Courtois no es un milagrero

El problema de Courtois es que es un guardameta y no un milagrero, que, según la RAE, es alguien que hace milagros en sentido coloquial -seguramente es el significado más extendido-, pero quizás lo que pocos saben es que en su segunda acepción sirve para definir a quien los finge. La primera se refiere a algunos aficionados: personas que tienden a tomar por milagros las cosas que suceden naturalmente. Culpar al belga de los goles del Brujas, día en que los silbidos de la grada y los focos de la prensa se dirigieron hacia él, es como exigir a Benzema que pida perdón si el equipo no genera ocasiones. Se puede salir en la foto sin ser el asesino.

Hay gente que espera del portero del Madrid que salve las, en teoría, pocas ocasiones que se le planta delante, mano a mano, un delantero rival. Yo pertenezco a la corriente de pensamiento que impulsó Di Stéfano, con su inherente ironía, cuando entrenaba al Valencia y le dijo a uno de sus porteros: «No pido que pare las que van dentro, pero no meta las que van fuera». Cómo no acordarse de Buyo en Tenerife…

La grada del Bernabéu es impaciente y rápida para destruir pero también, paralelamente, para atribuir rangos inmerecidos: a Areola le ovacionaron por una salida en la que atrapó el balón con seguridad y después pidieron su titularidad por delante del mejor portero del pasado Mundial. Agradecido y honesto, el francés aconsejó a la afición que no apostaran por él con su fallo ante el Granada. Courtois llegó con 26 años al Madrid, tres menos de la edad que tenía Keylor Navas cuando se hizo con la titularidad de la portería blanca, al que el madridismo parece querer más ahora mirando el palmarés («el portero de las tres Champions») que cuando miraba al campo y veía al costarricense.

Courtois no ha hecho milagros hasta ahora pero tampoco los ha fingido: bastante académico, huye de las paradas ornamentales. No se le recuerdan pifias con la camiseta del Madrid, aunque es cierto que algunas veces pudo haberse hecho más grande para tapar especialmente su palo. Con 27 años, entra dentro de la lógica pensar que el mejor momento de su carrera todavía no ha llegado. El madridismo deberá elegir entre confiar en uno de los mejores cancerberos del mundo o vivir en una eterna cacerolada cada vez que el balón ronde la portería del Madrid. Quizás es en la otra área donde más falta hacen los milagros.

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