Fetichismo técnico: Antonio y Arsenio

Imagen: Pobla FM

Álex es un gran amigo pero yo le quiero sobre todo porque a los dos nos gusta el mismo tipo de entrenadores. A menudo hablamos y divagamos sobre ellos. Antonio Iriondo nos gusta. Su propia historia personal, desde el relato de su nacimiento en el Moscú de Kruschev fruto de la unión de dos antiguos niños refugiados de la guerra civil, su efímera carrera como jugador en el underground madrileño al amparo de su apodo (el Ruso), hasta su posterior salto a los banquillos, culminada con su hazaña al frente del Rayo Majadahonda, debutando en Segunda a los 65 años, es carne de guión cinematográfico, de película documental de León de Aranoa o Emir Kusturica. Pero lo que nos gusta de Iriondo es la combinación entre su propuesta futbolística y su aire barrial y cotidiano, de penúltimo reducto del fútbol vintage en tiempos en los que los códigos estéticos del fútbol profesional han cambiado para siempre a todos los niveles. Un cronista de La Voz de Galicia, resentido por la derrota del Deportivo en Riazor a manos del Rayo de Iriondo, se desahogó desde el teclado tachándolo de ser un técnico “feo” y “tan poco mediático” que se llama Antonio. ¿Cómo puede ser que un tío así le robe puntos a otro que se llama José Ignacio González? Ese sí que debe ser un nombre exótico, de los que habilitan para ganar partidos sin tener que pedir perdón. Si yo fuese entrenador –le digo siempre a Álex y me dice siempre él– querría ser uno feo y poco mediático, curtido en mil descensos. Y, si puede ser, también calvo, bigotudo y barrigón. Iriondo es una figura de la que es fácil enamorarse cuando eres un nostálgico incluso de cosas que no has vivido, cuando eres un “friki del barro” y, sobre todo, cuando te gusta el fútbol. Porque Antonio Iriondo, por encima del carisma de su look a veces chandalero y a veces viejoven, por encima de su dilatada carrera curtida en clubes fetiche como el viejo Manchego, RCD Carabanchel, Atlético Amorós y Atlético Pinto o los dos Rayos de Madrid, es un entrenador que propone fútbol, buen fútbol; ese que nadie que es capaz de definir pero que un sentido oculto detecta inmediatamente cuando se ve. Por eso, por eso nos gusta Iriondo. Porque es uno más de nosotros, los apasionados de este juego, y feos también. Aunque, como Antonio, tengamos nuestro público.

Antonio Iriondo nos gusta, pero Arsenio Iglesias nos fascina. Casi nos obsesiona. Álex y yo somos de los que sienten nostalgia por casi todo, pero en particular por aquello que jamás llegamos a vivir. La morriña es un país superpoblado y la evocación su lengua oficial. Ya han pasado 25 años desde el penalti de Djukic, la Liga que no fue del Deportivo y aquella rueda de prensa de Arsenio que miles de personas pueden recitar de memoria y debería proyectarse en los colegios porque es el testimonio más sincero, terrenal y aleccionador que podría dar uno de los hombres más honestos y entrañables que han pasado por la élite de nuestro fútbol, un planeta donde muchos dan lecciones, pocos tienen los pies en la tierra y la sinceridad escasea. El 14 de mayo de 1994 ni Álex ni yo habíamos nacido, pero cada cierto tiempo charlamos sobre Arsenio y el Superdepor en el idioma de la evocación. Quizá porque hoy echamos en falta más hombres como él, más ruedas de prensa como la suya. Porque todo lo que tenemos, además de la morriña, es mucho que decir y poco que contar, y muchas dudas, y mucho miedo a defraudar a los que confían en nosotros, porque puede pasar. En la vida puede pasar absolutamente todo, salvo una cosa: lo de Andrade. Jorge Andrade se fue a la calle contra el Oporto por dar una patadita amistosa a Deco que Markus Merk malinterpretó. Aquella Champions era del Depor, joder. Álex me lo recuerda siempre. Del Depor, de Jabo y, como la Liga del 2000, un poquito también de Arsenio. ¡Cuánto hemos sufrido, Martín, hasta por equipos que no son el nuestro! Manda carallo…

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Submeseta Sur, finales del II milenio d.C. Zurdo cerrado. One club man, aunque bastante paquete. Colé un gol fantasma en mi último partido. Fracasado en todo lo demás.

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