Vinicius y las palabras de ánimo

El Madrid fue un funeral perenne la temporada pasada y ahí se presentó Vinicius para decirnos que ya vendrían tiempos mejores. Las palabras de ánimo se agradecen y se devuelven cuando el viento –y la vida- le da en la cara a quien las dijo primero. Ha llegado el momento de que el madridismo arrope a la perla brasileña porque el primer paso para salir de la depresión es visualizarse fuera de ella, y Vinicius creó un microcosmos imaginario en el que el oxígeno duró hasta marzo. Ahora que meses después el Madrid pisa sin hundirse en el barro, es el brasileño quien se ha perdido en alguna de las muchas curvas trazadas desde entonces.

Vinicius viene de una familia humilde, de esas que algunas veces no tenían con qué alimentar a sus hijos. Incluso Cacau, el director de la escuela de fútbol en la que el pequeño Vinicius daba sus primeras patadas a un balón, tuvo que prepararle algún almuerzo y hacer la excepción de perdonarle el pago de varias mensualidades. El guión perfecto del héroe que sube desde lo más bajo ya se escribía entonces y fue añadiendo páginas, unas de manera natural y otras no tanto: fichó por el Real Madrid antes de cumplir los 17 años por valor de 45 millones de euros.

No jugaba al principio, cuando era una incógnita, pero lo peor llega ahora, después de ser una ilusión. El Madrid necesitaba avanzar con los ojos cerrados, como cuando pasas con el coche por un hueco muy justo, que sea lo que tenga que ser, y en ese momento justo se ha quedado atrás Vinicius. Hay tiempo para subirlo al carro, como pasó con Asensio en la temporada del doblete: de quedarse fuera de varias convocatorias seguidas entre diciembre y enero a acabar enseñando su nombre a Europa.

El Madrid siempre busca el pan para hoy y no podía permitirse esperar a que el brasileño practicara la puntería, de ahí el fichaje de Hazard. Vinicius se ha quedado como sustituto del belga porque por la derecha se gripa. Quizás una cesión pueda venirle bien, pero pase lo que pase, el madridismo debería mantener la fe en quien una vez le hizo creer. Con menos se han montado peregrinaciones.

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