Salid Y Respirad

Incómoda como una resaca después de los 30, interminable como un domingo de lluvia tras cambio de hora; la digestión de la infausta noche de Roma se ha prolongado más de la cuenta en can Barça. Ciudad eterna, eterno cabreo. Aquel derrumbe inexplicable sumió al culé en un profundo escepticismo que ha marcado la presente temporada, donde el resultado nos ha parecido siempre ajustado y cada rotación de Valverde se nos ha quedado corta. Cualquier alegría europea o doméstica nos ha arrancado poco más que una tímida sonrisa o apretón de puños. Unas veces por culpa del limbo insoportable al que nos empuja el VAR, otras por esa voz interna que lleva un año tarareando el himno de la Champions.

Hemos sido, pues, conscientemente injustos con los nuestros. Mientras el metabolismo azulgrana luchaba por pasar página el club ha seguido la línea de los últimos tiempos; el Barça contemporáneo viene siendo aburridamente insuperable en otoño —cuando acostumbra a abrir brecha en Liga—, estúpidamente generoso a inicios de año —en su competición fetiche, la Copa— y desesperantemente apagado en primavera —cuando se encienden los eurorreflectores—. Detectamos brotes verdes pero da miedo simplemente escribirlo; nos han obligado a ser comedidos, acaso por contagio ante el ritmo cansino de un equipo pragmático dirigido por un tipo cabal y prudente, adjetivos a cuyas acepciones peyorativas acudimos muchos culés para poder criticar por algo a nuestro técnico.

Así las cosas, desde el sofá y sin soltar la botella de agua con la que esperamos rehidratar nuestra fe futbolera hemos asistido sin aspavientos a la descomposición deportiva del eterno rival: y es que ni la manita infligida a Lopetegui, ni la doble estocada a Solari, ni la lección del Ajax ni la vuelta y desglamourización de Zidane nos han hecho sacar pecho. A falta de simbiosis a través de un juego brillante, a Valverde no le podemos negar una saludable ósmosis de prudencia que ha permitido a la afición afrontar la realidad con la seriedad de Lenglet en un cruce o la frialdad de Busquets en la salida de balón.

No quiero llamarlo exigencia, lo de este año ha sido pura urgencia histórica, alarmismo físico. Hemos sufrido incluso viendo calentar a un Messi que ha disputado menos minutos que nunca anotando los goles de siempre. Hemos tenido pesadillas con la palabra pubalgia. Hemos aceptado fichajes de invierno incomprensibles con tal de ahorrar 45 minutos de esfuerzo a la rodilla de Suárez. Llevamos un curso entero anteponiendo el descanso al buen fútbol en nuestra lista de deseos, y todo por afrontar lo que viene ahora en buenas condiciones.

Después del duradero ataque de consciencia el Barça necesita airear la casa. Superada la resaca y con los deberes deportivos hechos, apetece salir de tranquis por Europa y ver qué surge. Es el momento de encarar la fase decisiva de «esa copa tan linda» con razonable leggerezza. Sin excederse en la responsabilidad. Cuando esta noche el aficionado azulgrana se siente delante de la tele podrá quitar el volumen sin dejar de escuchar una melodía que debe ser estímulo y no losa. Hay que respirar.

1 Comentario

  1. Full Norbert

    3 de mayo de 2019 a las 9:34 am

    Y hemos ganado 3-0, pero como hemos sufrido lo que no está en los escritos, no las tenemos todas con nosotros y hay que salir allí mínimo a meter uno. Y como estamos a vueltas con el estilo (no sin razón) pues estamos más aliviados que contentos. Con un 3-0 nadie pensaría que puede perder la vuelta, nadie, pero la herida de Roma es tan profunda que estamos más alerta que nunca.

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