Crónicas del infrafútbol mesetario: Hat-trick… también de ovaciones

¿El Albacete F.C. en el Paseo de la Cuba? (Imagen: Con Dos Pelotas)

Pues sí­, entre diciembre de 1929 y febrero de 1930, durante la segunda temporada de la historia del Campeonato Nacional de Liga, hubo un club albaceteño compitiendo en Tercera División y no, por cuestión de lógica temporal no pudo ser el Albacete Balompié Desde su fundación en 1925, el Albacete Foot-Ball Club había ido destacándose poco a poco entre el magma de equipos amateurs que bullí­an en aquellos tiempos protohistóricos del fútbol local. Siendo ya un habitual de campeonatos y torneos aficionados de la Federación Murciana, el Albacete F.C. se hizo durante el verano de 1929 con varios futbolistas profesionales —como Monzó, procedente del Valencia— y logró inscribirse en el grupo VII de la tercera categoría, acompañando a Elche, Hércules, Imperial de Murcia, Lorca Sport Club y Cartagena F.C., que la temporada anterior habí­a competido en Segunda División. Una liguilla del sureste repleta de futuros clásicos. Todo quedaba en casa, o al menos muy cerca.

La Liga arrancó el domingo 15 de diciembre. El Albacete recibió al Elche en el campo de deportes del Paseo de la Cuba y el debut fue sellado con tablas. Siete días después viajó hasta la pedaní­a murciana de Zarandona, donde se acababa de inaugurar el campo que acogerí­a los partidos locales del Imperial, muy cerca del barrio de El Carmen que habí­a cobijado al equipo en sus primeros años. El duelo resultó trepidante. Tras un penalti favorable al Imperial que Albadalejo envió fuera, el Albacete despertó y Monzó impuso su ley: anotó el primero de la tarde y, tras la reanudación, remató en un escorzo inverosímil un centro de Román para doblar la ventaja. Sólo el larguero le negó el hat-trick tras un formidable cañonazo minutos después. El Imperial reaccionó endureciendo su juego y Albadalejo explotó en su frustración lanzando un patadón a un rival tras perder una pelota. El árbitro del encuentro, el señor Balibrea, lo expulsó y a continuación anuló por fuera de juego el gol murciano que habrí­a puesto emoción a los últimos minutos. El Albacete sumaba sus dos primeros positivos y pasaba la Nochebuena como tercero, a un punto de los líderes de la clasificación.

El Lorca Sport Club había sido fundado sólo un año antes tras la disolución de la Sociedad Lorca Foot-Ball Club por sanciones federativas. El nuevo club fue el primero en la historia del fútbol lorquino en adoptar las características rayas azules y blancas referentes a las cofradías rivales de la Semana Santa local. Después de golear por 5 a 1 al Imperial en la primera fecha y batir por 0 a 3 al Hércules en Alicante, el Lorca S.C. se presentó en Albacete el 29 de diciembre como colí­der de la Liga.

La expectación era notable y numerosos albaceteños se acercaron al Paseo de la Cuba aquella tarde. Cuando el señor Balibrea pisó el terreno de juego flanqueado por sus auxiliares Casanova y Roselló, el público prorrumpió en una sonora ovación. Despachadas las cortesías de rigor, el Albacete eligió comenzar el encuentro a favor del sol.

Durante los primeros compases del juego ambos conjuntos intercambiaron ataques, poniendo a prueba ambas zagas. A los veinticinco minutos, Samper sirvió un centro, Lliso remató a portería y el meta lorquino, Porlan, desvió el balón hacia la izquierda. Por allí pasaba Monzó, que recogió la pelota y la cedió a su socio favorito mientras corría hacia el área: como ya hicieran en Zarandona, Román la puso y Monzó conectó un cabezazo que se convirtió en gol. A pesar de la ventaja, el público se mostraba escéptico durante el intermedio. El Lorca desplegaba un buen juego y había dispuesto de más y mejores ocasiones. La desconfianza planeaba sobre el Paseo de la Cuba, pero Monzó y sus compañeros tení­an otros planes.

La tripleta defensiva local, formada por Laguna, Manolete y el meta Amadeo, afinó su concentración y los ataques blanquiazules comenzaron a ser desbaratados uno tras otro mientras ambas delanteras levantaban el entusiasmo del público con sucesivos intercambios de combinaciones. En un ataque del Albacete, el visitante Davó desvió por línea de fondo un balón con la mano y dentro del área. Lejos de castigar el penalti, Balibrea señaló a la esquina. Entre la protesta general, Tabernero botó el córner y de nuevo la pelota y la cabeza de Monzó se entendieron para convertir el segundo gol. Esta vez no habría larguero que frenase al delantero. Román, quién si no, sirvió un último centro sobre la portería rival y Monzó, por tercera vez, batió a Porlan con un testarazo. El Albacete habí­a doblegado al invicto Lorca y con un sonoro 3-0 le arrebataba el segundo puesto de la Liga. Mientras, el Cartagena no fallaba: su victoria frente al Imperial le mantení­a líder con pleno de victorias. Su próxima parada era Albacete, la víspera de Reyes. El liderato se pondrí­a en juego en el Paseo de la Cuba.

El gran triunfador de la tarde resultó no ser el imparable Monzó, sino el señor Balibrea, que firmó su propio hat-trick. Aplaudido por el público albaceteño antes del inicio del encuentro y en el descanso, su buen desempeño y su imparcialidad durante el partido le valieron una tercera y última ovación, con la que fue despedido tras subir a su coche y marcharse del campo, perdiéndose en el horizonte del Paseo en busca de la carretera de Murcia. Manuel Peralta, cronista del Albacete F.C. para Murcia Deportiva y El Diario de Albacete, calificó el arbitraje de Balibrea como el mejor jamás visto en la ciudad y cerró su crónica sentenciando: “Con árbitros así­ se hace afición”.

Ochenta y nueve años después, el campo de Zarandona descansa bajo una plaza a la que dan sombra unos árboles. El recuerdo de las tardes de fútbol en el Paseo de la Cuba vive en el segundo verso del himno del Albacete Balompié, que desde 1940 ha abanderado el fútbol de la ciudad y que, como aquel Albacete Foot-Ball Club, juega con uniforme blanco del cuello a los pies. Lorca ha visto pasar demasiados equipos ante sus ojos y los árbitros difícilmente salen ya vitoreados de los estadios. Ochenta y nueve inviernos después del gran dí­a de Balibrea y Monzó —progresivamente castellanizado “Monzón”, quien aún había de escribir su nombre en muchas páginas de la historia futbolí­stica local—, un club albaceteño volverá a saltar de un año a otro como segundo clasificado en su Liga, a un punto del liderato que ostenta su próximo rival. Cartagena entonces, Granada hoy y, como sentenció Azorí­n: Albacete, siempre.

*Las crónicas originales del Albacete F.C.-Lorca S.C., publicadas en los ejemplares de Murcia Deportiva y Defensor de Albacete del 30 de diciembre de 1929, están transcritas en esta entrada de mi blog.

Submeseta Sur, finales del II milenio d.C. Zurdo cerrado. One club man, aunque bastante paquete. Colé un gol fantasma en mi último partido. Fracasado en todo lo demás.

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