normal;">Europa</span></a><span style="font-style: normal;"> y, en 1969, del mundo. En una final que provocó condenas de arresto en varios futbolistas de </span><strong><span style="font-style: normal;">Estudiantes</span></strong><span style="font-style: normal;">, </span><a href="http://www.youtube.com/watch?v=hbtlOpa2ACQ&amp;feature=player_embedded#!"><span style="font-style: normal;">una batalla infame</span></a><span style="font-style: normal;">, el Milan sobrevivió valiente y coronó la cima planetaria por vez primera en su historia. Fue con el entrenador mascullando en el banquillo (Rocco), diez atletas con la determinación febril e indomable de competir y un artista fabuloso (Rivera). El patrón de il Paròn y el espejo de un país.</span></em></p>
<p><em><span style="font-style: normal;">Hoy, más de 30 años después de su muerte, el campo de fútbol de Trieste lleva su nombre y eso lo hace doblemente eterno. Porque ya lo era. Gracias a él, toda Italia sabe cómo debe jugar Italia. Siempre</span>.</em></p>
<p><em><a href="http://twitter.com/eballester"><img class="centro_sinmarco" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/bt_eballester-300x51.jpg" alt="" width="300" height="51" /></a></em></p>
<p><em> </em></p>
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		<title>Barraqueros del Mundo. Hoy: Otto Rehhagel</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Oct 2010 23:31:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Ballester</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/10/1255036_FULL-LND-300x162.jpg" alt="" title="" width="300" height="162" class="derecha_sinmarco" />Una de las mayores fuentes de gozo de un <strong>barraquero</strong> radica en la posibilidad de aferrarse, de un modo legítimo, al papel de víctima. Sintiéndose débil sin objeciones, la precaución y el elogio defensivo es un camino a elegir sin rubor. Además, en estos casos, siempre queda a mano la réplica clásica: &#8220;Si tuviéramos a Xavi o a Iniesta jugaríamos de otra manera&#8230;&#8221; Y, bueno, aunque todo el mundo parezca estar de acuerdo, permítanme que mantenga la duda.</p>
<p>Sea como fuere, <strong>Otto Rehhagel</strong> no tenía en la Eurocopa de 2004 ni a Xavi, ni a Iniesta, ni a Zidane, ni a Cassano, ni a Figo. Tampoco los echó de menos. Quizá un poco, en un momento de debilidad, rozando las seis de la tarde del 16 de junio, cuando Raúl robó astuto un balón en el área y lo cedió de tacón a <a href="http://www.youtube.com/watch?v=gJ7-OKs8TIo">Morientes</a>, que batió a <strong>Nikopolidis</strong>. España caminaba confiada hacia la clasificación, con las caritas iluminadas al sol de la ilusión, hasta que a la <strong>Grecia</strong> imborrable del orden espartano, la guerra de guerrillas y el mazo a balón parado la rescató la zurda del único heleno capaz de saltarse el guión. La fábula del bloque sobre las estrellas fue posible, y no está de más recordarlo, por un arrebato de genio talentoso. <strong>Tsartas</strong> golpeó seco una pelota que planeó tensa con precisión cirujana, entre la formación de zagueros españoles, hasta plantar a <strong><a href="http://www.youtube.com/watch?v=IPwblKjm2lo&#038;feature=related">Charisteas</a></strong> frente a Casillas. Grecia empató, y custodió ese punto como el tesoro que realmente era. A la larga, ni más ni menos, un billete a la gloria.</p>
<p>El partido contra <strong>España</strong> fue el segundo de la fase de grupos. Antes, en el primero, Grecia anticipó el sorpresón que estaba por llegar (su triunfo llegó a pagarse en torno a 100 a 1 en las casas de apuestas) con un debut inesperado. En el estreno derrotó a <strong>Portugal</strong>, la anfitriona, aprovechando, tal y como ocurriría durante todo el torneo, la ansiedad ajena, el rol de favorito de unos rivales que no avistaban una amenaza real hasta que eran ya cadáveres.</p>
<p>En la tercera jornada, Grecia se tomó un respiro, y el fútbol no se lo quiso cobrar. Un gol más de <strong>Rusia</strong> (<a href="http://www.youtube.com/watch?v=Q7hy80kutAE">que le ganó 2-1</a>) hubiese supuesto la clasificación de España (que perdió 1-0 ante Portugal). Pero por el embudo, por la puerta de atrás, pasó Grecia a cuartos, sin querer llamar la atención, ni hacer más ruido del necesario.</p>
<p>Lo que vino a continuación es una de las mayores sorpresas de la historia del deporte mundial. Tres partidos con la portería inmaculada, solventados con tres cabezazos ganadores. Uno tras jugadón colectivo, golazo; y el resto en saques de esquina, uno gol de plata, en semis, y el otro en la final que cerró el círculo. Grecia se coronó en la Euro 2004 tras ganar a la hasta entonces vigente campeona (<a href="http://www.youtube.com/watch?v=mOEN3fF5WHc&#038;feature=related">Francia</a>), al equipo que mejor fútbol estaba realizando (<a href="http://www.youtube.com/watch?v=wKMI6alQ6EE&#038;feature=related">República Checa</a>), y a la anfitriona, otra vez, en un Maracanazo europeo (<a href="http://www.youtube.com/watch?v=i8-NBs-e4ak&#038;feature=related">Portugal</a>).</p>
<p>En aquella Grecia irrepetible, los nombres propios -<strong>Dellas</strong>, <strong>Seitaridis</strong>, <strong>Karagounis</strong>, <strong>Zagorakis</strong>, Charisteas- se difuminaban ante la figura del entrenador. Otto Rehhagel, &#8220;el niño de la Bundesliga&#8221;, culminó a nivel internacional, cuando ya era un &#8220;señor mayor&#8221;, su extensísima carrera previa en Alemania. Nadie, con más de un millar de presencias, ha participado en más partidos del campeonato alemán, en el césped o en el banquillo. Sin descanso, no le faltó trabajo durante 25 años, en los que logró 3 <strong>Bundesligas</strong> (Werder Bremen, 1988 y 1993; Kaiserslautern, 1998), 3 <strong>Copas</strong> (Fortuna Düsseldorf, 1980; Werder Bremen, 1991 y 1994), y una <strong>Recopa</strong> (Werder Bremen, 1992).</p>
<p>La &#8220;Ottocracia&#8221; funcionó en Grecia y la &#8220;ofensiva controlada&#8221; con la que define su táctica obró el portento. El éxito valió para alargar la presencia de Rehhagel en la selección helena hasta este mismo verano, cuando dimitió tras la eliminación del Mundial, todavía tratando de explicar que lo de 2004 fue un &#8220;<a href="http://www.youtube.com/watch?v=W4jB-hMZ9ZE&#038;feature=related">milagro</a>&#8220;, y la característica principal del <strong>milagro</strong> es que no ocurre muy a menudo. Así, a la euforia del título le siguió el lógico languidecer: pinchazo en el sendero de la Copa del Mundo de 2006, pobre actuación en 2008 y <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2010/06/08/grupo-b-grecia-anoranza-del-2004/"> final del ciclo en 2010</a>, con el logro de la primera y única victoria de Grecia en un Mundial. Poco resultado que ofrecer por parte de quien sólo vivió del resultado. Y es que, alcanzada una cima inverosímil, todo supo a decepción en el descenso.</p>
<p>En DDF: <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2010/06/12/ganar-por-ganar/">Ganar por ganar</a></p>
<p>foto: fifa.com</p>
<p><a href="http://twitter.com/eballester"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/bt_eballester-300x51.jpg" alt="" title="" width="300" height="51" class="centro_sinmarco" /></a></p>
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		<title>Barraqueros del mundo. Hoy: Trapattoni</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Oct 2010 18:50:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Ballester</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barraqueros del Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Calcio]]></category>
		<category><![CDATA[Personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Giovanni Trapattoni]]></category>

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		<description><![CDATA[Es algo que, posiblemente, sea inherente a la condición humana. Al miedo a perder responden los instintos buscando protección y, aferrándose a ese mismo pavor a la derrota, hay quienes han sembrado un gran prado de triunfos como negación del fracaso, esquivando las caídas en la paradoja. El deseo más importante no es el que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/10/was_ist_los-239x300.jpg" alt="" title="" width="239" height="300" class="derecha_sinmarco" />Es algo que, posiblemente, sea inherente a la condición humana. Al miedo a perder responden los instintos buscando protección y, aferrándose a ese mismo pavor a la derrota, hay quienes han sembrado un gran prado de triunfos como negación del fracaso, esquivando las caídas en la paradoja. El deseo más importante no es el que empuja a ganar sino a no perder y, partiendo de esa premisa, abundando en el sentido de supervivencia, de atrás hacia adelante (&#8220;una defensa de hierro&#8221;), se construyen los equipos de<strong> Giovanni Trapattoni</strong>, uno de los técnicos más laureados de la historia del fútbol mundial.</p>
<p><strong>Vestido de corto</strong>. Antes de convertirse mito en los banquillos, Trapattoni firmó una destacada trayectoria como zaguero central. Durante casi tres lustros defendió la elástica del <strong>Milan</strong>, con el que ganó dos Copas de Europa, dos Scudettos, una Coppa, una Recopa y una Intercontinental. En la ida del otro cetro mundial, que perdió, sufrió ante la habilidad de <strong>Pelé</strong>. El brasileño marcó los dos tantos del Santos, en Italia, antes de caer lesionado por una entrada de Trapattoni, que limitó territorio y dejó su sello. Pelé se perdió la vuelta, pero aún así el Santos se proclamó campeón en el desempate. En aquel Milan la estrella era Rivera pero<em> il Trap</em>, al igual que Cesare Maldini, era uno de los favoritos del entrenador, <strong>Nereo Rocco</strong>, considerado el introductor del catenaccio en el Calcio, y el inventor del juego &#8220;a la italiana&#8221;. Con maestros así, no sorprende que el discípulo heredase la fórmula (orden y trabajo, poderío físico y mental, prioridad defensiva y agonía competitiva), cimentando la tradición, y aumentando la leyenda.</p>
<p><strong>Los viejos y buenos tiempos</strong>. Trapattoni inició su carrera de entrenador en el Milan, pero fue en Turín donde logró sus mayores éxitos. La <strong>Juve</strong> triunfal de Platini fue también, y para algunos sobre todo, la Juve de Trapattoni. El técnico sumó y sumó títulos, destrozando registros. Las cuatro competiciones europeas (Copa de Europa, Recopa, Copa de la UEFA y Supercopa), seis Scudettos y dos Coppas, además del broche de la Intercontinental. El rey de las vitrinas, el ganador de hambre insaciable, abrazó las musas del resultado.</p>
<p><strong>El reto Inter</strong>. Con sobredosis de laurel (&#8220;ya no me quedaba nada por ganar&#8221;), Trapattoni dejó la Juve y se marchó a un <strong>Inter</strong> en crisis. Sólo había sido campeón dos veces en veinte años. Contra pronóstico, en la contundencia defensiva de Bergomi, el liderazgo de Matthäus y la puntería de Serena halló la virtud necesaria para conceder apenas dos derrotas en todo el torneo, e imponerse al incipiente Nápoles de Maradona y al fortísimo Milan de Sacchi. Trapattoni logró así su Scudetto menos esperado, y de algún modo, el más meritorio. Incluso, devolvió al Inter al escaparate internacional, consiguiendo la Copa de la UEFA, su primer título europeo desde la década de los sesenta.</p>
<p><strong>La selección y el reciclaje</strong>. Tras un doble paso por el Bayern de Munich, donde, cómo no, fue campeón, y <a href="http://www.youtube.com/watch?v=4p1RwOE0VTc">dejó constancia del carácter</a> que esconde bajo su impronta de caballero -siempre impecable en el vestir-, Trapattoni bajó un escalón, y dirigió a Cagliari y Fiorentina. Con el cambio de siglo, le llegó la gran oportunidad, al tomar el mando de la selección italiana, con la que sólo sufrió decepciones. La más dolorosa, fue <a href="http://www.youtube.com/watch?v=PcCU_0f7_10&#038;feature=related">la polémica </a>e injusta derrota en octavos ante Corea del Sur, anfitrión del Mundial de <strong>2002</strong>. Al desgaste de los focos internacionales, tocado desde que desoyó el clamor popular y no convocó a Roberto Baggio en Corea, y después del fiasco de la Euro 2004, le siguió un hábil reciclaje. Trapattoni hizo mundo y, en ocasiones, regresó a sentir la dicha de la victoria: en Portugal con el <strong>Benfica</strong> (1 Liga), en Alemania con el Stuttgart, en Austria con el Red Bull de <strong>Salzburgo</strong> (1 Bundesliga). En 2008 se presentó, con el gran desafío de devolver a su selección al Mundial, en <strong>Irlanda</strong>. Y el anciano <em>Trap</em> anduvo, en Francia, al borde de la machada, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=jxw1-Id91lQ">aquella noche revuelta de la mano</a> de <strong>Henry</strong>. En la actualidad, a sus 71 años de edad y mientras permanece en el cargo irlandés pese a las peticiones de retirada de su mujer, ha aceptado dirigir a la modesta selección de <strong>Ciudad del Vaticano</strong>. El estreno, frente a un combinado de la Guardia de Finanza, será el próximo 23 de octubre. Bien pensado, quién mejor que Trapattoni, el entrenador que esparcía agua bendita en los banquillos italianos, para mover la pizarra al antojo de <strong>Dios</strong>.</p>
<p>foto: trapattoni.de</p>
<p><a href="http://twitter.com/eballester"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/bt_eballester-300x51.jpg" alt="" title="" width="300" height="51" class="centro_sinmarco" /></a></p>
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		<title>Barraqueros del mundo. Hoy: Maguregui</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Oct 2010 14:23:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Ballester</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Historia]]></category>
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		<category><![CDATA[Racing de Santander]]></category>
		<category><![CDATA[José María Maguregui]]></category>

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		<description><![CDATA[Si empezamos la serie con el capricho local de Luiche, hoy la continuamos con el mayor icono del fútbol defensivo español. Cuando alguien dice &#8220;Maguregui&#8221;, el cerebro futbolero responde: &#8220;autobús&#8221;. No en vano, de su nombre deriva el término &#8220;amarrategui&#8221;, sinónimo de excesiva precaución y falta de atrevimiento. Repasamos, a base de distintos retales, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/10/n_atletico_de_madrid_los_entrenadores-62174-300x199.jpg" alt="" title="" width="300" height="199" class="derecha_sinmarco" /><em>Si empezamos la serie con el capricho local de <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2010/09/26/amarrateguis-del-mundo-hoy-luiche/">Luiche</a>, hoy la continuamos con el mayor icono del fútbol defensivo español. Cuando alguien dice &#8220;Maguregui&#8221;, el cerebro futbolero responde: &#8220;autobús&#8221;. No en vano, de su nombre deriva el término &#8220;amarrategui&#8221;, sinónimo de excesiva precaución y falta de atrevimiento. Repasamos, a base de distintos retales, la trayectoria de un mito de los banquillos. <strong>José María Maguregui</strong> (Miravalles, Vizcaya, 1934).</em></p>
<p><strong>Manguerazos y marcajes individuales</strong>. Imprescindible para comprender el fútbol patrio de los años setenta y ochenta, Maguregui se manejaba con tanta personalidad en la pizarra como en el circo que la rodea. Uno de sus recursos favoritos, especialmente cuando dirigía al Racing de Santander, era echar mano de la manguera. No había llovido en Cantabria en toda la semana pero, por arte de magia, El Sardinero era un barrizal a los cinco minutos de juego. Menguando la capacidad técnica del rival, los equipos de Maguregui podían explotar su principal virtud: el poderío físico. Para completar el plan, era habitual el marcaje individual sobre la estrella creativa del adversario. Y en ocasiones, la marca personalizada se extendía por todo el campo. Sin rubor, y sin complejos.</p>
<p><strong>Atlético fugaz.</strong> Jesús Gil era un tipo con las ideas claras. Un año fichó a <strong>Menotti</strong>: idealista, bohemio, atacante. Al siguiente, después de llegar a la conclusión de que el argentino era un vago, contrató al más currante de los currantes. Gil, en un tumbo de leyenda, firmó a Maguregui: práctico, familiar, barraquero. Eso sí, ninguno de los dos, ni poesía ni prosa, terminó la temporada. En la presentación de la plantilla, el entrenador vasco anunció su lema: &#8220;Quiero orden, lucha y preparación física. Con estas normas podemos llegar muy lejos&#8221;. Y, bueno, Magu, eliminado de la UEFA, detuvo su viaje en el <strong>Atlético de Madrid</strong> en la quinta jornada de Liga. No es de extrañar que las dobles sesiones de pretemporada, tremendas palizas físicas según las crónicas de la época, acentuaran las tiranteces con <strong>Futre</strong>, la estrella rojiblanca, hasta provocar la dimisión del técnico, el eslabón más débil del engranaje típico de la maquinaria del club presidido por Jesús Gil.</p>
<p><strong>Especialista en ascensos</strong>. Fue en el fútbol modesto donde pobló de veras la vitrina y donde labró su reputación. Maguregui es ídolo en Santander. Logró dos ascensos a Primera con el <strong>Racing</strong> (1972-73 y 1974-75), éxito que repitió después en el <strong>Celta de Vigo</strong> (1977-78) y <strong>Almería</strong> (1978-79). Especial mérito tuvo éste último. El equipo andaluz, recién ascendido de Segunda B, no perdió un solo partido en casa, y pisó por vez primera la máxima categoría.</p>
<p><strong>El lío Espanyol</strong>. Como ya vimos en el Atlético de Madrid, Maguregui sufrió en plazas mayores, donde parecía superado por un foco mediático más intenso. En la otra ciudad más importante del país, en Barcelona, dirigió al <strong>Espanyol</strong>, en dos temporadas plagadas de polémicas. <strong>Canito</strong>, uno de los más queridos por la afición perica, declaró públicamente que el entrenador se limitaba a ordenarles que pegasen patadas. Canito fue despedido a final de curso y, a su regreso a Sarrià con el Betis, salió victorioso a hombros de sus incondicionales. En el vestuario, Maguregui se enfrentó con la sección andaluza, a cuyos miembros llamaba aceituneros, Padilla le llamó jeta y a <strong>Lauridsen</strong>, que al llegar había mostrado su gusto por el fútbol de toque y espectáculo, se lo dejó bien claro: &#8220;durante noventa minutos hará usted lo que yo le mande y, al final del partido, si quiere espectáculo, se va al centro del campo y se baja los pantalones&#8221;. En fin, alguien debería haber chivado al danés la frase favorita de su nuevo jefe: &#8220;Quien no corra tiene menos porvenir que un espía sordo&#8221;.</p>
<p><strong>Un pasado glorioso.</strong> Pero antes de sentarse en el banquillo, Maguregui fue futbolista. En concreto, centrocampista. Fue siete veces internacional y desarrolló la mejor parte de su carrera en el Athletic de Bilbao, durante la segunda mitad de la década de los cincuenta. En palabras de Alfredo Relaño, la sociedad que formaba con <strong>Mauri</strong> en la medular era &#8220;el toque mágico&#8221; de un <strong>Athletic</strong> que ganó una Liga y tres Copas. Una de ellas, en Chamartín, culminando la remontada vasca al cabecear con acierto una falta que botó Gaínza. Para marcar el gol más importante de su vida, Maguregui saltó y cayó sobre el césped, todavía húmedo por la tormenta estival que azotó Madrid en la previa. Quizá, en el fondo, todo se limite a la nostalgia, y sea aquel recuerdo feliz lo que justifique el posterior amor por la manguera.</p>
<p>Fuentes: Hemerotecas El País, ABC, Ideal, El Correo. Miathletic.com<br />
Foto: colchonero.com</p>
<p><a href="http://twitter.com/eballester"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/bt_eballester-300x51.jpg" alt="" title="" width="300" height="51" class="centro_sinmarco" /></a></p>
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		<title>Amarrateguis del mundo. Hoy: Luiche</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Sep 2010 19:26:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Enrique Ballester</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barraqueros del Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[La Liga]]></category>
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		<category><![CDATA[Segunda]]></category>
		<category><![CDATA[CD-Castellón]]></category>
		<category><![CDATA[Luiche]]></category>

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		<description><![CDATA[Arrancamos una nueva serie en Diarios de Fútbol. Algo contracorriente, todavía presente el triunfo en el Mundial de la Selección Española enarbolando las banderas del toque, la posesión y la calidad técnica, rescataremos aquí a varios entrenadores que se caracterizan, o se han caracterizado, por todo lo contrario. Poco a poco, presentaremos a los Amarrateguis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/18860699-300x224.jpg" alt="" title="" width="300" height="224" class="izquierda_sinmarco" /><br />
<em>Arrancamos una nueva serie en Diarios de Fútbol. Algo contracorriente, todavía presente el triunfo en el Mundial de la Selección Española enarbolando las banderas del toque, la posesión y la calidad técnica, rescataremos aquí a varios entrenadores que se caracterizan, o se han caracterizado, por todo lo contrario. Poco a poco, presentaremos a los Amarrateguis del mundo, los entrenadores más defensivos de la historia del fútbol.</em></p>
<p>Y empezamos, a modo de introducción, con uno semidesconocido. Pido comprensión, para mí, con Luis García &#8220;Luiche&#8221; comenzó todo. Porque andábamos revoltosos en el inicio del curso 89-90 en mi colegio. Y no sólo porque pasábamos a la parte de los &#8220;mayores&#8221;, al empezar 1º de EGB, sino porque el Castellón había subido a Primera, y se estrenaba, nada más y nada menos, que contra el Real Madrid de la Quinta del Buitre, que esa misma temporada lograría el récord de goles de la Liga. Pero en aquella tarde en Castalia de fútbol con mi padre, el resultado, contra pronóstico y <strong>Luiche</strong> mediante, pese a un susto inicial en forma de remate de Hugo Sánchez al larguero, fue de <strong>empate a cero</strong>.</p>
<p>El empate a cero es el súmmum para los Amarrateguis. Luiche, en ello, para lograr el ascenso anterior, había rizado el rizo. A falta de tres jornadas, necesitaba dos puntos para subir. Los sumó, claro, pero de uno en uno. Empate a cero en casa con el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=6PmuDSVAwpw&#038;feature=player_embedded">Mallorca</a>, y empate a cero fuera, en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=q8r-j6bNXlI&#038;feature=player_embedded">El Plantío de Burgos</a>. ¿Para qué más?</p>
<p>El Castellón aquel del ascenso era un equipo plagado de canteranos, disciplinado, que contaba con dos hombres que marcaron las diferencias. Uno en el centro del campo, el foco de la creación, Jordi Vinyals; y otro en la punta del ataque, el pichichi Pepe Mel. En torno a ellos se logró un éxito cimentado en un resultado peculiar. Los albinegros ganaron un total de 13 partidos por 1-0 (o 0-1). ¿Para qué más?</p>
<p>Ese Castellón era el Castellón de Luiche. Alguien en el colegio se inventó que era ciego y, como en el cromo del álbum salía con gafas de sol, nos lo creímos durante un tiempo. Un entrenador ciego, que subía a Primera y empataba con el Madrid&#8230; Ídolo, claro. Luiche era un tipo peculiar que vivió intensamente su fugaz paso por la élite. En los entrenamientos hacía hincapié en el calentamiento, remarcando la importancia de ganar &#8220;elastidad&#8221; y &#8220;flexidad&#8221;. Y en los partidos, sus tácticas en la pizarra eran simples pero efectivas. En la sencillez radicaba la belleza. En el vestuario, se conocía su ideario como <strong>La Triple V</strong>. A saber: &#8220;valor, voluntad y vuevos&#8221;.</p>
<p>En referencia a Luiche se acuñó en Castalia un término que todavía perdura. Era un entrenador &#8220;barraquero&#8221;. La barraca es un tipo de construcción tradicional de los agricultores valencianos, y &#8220;montar la barraca&#8221; equivaldría a &#8220;poner el autobús&#8221;. Desde entonces, cada vez que en Castellón un entrenador realiza un cambio defensivo, alguien alza la voz al grito de &#8220;barraquero&#8221;. </p>
<p>En la senda de Luiche (al que la última vez que lo vi realizaba informes de ojeo para el Elche) surgieron varios discípulos. El fútbol regional valenciano es un vivero de barraqueros. Algo que ver tendrá <strong>Carlos Simón</strong>, &#8220;El Geni de Enguera&#8221;, amarrategui de manual y profesor en el Colegio de Entrenadores. <strong>César Ferrando</strong>, que estuvo a punto de subir al Gandía a 2ª con la fórmula barraca + lanzador de pelotas paradas (Jordi Frigola) + cabeceador (Marcos Estruch), llegó hasta el Atlético de Madrid. Otro destacable es <strong>Toni Aparicio</strong>, entrenador del Ontinyent, amante de hacer el campo pequeño, del fútbol chusco y (suponemos) de la Triple V. Esta misma semana, sin ir más lejos, definió su credo en una sola acción. <a href="http://www.segre.com/detall-de-la-noticia/article/el-lleida-presenta-recurs-a-les-expulsions-de-rayo-i-jerson/">Según cuenta Pau</a>, jugador de un Lleida al que expulsaron a no sé cuántos el miércoles en El Clariano, Aparicio tiene una lengua viperina: &#8220;Le dije que así jugarían el play-off y él insultó a mi madre gravemente&#8221;.</p>
<p>foto: todocoleccion.net</p>
<p><a href="http://twitter.com/eballester"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/09/bt_eballester-300x51.jpg" alt="" title="" width="300" height="51" class="centro_sinmarco" /></a></p>
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