Hay pocas cosas más tontas que fallar un penalti. No se lleven a engaño. En un deporte donde se han marcado goles de chilena, desde el mediocampo, de falta directa a treinta metros y por la escuadra, para jugadores que han logrado anotar con el pecho, de rabona, en semicaída, con escorzos imposibles; eso de alojar la pelota desde los once metros sin más obstáculo que un minúsculo portero bajo no debería suponer ningún esfuerzo. Sin embargo sólo hay que echar un vistazo a nuestra historia futbolística para ver el disparate en forma de lanzamiento blando, artificio cómico, panenkada, ensayo rugbítico, que da por finalizada la esperanza. Olvídense de los méritos del portero, no aplaudan sus estiradas, si un guardameta para el balón es porque el lanzador lo ha hecho rematadamente mal. El penalti vulgariza a los grandes jugadores. Hasta los mejores aflojan los calzones cuando, en medio de la nada, el portero fija la mirada en el balón y reta al lanzador. Yo creo que los penaltis deberían desaparecer de este deporte, el motivo es obvio y no tiene nada que ver con la injusticia, la pena máxima -como su propio nombre indica- es un lance demasiado fácil para el juego.
Anales del Fútbol Moderno
Anales del Fútbol Moderno: el penalti |
nov
25 |
Anales del Fútbol Moderno: La Canción del Verano |
jun
15 |
Llega el calor, amiguitos, y con él las chicas en bikini, las horchatas, las líquidas, las vacaciones y, para compensar, los rumores de fichajes y las canciones del verano. En éstas, permiso para un (breve) homenaje. A 1996, a aquel Liverpool de Fowler y McManaman que se quedó a medias, y a aquel Middlesbrough de un Juninho que también fue menos de lo que pudo ser. O de lo que pareció poder ser. Pero aquella tarde de agosto, en el estreno de la nueva temporada, el protagonista fue otro. Fue el debut de Ravanelli, que clavó tres goles en tres zurdazos para el recuerdo. El primero, en un penalti imparable; el segundo, lanzándose con todo al balón que cortaba el área; y el tercero, en un latigazo cruzado, mordido y letal. No ganó, 3-3, pero el impacto fue tremendo. La afición local, por eso de que para los guiris italianos y españoles somos más o menos lo mismo, no tardó en construir un cántico delicioso: “We’ve got a player he’s called Ravanelli, Scored three goals first time he was on the telly, After each goal he showed us his belly, Whoaaah Ravanelli !!”. Todo, claro, con el ritmo y la melodía de la Macarena, ese éxito increíble de Los del Río. Porque, sí, amiguitos, el calor, las vacaciones, las chicas en bikini y, en 1996, aquella fue la canción del verano.
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Secciones: Anales del Fútbol Moderno, Humor, Premier League |
Anales del fútbol moderno: la justicia poética |
abr
06 |
Terry es poesía. Una poesía bukowskiana, carveriana, wolfeana. Sucia, de excesos y escarceos, de pringue en las paredes, de camellos, infidelidades, peleas a la salida del pub. Esas cosas que llamaron realismo sucio, la lírica de la cotidianidad. En sus botas se resume el brillo de las grandes ocasiones y el barro de las derrotas. Es un defensa ganador, malencarado, de los que todos queremos tener en nuestro equipo. El Chelsea llegó alto bajo su capitanía, pero el santo John tuvo que vivir en su pellejo uno de los episodios más dramáticos de la historia blue.
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Secciones: Anales del Fútbol Moderno, Liga de Campeones, Vídeos |
Anales del fútbol moderno: el fair play |
abr
04 |
Creo que una de las virtudes del fútbol es su facilidad para el engaño. Su reglamento es flexible, el campo es amplio, los jugadores son numerosos y la sensación de impunidad es bien alta. Es cierto que esos infinitos ojos de vidrio que ahora rodean el césped como notarios mudos que todo lo apuntan han quitado mucha espontaneidad a un deporte que siempre ha vivido con un pie en el honor y otro en la marrullería. Y celebro que así sea, y quizá por eso nos guste tanto.
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Secciones: Anales del Fútbol Moderno, Barcelona |
Anales del fútbol moderno: el capitán |
mar
24 |
Es un ser despreciable. Todo el mundo comparte esa afirmación. Un canalla, un pendenciero, un hijo de puta, vaya, para qué andarnos con eufemismos. Pero es ‘nuestro hijo de puta’. Es ese tío que está dispuesto a partirse la cara por defender la causa, nuestra causa. Un fulano al que poco le importan las consecuencias personales, porque él mira por el colectivo. Siempre. Cuida cada detalle. Que nadie se meta con los nuestros, porque como él se entere la arrancará la cabeza y le dejará bien claro con quién puede y con quién no puede meterse. Es la guerra sobre el césped llevada casi al extremo. Lo que alguien acertaba a definir, en esencia, como una suerte de moderna guerra de tribus.
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Secciones: Anales del Fútbol Moderno, Historia, Personajes, Premier League |
Anales del Fútbol Moderno: el milagro |
nov
05 |
Una vez más, constatas que la vida es una mierda. Que el fútbol es un entretenimiento estúpido, una idiotez. ¿Qué tiene de divertido llevarte un disgusto porque once malcriados no sean capaces de hacer lo que tú harías sobre esa alfombra verde? Bah… no me vuelvo llevar un berrinche, te dices, no me vuelvo a emocionar por tonterías como ésta… Pero, de repente, cuando en tu cabeza ya no hay lugar para la esperanza, cuando todo ha vuelto al monótono gris del día a día, cuando terminas de jurarte a ti mismo, poniendo al Altisimo como testigo, que nunca más volverás a pasar hambre, una trayectoria dichosa del balón, un cúmulo de circunstancias beneficiosas, un “yo pasaba por aquí y me encontré con todo esto” hace que la escena cambie radicalmente.
Milagros en el fútbol moderno ha habido muchos De todos los colores, formas y sabores. Goles agónicos que valieron títulos, remontadas in extremis o golpes de fortuna que voltearon una situación comprometida casi cuando ya nadie miraba hacia el césped. Al fin y al cabo, ¿qué sería de nuestro deporte favorito sin esa dosis de incertidumbre?
Anales del Fútbol Moderno: El entrenador |
mar
25 |
Pesan las piernas. La moral está desparramada por el cesped. Todavía no se había filmado Gladiator, el manual de arengas de vestuario era un territorio prácticamente virgen. Coldplay aún eran un grupo de adolescentes escuchando a Enya a escondidas. Los psicólogos no terminaban de hacer su trabajo. Benito Floro necesitaba levantar el ánimo, hacer que las cosas volvieran a su cauce, arrancarle algo de vísceras a ese grupo fofo que se dejaba maniatar por los campos de España, y que esa tarde sucumbía ante un Lleida peleón. Detrás de sus gafas de nerd, de sus modales suaves, se encerraba un sargento al que no le gustaba lo que estaba viendo. Ese Alfonso, ese Míchel, ese Prosinecki, circunspectos, escuchando esas bravatas, esos incendios verbales, esa claridad expositiva. Dónde están los cojones, dónde está el equipo… se preguntaba el técnico en el frio vestuario. ¿Cómo se ganan los partidos? Benito tenía entonces la respuesta: con el pito.
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Secciones: Anales del Fútbol Moderno, Humor, Real Madrid |
Anales del Fútbol Moderno: La Prensa Deportiva |
mar
12 |
La prensa deportiva, el poder mediático, tertulias deportivas donde sólo se grita, donde tener razón es lo menos importante. Portadas que pretenden desestabilizar un club, campañas siniestras, conspiraciones, ego desenfrenado, acusaciones larvadas, videomontajes. El periodismo deportivo en España no es sano, es demasiado importante, está ahí arriba en algún lugar como un Gran Hermano que nos vigila, que nos tiene ojeriza, que pretende administrar las cosas con arreglo a sus espúrios fines, con arreglo a una moral carcomida por el poder. Y digo yo, rompamos los grilletes, prescindamos de todos ellos, no volvamos a bajar al quiosco, apartemos sus pasquines de la barra cuando tomamos el café, apaguemos las radios, quememos la TDT… recuperemos Goles son Amores, recuperemos la lentejuela, las mamachicho, la canción ligera, el vaquero ceñido, la música enlatada, este folkie tan nuestro. Al fin y al cabo, si esto es sólo un deporte, why so serious?
Anales del Fútbol Moderno: El presidente |
mar
05 |
Alguien tiene que dirigir el cotarro. Los clubes no andan solos. El presidente es la figura para todo, quien sabe si hasta para opinar sobre quien juega y quien no, como si el fútbol fuera una partida de pro de carne y hueso. Dirigir un club debe ser complicado. Ver perder a tu equipo, confiar en jugadores que después se borran, aguantar las increpaciones de los aficionados. Hay presidentes mendrugos y presidentes excelsos. Hay presidentes bocazas y presidentes anacoretas. En cualquier caso, qué sería de los empresarios sin el fútbol, y qué sería del fútbol sin los presidentes. Caneda, Gil, y un señor con gafas. Malos ingredientes para un cocktail histórico.
Anales del Fútbol Moderno: La presentación |
feb
26 |
Cristiano no fue el primer jugador en ser presentado masivamente en un estadio. Vieja práctica esta de la puesta de largo. Una grada de incondicionales aplaudiendo las pataditas del nuevo jugador, sus controles con el morrillo, y esos besos al escudo tan vitoreados entre los parroquianos. En la imaginación está la posibilidad de que ese nuevo jugador se convierta en esperanza, en futuro, que toque el balón en los partidos con la gracia que lo hace en la presentación. Que su aparición pública de la mano del presidente de turno sea la antesala de una carrera memorable con la nueva elástica. No fue así para el Pato Sosa, la cosa no pudo empezar peor.
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