Reseña: Como siempre, lo de siempre

Para Lucía, el amor en los años del cambio de siglo no eran mariposas en el estómago. Eran cuervos. O más bien sólo uno: argentino, zurdo y llamado Gustavo. Y su camiseta era la piel que habitaba Lucía, aunque más por el sudor que por el sentimiento.

Gustavo López celebra junto a sus compañeros en Balaídos uno de los cuatro goles a la Juventus la noche del 9 de marzo de 2000 (Imagen: Xulio Villarino para La Voz de Galicia)

Sé que no hay peor manera de comenzar esta reseña, pero vaya por delante que siempre asocié el apellido Taboada con el Real Club Deportivo de A Coruña. Yo confieso. La culpa la tiene el padre Taboada, el sacerdote gallego que ponía la representación deportivista en aquella “tertulia de los capellanes” de Al sur de la semana, el programa de Rafa Sánchez que la COPE emitió las mañanas de sábado y domingo hasta 2010. Pasada casi una década de aquello y fallecido el padre Taboada en 2016, de repente aparece alguien con el mismo apellido, que ni es hombre ni sacerdote ni mucho menos coruñés ni habla en la COPE, y escribe un librito sobre el Celta. Y no uno cualquiera. Se trata del último título de la colección “Hooligans Ilustrados” de Libros del K.O. (junto a su mellizo racinguista Una forma de permanencia, de Marta San Miguel), que por primera vez repite equipo cuatro años después de la publicación de El Celta no tiene la culpa, del veterano Alfonso Armada.

Pocas descripciones hay más evocadoras y que resuman mejor y en menos palabras la esencia de un campo de fútbol como la que hace Lucía Taboada (Vigo, 1986) de su Balaídos, que “sigue siendo el estadio por el que sobrevuelan las gaviotas, pero desde donde no se puede ver el mar”. Ese signo casi mosaico de acercarse pero no llegar, de contemplar alguna tierra prometida sin poder pisarla jamás, vertebra el celtismo de la autora, el propio y el heredado de su padre; ambos se fusionaron definitivamente en las lágrimas que sucedieron a la derrota en la final de Copa de La Cartuja, que dejaba a los vigueses por enésima vez a las puertas de la hazaña. Esa hazaña que, según Taboada, tanto cariño debe tenerle ya al Real C. Celta –¿C de Club o de Citroën?– a fuerza de llevar toda la vida rozándola, en Madrid, en Sevilla o en Manchester.

Lucía, en cualquier caso, tuvo suerte. Los mejores años de la historia del Celta coincidieron con los de su adolescencia y pudo disfrutarlos en vivo y en directo desde la grada de Río Bajo, justo detrás de los banquillos. Una época, desde mediados de los 90 hasta el cataclismo del descenso, en la que el Celta iba sobrado de fútbol, pero le faltó un título. Y ese “pero”, ese fantasma del título que no fue conquistado, de la eterna hazaña que siempre se roza y nunca se consuma, sigue persiguiendo a Lucía y a todos cuantos sueñan en celeste. Sobre todo cuando toca picarse con “los otros”, “los turcos”, “los del Coruña”. El eterno as de copas que el deportivismo se saca de la manga cuando toca zanjar un debate con el eterno rival. Porque ellos también bailaron con la hazaña, pero después se la llevaron a la cama. Y no, Taboada sabe que la Intertoto NO cuenta.

Una alineación del Celta en el año 1952 (Imagen: La Voz de Galicia)

9 de marzo de 1952. El Celta recibe en Balaídos al líder de la Liga, el Barcelona, que se presenta en Vigo con esa mítica delantera que Serrat cantaría de carrerilla en Temps era temps: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. Bueno, Moreno no juega, lo hace en su lugar Jordi Vila, pero los demás están todos. El Celta se adelanta en los primeros minutos con un tanto de Atienza, que es el más listo de la clase y sabe dónde colocarse para que el rechace de Velasco al tiro de Hermidita caiga en sus botas y enviar a placer el balón a gol. El Celta le juega al líder como nunca. Y el Celta acaba perdiendo como siempre después de que el Barça remonte con dos goles del gran César. “Como siempre, lo de siempre”, murmura un joven que, sin saberlo, acaba de ver a su Celta por última vez en Balaídos. Se perderá los dos últimos partidos de Liga en casa, un 3-2 al Real Madrid y un apabullante 6-1… al Deportivo. El joven cumple con su sino como gallego y emigra, no a la Argentina como esos paisanos homenajeados en el monolito de praza América (allí donde se bañaría Lucía Taboada para celebrar la clasificación para la Champions), sino a La Mancha. Y no vuelve a ver a su equipo en directo hasta que lleva a su nieto pequeño a su primer partido de fútbol, un Albacete-Celta en el Carlos Belmonte, 52 años después. Y esa vez el Celta sí gana el partido. Pero terminará descendiendo a Segunda al final de la temporada. Como siempre, lo de siempre.

30 de junio de 2001. “Todo comenzó como estaba previsto. El Celta se puso por delante en el minuto cinco con un golazo de Mostovoi […]. Pero el Zaragoza, uno de esos equipos que parecen diseñados para las finales de Copa, y específicamente diseñado para ganarle al Celta las finales de Copa, remontó. Primero fue Aguado de falta. Luego nos marcó un gol un delantero llamado Jamelli que llevaba el número 3 a la espalda. Un delantero con el número 3 a la espalda. Y el 3-1 final llegó en el último minuto del partido.” Como siempre… Lucía Taboada resulta bastante convincente al explicar la naturaleza agorera del sentir celeste, que sólo piensa en el gol del empate y el posterior de la derrota cuando va ganando y nunca en el gol del empate y el posterior de la victoria cuando va perdiendo. Sin embargo, el celtismo no se abandona a la fatalidad. Tiene un conjuro para convertir la nube negra que planea sobre Balaídos en un suspiro de esperanza. El más corto del mundo. Dos palabras: Desta vai.

Paco Jémez y Jamelli, ese delantero con el 3 a la espalda, saludan a los jugadores del Celta en los prolegómenos de la final de Copa de 2001 (Imagen: Chema Rey para Marca)

Entre anécdotas que se leen con una permanente sonrisa en los labios, “Como siempre, lo de siempre” desarrolla un relato nostálgico, pero no melancólico. Lucía Taboada escribe en nombre de un celtismo que ha aprendido a sobrevivir después de la resaca de las estrellas, que vibró con aquella paliza a la Juventus tanto como con los dos primeros goles de un niño llamado Iago al Alavés (que, como recuerda la autora, es el único Deportivo que hay). Iago Aspas es, para Lucía, el mejor argumento a favor del fútbol moderno. Iago Aspas representa, para la parroquia viguesa, el enésimo motivo para creer en un futuro brillante. Uno en el que “asaltaremos el castillo, porque foso ya hemos tenido”. O uno, al menos, en el que yo lleve a mi abuelo a Balaídos para que vea a su Celta en directo por última vez, que vea a su Celta ganarle al Barça de Basora, César, Kubala, Messi y Manchón. Desta vai.

Iago Aspas, a hombros de Dani Abalo, en su primera tarde de gloria en Balaídos (Imagen: Lalo Villar para Cordon Press)

Ficha técnica

Título: ‘Como siempre, lo de siempre’

Autora: Lucía Taboada

Editorial: Libros del K.O.

Colección: Hooligans Ilustrados

Nº de páginas: 94

ISBN: 978-84-17678-12-8

Precio: 8€ la edición impresa, 2’95€ en formato ebook

Submeseta Sur, finales del II milenio d.C. Zurdo cerrado. One club man, aunque bastante paquete. Colé un gol fantasma en mi último partido. Fracasado en todo lo demás.

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