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	<title>Diarios de Futbol &#187; Dadan Narval</title>
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	<description>&#34;Los delanteros ganan partidos. Las defensas ganan campeonatos&#34; (John Gregory)</description>
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		<title>Joachim Schimd &#8220;O Campo&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Feb 2012 05:40:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diarios de Futbol]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2012/02/js-o-campo05.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2012/02/js-o-campo05-300x235.jpg" alt="" title="js-o-campo05" width="500" height="392" class="centro_sinmarco"/></a></p>
<p>En el momento en que comienzo a escribir este texto (o en el que tú comienzas a leerlo, da igual) se están disputando miles de partidos de fútbol a lo largo y ancho del mundo. Mujeres, hombres, niños y niñas, ancianos (también algún perro) de los cinco continentes corren ahora mismo detrás de miles de balones (de cuero, plástico, tela) u objetos que ansían y simulan serlo (bolas de cinta aislante, latas de refresco, pelotas de papel). De todos esos partidos, solamente un porcentaje marginal cumplirá unos mínimos normativos. La gran mayoría, por ejemplo, obviará la regla del fuera de juego (los linieres son un lujo accesorio) o carecerá de árbitro (¿quién quiere ser trencilla en una pachanga de amigos?). Pocos serán entre dos equipos de once jugadores y menos aún se disputarán sobre un campo de fútbol como tal, sino en parques, descampados, playas, salones de apartamentos, lugares en los que el terreno nunca será diáfano sino que estará repleto de obstáculos que salvar… o utilizar para nuestra ventaja (una farola puede devolvernos una preciosa pared). Una gran parte de esos miles de partidos de fútbol no contará con dos porterías (con una sola se puede jugar perfectamente) y otra gran parte no contará, de hecho, con ninguna, sino con jerséis en el suelo, árboles a modo de postes, bancos de plazas haciendo de improvisadas metas. Por cada larguero real, hay cientos imaginados; por cada balón que golpea en la madera, hay decenas de discusiones de jugadores sobre si la pelota entró o no en una portería imaginada, invisible, pero previamente consensuada. </p>
<p>Por supuesto, la práctica totalidad de los encuentros que ahora se disputan se juegan sin áreas pintadas (aunque sí proyectadas desde puntos acordados), sin círculo central, sin líneas de fondo o laterales que separen lo que ahí acontece del resto del mundo. En esos partidos no hay línea que separe fútbol y vida. </p>
<p>Y esa es, precisamente, la grandeza de este juego: la manera en que está unido a las personas, más allá de las posibilidades materiales. Es algo casi natural: lancemos una pelota a un grupo de niños y ahí surge un partido espontáneamente, en el que reglamento, porterías y campo de juego serán consensuados en función de las posibilidades del lugar y a medida que se juegue. Y eso es bueno. Para jugar a este deporte no sé si universal, pero sí universalizable, no es necesario en absoluto no ya cumplir con el total de las normas que definen un partido profesional, sino con una mínima parte de ellas. Porque, aún no siendo entre dos equipos de once jugadores, careciendo de porterías, de árbitros, de balón reglamentario, de un conjunto de reglas definido… ¿son esos partidos que hemos evocado acaso otra cosa que verdadero fútbol?</p>
<p>Todo esto está recogido magistralmente en la serie “O Campo”, del artista alemán Joachim Schmid (Balingen, 1955). “O Campo” se compone de una veintena de fotografías realizadas vía satélite con Google Earth de sendos campos de fútbol brasileños, con la particularidad de que ninguno de ellos cumple con unos mínimos en lo que a su diseño se refiere. Al contrario, ya sea por la irregularidad del terreno sobre el que están construidos o por las constricciones urbanísticas del lugar en el que se ubican, los campos de fútbol retratados en “O Campo” fuerzan sus formas y violentan sus dimensiones hasta mostrarse como grotescas imperfecciones derivadas del intento de acercarse a la platónica forma ideal del campo de fútbol reglamentado. En ese sentido, si los juzgamos desde ese ideal, en los campos retratados por Schmid no vemos sino desproporción y fealdad, y por ello el espectador incauto pensará que en la obra de Schmid es una crítica al urbanismo improvisado de los suburbios de las ciudades contemporáneas, que impiden el necesario desarrollo del ocio en la pulcritud de un espacio pensado y construido para el mismo. Pero acertará solo en parte, si no es capaz de ver cómo Schmid realiza al mismo tiempo (y fundamentalmente) una celebración del juego de fútbol en su vertiente más espontánea, un canto a la grandeza de una práctica deportiva que es capaz de amoldarse –como un resistente organismo- a las condiciones a priori más desfavorables para su desarrollo (los campos de Schmid poseen, en este sentido, la misma belleza que la hierba que emerge en las grietas del asfalto). Precisamente, ese fútbol espontáneo, natural, de supervivencia, que Schmid reivindica es para muchos el verdadero fútbol, mucho más que el practicado bajo los focos por las grandes estrellas. En sus propias palabras: ¿quién ha dicho que para jugar a fútbol los porteros de ambos equipos han de poder verse desde sus respectivas porterías?  </p>
<p>Joachim Schmid ha trabajado habitualmente con archivos fotográficos y de hecho es uno de los pioneros en ese campo de trabajo (sus primeros trabajos en este sentido datan de finales de los 70). En un movimiento lógico, actualmente Internet es un lugar habitual del que se nutre de material de trabajo. En ese sentido, no es la primera vez que usa Google Earth para el desarrollo de una serie. Tampoco “O Campo” es su primer trabajo que gira en torno al fútbol. En 2002 creó una serie de esquemas que resumían a través de un código de colores diferentes partidos de la Bundesliga alemana y, al año siguiente, realizó un conjunto de dibujos que en los que trazó sobre el papel la trayectoria que el balón había seguido durante los noventa minutos de varios partidos, resultando unas composiciones cercanas visualmente a una celosía irregular, una suerte de rejillas más espesas por el centro del papel (que correspondería al centro del campo) que por los extremos (las áreas). Sin embargo, desde nuestro punto de vista “O Campo” es la serie de temática futbolística que mejor encaja con el resto de los trabajos de Schmid, además de la que más contribuye a la comprensión del fenómeno social que el fútbol es en la actualidad. En lo referente a la primera aseveración, “O Campo” casa perfectamente en el proyecto de investigación sobre la cultura visual popular y el modo en que la sociedad (y los individuos que la componen) se expresa a través de la misma que toda la trayectoria de Joachim Schmid supone. En primer lugar, por el uso que el artista hace de una herramienta al alcance de todos como es el Google Earth, pero también porque las imágenes se presentan sin modificación ninguna, como una suerte de ready mades virtuales. En esta estrategia creativa, Schmid huye de la mirada privilegiada del artista para ubicarse como un espectador más, ofreciendo imágenes que encajan en la imaginería popular contemporánea, de la que la perspectiva ofrecida por Google Earth se ha erigido en los últimos años como una parte fundamental. ¿Qué aficionado no ha visitado a través de esta herramienta su propio estadio o el campo de su barrio en el que juega cada semana? En este sentido de uso popular de la herramienta, el artista reconoce su encuentro casual con la idea de “O Campo” aún cuando la serie se desarrolla en terrenos que no le son ajenos. Fue preparando un viaje a Brasil. Mientras echaba un vistazo a los lugares que recorrería en el mismo, se encontró con el primero de los campos retratados. Ese campo dio lugar a la idea de la serie, que provocó posteriormente una búsqueda activa por su parte, no solo por Brasil, sino por otras partes del mundo. El resultado fue que este tipo de terrenos de juego de extrañas formas eran más habituales en el país sudamericano. Las razones que el propio Schmid esboza son la poca resolución de Google Earth en África (continente donde seguro podríamos encontrar más campos de este estilo) y la propia relación del deporte rey con Brasil, donde la pasión por el juego vence a cualquier barrera.  </p>
<p>En este sentido, nos encontramos con una paradoja apuntada en “O Campo”: los mejores jugadores del mundo se forman en terrenos como los retratados en estas fotografías.  Aunque, bien pensado, igual no lo es tanto. Quizá el talento crece en terrenos irregulares porque cuanto más cercano es un campo a la perfección reglamentada transmite una mayor imagen de trascendencia (profesionalismo, gravedad, tragedia) y cuanto más imperfectas son sus formas, se revela como un espacio de ocio (diversión, felicidad, recreo).  Conviene señalar que en fútbol, como en cualquier otro ámbito creativo, solo se alcanzan cotas cercanas a la perfección cuando se siente cierta felicidad (si no una felicidad cierta) en lo que se hace. O citando el poema de Kirmen Uribe sobre el Athletic Club, cuando tras cada partido, sea cual sea el resultado, se regresa a casa “como cuando éramos niños / con las chamarras colgando de nuestras cabezas / y el balón en las manos”. </p>
<p>[Texto del catálogo "Joachim Schmid, O Campo" sita en la Sala BBK de Bilbao, hasta el 29 de febrero]</p>
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		<title>Sobre la tragedia en Egipto</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 16:28:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Otras Ligas]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2012/02/Imagen1.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2012/02/Imagen1.jpg" alt="" title="Imagen1" width="598" height="330" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>“Siempre hemos estado con vosotros cuando nos habéis necesitado. Ahora que os necesitábamos nosotros, no os hemos encontrado”. Con esta pancarta los hinchas de <strong>Al Ahly</strong> egipcio recibieron a sus jugadores tras el primer partido de fútbol que su equipo jugó tras el derrocamiento de Hosni Mubarak. La frase revelaba una herida abierta entre la afición más fiel y el equipo más importante no solo de Egipto, sino probablemente de toda África. ¿Qué había sucedido? Que mientras los hinchas del Al Ahly se manifestaron como tales desde el comienzo de las revueltas de la <strong>Plaza Tahrir de El Cairo</strong> y lucharon con sus camisetas rojas por el derrocamiento del dictador (“afrontando las balas de goma, los potentísimos gases lacrimógenos e incluso el fuego real con la tranquilidad de quienes llevan años haciéndolo” <a href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/Egipto/desangra/futbol/elpepudep/20120202elpepidep_6/Tes">explica Enric González en El País</a>), los jugadores del equipo no aparecieron públicamente durante las dos semanas en las que una mezcla indescriptible de incertidumbre y esperanza que emanaba desde esa plaza se hizo con el país y, me atrevo a afirmar, con todo el mundo.   </p>
<p>Hay que tener en cuenta que la herida tenía su sentido. <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2007/04/24/al-ahly-el-equipo-del-pueblo/">El Al Ahly es conocido como “equipo del pueblo”</a>. La gran mayoría de la población (fundamentalmente las clases más desfavorecidas) se sienten representadas en su camiseta roja y la significación del club y su carga simbólica explotan, precisamente, esa unión con el pueblo. ¿Cómo era entonces, que ahora que el pueblo les necesitaba, los jugadores desaparecieran? </p>
<p>Se podrá argumentar que los actores del fútbol no deben tomar partido en asuntos políticos. Pero el argumento falla en la medida en que lo acontecido el pasado año en Egipto empapó a absolutamente todos los estamentos sociales. Incluido, por supuesto, el fútbol. Sí se manifestó, así, pero en sentido contrario, el entonces seleccionador nacional egipcio <strong>Hassan Shehata</strong>, quien apareció en primera fila de las movilizaciones pro-Mubarak que intentaban demostrar lo indemostrable: que el pueblo estaba con el dictador. Tras la caída del opresor, ese explícito apoyo, junto a los malos resultados recientes de “Los Faraones” le costó el puesto. Tras su cese, su destino no podía ser otro: el <strong>Zamalek</strong> le acogió como el héroe que para el equipo de los ricos de El Cairo siempre ha sido. </p>
<p>Desde el derrocamiento de Mubarak la tensión en el fútbol egipcio se ha disparado. Siempre ha existido la tensión entre Zamalek-Al Ahly, que se podía traducir perfectamente en una dicotomía dirigentes-oprimidos, y así se extendía a otros campos en una traducción de la brecha que separaba a todo el país: los (pocos, aún poderosos) que apoyaban la salvaje dictadura y los (muchos, aún por diversas razones) que ayudaron a terminar con la misma. </p>
<p>La tragedia de ayer, por lo que nos informan, no fue sino precisamente una consecuencia de la actual fractura social que vive Egipto, llevada a un estadio de fútbol (donde esa tensión siempre ha estado latente). Todo parece indicar que los hinchas del <strong>Al-Masry</strong>, equipo tradicionalmente cercano al régimen de Mubarak, organizaron una encerrona contra los jugadores y seguidores del Al-Ahly, en una manera particular de vengarse contra los acontecimientos que hace un año terminaron con el dictador al que ellos sí apoyaban. El resultado es la tragedia humana que conmueve hoy al mundo entero y ante la que poco podemos decir.     </p>
<p>Sí afirmaremos, no obstante, que realizar una lectura del hecho en clave profiláctica, afirmando la necesidad de separar fútbol y política, es caer en un error recurrente. El fútbol (en particular el estadio del Al Ahly) fue durante los últimos años de la dictadura uno de los pocos espacios en los que la población egipcia podría expresarse con relativa libertad. Es precisamente la represión de la libertad la que provoca estos actos, y no el hecho de que unos hinchas u otros demuestren una determinada identidad (también política) en sus cánticos, pancartas y lemas. </p>
<p>Así quienes hoy aprovechando la sensibilidad ante las imágenes que las televisiones nos ofrecen afirman que no es bueno mezclar fútbol y política, les queremos responder solamente que lo que no es bueno son las dictaduras y los posos de odio, miedo y violencia que dejan tras de sí. </p>
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		<title>Sócrates y el fútbol como relato</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Dec 2011 17:18:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>

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		<description><![CDATA[La lógica imponía que fuera en un domingo y así fue, finalmente. El domingo se nos fue Sócrates y una enorme pena se hizo con muchos de nosotros. A mí me afectó especialmente. Es normal, en alguien a quién le apasionan por igual fútbol y filosofía, y que cree que ambas disciplinas pueden (y quizá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/12/socrates1.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/12/socrates1-300x152.jpg" alt="" title="socrates1" width="500" height="250" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>La lógica imponía que fuera en un domingo y así fue, finalmente. El domingo se nos fue Sócrates y una enorme pena se hizo con muchos de nosotros. A mí me afectó especialmente. Es normal, en alguien a quién le apasionan por igual fútbol y filosofía, y que cree que ambas disciplinas pueden (y quizá deben) ayudar a la mejora social. Pero, fundamentalmente, me dolió por una cuestión más íntima. Sócrates es uno de los jugadores que conocí gracias a los relatos de mi padre. </p>
<p>A los más jóvenes quizá os cueste comprenderlo, pero las generaciones que crecimos antes de la actual época de la sobreinformación conocimos el mundo (y el fútbol es parte del mundo) de una manera muy distinta a como hoy se hace. No existía Internet, la televisión satélite estaba aún por inventar, apenas teníamos dos (luego cinco) canales de televisión, los viajes al extranjero tenían precios prohibitivos y las revistas (a parte de caras) eran lo que eran. En ese contexto, la información descansaba sobre el relato. </p>
<p>Expliquémoslo con un ejemplo, un país, no sé… Bulgaria. ¿Qué era Bulgaria para un niño de los ochenta? Apenas una entrada en la enciclopedia (información caduca que para cuando la consultabas quizá nada tenía que ver ya con la realidad), un dibujo coloreado de azul en el mapamundi, unas líneas en los libros de texto, tres o cuatro minutos, con suerte, de vez en cuando en el Telediario. Pero un día conocías a alguien que había estado allí (o tenía un primo que había estado allí) y entonces escuchabas lo que de ese país él te narraba con la atención de quien está descubriendo un mundo nuevo. Por supuesto, te señalaba más los contrastes que las coincidencias (el relato tiene su propia lógica) y exageraba algo las anécdotas. Tú apuntabas mentalmente cada frase (volverías a ellas después), engarzando lo aprendido con lo que ya sabías, ensamblando esa nueva información con los apuntes sueltos recabados en los libros y la televisión y de esa mezcolanza surgía un mosaico que pretendía ser el retrato de ese país. ¿Era un retrato fiel? Probablemente no… pero tenía una ventaja: lo habías hecho tú. No era una foto, no era una instantánea, que te dan para que la observes, sino un dibujo en el que habías recorrido personalmente cada línea, cada trazo. Lo que así aprendías, no lo olvidabas fácilmente, porque pasaba a formar parte de ti. </p>
<p>Con el fútbol sucedía lo mismo. Hoy podemos consultar en segundos la plantilla actualizada al instante de cualquier equipo del mundo, ver fotos y videos de cualquier jugador en cuestión, repasar la historia de un club, su palmarés, sus fichajes de los últimos años. Hoy llegamos a la Copa Toyota (o como se llame) con decenas de analistas explicándonos en nuestro idioma la alineación titular y modo de juego no ya del Liga de Quito… ¡sino hasta del Mazembe! Hoy afrontamos un Mundial con toneladas de información e imágenes de cada uno de sus jugadores. </p>
<p>A veces no nos damos cuenta de lo que esto supone. Hace no mucho releíamos una y otra vez las plantillas de los equipos extranjeros a principios de temporada (solo los grandes ingleses, italianos, alemanes y con suerte franceses, el resto del mundo no existía) que  Don Balón a veces incluía (para ver cómo había cambiado una plantilla de una temporada a otra debías compulsar dos revistas distanciadas un año). De los jugadores más importantes del mundo apenas teníamos unas cuantas fotos que amarilleaban poco a poco, luciendo grapadas en las paredes de nuestros cuartos. ¿Videos? Con suerte habíamos conseguido grabar uno o dos partidos en nuestro viejo Betas o VHS, que desgastábamos de tanto verlos una y otra vez. Si no, nos conformábamos con Estudio Estadio y con imágenes sueltas que de vez en cuando la televisión nos concedía. Llegábamos al Mundial desconociendo todo de casi todas las selecciones participantes. Incluso en Brasil, Alemania o Argentina había jugadores de los que oíamos por primera vez su nombre al leerlo en la convocatoria final. ¡Qué decir de esos equipos del este de los que desconocíamos absolutamente todo!</p>
<p>El mundo del fútbol era un lugar construido a base de retazos, de trozos de información. </p>
<p>Pero a todo esto hay que sumarle lo fundamental, lo más importante, eso que unía una foto, un gol visto en televisión, las frases sueltas de las revistas y lo dotaban de sentido…. Hablo de los relatos que nos regalaban nuestros padres, nuestros compañeros de equipo y escuela, nuestros profesores, las narraciones mágicas, fantásticas, maravillosas, de quien había-visto-una-vez, de quien recordaba, de quién había atendido a su vez a otro relato verídico. </p>
<p>El fútbol entonces se contaba, más de lo que se veía. Y aquí recupero a Sócrates. El otro día me hice esta pregunta: ¿cuántas veces he visto jugar a Sócrates? Pocas, apenas cuatro o cinco, que no recuerdo en directo, sino que fueron tiempo, mucho tiempo después de su retirada, cuando mis ojos ya observaban a ese altísimo jugador de barba con absoluta admiración. En propiedad, le vi jugar cuando ya era mi ídolo. Entonces, ¿cómo llegué a ese estado de idolatría? A través de mi padre. </p>
<p>A mi padre nunca le gustó demasiado el fútbol. De hecho, sigue sin gustarle. A mí sin embargo me apasionaba hasta la obsesión. Me fastidiaba que esa pasión no fuera compartida. Y por eso, cada vez que le oía mostrar su admiración por uno u otro jugador, yo me convertía de inmediato. Me decía: “joder, si a aita, que no le gusta el fútbol le gusta tanto este jugador es que debe ser bueno, muy, muy bueno” y desde ese día estaba atentísimo a cualquier texto, imagen, retazo de información de ese jugador. Me pasó con Miguel Sola (mi gran ídolo de aquel Athletic de principios de los ochenta). Me pasó con Jean Tigana (mi padre nos llevó a ver el Francia-Inglaterra del 82 en San Mamés y durante el viaje nos habló de los jugadores bleus, subrayando que el mejor, sin duda era Tigana). Y me pasó, sobre todo, con Sócrates.</p>
<p>Antes de que mi padre me hablara de él, algo ya sabía. Había visto algunas imágenes sueltas en televisión y había leído (mil veces) la entrada que la Enciclopedia del Fútbol que me regalaron (en realidad, un libro medio publicitario de Phillips adaptado por Josep Casanovas de uno preexistente en Alemania). Pero hasta que mi padre no me sentó a su lado en el sofá y me dijo que me fijara bien en el barbudo, que era el mejor jugador del mundo, mucho mejor incluso que Maradona o su compañero de selección Zico, no se gestó en mí la leyenda. Hasta que no aconteció ese momento de intimidad, Sócrates no devino lo que luego fue. Recuerdo intermitentemente las exclamaciones de admiración de mi padre, y cómo yo le observaba alucinado. No sé ni qué partido fue. No tengo ni idea, y él tampoco lo recuerda. Pero desde ese momento, Sócrates fue tan grande que no habría para él elogio suficiente. </p>
<p>Ay, la memoria. Os cuento que hace poco vi de nuevo las imágenes de Sócrates marcando en un entrenamiento un gol de penalti lanzado de tacón. ¡Qué decepción! Yo las recordaba en partido oficial, las había convertido en partido oficial. Tantas veces habíamos narrado mis amigos y yo aquellas imágenes que crecieron independientemente en nosotros hasta convertirse en algo distinto, mucho más grande, mucho más mágico. </p>
<p>Pero es que antes era así. Conversábamos en el patio y de pronto un amigo nombraba un jugador desconocido, no sé… ¡Giresse!, y todos escuchábamos boquiabiertos sus descripciones, otorgándole el crédito que tiene el viajero que ha estado en un lugar para ti desconocido. Luego tú (después de ver a penas unos minutos, con suerte, o sin ver nada, qué más da) repetías la operación, con otros amigos, y nombrabas a Giresse y repetías lo que tu amigo, que tú convertías en voz autorizada, había relatado previamente. A veces, incluso lo exagerabas un poco. Y Giresse, tan bajito, iba creciendo y creciendo, hasta convertirse en mucho más que un jugador de fútbol, hasta convertirse en un mito.</p>
<p>No quiero pecar de nostálgico. Creo que lo que hoy tenemos es mejor que lo de entonces. La información en nuestra mano no puede ser mala. Pero cómo vivíamos el fútbol en aquellos años… eso también era maravilloso. Quizá una comparación ilustre mis sentimientos al respecto. El pasado que he intentado describir es como el primer amor. Has vuelto a él tantas veces en tu memoria que has terminado por convertir un beso probablemente tímido y torpe, adolescente, en un final de película de Hollywood. Sabes que sin duda lo que hoy tienes es mejor y que si ese primer amor es bello es porque quedó atrás, que hoy sería distinto. Sin embargo, qué fácil es relatar ese primer amor y qué difícil es narrar tu felicidad actual. </p>
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		<title>El juicio del público</title>
		<link>http://www.diariosdefutbol.com/2011/11/30/el-juicio-del-publico/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 23:13:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Debates]]></category>

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		<description><![CDATA[Jean Tarrou no existió. Y, sin embargo, cambió mi vida. Me pasa desde pequeño. No puedo evitar sentir una cercanía especial con la gente que es juzgada, con las personas que por una razón u otra –un error, un delito- se ven sometidas a un pleito público. Sean o no culpables, una parte de mí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="500" height="369" src="http://www.youtube.com/embed/hCL2Ym4rb84" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p><strong>Jean Tarrou </strong>no existió. Y, sin embargo, cambió mi vida. </p>
<p>Me pasa desde pequeño. No puedo evitar sentir una cercanía especial con la gente que es juzgada, con las personas que por una razón u otra –un error, un delito- se ven sometidas a un pleito público. Sean o no culpables, una parte de mí se pone en su lugar, me fuerza a intentar comprender el dolor de sentirse solo ante la mirada inflexiblemente acusadora de los demás. </p>
<p>No conozco la razón de esta tendencia mía. Sospecho sin embargo que, como en tantas otras cosas, en ella mucho tiene que ver el fútbol. La mayoría de mis recuerdos como jugador prematuramente retirado son dolorosos. Uno de los más intensamente desagradables es el del murmullo de los otros padres de compañeros de equipo cuando el balón llegaba a mis pies, sus comentarios que se clavaban en mí como flechas envenenadas, sus lamentos por mi falta de capacidades. Nunca olvidaré su crueldad, el hecho de que de alguna manera convirtieran mi mayor pasión en un continuo juicio. Llegó un punto en que cada vez que un balón se acercaba a mí, no sentía más que miradas en mi nuca: la del entrenador (que exigía ganar, ganar, ganar), la de mis compañeros (los mejores sobre el verde siempre fueron los que peor se comportaban fuera), la de sus padres, a veces la del mío (a quien quería demostrar algo que él no me pedía)… en una palabra: el público. </p>
<p>El reverso de este sentimiento de empatía con quien es juzgado es la repugnancia insoportable que se hace conmigo cuando compruebo con qué facilidad la gente exige justicia en forma de cabezas ajenas, el amargor y desazón que siento, la pérdida de la fe en el hombre que me aborda cada vez que atiendo a la sed de sangre de mis semejantes. La imagen más inmunda es la de la turba enfurecida que ajusticia al ladrón, al asesino, al violador. Pero hasta llegara a ella hay toda una gama de grises: esos que defienden la pena de muerte, el grupo de personas anónimas intentando agredir al reo en la puerta del juzgado, el fiscal exigiendo que no haya piedad.</p>
<p>Dentro de esa escala de grises, en la parte más baja, probablemente sin peso real, pero sí con un importante (para mí) calado social, está el público de fútbol. Lo reconozco en voz alta: en lo que a la grada respecta, cada vez soporto menos en lo que estamos convirtiendo este espectáculo. No hablo del insulto, de la agresión verbal. Eso no tiene justificación. Hablo de la crueldad y la falta de comprensión con la que tratamos a los actores de este magnífico deporte que es el fútbol, el juicio inmediato y sin posibilidad de réplica al que son sometidos los jugadores, árbitros, entrenadores, cada día, cada domingo. </p>
<p>Alguien justificará que va con el sueldo… pero no habrá comprendido el matiz. Yo no digo que no puedas hacerlo, que no puedas acudir al campo y grites a tu jugador que no sabe jugar, que es malo, que lo mandabas a la obra. Haz lo que te dé la gana. Lo que digo es que es una manifestación de una parte de nuestra manera de ser que me repugna: la incapacidad empática para ponerse en el lugar del otro. Y digo que en ese lugar (la grada), cada vez es más común, cada vez está más asumido, que el juicio insensible, fulminante, es la forma de relación jugador-espectador. </p>
<p>Yo no lo creo. </p>
<p>Hace años publiqué un texto aquí que se titulaba “<a href="http://www.diariosdefutbol.com/2007/02/06/la-presion-la-mirada-del-otro/">La presión, la mirada del otro</a>” que ilustraba con el video que también encabeza este artículo. En el mismo argumentaba, de la mano del filósofo <strong>Emmanuel Lévinas</strong>, que una parte de nuestro yo se construye a partir de la imagen que la mirada del otro proyecta sobre mí, que los demás son el espejo en el que compruebo mi identidad y que en fútbol esto se agudiza al máximo. Ir ahora a un estadio y pensar en el lateral izquierdo que recorre la banda entre el juicio de dos mil personas que están esperando un mínimo error para grabárselo a fuego, para tatuárselo de tal manera que nunca lo olvide. </p>
<p>Como Titi Camara en el video, cada día son más los futbolistas, árbitros, entrenadores que sucumben a la presión del público. Después, nos echamos las manos a la cabeza y lloramos los peores casos hasta que un nuevo balón se escapa de las manos a un portero, un árbitro pita otro penalti inexistente, un mister, con su mejor intención, alinea a un mediocampista de delantero (como si los jugadores nacieran con una etiqueta que les impidiera jugar en otro puesto).</p>
<p>Decía que Jean Tarrou me había cambiado la vida. Es un personaje de “La Peste”, de Albert Camus. Su historia, desvelada al final del libro (y que no voy a contar aquí), su relación con su padre, el origen de su silencio y de su modo de ver el mundo, iluminó mi manera de entender el hecho del juicio humano cuando recae sobre otros semejantes.   </p>
<p>Termino con una sospecha: creo que demasiadas veces se ha interpretado desde el punto de vista positivo la famosa sentencia de Albert Camus “Todo lo que sé acerca de la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”. No tengo muy claro que ese “todo lo que sé” se refiera a algo positivo, cuando quizá sea todo lo contrario. No en vano, suya también es esta otra sentencia: “La única manera de equivocarse es hacer sufrir”.</p>
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		<title>El tiempo</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Nov 2011 17:12:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Piénsalo bien: el tiempo no existe. Decimos que han pasado unos minutos, unas horas, un día, un año, pero en realidad son meras convenciones. Hay movimiento, hay acontecimientos, pero no hay tiempo como tal. Un segundero es una aguja que se mueve, nada más. No indica nada ajeno a sí mismo. Eso lo ponemos nosotros. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/bibao-97-home-boys1.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/bibao-97-home-boys1-300x243.jpg" alt="" title="bibao-97-home-boys" width="300" height="243" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>Piénsalo bien: el tiempo no existe. Decimos que han pasado unos minutos, unas horas, un día, un año, pero en realidad son meras convenciones. Hay movimiento, hay acontecimientos, pero no hay tiempo como tal. Un segundero es una aguja que se mueve, nada más. No indica nada ajeno a sí mismo. Eso lo ponemos nosotros. </p>
<p>Hay cambios, eso es innegable. El sol surca el firmamento a un mismo ritmo (el reloj original), las estaciones son más o menos recurrentes. Nuestro cuerpo, nuestro rostro, lo que nos rodea, sufre mutaciones. ¿Es eso tiempo? Sí, pero no. En punidad, son acontecimientos. </p>
<p>¿Y el tiempo futbolístico? ¿Existe? El reloj serían las jornadas, los campeonatos de invierno, los <em>Boxing Days</em>, las temporadas&#8230; convenciones, al fin y al cabo. </p>
<p>¿Y los acontecimientos? Ah, eso es otra cosa. Lo que <em>realmente</em> ocurre, el movimiento: los cambios en la plantilla, ese jugador adorado que ahora viste de rival, el presidente al que nadie echará de menos, la reforma en el estadio que hace que parezca otro, el descenso que impide el derby esta temporada, el título que alzamos al cielo&#8230; y algo que motiva este post: un cambio estético paulatino, a veces casi imperceptible, pero imparable que hace que un día mires atrás y te sorprendas, pues pareces otro.</p>
<p>Nos pasa a nosotros: ¿qué hay en común en el rostro de ese que fui hace veinte años y quien soy ahora? A veces, casi nada, a penas una sombra o un brillo en la mirada. ¿En qué punto dejé de ser ese que fui, en qué momento exacto se borró la última huella de aquel rostro?</p>
<p>Y con nuestros equipos pasa lo mismo. Echa un vistazo a las equipaciones de los últimos quince años del club de tus amores . Te sorprenderás como con tus fotos antiguas. ¿Realmente vestimos así toda una temporada? ¿Cómo sucumbimos a la moda pasajera de los colores fosforitos, de las formas imposibles? ¿Esos fuimos nosotros? ¿Qué tiene que ver la zamarra del 99 con la de hoy? </p>
<p>Las camisetas, moda futbolera, quedan así ancladas en torno a unos acontecimientos, formando algo que llamamos tiempo humano. <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/spanish-clubs/athletic-bilbao/1997-98-athletic-bilbao-centenary-home-shirt-l-43638.html">Ésta por ejemplo</a>, la veo y recuerdo perfectamente el momento en que mi amigo Jokin (que ya no está) la lució por primera vez, orgulloso ante todos nosotros, que la acariciábamos fascinados con las yemas de los dedos pulgar e índice como antiguamente se hacía con las telas de oriente. O esta otra, ajena a nosotros pero que a todos nos evoca <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/new-products/1986-denmark-away-shirt-l.html">nombres de dioses que derrotamos en una madrugada mágica</a> tantos años atrás. Y qué decir de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/spanish-clubs/barcelona/1997-98-barcelona-home-shirt-xl-63550.html">ésta, tan fea y que sin embargo ha quedado unida por aquel jugador increíble que hizo levantarse del asiento a todo un país<br />
</a> practicando un slalom entre jugadores como si el mismísimo Alberto Tomba condujera un balón.<br />
Porque las camisetas viejas de fútbol son a nuestros equipos -y a nuestros recuerdos futboleros- lo que los pantalones de campana al album familiar. Un elemento que observamos mitad fascinados mitad sorprendidos, que nos hace darnos cuenta cuánto hemos cambiado y evocar lo que fuimos con un poso de nostalgia y cierta tristeza. ¿Paso del tiempo? Ya hemos dicho que en realidad el tiempo es una convención, aunque&#8230; ¿qué asunto humano no lo es?</p>
<p><em>De la mano de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/"><strong>Classic Football Shirts</strong></a> , la tienda especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente, desde los uniformes con los que se ha construído la historia del deporte rey.</em></p>
<p><em>Puedes comprar estas camisetas y cientos más en <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/">Classic Football Shirts</a>.</em></p>
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		<title>La Play</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Nov 2011 17:47:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diarios de Futbol]]></category>

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		<description><![CDATA[Un martes de noviembre. Por la mañana he conseguido romper la pereza y madrugar para ponerme a escribir. A las ocho y media ya estaba tomando café frente al ordenador. He terminado un artículo que tenía apalabrado con la revista de música con la que colaboro habitualmente. Después, he trabajado un rato en la novela. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/pro-evolution-soccer-2011-messi-gameplay-4.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/pro-evolution-soccer-2011-messi-gameplay-4-300x168.jpg" alt="" title="pro-evolution-soccer-2011-messi-gameplay-4" width="300" height="168" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>Un martes de noviembre. Por la mañana he conseguido romper la pereza y madrugar para ponerme a escribir. A las ocho y media ya estaba tomando café frente al ordenador. He terminado un artículo que tenía apalabrado con la revista de música con la que colaboro habitualmente. Después, he trabajado un rato en la novela. Siempre la novela. ¿La terminaré algún día?</p>
<p>A las doce y media, cansado de escribir, me he duchado y vestido. Después, he ido al mercado a hacer algo de compra. Hacía buen tiempo, cosa rara en Bilbao. De vuelta al piso, he leído durante un rato (Bashevis Singer) y he cocinado. Últimamente me relaja cocinar. Jamás pensé que la cocina podría ser agradable. Ha llegado Naia (así se llama ella) y hemos comido viendo la televisión.</p>
<p>Después ha marchado a la oficina. Aún nos besamos apasionadamente en cada despedida, y eso me hace feliz. Llevo con ella tres años, el último conviviendo. Cuando la puerta del ascensor la oculta corriendo su telón metálico pienso que le quiero. </p>
<p>Recojo la mesa y friego rápido. Odio fregar. Cuido de no dejar restos en el estropajo, que sé que le molesta. Convivir es hacer propias las manías del otro, me digo, y pienso que es una pena tener las manos mojadas, porque debería apuntar esa frase. </p>
<p>Por la tarde escribo un rato más, pero las palabras no fluyen. Recuerdo que cuando era más joven solo escribía de noche, rodeado de cigarrillos, chimeneas de mi pequeña factoría de letras. Sin embargo ahora solo soy capaz de hacer avanzar los textos por la mañana, en pijama. </p>
<p>Hastiado, llamo a Javi y quedamos para tomar un café en el Lamiak. Siempre nos vemos en la misma mesa del segundo piso Es una costumbre idiota, pero que nos gusta mantener. Me cuenta que está feliz porque por fin tiene fecha para exponer sus últimos trabajos. Hablamos de arte, de literatura, de música, de la vida y de la muerte. Juntos visitamos después un par de exposiciones. </p>
<p>Dejo a Javi y marcho corriendo a una entrevista de trabajo -¡nadie vive de escribir!- de la que no me llamarán, pero a la que debo acudir si quiero que el INEM, de tanto en cuanto, siga ofreciéndome algo. </p>
<p>Ya son las ocho y media de la tarde. Naia no llegará dentro de una hora, ha quedado para tomar algo con una amiga tras el trabajo. Estoy cansado, mentalmente cansado, y no me apetece escribir. Hago un zapping de inercias entre cadena y cadena. Aburrido, decido jugar un rato a la Play Station, por supuesto al juego de fútbol.</p>
<p>Mientras carga, pienso que voy a jugar a que fichaba por el Fulham. Me imagino a mí mismo en una rueda de prensa en Londres. “No puedo prometer goles”, diría, “Sólo entusiasmo y esfuerzo”. El juego ha cargado. Tengo un jugador creado a mi imagen y semejanza –idealizada imagen y semejanza, por supuesto-. Entro en el editor y lo saco del Werder Bremen para trasladarlo a Londres. Empiezo una liga y el sorteo depara un primer partido de altura Arsena-Fulham. Me imagino el ambiente previo al mismo. El Arsenal sabe que no lo tendrá fácil, pero el Fulham promete guerra. En un derby, además, nunca se sabe lo que puede pasar. </p>
<p>Los jugadores virtuales saltan al campo. Entre ellos, ese que soy yo. Forman frente a los fotógrafos. Los flashes son relámpagos de popularidad. En la pantalla aparece la alineación con la que el modesto equipo de Craven Cottage se enfrentará su todopoderoso vecino. En la punta de ataque el nuevo delantero español llegado del Werder Bremen, con el número 17 a la espalda, formará junto Bobby Zamora y Moussa Dembélé. ¡Martin Jol sale al Emirates con tres puntas!  </p>
<p>Comienza el partido. Últimamente no juego mucho, y he perdido práctica. Sin embargo, mi Fulham consigue resistir las embestidas de los gunners. El primer tiempo termina con empate a cero. Comienza el segundo al tiempo que oigo la puerta de entrada. Saludo a Naia desde el sillón y le digo que espere un momento, que ahora apago la Play. Se sienta a mi lado. En la pantalla, Dickson Etuhu da un preciso pase en profundidad a Dempsey, que ha caído en desmarque a la banda izquierda. El estadounidense sienta a su defensor con un espléndido regate y cuelga un hermoso balón al pico del área. Desde allí, el número 17 del Fulham empalma el balón con su pierna diestra y éste entra por la escuadra de la portería de Szczęsny, quien no puede hacer nada para impedir el gol. El Emirates, silenciado, atiende al júbilo de los hinchas cottagers. Los jugadores se abrazan. Cuando la melé se abre, el delantero emerge. La cámara se detiene en él en primer plano, Sonríe feliz. Entonces, en la parte baja de la pantalla aparece un rótulo que lo identifica como autor del 0-1:</p>
<p><strong>     Number 17: NARVAL</strong></p>
<p>-	¡Si eres tú! –ríe Naia, señalando la televisión- ¿Pero cómo puedes ser tan infantil? –me dice, y me besa la frente antes de salir del salón.</p>
<p>Yo apago la Play, no sin antes terminar el partido y salvar la temporada (en el sentido informático del término) y de pronto, me invade una profunda sensación de vergüenza. Me ruborizo. No puedo evitarlo, me siento como si me hubiera pillado masturbándome. </p>
<p>Cenamos juntos y hablamos de cómo nos ha ido la tarde. Le digo que he estado con Javi y que he acudido a la entrevista de trabajo, pero que no tengo mucha ge. Ella me cuenta que a la oficina hoy han ido unos tipos de lo más raro, pidiendo un presupuesto para una obra millonaria. Reflexiona en alto sobre lo engañoso de las apariencias, ya que aquellos tenían pinta de no tener un chavo y resulta que estaban forrados. Mientras habla, intento imaginar qué pensara ella de mí cuando me ve jugando a ser lo que no seré ya nunca, seguir recreando un sueño de infancia. Y de nuevo me siento profundamente mal. </p>
<p>¿Por qué sentimos vergüenza de nuestras fantasías? ¿Por qué nos sentimos tan indefensos cuando revelamos involuntariamente nuestros sueños? ¿Por qué residen en lo más íntimo de nosotros?</p>
<p>Y en lo relativo a Naia, a mí, a nosotros. ¿Cuándo dejaré de ser un niño? ¿Se puede ser un padre de familia y seguir jugando a aquello que te apasionaba cuando tenías diez años?</p>
<p>Ella duerme. Le abrazo con fuerza, huelo su pelo, recuerdo cuando nos conocimos. Otra vez me digo que la quiero. Pero esta vez con un pensamiento inédito: quizá si la amo tanto es también porque ella sonríe ante el niño que sigo siendo. Quizá no deba avergonzarme. A ella no le importa. Nunca se burlará de mis sueños, aunque sean infantiles, aunque estén caducos y jamás se cumplan, aunque no casen con qué soy de cara terceros, aunque los recree a veces a través de una máquina.</p>
<p>Duermo.   </p>
<p>Sueño.</p>
<p>Sueño que el Fulham llama a mi puerta. </p>
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		<title>El traje de Zubi</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Nov 2011 17:27:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Athletic]]></category>
		<category><![CDATA[Cultural]]></category>
		<category><![CDATA[andoni zubizarreta]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy la UEFA rinde homenaje a los internacionales españoles con más de cien entorchados en su palmarés. El que más internacionalidades tiene en este momento es Andoni Zubizarreta, uno de mis mayores ídolos de infancia. Este texto pretende ser un pequeño homenaje personal a lo que para muchos de nosotros él encarnó en nuestra infancia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/zubi.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/zubi-214x300.jpg" alt="" title="zubi" width="214" height="300" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p><em>Hoy <a href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/exclusivos/Roja/elpepidep/20111110elpepidep_1/Tes">la UEFA rinde homenaje a los internacionales españoles con más de cien entorchados en su palmarés</a>. El que más internacionalidades tiene en este momento es <strong>Andoni Zubizarreta</strong>, uno de mis mayores ídolos de infancia. Este texto pretende ser un pequeño homenaje personal a lo que para muchos de nosotros él encarnó en nuestra infancia. </em></p>
<p><strong>1.</strong></p>
<p>El día de mi comunión recibí el mejor regalo que podía imaginar. No era, como es de suponer, entrar en la Iglesia Católica, ni recibir el cuerpo de Cristo, ni ser ya parte oficial de los millones de cristianos de todo el mundo, ni nada por estilo. No. Era algo mucho más importante, aún terrenal, que todo eso: el traje de Zubi.</p>
<p>Sería difícil explicar la absoluta y total felicidad que me dominó cuando lo tuve por primera vez en mis manos. Quizá si tú y yo fuéramos aún niños podríamos reconstruirla. Hazte cargo: tenía la equipación completa de Andoni Zubizarreta, aquella preciosa camiseta con parte superior y las mangas negras, una banda horizontal verde y el escudo del Athletic bordado en el pecho. Además, la zamarra tenía coderas y los pantalones protecciones almohadilladas en los laterales, con lo que podría lanzarme al suelo sin miedo a magullarme. Acompañando al traje, además, me regalaron unos fantásticos guantes de portero, unas botas de tacos de plástico, medias rojiblancas, y todo un tesoro: un balón Tango de cuero, como con el que jugaba el Athletic en San Mamés. </p>
<p>Como la felicidad no puede ser completa, no me dejaron aquella tarde, muy a pesar de mi insistencia, quitarme el disfraz de comunión para enfundarme en el  traje de Zubi y jugar al fútbol con mis primos y amigos. Peor para ellos, me dije, y decidí hacer de portero del Athletic vestido de primera comunión. De ese modo, la víctima colateral de la decisión paterna resultó ser el inmaculado traje con el que me recibió la Iglesia, pues mi mente era capaz de trascender ese nimio detalle debajo de la portería, y aquella ropa que debió haber sido usada muchos domingos posteriores (por suerte no me disfrazaron de marinerito) terminó ese mismo día en la basura, llena de verdín y barro y con las rodillas coronadas por agujeros. </p>
<p>El día siguiente, sin embargo, amaneció soleado y ya no había Conferencia Episcopal posible que me impidiera el pagano rito de vestirme con las ropas de mi ídolo. Abrí la ventana, sonreí como nunca antes, lancé el pijama a la otra parte del cuarto y desayuné con prisas y corriendo ya vestido como todo un portero del Athletic. </p>
<p>Bajé a la calle, pues, disfrazado de Zubizarreta de la cabeza a los pies. Era una caricatura en miniatura del mejor portero del mundo –tesis que defendía, si era necesario, a puñetazos ante quien se me pusiera delante-, pero una caricatura feliz al fin y al cabo. En el descampado que estaba detrás del edificio en el que entonces vivíamos, lugar habitual de las reuniones del grupo, me encontré con mis amigos: Roberto, Miguel, Patrik y Juan. Me recibieron con aplausos y vítores, llenos de envidia sana. Durante un rato les hice una especie de pase de modelos, para que pudieran admirar como se debía aquel tesoro que llevaba encima. </p>
<p>Después, organizamos unos “corners”. Tras unas cuantas salidas de puños fantásticas que fueron respondidas con aplausos por parte del imaginado público de San Mamés que habitaba en mi cabeza, les pedí a mis amigos que me echaran unos penaltis. Era momento de demostrar mi valía en la situación más límite a la que se enfrenta todo portero.</p>
<p>En esas estábamos cuando apareció en el descampado un chaval mayor. No sé que edad tendría. Acaso catorce o quince años, pero a mis ojos se antojaba un gigante. Nos miró y comenzó a reírse de mí. ¡Ese Zubi!, me gritó. Después dijo que con lo enano que era no le paraba ni una y me retó a que le detuviera un penalti. Sin duda cualquier otro día me habría negado, dominado por el miedo a recibir un balonazo, pero hacerlo en ese momento me pareció un insulto al traje que vestía. Como un superhéroe al que la fuerza le viene dada por su capa, fue mi traje el que decidió aceptar el reto que aquel gigante me lanzaba. </p>
<p>El mayor se dispuso a lanzar el penalti. Mientras cogía carrerilla, yo, encorvado y con las manos en las rodillas –postura que emulé de Zubi, por supuesto-, me imaginaba en el minuto final de un partido decisivo cuyo resultado dependía de aquella jugada. Real Madrid-Athletic, me decía. Final de Copa. Dos a uno para los madrileños. El árbitro ha pitado un penalti inexistente y ahora todo depende del joven Dadan Narval. Miles de personas aguantan la respiración, se muerden las uñas, cierran los puños a la espera del desenlace del penalti. Entre ellos, Andoni Zubizarreta, quien hace unos días afirmó a la prensa que se reconoce en ese joven y talentoso portero.</p>
<p>Mientras soñaba todo eso, en el mundo real el enorme gigantón comenzó a correr hacia el balón. Me infundé de valor. Lo paro, me repetía mil veces, lo paro, lo paro… Y lo paré. El quinceañero le dio al balón con la puntera de su bota y éste fue directo hacia mi cara. Por suerte, mi traje me dio unos reflejos que hasta entonces nunca tuve y pude poner las manos de barrera entre el cuero y mi rostro. Mal hecho. El balón me torció la mano derecha de tal modo que me rompió la muñeca. No fue gol, no, pero yo lloraba, tirado en el suelo, como si lo hubiera sido, como si hubiéramos perdido la final de Copa ante el Real Madrid en el último minuto y de penalti que injusto. </p>
<p>Subí a casa bañado en lágrimas, con el balón agresor debajo del brazo sano. Mis padres me llevaron a urgencias. En la sala del hospital la gente me miraba, y yo me sentía ridículo: vestido del enorme Zubizarreta, pero intentando contener el llanto de un niño de nueve años. El médico, intentando ser amable, hizo un par de bromas a cuenta de mi traje que hicieron que me sintiera mucho peor. Después dijo que tenía un esguince de muñeca y añadió que no era “nada grave”, lo cual me calmó, pero por otra parte hizo que me sintiera todavía peor, pues mis lágrimas quedaban fuera de lugar ante la poca gravedad del asunto, se revelaban propias de un niñato que no sabía aguantar el dolor.</p>
<p>Cuando volvíamos hacia casa, mi padre me dijo que todo futbolista sufría tarde o temprano alguna lesión y que era de campeones saber superarlas. Yo casi no le escuchaba. Con la mano enyesada, miraba por la ventanilla del coche el paisaje que recorríamos y pensaba, abatido, que había hecho el más terrible de los ridículos, que no estaba a la altura del traje que me habían regalado y que, además, nunca lo estaría. Me decía a mí mismo que era blando. Me recordaba que me daba miedo el balón, y que nadie que tuviera miedo al balón podía ser nunca un buen futbolista. Lloraba por fuera, y me desgarraba por dentro. </p>
<p>Recuerdo el momento exacto en el que, ya en casa, me quité el traje con la intención de no ponérmelo nunca más. Fue un gesto triste, porque equivalía a renunciar a un sueño, quizá el mayor de ellos en ese momento, nada menos que ser de mayor como Andoni Zubizarreta. Así, un anhelo murió, para no volver a nacer, en el mismo instante en que se cerró la puerta del armario donde dejé, a una mano, y para siempre, el traje de Zubi. </p>
<p><strong>2. </strong><br />
Muchos años después de que todo esto sucediera, conocí en persona al co-protagonista involuntario de aquel sueño. Con motivo de la edición del libro <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2008/02/09/culturas-del-futbol/">“Cultura(s) del fútbol”</a>, del que hice de editor, pude estrechar esas manos que un día fueron ejemplo para las mías. Recuerdo que llegué a nuestro primer encuentro nerviosísimo, tanto como no lo había estado en exámenes o citas de corte más erótico-festivo. Comprendedme: no siempre se puede compartir café con un ídolo de infancia. Lo que me encontré, sin embargo, me reconcilió con el mundo: Zubizarreta resultó ser un tipo extraordinariamente afable, dispuesto a hablar durante horas de fútbol, literatura, pero también de la vida y del sueño de ser futbolista. </p>
<p>Después de aquellos primeros encuentros, llegó la confirmación de su profundidad humana en forma de texto. El artículo que Zubizarreta presentó para el libro es de corte autobiográfico y se abre con él, de niño, jugando entre charcos a fútbol, soñando con que de mayor sería Iribar. Para mí fue una alegría comprobar que en el fondo, Zubi y yo compartíamos la misma experiencia en la niñez. Él anhelaba ser Iribar y en cierto sentido lo consiguió. Yo soñaba ser él y terminé llorando y con una mano rota. Pero los dos compartimos el mismo origen, aún cuando nuestros destinos fueron muy distintos. Y leer aquello –y sentirme parte de alguna manera de ese texto- fue para mí algo muy importante, pues sentía que de alguna manera se cerraba un círculo abierto muchos años atrás, el día después de mi primera comunión. </p>
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		<title>Dónde estás, a dónde vas, de dónde vienes</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 16:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Athletic]]></category>
		<category><![CDATA[Cultural]]></category>

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		<description><![CDATA[Un buen amigo, corredor de maratones, suele decir que la reina de las carreras es como la vida, porque en los 42.195 metros que separan salida y llegada recorres todo el espectro posible de emociones. Dice que por momentos estás eufórico, mientras que en otros crees que llegar al final será imposible; afirma que hay [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/koi.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/11/koi-300x186.jpg" alt="" title="koi" width="300" height="186" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>Un buen amigo, corredor de maratones, suele decir que la reina de las carreras es como la vida, porque en los 42.195 metros que separan salida y llegada recorres todo el espectro posible de emociones. Dice que por momentos estás eufórico, mientras que en otros crees que llegar al final será imposible; afirma que hay trechos que recorres sin esfuerzo, como un coche que baja una pendiente, pero que en ocasiones cada paso te cuesta un esfuerzo sobrehumano, límite; nos jura, a quienes no somos capaces de correr cien metros sin detenernos dos o tres veces, que todo lo que va desde la felicidad plena hasta la más absoluta de las desolaciones  (y viceversa) cabe perfectamente en cuarenta y dos kilómetros y pico. </p>
<p>Cada vez que habla de su afición, nos lega otra comparación existencial que quiero compartir con vosotros: el maratón es como la vida, porque para recorrerlo no debes pensar demasiado en por qué lo estás corriendo y debes concentrarte en el siguiente paso, en el siguiente tramo, para llegar al final. </p>
<p>Yo, que soy más de letras que de zapatillas de deporte, y más de enquistarme en los porqués que en vislumbrar la meta,  a veces pienso que contar una historia es falsear la vida. Me explico: las historias tienen su propia lógica y ésta no es compatible con el transcurrir de nuestra existencia… a no ser que obviemos hechos, falseemos un final o nos inventemos datos inexistentes. La vida no es una novela, porque la novela exige una lógica narrativa y de construcción de personajes que de la que la vida y las personas carecen.</p>
<p>Pero claro, quizá no podamos narrar nuestra vida como una novela o un cuento, pero sí partes de ella. Tomemos dos puntos aleatorios de nuestra existencia y, <em>voilà</em>, tendremos una historia. Por ejemplo: “Con diez años Dadan se convenció definitivamente de que la meta en su vida era jugar en el Athletic. Veinticinco años después, en una visita guiada a San Mamés, se entristeció al darse cuenta de que a estas alturas ya debería estar anunciando tras esos micrófonos, su retirada” o “Pedro sonrió al ver en televisión que la derecha gobernaría de nuevo el país. Ya era hora se dijo. Evitó recordar que, veinte años antes, lanzaba piedras contra la policía entre consignas revolucionarias” o &#8220;Ayer llovía, y Cristina pudo disimular sus lágrimas entre las gotas de lluvia. Pero esta mañana amaneció soleada y no pudo ocultar sus ojos hinchados&#8221;. </p>
<p>Todo esto lo pensé ayer, que fue para mí un día difícil. Comenté con un amigo que últimamente me encontraba sin fuerzas para afrontar mis jornadas laborales, textos, anhelos, y él me obligó a repensar lo dicho desde la perspectiva de quién era yo hace poco tiempo. </p>
<p>- Piensa, Dadan, lo que habrías dado hace cuatro años por tener la posibilidad de trabajar en los proyectos que ahora afrontas –me dijo. </p>
<p>Y con eso basto. Joder, tenía razón, toda la razón. Si ese yo reciente pudiera venir al ahora, me daría dos sopapos, exigiéndome que espabilara. He ahí otra historia con una lógica narrativa aplastante, que me obligó a pensarme a mí mismo desde un plano distinto. Quizá el momento no sea el mejor, quizá haya sueños que se me escapen entre los dedos, como granos de arena, pero quien fui hace poco no me permite quejarme por cómo estoy ahora.  </p>
<p>Y he aquí que hoy por la mañana he amanecido ojeando las declaraciones de <strong>Koikili</strong>, lateral izquierdo del <strong>Athletic Club</strong>, sobre su situación en el equipo y he vuelto a pensar lo mismo. El bueno de Koi, querido por la afición dada su absoluta entrega sobre el campo, no cede un milímetro al abatimiento. Como si un delantero rival se tratara, marca en corto los estados de ánimo, sin dejar que se le escapen, que le metan un gol, y afirma, sin sombra de falsedad en sus palabras, que para él ir convocado los últimos partidos es un honor y una alegría. </p>
<p>He ahí una lección: si Koikili compara su situación con la de hace dos temporadas, por ejemplo, si narrara su historia desde aquel momento hasta hoy, la conclusión sería nefasta. Pero en lugar de ello, se ha forzado (y lo ha conseguido) a narrar esta temporada como si de una historia autónoma se tratara. Así, ha ubicado el comienzo de esa novela en un punto que conocemos: llegada de un técnico nuevo, que no cuenta con él y le aparta del grupo. Y desde esa perspectiva, es cierto, el momento actual es bueno y esperanzador. </p>
<p>Algunos dirán que está por ver cómo termina esta historia, que quizá Koi vuelva a la grada y todo esto quede en nada. Sin embargo, no han aprendido nada de la lección que Koikili hoy nos regala: si vuelve a la grada, esa será otra historia y será contada en otra ocasión, como diría <strong>Michael Ende</strong>. Porque ésta que hoy nos ocupa tiene un principio (comienzo de temporada) y un final eventual (hoy), y, como buena historia, es edificante.   </p>
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		<title>Una película para muy frikis: los cosacos y el fútbol</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 17:47:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Diarios de Futbol]]></category>

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		<description><![CDATA[Soy un friki. Todos los que me conocen los saben, y yo lo reconozco abiertamente. No tengo problemas identitarios. Ser un friki tiene sus ventajas (muchas) y sus inconvenientes (pocos). Una de las ventajas es que te emocionas fácilmente. Ves a un tipo en la calle con una camiseta de Futurama, en una conversación de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Soy un friki. Todos los que me conocen los saben, y yo lo reconozco abiertamente. No tengo problemas identitarios.</p>
<p><iframe width="580" height="423" src="http://www.youtube.com/embed/39v2URZO1wk" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Ser un friki tiene sus ventajas (muchas) y sus inconvenientes (pocos). Una de las ventajas es que te emocionas fácilmente. Ves a un tipo en la calle con una camiseta de <strong>Futurama</strong>, en una conversación de repente alguien nombra a <strong>Guybrush Threepwood</strong>, dan de nuevo <strong>Indiana Jones</strong> en televisión, ves a un niño en el metro leyendo <strong>The Sandman</strong>, qué sé yo, y en ese instante sientes una alegría inmensa y sincera. Ya hablé de ello aquí, hace tiempo. El mayor de los inconvenientes, sin embargo, es que en algunos contextos te sientes terriblemente incomprendido. Es el reverso tenebroso (nótese el guiño friki de la expresión) de la alegría anterior. Igual que con todos aquellos te sentías entre iguales, hay veces que todos los que te rodean se muestran ante ti como monstruos sin sentimientos, seres extraños y feos, incapaces de hablar de libros (a veces, no siempre, raros), música (a veces rara), series (a veces raras), videojuegos (a veces raros), cómics (a veces raros)… y fútbol (por suerte, a veces raro).</p>
<p>Por eso para nosotros (los nuestros) Internet es un lugar maravilloso. No sólo por la fascinante tentación de perderte ahí dentro (mira el ratón que tienes delante y piénsalo, estás a un click, no sé… de los <strong>Monty Phython, Mafalda, de When Saturday Comes o el British Museum</strong>, cuatro universos por los que merece la pena olvidarse de todo lo demás) sino porque nos permite detectarnos a miles de kilómetros. ¿Cuántos de vosotros no tenéis amigos virtuales? Mi queridísimo <strong>Antonio Agredano</strong> ayer <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2011/11/01/camisetas-clasicas-la-pandilla-dedefista/">nos lanzaba a sus compañeros dedefianos</a> un guiño sentido, que quiero responder. Lo bueno de <strong>DDF</strong>, pero también de <strong><a href="http://www.lalibretadevangaal.com/">La Libreta</a></strong>, de <strong>Bar Deportes</strong> (<a href="http://bardeportes.blogspot.com/2011/10/viva-el-muerto.html">¿dónde reiremos ahora entre migos, si Manolo, nuestro anfitrión, ha cerrado el Bar?</a>), de <strong><a href="http://www.panenka.org/">Panenka</a></strong>, de nuestro querido <strong><a href="http://cafefutbol.blogspot.com/">Café Fútbol</a></strong>, de tantos otros, es que nos permite detectarnos unos a otros, mirarnos (virtualmente) y decir, en un gesto de fraternidad, “ese es de los míos”.</p>
<p>Habrá gente que lo vea mal. Que les den morcilla. Javier Cercas definió al friki como “un tipo que sabe que la normalidad es una estafa” y yo subrayo su definición. Por eso comparto el video de <strong>Kak Kazaki</strong> contigo. Porque lo vi hace tiempo y me emocionó. Me encanta cuando los cosacos dejan las armas para jugar a fútbol, qué metáfora, o el hecho de que alemanes, franceses e ingleses jueguen culturalmente, es decir determinados por su tópica forma de ser. También me fascina imaginar qué sentían los niños soviéticos viendo esto en sus televisores, qué emociones provocaba una película tan cándida. Por todo esto y más  quiero compartirlo contigo. Porque si estás leyendo esto, si has caído (o regresado a) DDF sabrás apreciarlo de la misma manera (friki) que lo hice yo. Y ya se sabe que cualquier libro, película o partido de fútbol, no fue creado solo para ser leído y visto, sino fundamentalmente, para ser comentado entre iguales. </p>
<p>[Por cierto, llevo semanas silbando la melodía de esta película. Así que si ves por Bilbao a un tipo calvo, pero francamente atractivo, con un volumen de Gil Pupila o con la última recopilación de cuentos de Richard Matheson que ha hecho Valdemar silbando eso mientras lee, que sepas que soy yo] </p>
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		<title>Sobre la muerte de un deportista. Recordando a Hermán Gaviria.</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 14:52:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Freddy-Rincon]]></category>
		<category><![CDATA[Herman Gaviria]]></category>
		<category><![CDATA[Lionel Álvarez]]></category>
		<category><![CDATA[Pep-Guardiola]]></category>
		<category><![CDATA[René Higuita]]></category>
		<category><![CDATA[Valderrama]]></category>

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		<description><![CDATA[Alguien afirmó que la literatura nació el día que se inventó la expresión &#8220;mientras tanto, en otro lugar&#8230;&#8221;. Y en cierto sentido es así: para contar una historia a veces basta con relacionar dos hechos aislados. Hagamos un ejercicio de ese estilo. Viajemos en el tiempo y volvamos, por ejemplo, a las 20:30 horas del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/gaviria-hermann-1994.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/gaviria-hermann-1994.jpg" alt="" title="gaviria, hermann 1994" width="200" height="273" class="derecha_sinmarco" /></a>Alguien afirmó que la literatura nació el día que se inventó la expresión &#8220;mientras tanto, en otro lugar&#8230;&#8221;.  Y en cierto sentido es así: para contar una historia a veces basta con relacionar dos hechos aislados. Hagamos un ejercicio de ese estilo. Viajemos en el tiempo y volvamos, por ejemplo,  a las 20:30 horas del 24 de julio de 1992, un día antes de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona y desplacémonos al Estadio de Mestalla, donde las selecciones olímpicas de España y de Colombia juegan su primer partido de los Juegos. Ahí, en el centro del campo, en ese mismo instante, el balón bota y dos jugadores se lo disputan. Uno es <strong>Pep Guardiola</strong>, un joven centrocampista del <strong>FC Barcelona</strong> que muchos afirman que hará historia con el cuatro a la espalda (nadie se atreve siquiera a sospechar que una vez cuelgue definitivamente la camiseta comenzará otra historia, aún más grande). El otro es <strong>Hermán Gaviria</strong>, centrocampista defensivo del <strong>Atlético Nacional</strong> del que en <strong>Colombia </strong>hablan maravillas. Ese balón se lo lleva Gaviria, pero tampoco importa demasiado, pues el partido acabará con victoria española por un inapelable 4-0. </p>
<p>Pasemos los años como si fueran hojas de un libro. El deslumbrante destino de Guardiola (hasta el momento) ya lo conocemos. Sigamos pues, a Gaviria. Su equipo pierde ese encuentro y los periodistas españoles se preguntan si realmente Colombia tiene tanto futuro futbolístico como se le supone. Encontrarán la respuesta algo más de un años después, cuando los cafeteros se hacen con el  Monumental de Buenos Aires machacando a Argentina por un 0-5 que aún se recuerda con nostalgia en cada esquina del país. Después de aquello, todos creen en el fútbol colombiano. Sin embargo, una página después, un año después, el sueño se rompe. Colombia llega a USA`94 como inédita favorita y se la pega con todo el equipo. Otra historia que también conocemos: Andrés Escobar es asesinado supuestamente por su autogol ante los norteamericanos y su muerte es el símbolo del fin de un sueño tan bello como breve. Desde entonces, muchos ansiamos volver a ver un equipo colombiano como aquel y pensamos que, en cierto sentido, la historia debe a Colombia la posibilidad de resarcirse de aquel sueño que terminó en pesadilla.</p>
<p>Pero sigamos con Hermán Gaviria. Él fue quien marcó el primer gol de la única victoria de Colombia en aquel Mundial (2-0 ante Suiza). Crecido a la sombra de otros nombres como Valderrama, Higuita, Rincón, Aristizabal, Lionel Álvarez y un largo etcétera, Gaviria no tuvo el reconocimiento que probablemente merecía. Así, siempre jugó en su país, excepto un año en la exótica liga japonesa. Sin embargo, en las conversaciones que entonces teníamos los futboleros de mi generación, emergía recurrentemente. Si hacemos un paralelismo, Gaviria sería a aquella generación de jugadores colombianos lo que Roger de La Fresnaye al movimiento cubista. Quizá el público general desconozca su relevancia, pero quienes recuerdan aquel equipo, no olvidan su papel en el mismo. </p>
<p>Hermán Gaviria. Para un futbolero de mi generación, es un nombre de familia, de alguien cercano. Poco a poco fueron pasando los años, Gaviria desapareció de la selección y de ese modo, fuimos olvidándolo…  hasta que el  24 de octubre de 2002, un rayo impactó en el campo de entrenamiento del club Deportivo Calí segando la vida de dos de sus jugadores: Giovanni Córdoba y… Hermán Gaviria. </p>
<p>Recuerdo el momento preciso en que los informativos dieron la trágica nueva. Y recuerdo que en el instante me sentí profundamente triste. ¿Por qué? De Gaviria a penas había visto una docena de partidos, el último unos cinco años atrás. Y, sin embargo, la noticia en el momento me afectó. Algo parecido sucedió el domingo con Marco Simoncelli. ¿Por qué nos duele tanto la muerte de un deportista? Probablemente, porque es un símbolo de la muerte de todos nosotros, de nuestra condición efímera y el desconocimiento de cuándo llegará nuestro último momento. Como decía con sorna Voland, el Diablo de “El maestro y Margarita”, nuestra condición mortal es solo la mitad del problema. La otra mitad es que “morimos de repente”. La desaparición de un icono que encarna la vitalidad, la juventud, el triunfo y el futuro abierto, como un deportista de élite nos afecta precisamente porque nos recuerda esa segunda mitad del problema de nuestra esencial condición mortal. Con Simoncelli el domingo, con Gaviria hace nueve años, lo que sentimos es el absurdo de la propia existencia, del vivir evitando la consciencia de que en cualquier momento, sin previo aviso, llega el final. Es como una película que se corta cuando la trama no está sino comenzando a apuntarse. Uno ve las imágenes de Simoncelli mostrando la dirección de su nueva página web una hora antes de morir y no puede evitar afirmar que todo esto es una soberana estupidez, una comedia sin gracia, una película cuyo director es un perfecto idiota.  </p>
<p>Pero también es cierto que hay una pequeña parcela a la que conseguimos que la muerte no llegue. Es un territorio enano, insignificante, que sirve de poco, es cierto, pero es todo nuestro. Hablo de la memoria colectiva, ese ejercicio de recuerdo común con el que conseguimos que alguien nunca desaparezca del todo. De alguna manera, estaremos aquí mientras alguien nos nombre. Por eso el lunes cuando estaba con un buen amigo futbolero, le dije: </p>
<p>- ¿Te acuerdas de Hermán Gaviria?  </p>
<p>- Sí, claro. Joder, ¡qué bueno era!</p>
<p>Y los dos nos quedamos un buen rato recordando partidos de aquella Colombia que un día vimos que con ilusión desbordada. Sé que es poco, que de nada sirve, pero en ese momento me sentí un poco reconfortado, al saber que mi amigo también recordaba a aquel centrocampista cuyo nombre siempre sonará en mis oídos como el de un familiar lejano, pero querido: Hermán Gaviria. </p>
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		<title>Un domingo</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 16:47:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Athletic]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[La tristeza llegaba anunciada por los tres pitidos que el árbitro entonaba en el minuto noventa y algo. Cuando después de dar por terminado el encuentro con aquel sonido, el trencilla se giraba y estirando ambos brazos señalaba el túnel de vestuarios y los jugadores lo enfilaban en consecuencia (felices o cabizbajos, dependiendo del resultado), [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/gol3000yb8.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/gol3000yb8-300x218.jpg" alt="" title="gol3000yb8" width="300" height="218" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>La tristeza llegaba anunciada por los tres pitidos que el árbitro entonaba en el minuto noventa y algo. Cuando después de dar por terminado el encuentro con aquel sonido, el trencilla se giraba y estirando ambos brazos señalaba el túnel de vestuarios y los jugadores lo enfilaban en consecuencia (felices o cabizbajos, dependiendo del resultado), a mi mente acudía la imagen que me esperaba al día siguiente: los niños desfilando por el pasillo a través del cual se accedía al colegio. Entre ellos yo. Pero a diferencia de los jugadores de fútbol, nuestra actitud no dependía del resultado. Los lunes a las ocho de la mañana siempre se estaba derrotado.  </p>
<p>De ese modo, en cierto sentido el final del partido en San Mamés anunciaba el regreso inevitable de la rutina del día a día. Era un sentimiento complejo. El camino de ida hacia el estadio, a donde nos llevaba mi abuelo, estaba teñido de alegría absoluta. Mientras subíamos Artxanda y antes de llegar a ver desde allí la panorámica de Bilbao con las luces de San Mamés ya encendidas aitite nos comentaba cómo llegaba el equipo al encuentro, qué nos jugábamos realmente, lo buenos que eran los rivales de ese día (los rivales siempre eran buenos para él), la historia de enfrentamientos históricos que precedía aquel choque. Después, la entrada a San Mamés siempre era mágica. Uno nunca se acostumbraba a ver a sus ídolos tan cerca, allí calentando antes del partido. También ojeábamos a los rivales, intentando adivinar cuál de ellos sería el mejor, el más peligroso, comentábamos la talla del portero, la mirada de los jugadores –si era temerosa o confiada-. Todo ello hasta que se hacía atronadoramente presente el himno de nuestro club, que cantábamos a voz en grito al tiempo que nuestros jugadores emergían al verde prometiendo una tarde épica. </p>
<p>Una vez comenzado el partido, te implicabas intensamente en el devenir del juego, celebrando o lamentando los goles –según fuera su color-, maldiciendo las ocasiones erradas, protestando al árbitro su siempre discutible actuación. A veces, este trance duraba noventa minutos, la tensión llegaba hasta el último suspiro. Pero otras, el encuentro se sentenciaba –a favor o en contra- mucho antes de que terminara el partido y desaparecía la pasión por el juego. Entonces, el tiempo transcurría con lentitud, pesado, aplastante. En esas ocasiones, se abría una brecha de realidad en estadio, y el lunes se colaba por aquella rendija. Cuando esto pasaba, los minutos del colorido marcador Mitsubishi Electric (todavía canturreo a veces su publicidad) no solo marcaban lo que quedaba de partido, sino que era la cuenta atrás hacia la odiada rutina. </p>
<p>Y así llegaban los funestos tres silbidos, y con ellos, el abatimiento total, la consciencia de la inmediatez del lunes, al que uno nunca se acostumbraba.  </p>
<p>Después, cuando volvíamos a casa, la tristeza contrastaba con la felicidad de la ida. Solía ser ya de noche. En el coche de mi abuelo siempre estaba presente la radio deportiva, que yo escuchaba con la cabeza apoyada en el cristal de la ventanilla, sintiendo así la carretera en la sien. Como narra el escritor Jordi Puntí en su cuento “Los niños” (incluido en el volumen “Voces”, editado por Anagrama), el desfilar de resultados de la jornada era una música llena de melancolía. Pero era una melancolía extraña, pues estaba jalonada de sobresaltos, como una etapa de un tour con puertos de montaña. No eran tiempos de globalización informativa, del iphone, de conexión total, por lo que cuando comenzaban a dar los resultados, aún los desconocíamos. Era cierto que en San Mamés un sonido chirriante y metálico precedía un dibujo en el marcador que rezaba “Gol en….” y el lejano estadio en cuestión, y tras el que salía un resultado que se recibía en la grada con indiferencia, aplausos o silbidos. Pero no era un método fiable. A veces no atendías al marcador, porque el juego lo impedía, otras la acumulación de goles en varios partidos impedía que el responsable de subirlos a la pantalla atendiera a todos. Así, llegábamos al coche ansiosos por saber qué habría sucedido en otras tierras, en otros campos. </p>
<p>Qué tensión aquella. Comenzaba el desfilar de nombres y números, y nosotros conteníamos la respiración, intentando retener todos los marcadores, posponiendo los comentarios para después, pues la radio exigía total atención. El narrador decía Real Madrid 0 Málaga 1 y en el coche se procedía una contenida exclamación de sorpresa, que debía durar lo justo para no solapar el siguiente resultado. Sólo después de que la radio terminara con la segunda división comentábamos todo, las sorpresas, las decepciones, los resultados de los rivales directos. Para ello, reconstruíamos los resultados en grupo, pues nadie había conseguido memorizar toda la jornada completa. ¿Cómo había quedado la Real? Unai se acordaba. ¿Y el Betis, qué ha hecho? 2-2, ¿no? ¿Con quién? Era curioso: todos sabíamos que el Betis había empatado a dos goles, pero ninguno de los tres era capaz de recordar contra quién. Por eliminación, intentábamos dar con el rival. </p>
<p>Llegábamos a casa, finalmente, y el domingo a su fin. Quedaban aún unas horas –cena, baño, ¡los deberes!-, pero esas eran ya de lunes, por mucho que el calendario las considerara aún festivas. Cuando te acostabas, pensabas que ojalá todavía estuvieras todavía en el campo, buscando a aitite con la mirada en la grada superior, riendo con tu primo Unai, cantando Athletic, Athletic, con toda la fuerza de tu ser, ondeando la bandera que tanto quieres y que ahora descansaba plegada al lado de tu cama. Pero no, para volver a San Mamés todavía faltaban al menos quince días. Y dos semanas, cuando apenas tienes doce años de vida, es mucho, demasiado tiempo.  </p>
<p>Pero por suerte, siendo niño también olvidas pronto. Las penas son más intensas, pero también más leves. Así, al día siguiente, cuando llegas a casa tras el colegio, al tiempo que devoras la merienda lees la clasificación en el periódico hasta aprenderla de memoria, ojeas los resultados de toda la temporada en el recuadro a modo de crucigrama que tanto te gusta, soñando con los partidos que vendrán y evocando los pasados. Y lo haces de prisa, rápido, porque en un rato toda la tristeza del lunes se evapora, el peso del mundo desaparece, justo en el momento que vestido de rojiblanco pateas un balón en el parque soñando que San Mamés al unísono corea tu nombre.  Eres un niño, y lo bueno que tiene ser un niño es que, si quieres cualquier día de la semana lo puedes convertir en un domingo. </p>
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		<title>Elegantes y futboleros (Camisetas Clásicas)</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Oct 2011 21:06:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Te ha pasado a ti, me ha pasado a mí y nos ha pasado a casi todos los que nos consideramos enfermos de las camisetas de fútbol. Un día, alguien (tu novia, tu madre, tu hermano, qué más da) te dice que debes acudir elegante a algún lugar (una boda, un bautizo, la defensa de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/man-united-78-awayj_1.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/man-united-78-awayj_1-300x283.jpg" alt="" title="man-united-78-awayj_1" width="300" height="283" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>Te ha pasado a ti, me ha pasado a mí y nos ha pasado a casi todos los que nos consideramos enfermos de las camisetas de fútbol. Un día, alguien (tu novia, tu madre, tu hermano, qué más da) te dice que debes acudir elegante a algún lugar (una boda, un bautizo, la defensa de tesis de un amigo, tampoco importa) y la neurona hooligan que todos los futboleros tenemos (más o menos activa, según el caso) se te ilumina identificando el concepto “elegancia” con esa zamarra preciosa de ese maravilloso equipo de fútbol que cada mañana sueñas con poder ponerte al tiempo que te atas los botones de la opresora camiseta que te ves obligado a llevar al curro. </p>
<p>Pero ya nos enseñó “Érase una vez el cuerpo humano” (precioso título para un libro sobre la adolescencia, por cierto) que las neuronas funcionan como las democracias occidentales, donde una brillante idea no cuaja sino es con el apoyo de la vulgar mayoría. Y he ahí que, días después, estás aburrido en el banco de la iglesia o de la universidad y piensas, “joder, pues para cómo va vestida la gente, podría haberme puesto la camiseta de fútbol”. Nadie lo reconocerá en alto, pero te lo digo yo: tienes razón. </p>
<p>La pregunta es, ¿se puede estar elegante con una camiseta de fútbol? Y la respuesta, (¡atrévete a reconocerlo en alto!), es que sí. </p>
<p>En el año 94 yo marché a estudiar a Irlanda. Pasé un año en un colegio de curas que intentaban homogeneizar cerebros y gustos imponiendo un uniforme tan feo e impersonal que cuando llegué la primera vez a clase creí que me había convertido en uno de los hombres grises de <strong>Momo</strong> (nota para los imberbes: libro homónimo al exjugador de <strong>Las Palmas</strong>, escrito por <strong>Michael Ende</strong>). Sin embargo, cuando el timbre anunciaba la ansiada libertad de cada día (a eso de las cuatro de la tarde, más o menos), todos los chavales (no había chicas, para mi desgracia) se transformaban y se calzaban a la misma puerta de la escuela las camisetas de sus equipos: el <strong>Newcastle, el QPR, el West Ham, Liverpool, Everton</strong>, la selección nacional o, los más, el <strong>Manchester United</strong> (está la pregunta de por qué todos los irlandeses son del <strong>ManU</strong>). Quizá fuera por el contraste con la gris uniformidad previa, pero a mí aquella explosión de colores que acontecía a la puerta del colegio me fascinaba. </p>
<p>Yo entonces no tenía la camiseta del <strong>Athletic Club</strong> (más bien: no me cabían las que tenía), pero en cuanto regresé, me hice con una. Esa, junto a otra del <strong>West Ham</strong> que compré a un compañero de clase y una del <strong>Lens</strong> que mi hermano y yo adquirimos a escote poco después en París, formaron el principio de un armario que con los años ha ido creciendo. </p>
<p>Por supuesto que no se me ocurre ir a una boda vestido con la segunda camiseta del <strong>Manchester United</strong>, aun cuando los esperpentos de vestidos que uno tiene que soportar a su alrededor en esas ocasiones atentan contra el más mínimo sentido del decoro. Pero que levante la mano quien crea que salir un sábado noche con <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/premiership-clubs/manchester-united/pre-1992/1975-80-manchester-united-away-shirt-y-71140.html">esta maravilla</a> no es ir elegante, en el sentido más contemporáneo del término… <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/french-clubs/olympique-marseille/2008-09-olympique-marseille-away-shirt-s-69761.html">o esta otra</a>. No atesoro, por desgracia, semejantes joyas, pero sí una zamarra del Slavia que visto con indisimulado orgullo, una suerte de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/premiership-clubs/newcastle/2005-07-newcastle-home-shirt-m.html">disfraz de urraca </a>del que jamás me avergonzaré, o una <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/international-teams/african/other-african/2010-11-ghana-home-shirt-w-tags.html">zamarra que está cargada de sentimiento desde que un cruel penal golpeó en el larguero una triste noche de verano</a>. </p>
<p>Y por cierto, en cuanto ponga el punto a esta última frase, compraré una nueva maravilla para mi colección. Una zamarra con historia. <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/international-teams/european/scotland/2008-09-scotland-home-shirt-m-67312.html">La de Escocia,</a> con la que es imposible ir mal vestido aunque, como se vio en el últomo partido, no lo es ir desconjuntado. </p>
<p><em>De la mano de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/"><strong>Classic Football Shirts</strong></a> , la tienda especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente, desde los uniformes con los que se ha construído la historia del deporte rey.</em></p>
<p><em>Puedes comprar estas camisetas y cientos más en <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk">Classic Football Shirts</a>.</em></p>
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		<title>Recuerdos de nuestro derbi</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Oct 2011 02:03:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Athletic]]></category>
		<category><![CDATA[La Liga]]></category>
		<category><![CDATA[Real Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Tendríamos quince, dieciséis, diecisiete años. De aquella época permanecen en mí sensaciones únicas que han quedado atrás y no volverán. El sonido seco de la gravilla en la rueda delantera de la bicicleta – recuerdo que jugaba a buscar las piedras y hacerlas rebotar con el canto de la rueda-, la paz del caos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/Athletic-Real-Sociedad3-564x272.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/10/Athletic-Real-Sociedad3-564x272-300x144.jpg" alt="" title="Athletic-Real-Sociedad3-564x272" width="520" height="254" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>Tendríamos quince, dieciséis, diecisiete años. De aquella época permanecen en mí sensaciones únicas que han quedado atrás y no volverán. El sonido seco de la gravilla en la rueda delantera de la bicicleta – recuerdo que jugaba a buscar las piedras y hacerlas rebotar con el canto de la rueda-, la paz del caos de voces y chapoteos que te envuelve en la piscina cuando tomas el sol con los ojos cerrados –el ruido de un cortacésped en la lejanía es música a mis oídos desde entonces-, la sensación de que tu cuerpo todo es un volcán a punto de explotar. También los extenuantes partidos de fútbol de más de dos horas, las pechadas en bicicleta tras ver el Tour en televisión, emulando a Marino o Perico, las conversaciones nocturnas que duraban hasta que el día despuntaba, y en las que comprobábamos felices que no sólo nosotros sentíamos aquella angustia adolescente que hacía del mundo entero un lugar hostil y desconocido. </p>
<p>También el primer amor, por supuesto, vivido con besos inéditos, con caricias que te hacían creer que morirías, con palabras infladas y promesas vagas recreadas a partir de películas y lecturas románticas, pues no hay a los quince años noción de lo que es “toda la vida”. </p>
<p>Pero no todo quedó atrás. Por supuesto, hay cosas que permanecen en uno. El miedo al dar pasos que sabes que son comprometidos, por ejemplo, pero que aterran a veces menos que el sentirse apartado (en aquellos días empezábamos a fumar, a emborracharnos, quizá también a algo más), o la convicción de que la amistad es fidelidad a tu amigo pase lo que pase… convicción unida al triste descubrimiento de que, por desgracia, no todos piensan así. También la lección de que en la vida, a diferencia del cine y la literatura, toda vivencia es compleja y difícil, pues no somos personajes ni vivimos historias.  </p>
<p>Yo veraneaba en Haro, un pueblo del norte de La Rioja. Allí tenía un grupo de amigos con el que coincidía verano tras verano y a los que no necesariamente veía el resto del año, aun cuando muchos vivíamos tan cerca que éramos casi vecinos. Sin embargo, estaba bien así: aquel grupo éramos los amigos de verano, del calor, de la piscina y el tiempo libre. La mayoría éramos vascos. Había riojanos, y que recuerde, un tipo de Las Canarias –al que, obviamente, llamábamos “el canario”-, pero el grueso del grupo éramos bizkainos y gipuzkoanos. Pasábamos el día entero juntos. Desde primera hora de la mañana, cuando quedábamos para hacer excursiones o vaguear en la piscina –dependiendo de la pereza (léase resaca) del día-, hasta última hora de la madrugada, que apurábamos alguna borrachera juvenil confesando nuestro amor por alguna chica del grupo o el pueblo, si había suerte con sonrisa de felicidad etílica, pero plena, y si no con lágrimas hinchadas por el alcohol. </p>
<p>Qué tiempos. Todo se vivía con enorme intensidad. Y entre esas vivencias extremas había una determinaba por nuestros colores. El grupo estaba dividido sin posibilidad de acuerdo entre txuriurdins y athleticzales.  </p>
<p>Era verano y no había Liga, pero eso no matizaba nuestros enfrentamientos. Cada primero de julio llegábamos a Haro con el tesoro o la miseria de las victorias y derrotas del año anterior. Si el Athletic había vencido en Atotxa –o Anoeta, pues el cambio fue por entonces- llegabas al primer día de verano con tantas ganas de darte el primer baño como de recordar a tus amigos giputxis aquella derrota de meses antes. Pero, ay, si habíamos palmado (años después hubo un 5-0 que jamás olvidaremos) sabías que al menos la primera semana del verano a los bizkotxos nos tocaría sufrir.</p>
<p>Poco después, cuando quizá ya no éramos adolescentes (pero tampoco importaba, pues nos comportábamos igual), se creó un torneo veraniego que jugaban nuestros equipos junto al Real Madrid. Se llamaba Torneo Euskadi Asegarce, creo recordar. El caso es que a nosotros, que veraneábamos entremezclados riojiblancos y txuriurdins, nos vino de perlas, pues sirvió para tensar nuestras disputas futbolísticas con partidos en directo. Recuerdo ver algunos en bares que parecían gradas, pues la rivalidad se disparaba hasta límites inéditos, entre cánticos, risas y piques sanos. </p>
<p>Es curioso que algunos de los recuerdos más vívidos que mantengo de los derbis sean precisamente de esos amistosos. Qué importa el fútbol cuando no hay rivalidad que le dé color. Claro está, que quizá los recuerdo porque fueron buenos para nosotros: un 1-3 en Anoeta, por ejemplo, pero sobre todo un 6-1 en San Mamés el día en que debutaba un tal Joseba Etxeberria que días antes era suyo y desde entonces fue para siempre uno de los nuestros. </p>
<p>Después, los amigos de verano trascendimos la frontera de las estaciones y quedamos alguna vez en invierno. Claro está, para ver los derbis. Recuerdo en la única visita a Anoeta que he hecho, cómo uno a pesar de los colores de la camiseta propia se sentía como en casa. Era paradójico, pero la propia rivalidad hacía más acogedora la ciudad de San Sebastián. Yo, que viví un breve tiempo en Hondarribia, nunca me había sentido tan cómodo en un lugar como cuando visité Donostia con mi camiseta del Athletic. Mis amigos gipuzkoanos se afanaban por demostrar que su ciudad era mejor que la nuestra, que sus pintxos eran más ricos, que su kalimotxo más pasable. Entre bromas que un espectador ajeno podría entender equivocadamente tensas, desagradables, hacían de su casa la tuya. Después, en el campo, durante hora y media dejaban de ser tus amigos… pero eso estaba bien.</p>
<p>Y claro está, cuando haces una visita, debes recibir otra. Así que de nuevo nos veíamos en Bilbao. Llegaban en el bus de Pesa y se bajaban del mismo como de una nave que ha aterrizado en un planeta extraterrestre, con sus camisetas txuriurdins, mirando a un lado y otro con gesto despectivo. Y decían “joder, qué feo es esto, ¿no?”. Nos dábamos unos abrazos, nos recordábamos unos a otros lo mucho que habíamos envejecido y estropeado y después enfilábamos Pozas y allí reíamos juntos. A ratos, unos gritábamos “Athletic, Athletic” y otros “Erreala, Erreala”. Esos cánticos nos separaban simbólicamente, pero nos sabíamos unidos. </p>
<p>Sé que aquella manera de vivir los partidos no volverá. Pero la veo en otras personas, y me alegra.Hace tiempo que no voy a un derbi con amigos gipuzkoanos y aunque no será lo mismo, ya tengo ganas. Porque me siento orgulloso de este partido, de mostrar al mundo que ya sea aquí o allí, lo vivimos juntos, pues Athletic y Real, Real y Athletic, nos unen mucho más de lo que nos separan. </p>
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		<title>Georges Santos y la batalla de Bramall Lane</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Sep 2011 17:25:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fútbol Modesto]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Premier League]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="520" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/DUeLs4FSu7A?rel=0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Esta historia de odio y venganza comienza el 10 de marzo de 2001. El partido de la League One (actual Championship) entre el <strong>Sheffield United</strong> y <strong>Nottingham Forest </strong>está sentenciado. 1-3 vencen los visitantes y Bramall Lane, que ha registrado la mejor entrada de la temporada (25.673 espectadores, nada menos) guarda un silencio áspero. En el minuto 85, cuando ya nada relevante había de suceder, el local <strong>George Santos</strong> y el visitante <strong>Andy Johnson</strong> disputan un balón aéreo y el codo del segundo impacta en el rostro del primero. El internacional por Cabo Verde se revuelve en el suelo de dolor, con las manos tapándose el rostro. </p>
<p>Quizá por lo abultado del resultado adverso, quizá porque nadie vio intención –al fin y al cabo los Blades son el típico equipo inglés duro, rudo, arisco-, ni el público local ni los jugadores del Sheffield United protestaron excesivamente la acción. Probablemente, si supieran las consecuencias de la jugada habrían mostrado al menos cierta indignación. Estas consecuencias son: George Santos sufre una rotura del tabique nasal y doble fractura de los huesos de la órbita del ojo, que requirieron una operación de cinco horas y media en la que al jugador se le implantó una placa de titanio para recomponer la estructura ósea. En términos deportivos, adiós a la temporada y quizá algo más, pues George Santos es un jugador limitado, peleón, eficiente, pero sin un fútbol en sus botas que le garantice seguir en un equipo, si no es peleando el puesto día a día. </p>
<p>Una semana después, Santos abandona el hospital. Se muestra indignado. Pone el caso en manos de sus abogados y afirma que ha pasado los peores días de su vida. Los médicos afirman que probablemente sea necesaria otra operación. </p>
<p>Tras el ruido inicial, poco a poco los medios olvidan la historia, la sustituyen por otras de tantas de las que ocurren en el terreno de juego Pasa el tiempo. Santos se recupera y continuará una temporada más en el United. Por su parte, el internacional galés Anddy Johnson firma por el W.B.A. tras finalizar su contrato con el Forest. </p>
<p>Y he aquí que llega el 16 de marzo de 2002, justo un año después, nos encontramos con un Sheffield United-WBA en el calendario. La temporada enfila su tercio final. El <strong>W.B.A.</strong> se juega el ascenso en las próximas semanas, mientras que el Sheffield United ansía que una temporada insulsa y decepcionante termine cuanto antes. Se encuentra en la decimoquinta posición, sin posibilidades ya de ascender y sin la soga del descenso amenazando. </p>
<p>Empieza el partido. Minuto 9: el portero local,<strong> Simon Tracey</strong>, es expulsado por tocar el balón con la mano fuera de su área. Minuto 18: el W.B.A. se adelanta con gol del escocés <strong>Scott Dobie</strong>. 0-1 y con un hombre menos. El horizonte se presenta aburrido para los hinchas de los blades. Cuando en el minuto 63 el también escocés <strong>Derek McInnes</strong> convierte el 0-2, algunos espectadores no aguantan más y abandonan sus asientos. </p>
<p>En ese momento, sin embargo,<strong> Neil Warnock</strong>, actual entrenador del <strong>Q.P.R.</strong> y entonces en el Sheffield United, hace dos sustituciones con intención, suponemos, de cambiar el partido. Entran en el campo el ex <strong>FC Barcelona B Patrik Suffo</strong> y <strong>George Santos</strong>. Y vaya que si cambió el transcurso del juego… pero en un sentido distinto al esperado por el bueno de Warnock. </p>
<p>Pasaun minuto largo y tenso. Durante el mismo, no pocos espectadores caen en la cuenta de que sobre el campo vuelven a coincidir Santos y Andy Johnson. Unos se preguntan en alto cuál sería la reacción de los jugadores cuando la trayectoria del balón una de nuevo sus destinos. Otros vien a Santos excesivamente nervioso, vigilando con el rabillo del ojo a su rival. Todos, sin embargo, se sorprenden con lo que va a suceder. </p>
<p>Minuto 65, el W.B.A. contemporiza el juego con el resultado a favor. Toca y toca el balón en corto, hasta que llega a las botas de Andy Johnson en el mismo centro del terreno de juego. Johnson no lo ha visto, pero desde el momento en que la pelota parece que puede a acercarse a su zona de juego, Georges Santos ha comenzado una carrera veloz y fatal, en la que concentra toda su sed de venganza, acumulada durante un largo año. Quién sabe si en esas décimas de segundo Santos recordó su tiempo en el hospital, la complicada operación, el miedo a perder su puesto de trabajo, la rabia por la impunidad de la acción de Johnson hacía un año… pero sin duda todo eso y más se puede ilustrar con la violencia de la entrada, calificada por muchos entonces como la más fea de cuantas se habían visto en un campo de fútbol. </p>
<p>De las imágenes sorprende la frialdad con la que Santos afronta su expulsión del campo, mientras el resto de sus compañeros se las tienen en una refriega con el equipo rival. Suffo también fue expulsado (¿sería la primera vez que dos jugadores son expulsados tras solo un minuto sobre el terreno de juego?), él por cabecear a un rival. Después, los locales <strong>Michael Brown y Robert Ullathorne (mítico ex Osasuna)</strong> cayeron lesionados y el árbitro tuvo que aplicar el reglamento dando por finalizado el encuentro. </p>
<p>La polémica atravesó las semanas, centrada en la entrada de Santos. El resultado, sin embargo, fue menor para quién la sufrió que para quien la ejecutó. Andy Johnson se perdió cuatro partidos –que su equipo venció, sumando para el ascenso que a la postre lograría-, que quizá incluso pudieron ser menos. Para el agresor, sin embargo, aquella acción fue fatal. Fue inmediatamente expulsado no solo del campo, sino del equipo. Neil Warnock afirmó que Santos jamás volvería a vestir la camiseta rojiblanca de los Blades, y cumplió firmemente con su amenaza (también apartó definitivamente a Suffo, por cierto). Aquella acción fue el punto final a su trayectoria en Bramall Lane (su partido 61) y le dio una fama que le acompañó el resto de su carrera. Nueve, nada menos, fueron los equipos británicos en los que Santos jugó después de aquello y en cada presentación la prensa le preguntó por aquel partido, que pasó a ser conocido como la Batalla de Bramall Lane. </p>
<p><strong>Bola Extra</strong>: <a href="http://www.bedworthliberalfc.co.uk/club/51705/Players/view/1939122">¿Sabíais que Patrik Suffo sigue en activo en un equipo de amigos?</a> </p>
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		<title>Cultura del fútbol</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Sep 2011 17:19:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultural]]></category>

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		<description><![CDATA[Tengo una teoría: el fútbol nos ayuda a dividir el tiempo, a compartimentarlo, a dominarlo. No digo que los muy futboleros ordenemos nuestra vida en torno al fútbol, no, sino que la vamos (re)construyendo con el fútbol como apoyo, en el sentido de la memoria individual y colectiva, del relato sobre el transcurrir del tiempo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe src="http://player.vimeo.com/video/9426271?title=0&amp;byline=0&amp;portrait=0&amp;color=222485" width="600" height="338" frameborder="0"></iframe></p>
<p>Tengo una teoría: el fútbol nos ayuda a dividir el tiempo, a compartimentarlo, a dominarlo. No digo que los muy futboleros ordenemos nuestra vida en torno al fútbol, no, sino que la vamos (re)construyendo con el fútbol como apoyo, en el sentido de la memoria individual y colectiva, del relato sobre el transcurrir del tiempo propio e histórico. En este sentido, innegablemente el fútbol es una cultura (aún cuando <a href="http://www.jotdown.es/2011/08/santiago-segurola-lo-que-mas-me-duele-del-futbol-actual-es-el-maltrato-al-hincha/">Santiago Segurola negaba este punto en una reciente entrevista</a>), es decir, un cierto modo de ordenar el mundo, de comprenderlo, de asimilarlo. También, para reforzar la culturalidad del asunto del balón, el fútbol en este mismo sentido es un factor de creación de una comunidad, la de los futboleros, aquellos que, por poner un solo ejemplo, saben perfectamente donde estaban y qué hacían el día que el Ajax de Van Gaal se coronó campeón de Europa y, desde este recuerdo, son capaces de reconstruir aquel tiempo vivido, los que fueron sus sentimientos, sus ideas, su manera de ver la vida y el mundo. </p>
<p>Esta gran comunidad de futboleros del mundo está dividida a su vez en subculturas. “Ferver Pitch”, de Nick Hornby, sería por ejemplo una suerte de relato fundacional para los gunners, que obviamente ya existían previamente pero que en torno a ese texto quedan por siempre preservados. Un día, en alguna facultad de antropología, quizá alguien escriba una tesis sobre lo que suponía ser del Arsenal en la Inglaterra de finales del s. XX, en la era pre-Wenger, cuando en Highbury el balón volaba por encima de la mayoría de las cabezas presentes, como una idea imprecisa o como una estrella fugaz a la que seguir. </p>
<p>Pero el gran relato fundacional de cada cultura futbolera no es un libro por supuesto, e incluso ni siquiera un club de fútbol, sino que es, como no podía ser de otra manera, un partido de fútbol. Es en los partidos, en esos “textos”, que, como la Biblia o el Corán, se someten a cientos de interpretaciones todas válidas y necesarias, donde se forman grupos de personas que en lo relativo a ese asunto se entienden como iguales y se proyectan hacia los demás como tales. Algo tienen determinados partidos que, como los grandes textos, son capaces de aglutinar en torno a sí diferentes sensibilidades, modos de entender la vida, de interpretar el mundo. Algo tienen, cuando hay personas que sienten que en ese momento preciso del tiempo y en ese estadio, de alguna manera se manifestó un modo de ser, una identidad. </p>
<p>Un ejemplo personal: el partido Francia-Alemania del Mundial 82, donde los Platini, Tigana y compañía fueron injustamente derrotados por un grupo de malvados liderados por Harald Schumacher. Yo tenía siete años, no más, pero cada lágrima que derramé cuando finalizó la tanda de penaltis fue por la (temprana y existencial) consciencia de que en la vida no hay lugar para la justicia, algo que se refrendó en México 86. Yo logré pasar página (al fin y al cabo me siento futbolísticamente francés del mismo modo que literariamente ruso, es decir, tengo por suerte tantas nacionalidades futbolísticas como literarias, que me permiten no sufrir más que lo necesario, cambiar de texto, de libro) pero de algún modo los seguidores franceses no lo hicieron definitivamente hasta que Francia levantó la Copa del Mundo en París en 1998. Durante esos dieciséis largos años, cada día, en algún lugar de la enorme Francia, alguna persona recordaba lo que sucedió mientras Battiston –a la postre el único francés que no fue testigo de la tragedia- dormía un sueño no buscado. Esa es la interpretación que di en su momento a la obra del colectivo de artistas y arquitectos Pied La Biche que abre este texto, en la que recreaban ese momento histórico en diferentes lugares de los suburbios de una ciudad francesa cualquiera. En Francia, en todo momento en algún parque, en algún ascensor, en algún metro, el algún espacio de la rutina francesa, emerge ese momento, reviviéndose cada penalti con idéntica tensión y angustia. Dicho de otro modo, ser francés en los ochenta y los noventa es tener en mente de alguna manera a Battiston y Schumacher. </p>
<p>Cuando hablas con un futbolero de esos en los que el tuétano de sus huesos es del mismo color que la camiseta de su equipo, pronto comprendes que su pasión nació y ha crecido a partir y en torno a momentos claves, a partidos inolvidables. Si exagera (o si es un exagerado) dirá que tal y tal encuentro fueron los momentos más felices o tristes de su vida. Si se extiende, encontrará también ejemplos de todo lo que se puede y debe vivir (la injusticia, la amistad, el honor, la traición, el fracaso, etcétera) acontecidos sobre el verde. Tan profundo y tan simple es el fútbol. </p>
<p>Recuerdo una entrevista a Raimundo Amador que decía que cuando era pequeño en su cuarto había dos posters, uno de Camarón y otro de Jimi Hendrix. Y con aquella frase resumía todo un fenómeno musical como el nuevo flamenco, del que Pata Negra era un modelo. De la misma manera, a la hora de interpretar el fútbol, de retratarse el modo de ver la vida a partir de él, los futboleros siempre tenemos dos posters. El heredado (la tradición en la que hemos crecido, nuestra cultura en el sentido de dónde nacemos, las banderas de nuestros padres) y el que nosotros compramos aún a riesgo de que nadie en nuestro entorno lo comprenda, héroes admirados desde lo personal, no lo colectivo. Así avanza el mundo, en un lugar donde nacemos y un camino que recorremos solos, pero siguiendo a otros que nos indican un camino. Por ello, no es el mismo lector el de hoy y el de hace veinte años. Tampoco el hincha es el mismo. El estrato cultural en el que creemos ha variado. </p>
<p>Escribe aquí hoy uno que dejó la habitación de la casa de sus padres con veintitrés años, con un amarilleado póster del Athletic de los años ochenta (Zubizarreta, Sola, De la Fuente, De Andrés, Goikoetxea o Argote son nombres que salen de mis labios con sabor a magdalena y té), rodeado en sus cuatro esquinas por otros de jugadores como Jay Jay Okocha, Jan Wouters, Ian Rush, Romario, Nwankwo Kanu, Erwin “Platini” Sánchez, Faustino Asprilla, Vinnie Jones o Gaston Taument y tantos y tantos otros que, cuando llegan a mis oídos pronunciados por otra persona sé, inmediatamente, que quien tengo delante es uno de los míos. </p>
<p>Y ese es el último argumento para demostrar que el fútbol es cultura. El del lenguaje, con el que se crea mundo, que todos nosotros compartimos y a través y gracias al cual somos lo que somos. </p>
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		<title>La imagen</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Aug 2011 16:26:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>
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		<description><![CDATA[Minuto cincuenta y cuatro del partido. Messi y Marcelo discuten. Alves se acerca y retira a su compatriota, pero rival, empujándole con la mano en la cara. Entonces dice algo a Messi y éste recoge el balón con una pequeña acrobacia, dispuesto a sacar de banda. En ese preciso instante, la cámara nos permite ver [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="560" height="345" src="http://www.youtube.com/embed/DDqHZQtloD8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Minuto cincuenta y cuatro del partido. <strong>Messi</strong> y <strong>Marcelo</strong> discuten. <strong>Alves </strong>se acerca y retira a su compatriota, pero rival, empujándole con la mano en la cara. Entonces dice algo a Messi y éste recoge el balón con una pequeña acrobacia, dispuesto a sacar de banda. En ese preciso instante, la cámara nos permite ver al entrenador del Real Madrid, <strong>José Mourinho</strong>, que mira al argentino con su media sonrisa habitual y se lleva la mano a la nariz, abanicándose, como se hace ante los malos olores, ante la basura, ante la mierda.  </p>
<p>Messi no le vio. Y ahí quedó todo. Una imagen más de un partido más.</p>
<p>Y sin embargo, no es una imagen más. En primer lugar porque, en cierto sentido, es el resumen involuntario de la situación futbolística actual en lo referente a los dos clubes más grandes de España y probablemente también del mundo. Pero incluso trasciende este momento histórico, porque se antoja el retrato de dos maneras de concebir la vida, un modo de actuar. Ilustra a la perfección dos arquetipos del quehacer humano.  </p>
<p>Comencemos por el primero. No caben más halagos en lo que a la pulga se refiere. <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2010/03/22/de-messi-dioses-y-maradonas/">Ya lo escribí en su día: no tengo recursos para retratar a ese pequeño gran futbolista</a>. Nadie los tiene, en realidad, porque él se empeña una y otra vez en dejar inservibles lo más acertados adjetivos. Es el don del genio, del que sabe ir unos metros por delante de su tiempo, del lenguaje de su tiempo, en este caso en cuestiones del balón. Habrá un día, no me cabe duda, en que echemos la vista atrás y entre todos acertemos a crear un retrato conjunto de un jugador que hoy día, aún existiendo, es inimaginable. </p>
<p>Pero no todo son halagos. No, por supuesto. Ningún genio en ningún tiempo ha merecido el aplauso unánime. Hasta los más excelsos personajes de nuestra historia común, esos que supieron conducir al conjunto de la humanidad en la senda del progreso, tuvieron que enfrentarse a la necedad de determinados congéneres. </p>
<p>En lo relativo a cuestiones como la belleza y el talento para crearla, hay un tipo de vil personaje –del que también escribimos aquí bajo <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2007/05/11/el-sindrome-de-stendhal-a-la-inversa/">la categoría de un Síndrome de Stendhal invertido</a>-, al que la contemplación de lo excelso le repugna. Nos referimos a ese ser –hacer memoria, todos conocemos al menos uno- que ante las demostraciones de talento siente nauseas y debe taparse la nariz. Porque no hay peor olor para el envidioso que el del éxito ajeno. No hay cosa más repugnante para alguien miserable que ver cómo otro es capaz de lo que el no alcanza ni a soñar.</p>
<p>Y ayer Mourinho decidió ser así. Ante él pasó el que es sin ninguna duda el mejor jugador del mundo y candidato a ser el mejor de toda la historia. Y, en un gesto que le retrata –los gestos siempre son sinceros-, mostró su verdadera cara: la de un hombre que solo es capaz de ver lo bueno en sí mismo, porque las virtudes ajenas le recuerdan sus propias limitaciones (no es Dios, por más que quisiera serlo), intentó despreciarle en gesto que nadie merece, ni el peor de los hombres.  En realidad, sin embargo, con esa pataleta de niño mimado, de maleducado consentido, solo consiguió retratarse como lo que él es. </p>
<p>La imagen de ayer trasciende el partido, sí. Es la imagen del incapaz que intenta hacer daño a toda costa al genio, aún sin conseguirlo. La hemos visto otras veces: ese niño en la playa que destroza el castillo de arena que otro hizo y el no fue capaz, ese escritor mediocre al que le arden las palabras cuando insulta al colega que sí logro rozar el cielo con las suyas, el perturbado que intentó destrozar a martillazos la Pietà de Miguel Ángel. Es una imagen que responde a los porqués que el mismo entrenador portugués planteó en alto en su momento. </p>
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		<title>Blancos</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Aug 2011 15:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Se cuenta que los esquimales tienen treinta palabras distintas para llamar al color blanco (más o menos la mitad que los españoles para el pene, un dato que muestra la importancia de ese color para ese pueblo). Mejor dicho: los esquimales usan treinta vocablos para definir todo el espectro de tonalidades de lo que a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/08/Real-Madrid-07-Home-USE_1.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/08/Real-Madrid-07-Home-USE_1-300x254.jpg" alt="" title="Real-Madrid-07-Home-USE_1" width="300" height="254" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>Se cuenta que los esquimales tienen treinta palabras distintas para llamar al color blanco (más o menos la mitad que los españoles para el pene, un dato que muestra la importancia de ese color para ese pueblo). Mejor dicho: los esquimales usan treinta vocablos para definir todo el espectro de tonalidades de lo que a nosotros nos parece simplemente blanco. “El lenguaje hace mundo” nos explicará un hermeneuta. Y probablemente tenga razón. Cuesta pensar en la posibilidad de que un esquimal acierte a hacer ver –nunca mejor dicho- a un español que hay enormes diferencias entre el blanco de la nieve y el del hielo, por ejemplo. </p>
<p>El caso es que hace poco me vino eso a la cabeza, precisamente. Fue una mañana de domingo playero. Había sacado del armario <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/premiership-clubs/tottenham/2007-08-tottenham-home-shirt-w-tags-xxl.html">mi flamante camiseta del Tottenham</a> con la que quería deslumbrar al mismísimo océano. Antes de ponérmela la contemplaba con la mirada de fascinación de quien tiene entre las manos un tesoro, al tiempo que evocaba nombres mágicos como <strong>Darren Anderton, Gary Mabbutt, Chris Hughton, Les Ferdinand, Ian Walker, Osvaldo Ardiles o Colin Calderwood</strong>. Y justo en el momento en el que me disponía a introducir mi cabeza en ese trozo de tela blanca que era a su vez un pedazo de una grande y maravillosa historia, de la que de alguna manera sería parte al ponerme esa camiseta, mi novia me espetó: </p>
<p>-	¿Otra vez te vas a poner una camiseta blanca?<br />
-	¿Blanca? –pregunté a mi vez, sin entender muy bien la objeción.<br />
-	Blanca, sí, ayer llevaste esta cosa. </p>
<p>Dijo eso y levantó con su mano derecha la camiseta que el día anterior lucí con indisimulado orgullo por cada esquina de mi pequeño pueblo norteño. Era <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/international-teams/european/poland/2008-poland-home-shirt-bnib-l.html">la zamarra de Polonia</a>, país de grandes escritores y no menos grandes futbolistas, que ella manipulaba ahora con un desprecio cercano al del conquistador que se ha hecho con la bandera de un territorio ahora bajo su dominio.</p>
<p>-	Pero, mi amor, no tienen nada que ver –objeté-. Esa es de la selección polaca, y esta que ahora me voy a poner es de un equipo de Londres que…<br />
-	Blancas las dos –insistió ella, zanjando la discusión. </p>
<p>Fue en ese preciso instante cuando me sentí como un esquimal. </p>
<p>Amigo mío, tú que eres un <em>frikie</em> futbolero como yo, ¿entiendes que sobre lo que una camiseta significa –que no es poco, ni mucho menos- primen argumentos estéticos? ¿Acaso no saltan a la vista las diferencias entre blancos? Yo, que jamás vestiría la camiseta blanca de cierto club blanco, y sin embargo sueño con poder hacerme un día con la del <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/french-clubs/olympique-marseille/2009-10-olympique-marseille-l-s-player-issue-home-shirt-bnib-l.html">Marsella</a>, la del <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/german-clubs/hamburg/2003-04-hamburg-home-shirt-l-49905.html">Hamburgo</a>, la de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/international-teams/african/other-african/2010-11-algeria-home-shirt-bnib.html">Argelia</a> o el <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/other-uk-clubs/championship/derby/2006-07-derby-county-home-shirt-s.html">Derby County</a>, todas blancas, sí, pero tan distintas como la noche del día, afirmo en alto que en el fútbol no hay color más lleno de contenido ni más diverso que el blanco y que quien crea que todos los blancos son iguales es que no sabe ver.   </p>
<p><em>Cada semana y de la mano de <strong><a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/">Classic Football Shirts</a></strong>, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.</em></p>
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		<title>Los equipos de la banda</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jun 2011 16:08:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>
		<category><![CDATA[emelec]]></category>
		<category><![CDATA[Perú]]></category>
		<category><![CDATA[Rayo-Vallecano]]></category>
		<category><![CDATA[River Plate]]></category>
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		<category><![CDATA[Vasco-da-Gama]]></category>
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		<description><![CDATA[Lo confieso: cuando era pequeño y caía una quiniela en mis manos, siempre ponía como ganador al Rayo Vallecano. No cabía en mi mente que un equipo con un nombre tan chulo como ese pudiera perder un partido, siquiera empatarlo. Me imaginaba una suerte de club privilegiado en el que solo aceptaban a los más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/06/River-00-Home-USE_1.gif"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/06/River-00-Home-USE_1-300x248.gif" alt="" title="River-00-Home-USE_1" width="300" height="248" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>Lo confieso: cuando era pequeño y caía una quiniela en mis manos, siempre ponía como ganador al <strong>Rayo Vallecano</strong>. No cabía en mi mente que un equipo con un nombre tan chulo como ese pudiera perder un partido, siquiera empatarlo. Me imaginaba una suerte de club privilegiado en el que solo aceptaban a los más veloces, una plantilla de veintidós en la que todos podían competir con el mismísimo <a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/8/85/Wallyflash1.png">Flash</a>. El Rayo, nada menos. </p>
<p>Los resúmenes de <strong>Estudio Estadio</strong>, sin embargo, se empeñaban en negar mis convicciones nominalistas y cada domingo a eso de las nueve revelaban un equipo que corría mucho –no tanto como Flash, desgraciadamente-, pero aunque lo daba todo, no es que contara sus partidos por victorias precisamente.  Pero como no era un niño resultadista –de hecho ni siquiera comprobaba las quinielas y ahora que soy mayor dudo incluso que mi padre las cursara, dadas mis extravagantes predicciones-, saqué el lado bueno del asunto y me quedé con algo que no respondía a mi imaginación, sino que era muy real. ¡Qué preciosa camiseta!</p>
<p>Siempre quise <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/spanish-clubs/other-spanish-clubs/2006-07-rayo-vallecano-l-s-away-shirt-mint-m.html">tener una zamarra del Rayo</a>. En un mundo, el del fútbol de los ochenta, dominado por diseños monocromos en el que la máxima extravagancia era la de aquellos equipos que combinaban dos colores en rayas verticales, aquella camiseta era toda una excepción a celebrar. <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/spanish-clubs/other-spanish-clubs/2003-04-sabadell-centenary-home-shirt-w-tags-l.html">Como la del Sabadell</a>, por cierto. Pero es el momento del rayito, que vestía una camiseta de corte realista, pues nada menos que un relámpago rojo cruzaba el blanco natural de las camisetas en el soleado Madrid. </p>
<p>Probablemente fue por aquellos días de quinielas habitadas por equipos que no eran más que un nombre y que había que descubrir, y gracias al Rayo, que tengo especial cariño por los clubes cuya zamarra tiene una raya diagonal que cruza el pecho como si fuera una distinción especial, como una muestra de diferencia. El más conocido –y en estos días probablemente también el club más triste del mundo- es <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/central-south-american-clubs/argentinian-clubs/river-plate.html">River Plate</a>, que ya sabemos que tuvo que ponerse aquella banda, al principio sujeta con imperdibles, para diferenciarse de otros equipos que vestían de blanco. Pero hay muchos más. La <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/central-south-american-clubs/argentinian-clubs/river-plate.html">selección de Perú</a>, por ejemplo, <a href="http://www.umbroperu.com/camiseta/index.html">que ahora viste de elegante Umbro</a> y que aunque no gane la Copa América seguro que será el equipo más exquisito en su vestir del campeonato, porque siempre lo es. </p>
<p>Más equipos con una banda diagonal… no es fácil encontrarlos…. Ah, por ejemplo, el <strong>Southampton</strong> –que tras Le Tissier es el equipo de tantos- que aunque viste de rojiblanco en sus orígenes jugaba con una banda, tal y como lo atestigua <a href="http://www.saintsfc.co.uk/page/NewsDetail/0,,10280~2075314,00.html">la camiseta especial con la que han celebrando este año ascendiendo al Championship</a>. O el <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/central-south-american-clubs/argentinian-clubs/other-argentinian-clubs/2005-06-arsenal-de-sarandi-home-shirt-l.html">Arsenal de Sarandí </a>argentino, con fondo celeste cruzado por un relámpago rojo.  También <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/central-south-american-clubs/other-central-south-american/2003-emelec-home-shirt-m.html">el Emelec ecuatoriano</a>, pero de azul y blanco… o <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/central-south-american-clubs/brazilian-clubs/other-brazilian-clubs/2000-ponte-preta-home-shirt-8-l.html">el Ponte Preta brasieño</a> que viste como el <strong>Vasco de Gama</strong>. ¡<strong><a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/central-south-american-clubs/brazilian-clubs/vasco-da-gama.html">Vasco de Gama</a></strong>! Casi olvidamos a uno de los equipos más elegantes del mundo, que corona una preciosa camiseta con una cruz roja que es uno de los escudos más simples y bellos del mundo. </p>
<p>En ese ámbito tan dado a la experimentación que es la segunda camiseta, algunos equipos han jugado a ostentar una banda que en su primera equipación no tienen. Y con ese juego han creado zamarras preciosas, que hoy son singulares paréntesis en la historia de sus equipaciones. Ejemplos: la <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/french-clubs/lens/2006-07-lens-centenary-away-shirt-bnib-xxl.html">segunda camiseta del Lens de la temporada 2007-08</a>, con no una, sino dos bandas roja y dorada. O la del <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/french-clubs/saint-etienne/2009-10-saint-etienne-l-s-player-issue-away-shirt-bnib.html">Saint Etienne de la temporada pasada</a>, de verde casi fosforito y fondo blanco.  O también la del <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/clearance/2006-07-sevilla-atletico-home-shirt-bnib-l.html">Sevilla Atlético</a>, que explota la idea de que los mayores y los pequeños no deben vestir igual e impone una banda a los jugadores del filial en la que bien podría aparecer la leyenda &#8220;Mister proyecto de jugador del primer equipo&#8221;. </p>
<p>También algún club indeciso en lo relativo al diseño de su camiseta, como el <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/german-clubs/werder-bremen/dd2004-05-werder-bremen-home-shirt-xl.html">Werder Bremen</a>, se ha atrevido en algún momento puntual de su historia a lazarse a la piscina de la banda diagonal. Y por cierto, un buen modo de terminar este texto, ya que hablamos de camisetas, es preguntarse en alto de dónde vendrá la poca tradición que los clubes alemanes tienen por sus propios diseños y colores. ¿Acaso alguien sabe por ejemplo de qué modo vestirán cada equipos como el propio Werder o el Bayern? Sospecho que ni siquiera sus propios diseñadores se atreverían a hacer predicciones.     </p>
<p><em>Cada quince días y de la mano de Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.</em></p>
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		<title>¿Sabías que Maradona jugó en el Granada?</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jun 2011 21:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Maradona]]></category>

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		<description><![CDATA[Si eres hincha del Granada o un sacerdote de la iglesia maradoniana, probablemente lo sabías, pero para el público general este dato de la vida del astro argentino es relativamente desconocido. ¿Cómo fue? Resultó que en la temporada 87/88 el Granada CF, que entonces militaba en Segunda División, fichó al hermano de Maradona. No a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si eres hincha del Granada o un sacerdote de la iglesia <em>maradoniana</em>, probablemente lo sabías, pero para el público general este dato de la vida del astro argentino es relativamente desconocido. ¿Cómo fue? Resultó que en la temporada 87/88 el Granada CF, que entonces militaba en Segunda División, fichó al hermano de Maradona. No a Hugo (¿<a href="http://www.youtube.com/watch?v=pO3uC7mwhNk&#038;feature=related">todos los hermanos malos se llaman “Hugo”</a>?), sino a un tercer hermano, todavía peor que el segundo, de nombre Lalo. Como parte del trato, se negoció que en el partido de presentación los tres <em>maradondas</em> jugarían un amistoso con el Granada. Y así aconteció, ante el Malmoe sueco y frente a un estadio lleno. Para la historia quedó un gol de falta que Maradona, Diego, el único Maradona en realidad, anotó con su característica maestría. </p>
<p><iframe width="560" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/HP1XEZwjLBU" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Obviamente, el experimento de aquel año terminó en desastre. Suele pasar cuando juegas no con jugadores, sino con hermanos de jugadores. El Granada descendió al término de esa temporada, pero hoy, con tanto tiempo pasado que aquella herida está cicatrizada, podemos recordar aquel curioso momento. </p>
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		<title>Soñados mundos virtuales</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Jun 2011 16:52:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>
		<category><![CDATA[Premier League]]></category>

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		<description><![CDATA[El corazón atiende a razones que la razón no entiende. En el caso del fútbol, más si cabe. Qué profunda pena sentí justo en el momento en que se confirmó que mi querido West Ham descendía, después de tanto tiempo, al Championship. Los hammers es un equipo que quiero desde hace años. Pero a diferencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/06/untitled-2-copy-copy-copy-low_11.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/06/untitled-2-copy-copy-copy-low_11-300x212.jpg" alt="" title="untitled-2-copy-copy-copy-low_1" width="300" height="212" class="centro_sinmarco" /></a></p>
<p>El corazón atiende a razones que la razón no entiende. En el caso del fútbol, más si cabe. Qué profunda pena sentí justo en el momento en que se confirmó que mi querido <strong>West Ham</strong> descendía, después de tanto tiempo, al Championship. Los <em>hammers</em> es un equipo que quiero desde hace años. Pero a diferencia de otros, a los que conocía antes de haberme enamorado de ellos, mi pasión por el West Ham nació como un amor virtual. Me hice<em> hammer</em> cuando apenas conocía su nombre, sus colores. </p>
<p>Fue tal y como os lo cuento. En los últimos meses del curso 92/93 yo era un estudiante de bachiller que se empeñaba por intentar comprender –o cuando menos memorizar temporalmente- ciertos aspectos de la vida y el mundo que aparecían recogidos en los diferentes y pesados (al menos para la espalda) libros de texto de BUP. Para lograr los ansiados aprobados –más bien la anhelada libertad veraniega, todo hay que decirlo- reduje radicalmente mis horas de calle en un ejercicio de disciplina que se me antojaba espartano. Aún cuando los fines de semana eran sagrados, tocaba centrarse en el papel durante los cinco días laborables, destinando las tardes exclusivamente al latín, las matemáticas, la lengua, la historia y todos esos inventos del demonio creados para amargar la existenncia de un adolescente. Fuera de mi habitación la vida ardía, pero había que sacrificarse. </p>
<p>Todo habría ido bien si no fuera porque en una de las tardes dedicadas al estudio, mi hermano apareció con un nuevo juego fútbol para el ordenador (teníamos un Amiga). Ahí andaba yo con mis declinaciones latinas, cuando la mirada comenzó a írseme poco a poco hacia la pantalla en la que mi hermano se esforzaba por comprender de qué se trataba aquel conjunto de rectángulos con texto en inglés en el que el juego se desplegaba. Con su dominio de niño español de trece años de la lengua de Shakespeare, se perdió en el laberinto del texto ininteligible. Como soy un buen hermano, hice el esfuerzo de dejar los libros y, por unos minutos, intentar ayudarle. El juego, me dijo, se llamaba “<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Championship_Manager">Championship Manage</a>r” y se trataba de ser el entrenador de un equipo inglés. Navegué un poco por los menús, intentando entender cómo se podía dirigir un equipo de fútbol solo con textos y más textos. Aquello no tenía sentido. </p>
<p>- Pero, ¿no se juega? –pregunté. </p>
<p>Vaya que si se jugaba. Poco a poco nos fuimos enganchando. No recuerdo cómo fue, pero sí que pocos días después mis libros languidecían en una esquina del escritorio, mientras mi hermano, dos amigos y yo (se podía jugar cuatro al mismo tiempo) nos apretujábamos delante de la televisión (entonces no había monitores) sin perdernos detalle de la evolución de nuestros respectivos equipos, discutiendo a voz en grito ofertas por jugadores, cantando goles que no eran más que un rectángulo con el texto “GOAL” en su interior. </p>
<p>Como queríamos empezar desde abajo, antes de jugar pactamos que cada uno dirigiría a un equipo de la segunda división. Quién sabe por qué lo hicimos, pero en aquel momento los cuatro tomaríamos una decisión que nos acompañaría toda la vida. Mi hermano eligió el <strong>Leicester</strong>, Iker el <strong>Birmingham</strong>, David el <strong>Newcastle</strong> y yo aquel club cuyo nombre me resultó más gracioso: el <strong>West Ham</strong>, que leía textualmente, <em>jamón oeste</em>. </p>
<p>La carrera había comenzado. Desde aquel momento el destino de aquellos clubes hasta entonces absolutamente desconocidos para nosotros, dependían de nuestras decisiones. </p>
<p>Qué gran tiempo viví como entrenador hammer. Nunca me olvidaré de los nombres (porque eran solo nombres) que dirigí virtualmente: <strong>Miklosko</strong> (enorme portero), <strong>Dicks, Potts, Trevor Morley, Tony Gale, Tim Breacker</strong> y sobre todos, <strong>Ian Bishop</strong>, cerebro y capitán de un equipo que hizo historia jugando un 4-4-2 con estilo <em>pass-to-feet</em>. </p>
<p>Claro está que por aquel West Ham soñado, desfilaron estrellas que jamás pisaron<strong> Upton Park</strong>, como <strong>Peter Ndlovu</strong> (Coventry City), el veterano J<strong>acki Dziekanowski </strong>(siempre era mi primer fichaje, procedente del Bristol City), <strong>Chris Bart-Williams</strong> (del Sheffield Wednesday, llamado a ser el mejor jugador del mundo) o <strong>Marco Gabbiadini</strong> (delantero del Derby County que se salía de la tabla). </p>
<p>Ahora que lo pienso con distancial temporal, la escena roza la absoluta absurdidad: cuatro tíos frente a una pantalla, sufriendo porque un programa echa una moneda virtual al aire para decidir si la final de la FA Cup se la lleva un nombre u otro, peleándonos porque la ley de la oferta y la demanda no suba demasiado el precio de un jugador de otro equipo que los cuatro queríamos, deprimidos porque nuestro equipo había descendido cuando los de los otros tres compañeros se mantenían en la primera división, felices por lograr un ascenso o un título que solo acontecía en nuestra imaginación. </p>
<p>¿Cuántas horas pasamos frente a aquel juego? Innumerables. Hoy es el día en que a veces, cuando nos juntamos los cuatro, ya adultos, trabajadores, responsables (o al menos eso aparentamos), sin quererlo surge en nuestra conversación aquel “tiempo perdido” (como decían nuestros padres, sin saber que en cierto sentido acertaban al calificarlo tan <em>proustianamente</em>) y hablamos con nostalgia real de unas vivencias que sólo fueron virtuales, pero que marcaron nuestra vida como hinchas futboleros. Sé, por ejemplo que David, que es del Athletic, tuvo un cierto amargor cuando su equipo real eliminó a su equipo virtual, el Newcastle en la UEFA de la temporada 93/94, porque le recuerdo hablando de <strong>Ruel Fox o Lee Clarke</strong> como si los conociera personalmente. Sé que después de aquello, cuando <strong>Canal Plus </strong>comenzó a emitir la Premier, igual que yo me tragaba todos los partidos del West Ham aplaudiendo cada vez que Ian Bishop tocaba un balón (después se me fue al Manchester City), ellos siguieron los de sus equipos. De hecho, aún hoy alguno de nosotros dice, como reconociendo algo casi vergonzoso, que en cierto sentido es de su club virtual, al que nunca traicionará. </p>
<p>Por eso, cuando la globalización tuvo a bien poner al alcance de nuestra mano lo que antes estaba a todo un mar de distancia (qué lejana estaba Inglaterra en 1992, ay), optamos por vestirnos por fin con las camisetas de nuestros clubes. Yo tengo <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/premiership-clubs/west-ham/1995-97-west-ham-centenary-home-shirt-l-52365.html">una parecida a esta</a>. Ellos tienen también <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/premiership-clubs.html">han tenido donde elegir </a>y hoy visten con orgullo camisetas que hace casi veinte años imaginaban. </p>
<p>Obvia decir que aquel curso suspendí casi todas. Aún tengo algún cuaderno de estudio aquella época, donde en los márgenes hay una inscripción que solo yo entiendo y que me suena a pura poesía: <strong>Miklosko-Dicks-Potts-Gale-Statham-BartWilliams-Bishop-Butler-Warzyzcha-Morley-Dziekanowski</strong></p>
<p><em>Cada quince días y de la mano de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk">Classic Football Shirts</a>, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.</em></p>
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		<title>El Sans Club</title>
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		<pubDate>Tue, 10 May 2011 15:34:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Diarios de Futbol]]></category>

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		<description><![CDATA[[Click en la imagen para ampliar] 1. En algún lugar de la eterna Francia, probablemente entre las localidades de Utopie y Chimère, está la ciudad de Sans. Más que ciudad es un pueblo y más que un pueblo es un pueblo fantasma. Sus calles están siempre desiertas, habitadas solo por una eterna ausencia. No hay [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/05/magallanes.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/05/magallanes-210x300.jpg" alt="" title="magallanes" width="250" class="centro_sinmarco" /></a>
<p style="text-align: center;">[Click en la imagen para ampliar]</p>
<p><strong>1.</strong></p>
<p>En algún lugar de la eterna Francia, probablemente entre las localidades de Utopie y Chimère, está la ciudad de Sans. Más que ciudad es un pueblo y más que un pueblo es un pueblo fantasma. Sus calles están siempre desiertas, habitadas solo por una eterna ausencia. No hay vendedores en puestos callejeros ofreciendo verduras voz en grito, ni compradores, ni niños correteando detrás de un balón, ni madres correteando detrás de los niños que corretean detrás de un balón. No hay vida, no hay nada. Solo silencio. </p>
<p>A veces, solo a veces, una sombra se proyecta sobre los adoquines de la triste ciudad de Sans. Si sigues ese dibujo en el suelo hasta la figura que lo genera, te encontrarás con la presencia puntual y lacónica de alguno de los futbolistas de su club de fútbol, el Sans Club, que pasea por el casco antiguo de la ciudad con la mirada perdida en el suelo, recordando probablemente épocas mejores en las que un estadio abarrotado de público coreaba su nombre. </p>
<p>Aquí nadie canta su nombre, porque el Sans Club no tiene seguidores. No hay peñas, ni ultras, ni fans que viajan con el equipo en sus desplazamientos a los partidos fuera de casa cantando desde la parte de atrás de los autobuses. Y a decir verdad, aunque tuviera esos fans, tampoco podrían viajar con el Sans Club, porque el Sans Club no juega partidos fuera de casa… y tampoco en casa. </p>
<p>El Sans Club no tiene estadio, ni camiseta, ni bufandas con sus colores, ni merchandising. </p>
<p>El Sans Club sólo tiene futbolistas. ¡Ah! Pero qué gran club es el Sans Club que en esto no le gana nadie. No hay plantilla del mundo que pueda competir en número frente a la del Sans Club. Cientos de jugadores están enrolados en sus filas. Casi todos han pasado alguna vez por ellas. Y los que no lo han hecho, lo harán. Porque el destino es inevitable y el destino de todos los jugadores de fútbol del mundo es terminar, tarde o temprano, en el Sans Club.</p>
<p><strong>2.</strong></p>
<p>Nadie debía saber del Sans Club, y nadie sabía, hasta que en nuestro antiguo blog, <strong>Notas de Fútbol</strong>, uno de sus redactores lo descubrió. Y como se descubren las grandes cosas, lo hizo accidentalmente. </p>
<p>Nuestro amigo escribía <a href="http://www.notasdefutbol.com/personajes/el-malfario-de-magallanes">la historia de Federico Magallanes</a>, aquel fantástico delantero uruguayo que pasó por las filas del <strong>Real Madrid, Sevilla y Racing de Santander</strong> y que también pasó por Francia, donde estuvo un año en el <strong>Dijon</strong>. Entre equipo y equipo, había una temporada que parecía que estuvo sin club. Al menos eso rezaba en su ficha de <strong>L`Equipe</strong>, pero el redactor no cayó en apariencias y señaló eso que a los demás se nos escapaba. Donde otros leían <em>sans club</em>, el leyó <em>Sans Club</em>. Estaba claro: ese año, Magallanes jugó en el modesto (¡modestísimo!) Sans Club francés. </p>
<p>Basta un pequeño repaso a L´Equipe para comprobar que muchos son los jugadores que han pasado por el que desde hoy es nuestro club de fútbol favorito. Incluso internacionales galos como <a href="http://www.lequipe.fr/Football/FootballFicheJoueur2986.html">Wiltord</a> o <a href="http://www.lequipe.fr/Football/FootballFicheJoueur2545.html">Barthez</a> han lucido su camiseta. </p>
<p>Ahí comenzó la leyenda. Tras Notas de Fútbol, otros blogs, foros y páginas web varias comenzaron a ubicar a Magallanes una temporada en el Sans Club. Hubo algunos que incluso recordaban <a href="http://tanque-shirley.blogspot.com/2010/11/pelusa.html">goles marcados con la zamarra invisible del equipo francés</a>, que al parecer competía en la Ligue 2. Otros, encontraron compañeros de equipo. Los amigos de “En una baldosa” recuerdan que <a href="http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:ALD0FGiDlLgJ:enunabaldosa.com/%3Fp%3D311+%22el+sans+club%22&#038;cd=7&#038;hl=es&#038;ct=clnk&#038;gl=es&#038;client=firefox-a&#038;source=www.google.es">Robert Cristophe curó dos temporadas completas en el Sans Club</a> donde obviamente (y tan obviamente) no llegó a jugar ningún partido. </p>
<p>Pero la etimología recuerda que nada de lo virtual es del todo real. Quizá por ello, la historia no se cerraría completamente hasta que diera el salto al papel. Lo hizo. Y lo hizo en las dos revistas de fútbol de nuestro país. La extinta <strong>Fútbol Life</strong> y <strong>Don Balón</strong>, dieron al Sans Club el estatuto de realidad que se merecía, de nuevo con la historia de Magallanes (ver en la foto). </p>
<p>Ya era oficial. Estaba en las hemerotecas. Magallanes jugó en el Sans Club francés. El Sans Club existía. Sans existía. </p>
<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/05/new-doc_1.jpg"><img class="centro" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/05/new-doc_1.jpg" alt="" title="new doc_1" width="300" class="alignnone size-full wp-image-22636" /></a>
<p style="text-align: center;">[Click en la imagen para ampliar]</p>
<p><strong>3.</strong></p>
<p>Si Sans tuviera habitantes, ahora estarían felices. Se avecina la mejor época del año, en la que el pueblo recibe centenares de visitantes. Coincide con el verano, pero no son turistas los que vienen a Sans, sino futbolistas que por una razón u otra pasan a enrolar las numerosísimas filas del Sans Club, el equipo de los jugadores a los que ningún equipo quiere. </p>
<p>Los cronistas de esta migración masiva de porteros, defensas, medios y delanteros calientan sus dedos. <em>Wikipédicos</em>, consultores del rincón del vago, parabólicos sin parabólica y plagiadores varios, esperan ansiosos el momento de ponerse a teclear. Da igual lo que las letras en realidad construyan –los buscadores de Google no han aprendido a leer aún, solo a indexar-, lo importante es escribir, escribir sin parar. Sea la historia real de un equipo real de una ciudad real o el cuento que no es cuento de <a href="http://www.lequipe.fr/Football/FootballFicheClub679.html">un equipo que no existe</a>, en una ciudad que no está en los mapas. </p>
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		<title>La unidad nacional, patrocinada por Banesto</title>
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		<pubDate>Tue, 03 May 2011 21:09:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Selección Española]]></category>
		<category><![CDATA[Vicente-del-Bosque]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace poco le comentaba a un amigo, medio en broma medio en serio, que llegará un día en el que los entrenadores de fútbol estarán obligados por contrato a terminar sus arengas en el descanso con un “este discurso tan emotivo es cortesía de Almacenes Pérez, la calidad nuestra razón de ser”. Lo que no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><iframe width="600" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/nTYnXg3W6jI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Hace poco le comentaba a un amigo, medio en broma medio en serio, que llegará un día en el que los entrenadores de fútbol estarán obligados por contrato a terminar sus arengas en el descanso con un “este discurso tan emotivo es cortesía de Almacenes Pérez, la calidad nuestra razón de ser”. Lo que no podía sospechar, es que ese día llegaría tan pronto. Hoy, en lo que no sabemos si es una emotiva campaña publicitaria o un llamar a filas patrocinado, nuestro seleccionador <strong>Vicente del Bosque </strong>ha recordado a los jugadores de <strong>Real Madrid y FC Barcelona</strong> que (paradójicamente) el que se porte mal no verá más “la roja”. Algo quizá necesario en este ambiente casi bélico que vivimos estos días, si no fuera porque el discurso sereno, pulcro y lleno de emocionales valores de unidad del seleccionador termina con un “<a href="http://caceres.cope.es/deportes/03-05-11--del-bosque-en-el-partido-de-las-12-avisa-sobre-los-piques---ellos-seran-los-responsables-de-dejar-de-venir-a-la-seleccion-241407-1">todos a una, como el espíritu ganador de Banesto</a>”.</p>
<p>Así, si al contexto en el que la sobresaturación de Clásicos de estos días le faltaba algo para alcanzar el absurdo de todo un “<strong>Flying Circus</strong>” era precisamente eso, proclamas de unidad y civismo patrocinados por un banco… o mensajes privados del seleccionador a sus jugadores emitidos por un canal tan público como un espacio publicitario, tanto da. No sé, uno sospecha que aún cuando la publicidad en el fútbol invade casi todos los ámbitos, si hay uno que no debería es precisamente el que determina las relaciones entre un entrenador y sus pupilos, entre los jugadores, o entre éstos y los seguidores.  </p>
<p>Aunque bien pensado, quizá no sea tan mala idea. En estos tiempos de crisis económica y necesidad de salvar presupuestos, en la que todo es susceptible de privatización, quizá intangibles hasta ahora no mercantilizados como la concordia, el civismo, la unidad, la paz sean susceptibles de patrocinio. No estaría mal, no, ver cómo una marca de refrescos auspicia los discursos de nuestros cargos electos cuando nos amaestran a golpe de lacrimógenas palabras (ya se sabe que los moralistas son como las señales de tráfico: indican el camino, pero no lo siguen) o asistir a sesiones del Congreso de cuyos gastos se hace cargo un fabricante de chorizos. Al menos así, sabremos que los discursos a la posteridad de nuestros políticos no nos cuestan dinero del erario público.  </p>
<p>En fin, la serie <strong>Los Simpsons</strong>, de la que estoy convencido que a partir de la cual todo se puede explicar, ya nos lo advirtió. Todo se vende.    </p>
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		<title>La (media) sonrisa de Mourinho</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Apr 2011 21:08:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Liga de Campeones]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Jose-Mourinho]]></category>
		<category><![CDATA[Pepe]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos años, una serie de compañeros afrontamos un proyecto profesional que podía suponer para nuestras vidas laborales un enorme salto de calidad. Sabíamos que era muy difícil que fructificara, porque la decisión última sobre la aprobación del mismo no dependía de nosotros, sino de un comité de profesores y decanos universitarios. A pesar de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/mourinhonnç.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/mourinhonnç-184x300.jpg" alt="" title="mourinhonnç" width="184" height="300" class="izquierda_sinmarco" /></a>Hace unos años, una serie de compañeros afrontamos un proyecto profesional que podía suponer para nuestras vidas laborales un enorme salto de calidad. Sabíamos que era muy difícil que fructificara, porque la decisión última sobre la aprobación del mismo no dependía de nosotros, sino de un comité de profesores y decanos universitarios. A pesar de ello, asumimos el riesgo y volcamos meses de trabajo y esfuerzo en intentar sacarlo adelante. Cuando llegó el momento decisivo, el revés fue monumental. El dictamen de la comisión que debía darle el visto bueno fue negativo. Sin apenas argumentación, sin posibilidad de defensa o réplica, todo el trabajo de meses quedó en nada. </p>
<p>Recuerdo nuestro abatimiento. Tomábamos un café en la cafetería de la universidad cuando nos enteramos. Nos quedamos mudos, impotentes, con la mirada perdida en el abismo de nuestras tazas. Incluso se atisbó alguna lágrima. La esperanza de un futuro profesional magnífico se diluía. Ante nosotros solo quedaba un vacío que nos aterraba. Había que volver a empezar de cero. </p>
<p>Fue entonces cuando sucedió el enfrentamiento. Manu, un profesor a quien teníamos en gran estima apareció en la cafetería. Se acercó a nosotros y al ver nuestro gesto, preguntó por el motivo de nuestro estado de ánimo. Le dimos la mala nueva. Para mi sorpresa al conocer la decisión del comité, media sonrisa apareció en su rostro. Dejó escapar un pequeño resoplido resabiado y afirmó “Era de esperar” para inmediatamente después soltar un discurso prefabricado sobre las familias de la universidad, la política de pasillo, la incompetencia general, etcétera, adornado todo con pinceladas moralizantes, pequeñas moralejas que debíamos aprender para la vida. </p>
<p>No sé qué cable se me cruzó, pero escuchándole me fui calentando y al final exploté. Si ya lo sabías, si tan listo eres, ¿por qué no nos avisaste hace meses cuando comenzamos a trabajar en esto? Si la universidad está gobernada por la corrupción, ¿por qué no lo denuncias donde debe hacerse, en lugar de en la cafetería? Si solo se prima el peloteo y el pasillismo, ¿cómo has llegado tú a donde estás? </p>
<p>Mis compañeros no daban crédito. Manu se levantó de la mesa y se fue sin decir palabra. Nunca más he vuelto a hablar con él, sin embargo me he encontrado muchos manus posteriormente. Responden a un tipo de identidad muy marcado y que se reconoce por dos rasgos fundamentales. El primero: encontrar cierto regocijo en lo negativo, en refrendar sus premisas de que el mundo está viciado. Es decir, no hay en ellos voluntad de cambiar la realidad, no hay sufrimiento por el mal, sino al contrario, un placer perverso al señalarlo. El segundo: sus juicios a la totalidad son siempre a posteri, a hechos consumados, cuando ya sus argumentos no se ponen sobre riesgo. Ellos ya lo sabían. No lo advirtieron, no lo dijeron cuando todo comenzaba, pero ya lo sabían. </p>
<p>Ayer, escuchando las manifestaciones de Mourinho en rueda de prensa tras el partido me acordé de mi profesor. Me dio pena que nuestros periodistas estén tan ensimismados en su juego, que fueran incapaces de preguntarle a Mourinho que si ya sabía que el Barcelona sería ayudado por sistema por qué sigue jugando a esto, por qué si el mundo del fútbol está corrupto él ha conseguido llegar donde está, por qué no dijo el día de su presentación con el Real Madrid que es imposible ganar nada porque la competición está viciada o, en definitiva, si tanto asco le da el mundo del fútbol, simplemente por qué no lo deja definitivamente, pues dinero y, como dijo, una familia feliz, no le faltan.  </p>
<p>Yo tengo mi teoría. Creo que no lo deja simplemente porque no le da tanto asco todo esto. Es más, sospecho que disfruta con ello –de ahí su media sonrisa-, viéndose a sí mismo como una suerte de Quijote que lucha contra gigantes que solo él puede derrotar, en su misión casi mesiánica. Y, oye, tampoco pasa nada. Es todo muy folklórico Si es feliz así, que lo sea….  si no fuera porque a veces cruza una línea que no debería pasar, que es la del respeto al rival, a su historia, afición y dimensión social. Ayer tuvo su enésimo resbalón en este aspecto, dudando de la valía de los títulos recientes del Barcelona. Es fácil rebatirle. Bastaría con mostrar los errores arbítrales a favor de sus equipos, desde la expulsión de Andrade en el comienzo de la carrera de Mourinho (¿entrenaría hoy al Real Madrid de no haber ganado aquella Champions?) hasta las agresiones impunes de Pepe ante jugadores del Lyon en la vuelta de octavos de final. Pero es un absurdo entrar en eso porque buscar (oscuras) razones en lo casual es el primer paso hacia la locura. Y creo que lo que falta ahora mismo sobre la mesa es un salero llenito de sentido común. </p>
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		<title>Camisetas Clásicas: el primer amor</title>
		<link>http://www.diariosdefutbol.com/2011/04/22/camisetas-clasicas-el-primer-amor/</link>
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		<pubDate>Fri, 22 Apr 2011 15:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Dice el tópico romántico que por mucho que ames después nunca vivirás otro romance que compita en intensidad con el primer amor. Es lo que tienen los sentimientos inaugurales, que, quizá por desconocidos, se hacen con nosotros más profundamente que en ninguna otra ocasión posterior. O quizá sea en realidad porque cuando acontecen estamos aún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/image_35545.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/image_35545-300x259.jpg" alt="" title="image_35545" width="300" height="259" class="izquierda_sinmarco" /></a>Dice el tópico romántico que por mucho que ames después nunca vivirás otro romance que compita en intensidad con el primer amor. Es lo que tienen los sentimientos inaugurales, que, quizá por desconocidos, se hacen con nosotros más profundamente que en ninguna otra ocasión posterior. O quizá sea en realidad porque cuando acontecen estamos aún en el comienzo de nuestra vida, cuando se sueña y se vive cada momento con toda la fuerza con la que nuestro pequeño ser es capaz. </p>
<p>En mi caso, mi primer amor (camisetero), aconteció poco antes del verano del lejano año de 1982. En aquel entonces nuestro país se esforzaba por apurar las obras y reformas necesarias para albergar nada menos que un Mundial. Al mismo tiempo, todas las tiendas de la península, desde la más pequeña hasta el imperio de El Corte Inglés lanzaban a sus clientes anzuelos promocionales futbolístico-mundialistas. A saber: si ganamos el Mundial todas tus compras gratis, por cada gol de España (entonces esa horterada de la roja aún no estaba instaurada) un 1% extra de descuento, vea el Mundial a todo color con su Telefunken, etcétera. Naranjito era feliz habitando los envoltorios de todas las chuches que los niños comían.  </p>
<p>Bilbao, mi ciudad, también ardía de fiebre mundialista. Ya habían quedado atrás los discursos victimistas que decían que dese Madrid se había decidido alojar a la selección inglesa en nuestra villa debido a los hooligans, y los más futboleros no dormían, pensando que en breve, todo un Inglaterra-Francia (y qué Inglaterra y qué Francia) se disputaría en nuestro querido y recién remodelado San Mamés. Yo tenía siete años y tampoco dormía. Prefería soñar: mi padre me había dicho que iríamos a ese encuentro. </p>
<p>Y entonces llegó el día. No el del partido, sino en el que le conocí a ella. Era preciosa. Blanca inmaculada, con un brillo deslumbrante que hizo que me frotara los ojos al mirarla de frente (en aquel entonces solo conocíamos el sobrio y mate algodón), con una banda azul en la parte superior matizada por tres líneas horizontales: una roja, otra blanca y otra de nuevo azul. Dos manos la sujetaban por cada manga. Eran las de mi abuelo. </p>
<p>-	Es para ti –me dijo, y por primera vez la tuve en mis manos, la acaricié, la olí y pensé que jamás me separaría de ella.<br />
   <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/classic-world-cups/spain-1982/1980-83-england-l-s-home-shirt-m.html"><br />
Era la camiseta de Inglaterra</a>. Resultó que la Caja de Ahorros de Bilbao había lanzado una promoción a través de la cual regalaban las zamarras de los equipos que tenían su sede en nuestra ciudad: Inglaterra, Francia, Checoslovaquia y Kuwait (os regalo esta imagen cargada de belleza: niños en un parque gris del depresivo Bilbao de los ochenta jugando al fútbol vestidos con la camiseta de Kuwait). Tenía el logo de la Caja en el pecho, pero no me importaba en absoluto. </p>
<p>Jugué y dormí con ella los días sucesivos. Cuando mi madre me obligaba a quitármela apenas unas horas para lavarla, esperaba ansioso ante el tendedero del balcón, anticipando la misma extraña sensación mezcla de angustia y anhelo con la que años después esperaría a una chica a la salida de su colegio solo de niñas, pensando, igual que en la valla de ese colegio, que el tiempo fluye desesperantemente lento cuando el corazón bombea con tanta fuerza. Con ella cubriéndome, aprendí a recitar poesía contemporánea: <em>Shilton, Robson, Keegan, Hoddle, Mariner</em>.</p>
<p>Es curioso. Recuerdo nítidamente la camiseta, el momento en que me la entregó mi abuelo, cómo jugué con ella con los bancos de mi barrio a modo de portería, las peleas con mi madre que no me dejaba ir después con ella a la escuela. Pero no puedo recordar el momento en que la perdí. No sé cómo salió de mi rutina, cuándo la olvidé. Solo sé que un día, muchos años después, hablé de ella con ese tono de voz grave y melancólico que se reserva para las cosas importantes que se perdieron en nuestro pasado.  Y sé también, que a veces la echo de menos y pienso qué sería de ella, cuándo y por qué pasó a formar parte del gran vertedero de los objetos desechados y tristes.<br />
Cuando muchos años después, entre una nube de humo oía los versos de cierta canción de Silvio Rodríguez (<em>¿En que estarán convertidos mis viejos zapatos? / ¿A dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol? /¿Por dónde están las angustias, que desde tus ojos saltaron por mí?</em>) y quien conmigo estaba me decía que se me veía melancólico, preguntándome en qué pensaba, ¿cómo confesar que era en el recuerdo de un trozo de tela que, sin embargo, de alguna manera intensa, llegué a querer?</p>
<p><em>Cada quince días y de la mano de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk">Classic Football Shirts</a>, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.</em></p>
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		<title>Ser y creer: la identidad dañada del Real Madrid</title>
		<link>http://www.diariosdefutbol.com/2011/04/19/ser-y-creer-la-identidad-danada-del-real-madrid/</link>
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		<pubDate>Tue, 19 Apr 2011 14:41:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Liga]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Jose-Mourinho]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuántas veces tiene uno que decir lo que es hasta que llega a serlo realmente? La pregunta se la formulaba Elías Canetti en uno de sus brillantes aforismos, señalando algo fundamental relativo al ser humano, a saber: que las personas no somos sino lo que hacemos de nosotros mismos. No hay límite en lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/madrid-barca1.jpg"><img class="centro_sinmarco size-full wp-image-22262" title="madrid-barca1" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/madrid-barca1.jpg" alt="" width="450" height="300" /></a></p>
<p><em>¿Cuántas veces tiene uno que decir lo que es hasta que llega a serlo realmente?</em> La pregunta se la formulaba Elías Canetti en uno de sus brillantes aforismos, señalando algo fundamental relativo al ser humano, a saber: que las personas no somos sino lo que hacemos de nosotros mismos. No hay límite en lo que al hombre se refiere, ni en lo excelso ni en lo más bajo.  Podemos ser lo que ansiemos. Basta con perseguirlo (repetírselo) insistentemente.</p>
<p>Claro que en esto de construirse a uno mismo también influye, y mucho, el contexto. Nos hacemos a nosotros mismos, pero aquellos que están alrededor pueden ayudarnos a lograr la meta, o, por el contrario, poner tantas trabas que lleguen a ser un impedimento. Haced una prueba, repetid a una persona de vuestro trabajo qué guapa está dos o tres mañanas seguidas y a la cuarta veréis cómo está realmente deslumbrante. Haced lo contrario: decir a alguien constantemente que tiene pinta cansado y veréis como el abatimiento se hace poco a poco con él.  Es una cuestión psicológica: la imagen que el espejo del mundo nos devuelve se funde con nuestra identidad hasta formar una sola.</p>
<p>Cuando educas a un niño, esta es la primera lección que debes aprender. El niño será tal y como sus padres, hermanos y amigos le ayuden a moldearse. Si día a día consigues convencerle con palabras y actos de que es alguien especial, de que es una personita maravillosa, de que el mundo es un lugar amable en el que se puede ser feliz, habrás ayudado a recorrer una gran parte del camino que llevará a tu hijo a la felicidad. El resto, depende ya sólo de él. Pero, si por el contrario, le insistes, bien con tu discurso bien con tu manera de comportarte, en que su llegada al mundo te jodió la carrera profesional, que es una carga para tu día a día, que es torpe o lento o que ocuparse de él se una tarea ingrata, tu hijo tendrá una identidad dañada. Será realmente difícil-aunque, por su puesto, no imposible- que con esa base consiga hacer de sí mismo lo que ansía.</p>
<p>Lo mismo sucede, a grandes rasgos, cuando gestionas un grupo de personas, pues los grupos también tienen una identidad y, obvia decirlo, no está previamente determinada, sino que también es construida. Eso que se llama, en el súmmum del lenguaje liberal, gestión de recursos humanos, va por aquí: gestionar un grupo para alcanzar una tarea determinada es crear una identidad grupal acorde con la misma. Ejemplos futbolísticos: ¿cuántas veces hemos oído la historia de un equipo mediocre al que llega un entrenador nuevo y a base de palabras y actos consigue convencerles de que no tienen techo hasta el punto de alcanzar bajo su manto hitos impensables? ¿Cuántas veces hemos leído reconocer a una estrella mundial que tuvo que llegar tal mister para que le convirtiera en lo que hoy es? O, al otro lado de la fuerza: ¿cuántos casos conocemos de entrenadores con un carácter destructivo capaces de generar un estado tal de cosas que los mejores jugadores se sienten bajo su mando incapaces de hacer absolutamente nada sobre el verde? ¿No conocemos la historia del mister de endeble personalidad al que a la segunda sesión de entrenamiento ya se le ha ido de las manos medio vestuario?</p>
<p>El caso es que tras el clásico del sábado, sentí –aunque puede ser una percepción errónea- que el <strong>Real Madrid</strong> bajo el mandato de <strong>Mourinho</strong> estaba viviendo actualmente bajo una identidad dañada. Viendo a los jugadores blancos replegados en su campo, a la espera del tropiezo del rival, sin basar su juego en las virtudes que sin duda tienen las estrellas de la plantilla blanca –en la cual están no algunos, sino muchos de los mejores jugadores del mundo- sino en un mero despliegue físico y un rigor táctico basado más en anular al rival que en potenciar las virtudes propias, concluí que el portugués había conseguido algo impensable en un técnico de su indudable valía: que sus jugadores no creyeran que la victoria era alcanzable a través de su propio talento.</p>
<p>Dicho de otro modo: la sensación reinante, el tono del partido, era la de que los jugadores del Real Madrid asumían sin contestación la superioridad del rival y habían hecho suya la idea de que solo podrían ganar por errores ajenos, no por virtudes propias. Algo así como si en una final de los cien metros lisos el aspirante interioriza que solo tiene posibilidades si el vigente campeón se cae o se rompe en el trayecto a la meta.</p>
<p>Me adelanto a críticas. No quiero decir que no sea verdad que los culés son superiores. No digo que el Real Madrid no tenga menos equipo, actualmente, que el Barcelona. Lo que afirmo es que la única manera de cambiar la realidad es asumiendo que ésta no es inmutable. Digo que la tarea de un entrenador, más allá de meras cuestiones tácticas, es generar en su vestuario un estado de ánimo propicio a las gestas, un ambiente que permita que sus jugadores crean que todo es posible. Digo que, dando por hecha la derrota, asumiendo que el estado normal de las cosas es tu inferioridad, es difícil, muy difícil alcanzar la victoria.</p>
<p>Si analizamos las palabras y actos de Mourinho en esta su primera temporada, tomando el planteamiento del clásico como último dato, concluiremos que son las de alguien que no cree en el grupo que tiene, que, por la razón que sea, no apuesta por el valor de sus jugadores, sin ambages, sin medias tintas, sino que se escuda en las eventualidades del entorno para excusar un fracaso que da por supuesto: desde los árbitros, hasta el tipo de los horarios, pasando por su director deportivo, el que corta el césped o los numerosos cuartos árbitros con los que se distrae durante los partidos o el conjunto de la prensa. Actúa como el padre que da por hecho que su hijo no es capaz y en lugar de convencerle de lo contrario, que puede llegar a lo que se propinga en la vida, excusa su comportamiento en su entorno: la culpa es de los amigos, profesores, el mundo, que está en su contra.</p>
<p>Y muy difícilmente se pueden alcanzar grandes cotas partiendo del abismo del victimismo.</p>
<p>Puede que esté profundamente equivocado, pues mi percepción se basa en meras sensaciones, pero el sábado concluí que el Real Madrid, en el plano deportivo, vive ahora una suerte de adolescencia, gobernada por las dudas sobre la identidad propia y el falso convencimiento de que el mundo está contra de uno. Y ambas cosas son falsas. Creo que el Real Madrid tiene actualmente una plantilla que es más que suficiente como para plantar cara de tú a tú a cualquier rival, incluido, por supuesto, el Barcelona. No hablamos de una plantilla construida a base de remiendos, sino de un plantel que está tasado en quinientos quince millones de euros (según <a href="http://www.transfermarkt.de/de/real-madrid/startseite/verein_418.html">Transfermarkt</a>), que desborda talento, posibilidades y capacidad de trabajo.  Pero para que la victoria acontezca, es condición <em>sine qua non</em> tener fe, pues, como los milagros, solo suceden cuando creemos en ellos.</p>
<p>El único camino es creer para poder ser.</p>
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		<title>Los idiotas</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Apr 2011 16:08:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Liga]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando era pequeño, a veces mis amigos y yo jugábamos a la guerra. Nos disfrazábamos de soldados, nos pintábamos la cara, nos dividíamos en dos grupos y formábamos unos frente a otros blandiendo nuestras armas ante nuestros enemigos con gesto de concentración y amenaza. Algunos tenían pistolas de metal o plástico: recuerdo que Azibar tenía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/pistola-de-agua01.jpg"><img class="izquierda_sinmarco" title="pistola de agua01" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/pistola-de-agua01-300x240.jpg" alt="" width="300" height="240" /></a>Cuando era pequeño, a veces mis amigos y yo jugábamos a la guerra. Nos disfrazábamos de soldados, nos pintábamos la cara, nos dividíamos en dos grupos y formábamos unos frente a otros blandiendo nuestras armas ante nuestros enemigos con gesto de concentración y amenaza. Algunos tenían pistolas de metal o plástico: recuerdo que Azibar tenía una igual que las de la serie “V”, que era fantástica y que los fines de semana, con la paga, compraba pistones que hacían un ruido atronador, como una pistola de verdad. Otros, la mayoría, habían recortado una caja de galletas María con el perfil de una metralleta y dibujado con rotulador sobre el mismo tantos botones y recovecos como se supone que debe tener una metralleta o usaban palos que la imaginación daba forma de escopetas. Las balas de estos eran onomatopeyas. Yo tenía un revólver de vaquero, de plástico, plateado, pero descascarillado ya de tanto golpe. Antaño podías pulsar el gatillo y hacía un ruido seco, clack, pero un día la goma que articulaba el resorte se rompió y nunca supe arreglarlo.</p>
<p>Tras estar un rato unos frente a otros e identificar así a nuestros enemigos, los bandos nos dispersábamos por la campa, unos a un lado, otros a otro. El equipo tenía un general que daba las instrucciones al resto, las cuales seguíamos con disciplina militar. Cada tarde teníamos una batalla, pero afrontábamos cada una como si fuera la última. Nos lanzábamos al suelo, escondidos tras arbustos –las ramas también servían para hacer trajes de camuflaje-, aguardando al equipo contrario, corríamos cuando creíamos estar a salvo, organizábamos escaramuzas, trampas sorpresa. Si te disparaban, debías tirarte al suelo y fingir tu propia muerte. No tenías por qué estar ahí todo el tiempo, podías ir a un lado de la campa donde se reunían los muertos a ver la batalla. A esa esquina la llamábamos “el cementerio”. Ganaba el bando que, o bien exterminaba a todos los enemigos, o bien lograba arrebatar al otro un pañuelo que hacía las veces de respetada bandera, por la que todos estábamos dispuestos a ir a “el cementerio”. Precisamente, de eso trataba el juego.</p>
<p>Dirán los pedagogos que el juego era poco educativo. Pero, joder, nos lo pasábamos bomba. Rodábamos por el suelo abatidos por las balas del enemigo, hacíamos prisioneros que amenazábamos con matar al primer movimiento –y que atábamos y usábamos de escudos humanos-, a veces incluso nos llevábamos algún golpe real –con consecuente chichón real-, pero siempre entre risas, gritos de júbilo y alegría. Nada malo había en nuestros juegos. Siempre teníamos claro que era una guerra simulada y que lo importante no era la guerra, sino jugar.</p>
<p>Bueno, a veces sí ocurrían cosas que no deseábamos. Sucedían cuando se presentaba a jugar con nosotros, permítaseme la expresión, el típico idiota. Al principio parecía uno más, pero pronto se revelaba su profunda incapacidad para simular el juego. Parecía disfrutar con el enfrentamiento y, sin venir a cuento, golpeaba a un chico del otro bando o, a un rival que huía le hacía con mala baba una zancadilla traicionera, o a uno de los prisioneros –a los que respetábamos tal y como establece el tratado de Ginebra- le humillaba una vez atado. Cuando uno de estos especimenes se colaba en nuestros juegos, el resultado siempre era el mismo: se perdía la gracia, se tensaba el ambiente y alguno de nosotros volvía a casa llorando. Sólo él, con el gesto desencajado, parecía disfrutar con lo que había acontecido. Mala gente.</p>
<p>Recuerdo que cuando esto pasaba, nuestros mayores nos decían que a la guerra no se juega y que nosotros contestábamos que siempre jugábamos a la guerra y que nos divertíamos mucho, y que la culpa era exclusivamente del idiota de turno al que, obvia decirlo, intentábamos a partir de ese día evitar a toda costa.</p>
<p>El caso es que ahora que llega esta guerra simulada, y sin duda divertidísima, que serán los cuatro próximos Barça-Madrid, los idiotas empiezan a revelarse y me temo que todo terminará como en nuestros juegos de niños, con alguien en casa llorando y escuchando el paternalista discurso típico de que del fútbol no puede salir nada bueno. Y no nos engañemos, no es el fútbol, ni los Barça-Madrid los que engendran odio, fomentan la estupidez colectiva y atentan contra la inteligencia. No. Son sólo los idiotas de siempre, que se nos han colado en nuestros juegos. Sucede, sin embargo, que un idiota atrae a otro idiota, y esto ahora mismo parece toda una convención.</p>
<p>Así que me atrevo a dar un consejo: disfrutemos del juego evitando a estos que solo quieren joder el asunto, y si vemos que la cosa se tensiona mucho, echémonos a un lado, dejemos que entre ellos se amarguen la vida y, sin que se enteren los idiotas, quedemos nosotros, otro día, en otra campa –hay muchas aparte de esta en la que se jugará ahora cuatro veces-, con nuestras caras pintadas, formando unos frente a otros en dos bandos enfrentados. Nos divertiremos. Y aunque desde fuera crean que nos miramos con odio, a poco que se fijen, se darán cuenta de que bajo esos gestos de rivalidad simulada, está la sonrisa del que sabe que está jugando.</p>
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		<title>Las ocho caídas de Mourinho: el fútbol y la emancipación social</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 15:38:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Diarios de Futbol]]></category>
		<category><![CDATA[Futbol Mediático]]></category>

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		<description><![CDATA[El filósofo norteamericano Richard Rorty escribió un texto titulado “Trotsky y las orquídeas salvajes” en el que explica en clave biográfica que el reto intelectual que dio origen al conjunto de su obra fue el intento de conjugar en un mismo sistema de pensamiento la necesidad de la consecución de un ideal de justicia social [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/asdasd.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/04/asdasd-226x300.jpg" alt="" title="asdasd" width="226" height="300" class="izquierda_sinmarco" /></a>El filósofo norteamericano <strong>Richard Rorty</strong> escribió un texto titulado “Trotsky y las orquídeas salvajes” en el que explica en clave biográfica que el reto intelectual que dio origen al conjunto de su obra fue el intento de conjugar en un mismo sistema de pensamiento la necesidad de la consecución de un ideal de justicia social –encarnada para él en la figura de <strong>Leon Trotsky</strong>- con la existencia de ciertos intereses privados –que él metaforizaba en las orquídeas salvajes, que coleccionaba y cuyas especies conocía al detalle-. Dicho de otro modo, para Rorty la justicia colectiva –lo fundamental e inaplazable- había de ser no solo inexcusablemente compatible con ciertos intereses privados, sino que debía garantizarlos aún siendo socialmente irrelevantes. </p>
<p>Cuando ese texto cayó en mis manos yo cursaba mis primeros años de filosofía en la universidad. Desde entonces el norteamericano ha sido uno de mis autores de cabecera. De hecho, ahora que puedo contemplar con cierta distancia el camino que he recorrido desde aquel tiempo, creo que “Trotsky y las orquídeas salvajes” me marcó mucho más de lo que sospechaba, quizá porque donde él escribía nombres exóticos de orquídeas, yo leía impronunciables equipos de fútbol. </p>
<p>Si el proyecto con el que Rorty llegó a la universidad era el de reconciliar a Trotsky y las orquídeas, el mío al salir de la misma fue el de conjugar mi pasión por el fútbol con aquellas cuestiones que consideraba verdaderamente importantes. Un ideal de justicia social, por supuesto y ante todo, pero también por ejemplo una cierta manera de vivir la cultura –con mayúsculas- o de ver el mundo y a mis semejantes, caminos al fin y al cabo que convergen en una mismo ideal. El texto de Rorty –y con el tiempo muchos otros de autores como  <strong>Enric González, Edauardo Galeano, Juan Villoro</strong>, etcétera- me ayudó a salir del armario y reconciliar al menos personalmente lo fundamental con lo trivial-pero-también-necesario. Biográficamente: dejé de sentirme un sujeto extraño por aparcar durante hora y media a <strong>Boris Vian</strong> para ver un Derby County-West Ham; por perder el hilo de una lectura por pensar dónde andará ahora <strong>Pascal Feindouno</strong>; por despertarme existencialmente angustiado porque ese día el Athletic Club se jugaba el descenso frente al Levante…. y viceversa: por estar convencido de que <strong>Emmanuel Lèvinas</strong> y <strong>Ronaldinho</strong> cabían en una misma frase; de que en el descanso de un partido se puede hablar de una exposición del Museo de Bellas Artes; de que se puede ser políticamente contestatario al tiempo que se celebra un gol del Real Madrid; de que lo que acontece en el terreno de juego es más rico y mejor si tú aportas lo que has recolectado en otros ámbitos de la vida y la cultura.  </p>
<p>Así, desde la primera línea que escribí sobre fútbol, cada tecla que he pulsado ha sido con el convencimiento pleno de que el fútbol no solo es compatible con las convicciones sociales, políticas y culturales, sino que puede –e incluso quizá deba- ayudar a que la sociedad avance en esos tres ámbitos. </p>
<p>Con paso del tiempo, la profusión de textos y el transitar por ciertos lugares comunes, descubrí que, como en todo, en esta convicción particular uno no estaba solo. Aparte de los grandes referentes ya mentados, había escritores, periodistas, analistas, aficionados, que se resistían a que se cumpliera el tópico que identificaba el fútbol con lo más bajo de las pasiones, con los radicalismos políticos, con la simpleza de espíritu, con la nulidad cultural. Empecé a ver en otros autores –y blogs, y comentaristas y amigos- las mismas inquietudes que a mí me movían. Y me sentí feliz por ello. Más si cabe, cuando encontré un lugar en el que crecer, como es  Diarios de Fútbol. En este sentido, a  mis compañeros en esta casa debo tanto que no basta un texto para reconocerlo. </p>
<p>Sin embargo, esta convicción se está resquebrajando de un tiempo a esta parte. De hecho, la mayoría de textos que he publicado sobre fútbol en los últimos meses han sido una especie de excusa de por qué escribo de esta materia. Una venda, al fin y al cabo, en una herida que está abierta en mí. Hoy dudo, y no es una duda constructiva la que cobijo, sino una de esas vacilaciones que te van minando por dentro y te llevan a la inacción. Han pasado casi diez años desde que presentara en la universidad con juvenil altanería ante un tribunal de filosofía una tesina sobre fútbol y sociedad, y aunque sigo convencido de la validez de la tesis defendida –que el fútbol es el gran fenómeno social de la actualidad y que como tal dice mucho de las sociedades contemporáneas- de lo que no estoy del todo convencido es de que tenga sentido seguir trabajando en ella. </p>
<p>¿Por qué? Porque cuando se hace de algo humano materia de estudio, no solo se asume que la idea del espectador que modifica el objeto de estudio, sino que hay latente una voluntad de cambio. Uno quiere modificar el objeto de estudio, hacer de él algo que considera mejor. En ese mismo sentido, cuando uno hace suyo un ideal así, su intención es la de cambiar la tendencia general. Dicho de otro modo, cuando algunos afrontamos una manera que creímos diferente de ver el fútbol lo hicimos con voluntad de cambio. Leímos a <strong>Enric González, Juan Villoro, Eduardo Galeano, Santiago Segurola, Sergi Pàmies, Jon Agiriano, Axel Torres, David Trueba</strong> y tantos otros, y nos dijimos: eh, así deberían ser la información y la opinión deportivas. Y actuamos en consecuencia. Pero va pasando el tiempo, y compruebas que a pesar de la labor de unos pocos, en los que simbólicamente te incluyes, ésta no cuaja, y la tendencia general no va sino en la dirección contraria en la que trabajas. El ánimo va decayendo. Compruebas con tristeza, cómo los medios  insisten en un camino que entiendes viciado, que subraya el odio al rival, el todo vale, el amarillismo, el elogio gratuito, la crítica desaforada, infla lo intrascendente, lo anecdótico, lo trivial, ignora las historias humanas para construir una realidad de plástico, desprecia al lector, televidente radioyente, entierra la verdad si es necesario para ayudar a intereses inconfesables, plagia, manipula, maniata. Compruebas, en definitiva, que la realidad de la comunicación deportiva está trazada en blancos y negros, no ya sin tonos medios, sino también sin colores. </p>
<p>Quizá solo sea un estado de ánimo. Probablemente, de hecho así sea. Un cansancio temporal o la edad, que a uno ya le pesan los años. Pero el caso es que el va haciendo mella en uno. Así, si ahora mismo entrara en un debate serio, probablemente me rendiría a mi interlocutor y mirando al suelo, abatido, me sintiera obligado a reconocer que el fútbol hoy día, tal y como se narra por los grandes medios –y también por la mayoría de los no tan grandes-, es un impedimento para la emancipación social, un subproducto destinado al aturdimiento de las mentes, una máquina creada para alimentar la estupidez general. Con la metáfora de Rorty, que quizá sí  que hay “algo dudoso en ese interés por las flores socialmente inútiles”. Y creedme, hacer eso, sería para mí la renuncia a un ideal. </p>
<p>Ah, casi termino el texto sin explicar el por qué del título del mismo. El sábado tenía una fiebre altísima. Me dolía todo. Estaba en cama. Dormí todo el día. Sobre las ocho de la tarde, encendí la televisión para descansar de tanto silencio. El telediario de una cadena de cobertura nacional concedió unos minutos a unas imágenes que había grabado en exclusiva una de sus cámaras. <strong>José Mourinho</strong>, entrenador del Real Madrid casi se cae al salir del túnel de vestuarios. No se cayó, a penas fue un resbalón, un amago de caída. El informativo en su apertura, sin embargo, repitió la imagen ocho veces consecutivas. Nada menos que ocho ocasiones tuvimos de comprobar que José Mourinho casi se cae al salir al campo. </p>
<p>Apagué la televisión, creo que con más fiebre que antes de encenderla. Me giré en la cama e intenté dormir. Quizá fue por causa de la temperatura, pero soñé con un mundo mejor. </p>
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		<title>Banderas de nuestros padres</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Feb 2011 17:01:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/02/image_19893.jpg"><img class="izquierda_sinmarco title="image_19893" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2011/02/image_19893-300x232.jpg" alt="" width="300" height="232" /></a><em>Cada quince días y de la mano de <strong><a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/">Classic Football Shirts</a></strong>, la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.</em></p>
<p>Hay quien afirma que acudimos a este mundo determinados. Bien por el ácido desoxirribonuncleico, por nuestro lugar de nacimiento, por el idioma que aprenderemos o por el cariz de la educación que recibiremos, quienes defienden posturas deterministas dicen que la libre albedrío es una metáfora gastada. Para ellos, si no desde el mismo nacimiento –para los culturalistas incluso antes, &#8211; sí al menos en los primeros años de vida se decide de alguna manera lo que siempre seremos, lo queramos o no y sin que poco o nada podamos hacer para evitarlo. Es una suerte de relato contemporáneo sobre el destino: los deterministas nos explican que, como Edipo, podemos intentar rebelarnos contra lo que está escrito –en los genes, en el inconsciente, en la sociedad, en el lenguaje-, pero que al igual que en el cuento griego nada podemos hacer por evitar lo que está ya decidido. La sensación de ser libres es un espejismo. Lo expresa mucho mejor de lo que yo soy capaz <strong>Gustav Meyrink</strong> en la novela <strong>El Golem</strong>, a través de este pensamiento de <strong>Athanasius Pernath</strong>:</p>
<p>“Me sobrevino una oscura sospecha: ¿qué pasaría si, al fin de cuentas, las cosas con vida fueran algo semejante a esos trozos de papel? ¿No es posible que haya un «viento» incomprensible e invisible que nos llevara de un lado para otro, y determinara nuestras acciones, mientras que nosotros, en nuestra simpleza, creemos vivir bajo nuestra propia y libre voluntad? ¿Y si la vida en nosotros no fuera más que un enigmático remolino de aire? Ese viento del que dice la Biblia: ¿Sabes de dónde viene y adonde va?”</p>
<p>Yo no sé si estamos determinados o no. Pero tengo claro que por alguna razón –quizá porque paradójicamente estamos determinados a ello- nos resistimos a aceptar la idea de que nuestras decisiones son secundarias en lo relativo a nuestra identidad, de que somos lo que somos por causas ajenas a nosotros mismos.</p>
<p>Por eso siempre me ha sorprendido que en un aspecto tan importante a nivel identitario como el del equipo del que somos hinchas tendamos a aceptar con tanta facilidad que los colores que ocupan nuestro corazón están ahí por razones ajenas a nuestra voluntad. Como si el club al que, como dicen en Sudamérica, hinchamos, no pueda ser elegido.</p>
<p>Pero, ¿podemos elegir qué equipo nos hará sufrir o disfrutar cada domingo? Lo confieso a regañadientes: yo también creo que probablemente no.</p>
<p>Hagamos un ejercicio introspectivo e intentemos localizar el momento de nuestras vidas en que nuestra alma se tiño de rojiblanco, merengue, blaugrana, verdiblanco o azul. Nos daremos cuenta de que fue por algo localizado en la niñez, probablemente una tontería –un pin que nos regaló alguien, una toalla de un equipo que nos acompañó un verano, la camiseta que un tío lejano nos regaló en la Comunión-, pero que con el paso del tiempo ha ido deviniendo algo inamovible.</p>
<p>Por suerte para nosotros, padres y tíos que nos preocupa la familia y algo tan importante como de qué equipo serán de mayores nuestros hijos y sobrinos, a un genio del marketing se le ocurrió un día hacer camisetas de fútbol para niños. Gracias a ellas nosotros tenemos la oportunidad de si no determinar, sí al menos influenciar casi hasta lo decisivo a nuestros pequeños familiares a través de sobornos camisetiles. Por ejemplo, yo que tengo particular cariño al <strong>Tottenham</strong> intentaré a través de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/premiership-clubs/tottenham/dd2008-09-tottenham-away-shirt-l-boys.html">esta camiseta</a> que cierto sobrinete tenga el suficiente criterio para entender por qué es mucho más valiosa la segunda camiseta del los <strong>Spurs</strong> de hace dos temporadas que la primera del <strong>Arsenal</strong> de este ejercicio. También estoy sopesando regalarle la de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/international-teams/european/germany/2010-11-germany-home-shirt-w-tags-l-boys.html">Alemania del Mundial </a>–dado el estado de nuestra economía, nunca está de más tener algo de alemán- o incluso <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/french-clubs/saint-etienne/2006-07-saint-etienne-away-shirt-l-boys.html">esta auténtica maravilla</a>, de tal manera que cuando vaya al parque a jugar y todos los críos luzcan colores homogéneos de grandes equipos que son casi multinacionales, él muestre orgulloso su camisola de club tan admirable como el <strong>Saint Etienne</strong>.</p>
<p>Claro que también podemos optar por la vía contraria y regalar al hijo de nuestro amigo, del que queremos vengarnos por alguna afrenta, una flamante camiseta de colores que sabemos que él detesta, <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/european-clubs/spanish-clubs/real-madrid/dd2007-08-real-madrid-home-shirt-l-boys.html">por ejemplo éstos</a>. Siempre disfrutaremos al saber que padre e hijo quedaron para siempre separados por colores futbolísticos y disfrutaremos aún más al saber que aquella brecha la abrimos nosotros.</p>
<p>Pero ciñéndonos a lo positivo, regalemos camisetas que admiremos, pues será una manera de legar nuestros colores a nuestros hijos. <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/catalogsearch/result/?q=boys">En Classic Football Shirts las encontraremos con la pestaña &#8220;boys&#8221;</a>. Esas zamarras son las banderas de nuestros padres.</p>
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		<title>Camisetas clásicas: uno de los nuestros</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 16:31:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
				<category><![CDATA[Camisetas Clásicas]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada quince días y de la mano de Classic Football Shirts: la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey. En “La insoportable levedad del ser” hay una expresión de Milan Kundera que quedó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/12/image_14413.gif"><img class="izquierda_sinmarco" title="image_14413" src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/12/image_14413-300x253.gif" alt="" width="300" height="253" /></a><em>Cada quince días y de la mano de <strong><a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/">Classic Football Shirts</a>:</strong> la tienda online especializada en camisetas antiguas, nos acercamos al fútbol con una perspectiva diferente. Lo hacemos desde las camisetas con las que se ha construido la historia del deporte rey.</em></p>
<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/12/image_14413.gif"></a>En “La insoportable levedad del ser” hay una expresión de Milan Kundera que quedó grabada a fuego en mi memoria. Hace referencia a esos momentos en los que por alguna razón conectas con un desconocido con el que sabes que sin duda ninguna tienes un fuerte vínculo en común, algo que os une. Dice: “es la sonrisa de dos hombres que se encuentran por casualidad en un burdel; les da un poco de vergüenza y al mismo tiempo se alegran de que la vergüenza sea mutua; surge entre ellos una especie de fraternidad que los une”.</p>
<p>Cuando uno es un friki, en el buen sentido de la palabra, estos momentos de involuntaria fraternidad son de agradecer. Somos gente rara –insisto, en el buen sentido de la palabra- en un mundo demasiado homogéneo. Nos sucede: estamos en una aburrida cena de trabajo, y de pronto, uno de los comensales dice algo de un seguro dental y otro responde “Lisa necesita un aparato” y miras a ese otro y sonríes como si hubieras encontrado un tesoro. Corrijo: has encontrado un tesoro; a partir de ahí él y tú reiréis citando frases, recordando escenas, deconstruyendo personajes amarillos, ante la atónita mirada de los demás de la mesa. Lo dicho, almas gemelas.</p>
<p>Los Monty Phyton y su Flying Circus, Star Wars, los cómics de Hell Boy, Los Soprano, Monkey Island, la Hora Chanante, el Football Manager, John Carpenter, el Pro Evolution, Asterix, El Señor de los Anillos, las barajas de coches, el Sensible Soccer, Pressing Catch, Búscate la Vida, Mafalda, Instituto Degrassi, They Live, el Golden Axe, el Call of Duty, El Club de los Cinco, el Don Miki, El libro de la Selva, Mario Bros, las reflexiones de Repronto, los Superlópez -¿para cuándo la película de los Cabecicubos?-, los Cazafantasmas, Larry David, Peter Bagge y Johnny Ryan, Hair, Mondo Brutto, Razas de Noche, Donkey Kong, Lost, Calvin y Hobbes, El Blog Ausente, el Subbuteo, Street Fighter, El Vengador Tóxico y toda la morralla de la Troma, Saturday Night Live, Rocky Horror Picture Show, la revista Creepy, Los Goonies –que nunca dicen “muerto”-, Futurama, Indiana Jones –también buscando la Atlántida, claro-, los libros de descubre tu propia aventura, Los Fraggle, Diarios de Fútbol (se permite la licencia) Tintin, … y las camisetas de fútbol raras.</p>
<p>Porque ese es otro universo en el que uno encuentra almas gemelas, el de las camisetas de fútbol especiales. Vas en el Metro, con tus cascos calzados con, no sé, con Burning a tope, mostrando orgulloso tu flamante camiseta del <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/other-world-clubs/2002-04-al-ahly-home-shirt-s.html">Al Ahly</a>, que solo sacas a la calle en los días importantes, y ahí que de repente entra en tu mismo vagón un tipo vestido nada menos que ¡<a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/other-uk-clubs/league-one/plymouth-argyle/2007-09-plymouth-home-shirt-bnib-s.html">del Plymouth</a>!. Os miráis y ambos escaneáis en la camiseta del otro: el escudo, la publicidad, la marca. Inmediatamente el procesador de vuestras mentes localiza el año, esboza un once con jugadores posibles que vistieron aquella camiseta, rastrea la historia e hitos del Club en cuestión.</p>
<p>- Peter Shilton, Barry Hayles, Ebanks-Blake, Gallagher, Mpenza… ¿Taribo West pasó por allí? –tu mente se ha lanzado-. Descenso el año pasado. Bradley Wright-Phillips juega ahora ahí. Hoy me empiezo una temporada en el FIFA con este equipo.</p>
<p>Qué grande es el mundo cuando lo alimentas con cultura de la buena.</p>
<p>Nicolai Berdiaeff escribió que quien lee a Dostoievski, comienza inmediatamente a dividir a las personas entre las que lo han hecho y las que no. Yo confieso que en lo referente a mis pequeños universos frikies, me sucede algo parecido. Me gusta compartir esas pasiones, y me reconforta encontrarme con otras personas con las uqe comparto la fascinación por las creaciones de terceros. Así que si tú eres uno de esos a los que aún le da vergüenza afirmar bien alto que todo lo quiere para navidad es la segunda equipación del Dukla de Praga, sal del armario, mándale a tu novia ahora mismo el enlace de <strong><a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/">Classic Football Shirts</a></strong> y dile que se deje de colonias, calcetines y bufandas, y que encargue ahora mismo la camiseta del <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/other-world-clubs/2001-02-kaizer-chiefs-away-shirt-l.html">Kaizer Chiefs</a>, del <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/rest-of-the-world/other-world-clubs/2006-07-chengdu-blades-home-shirt-w-tags-l.html">Chengdu Blades</a>, de <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/international-teams/north-america/2006-07-trinidad-tobago-home-shirt-l-49069.html">Trinidad y Tobago</a> o <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/international-teams/rest-of-the-world/2009-10-lebanon-home-shirt-bnib-l.html">la del Líbano</a>. Porque eres uno de los nuestros.</p>
<p><strong>Puedes comprar esta camiseta y cientos más en <a href="http://www.classicfootballshirts.co.uk/">Classic Football Shirts.</a></strong></p>
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		<title>De derrotas de antemano, árbitros y lo que ayer aconteció</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Nov 2010 18:36:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dadan Narval</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Real Madrid]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/11/2010-11-29_FCB_-_REAL_MADRID_024.jpg"><img src="http://www.diariosdefutbol.com/images/2010/11/2010-11-29_FCB_-_REAL_MADRID_024-300x200.jpg" alt="" title="2010-11-29_FCB_-_REAL_MADRID_024" width="300" height="200" class="izquierda_sinmarco" /></a>Cuando se produce un resultado como el de ayer en el Clásico, y se transmite además a la grada tal sensación de total y absoluta superioridad, es difícil definir dónde comienzan los méritos y los deméritos de un equipo y otro. Uno, que ha visto innumerables goleadas del Barcelona de Guardiola en los últimos años y que cree firmemente en las virtudes del trabajo bien hecho, tiende a pensar que lo de ayer fue más el resultado de las excelencias culés que de los deméritos blancos. Y así le gustaría dejarlo patente. </p>
<p>También lo pensaba la semana pasada, por cierto, cuando el bueno de Juanma Lillo fue despedido luego de que su equipo encajara ocho goles ante la máquina blaugrana. Entonces, sin embargo, no fueron pocos –Eduardo Inda entre ellos- los que acusaron al equipo andaluz de regalar el partido. Una cantinela, que lleva arrastrándose demasiado tiempo y a la que <a href="http://www.as.com/futbol/articulo/mourinho-sera-dificil-ser-campeones/20100924dasdasftb_21/Tes">se abonó también en su momento el entrenador madridista</a>. Así que, con ánimo de que ese interesante debate no decaiga, quiero relanzar esa cuestión y preguntar hoy si lo de ayer es una prueba más de que los rivales de los culés regalan los partidos. </p>
<p>Claro que también cabe pensar que en realidad ni unos ni otros tuvieron nada que ver en lo que sucedió sobre el terreno de juego, porque el fútbol no es cosa de dos sino de tres: es el trío arbitral quien decide y manda. </p>
<p><a href="http://www.diariosdefutbol.com/2007/04/16/malaguti-y-los-de-negro/">Mi buen amigo Malaguti</a> me lo advirtió ayer mismo: no hay nada que ver, el resultado está ya decidido. Así lo habían suscrito tantos y tantos otros durante los últimos días. Y da igual si la realidad es la que es. Todo se puede forzar, como demuestran Marca y <a href="http://www.as.com/opinion/articulo/barca-sigue-estando-encima/20101130dasdaiopi_3/Tes">AS</a> para terminar poniendo parches en los ojos de quienes no quieren ver. Como dice el castizo dicho: que por arriba que por abajo, siempre tiene un pero la sopa de ajo. </p>
<p>Allá ellos. De eso <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2009/09/30/los-arbitros-la-prensa-y-el-barcelona/">ya escribí en su momento</a>, y nada ha cambiado. Así que me voy a permitir el feo gesto de citarme a mí mismo, cuando me preguntaba hace más de un año “qué profunda vergüenza pasarían los articulistas de turno de AS o Marca leyéndose a sí mismos dentro de unos años, cuando el equipo de Guardiola solo sea ya un recuerdo, una brillante página en la historia, y vieran cómo sus crónicas día sí día también se excusaban falsamente en los árbitros para desacreditar a este equipo, si realmente tuvieran dos dedos de frente o un mínimo sentido de deontología profesional”. </p>
<p>Dejando de lado estas tonterías, y en cuanto a lo importante, la conclusión del partido de ayer en lo referente a los culés es clara: el Barça sigue gozando de una enorme salud. Y esto es digno de aplauso. Yo soy de los que aposté en privado que este año sería el del principio del fin de la magnífica época vivida con Guardiola. Mi argumento se basaba en la escasa amplitud de la plantilla, la veteranía de algunas piezas clave y en que en el plantel hay demasiados jugadores que este verano han tocado el cielo con sus dedos. Sin embargo, me alegro de haber estado equivocado. Es digna de admiración la capacidad de este equipo por seguir marcándose retos. Cabe pensar que, en este sentido, al Barcelona le ha venido fantásticamente el fichaje de Mourinho por el Real Madrid. </p>
<p>Hoy es día, pues, de aplaudir sin ambages al FC Barcelona. Aplaudamos, pues, a un Messi colosal, que como bien afirma Ramón Flores, es capaz de ser Romario, Xavi y Laudrup en diferentes momentos de un mismo partido-; a un Xavi espectacular, que baila tango en el centro del campo y con él bailan los rivales; a un Iniesta fundamental al que se le van a quedar cortos los aplausos de todos los campos de España; a un Busquets que cada día es más imprescindible en el once; a una defensa que estuvo atenta a cada lance; a un Villa de quien nadie ya debe dudar; a un Alves que supo sacrificar sus ansias de área ajena por el grupo… e incluso a un Abidal que se demuestra, cada partido, como uno de los mejores laterales izquierdos del mundo y al que sospecho que solo se le reconocerá su verdadera dimensión en este equipo, cuando ya no esté. Por supuesto también a Guardiola, cuya leyenda crece a un ritmo solo igualado por la sombra de la inquina que tanto mediocre demuestra en sus columnas de prensa cada vez que le nombran (lo de las guardioladas del Marca de hoy es digno de estudio psicológico). </p>
<p>En cuanto al Real Madrid, la derrota de ayer es dolorosísima. Aún justa por lo visto sobre el césped, se antoja un castigo excesivo, probablemente, para lo demostrado hasta el momento en la temporada. Creo firmemente que este equipo se levantará de lo de ayer y venderá cara, carísima, cada una de las competiciones que disputa. Sin embargo, una de las claves del 5-0 ha de hacer pensar a los aficionados blancos: uno cree que ayer el Real Madrid llegó al Nou Camp con una imagen sobredimensionada de sí mismo. Las posibilidades de los blancos en feudo rival pasaban por ponerse el mono de trabajo, ser uno sólo en el esfuerzo y practicar una presión voraz sobre cada gesto del rival. Y nada de eso se vio. Fue un equipo apagado, timorato, lento y desconcertado. Parecía como si estuvieran esperando que el Barcelona resbalase solo, como si creyeran que el rival perdería el partido por sus propios deméritos y hubieran comprobado en el primer minuto que no iba a ser así, y se hubieran rendido en consecuencia. </p>
<p>Está por ver si el varapalo de ayer afecta a nivel psicológico a este Real Madrid de Mou, que hasta ahora pasaba por ser un equipo mentalmente sólido. También está por ver cómo se despeja la incógnita de los grandes partidos en Europa. El próximo gran rival se convertirá en una final, en la medida en que prensa y público enfocarán ese partido como la prueba del algodón de si este Madrid solo vence a equipos “menores”, como se decía que le sucedía al de Pellegrini. </p>
<p>En ese sentido, cabe recordar a nuestros amigos del Real Madrid que lo bueno que tiene la Liga –aunque a Mou esto no le gusta, según dice- es que se puede ganar habiendo perdido los enfrentamientos directos ante tu gran rival. Aunque algún culé matizará que la Historia, sin embargo, no.</p>
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