Se ha muerto Esquerdinha

Se ha muerto Esquerdinha, que de haber nacido en Arcos de la Frontera o en Gijón y no en Caiçara jamás se habría apodado Izquierdita sino Zurdo, porque los españoles, crudos y literales, jamás tuvimos tanto arte y tanta tendencia al diminutivo y al requiebro como los brasileños a la hora de elegir un sobrenombre con el que aparecer en los libros de Historia. A la vista están los seis Zurdos que BDFutbol tiene registrados como futbolistas profesionales que emplearon ese apodo a lo largo de su carrera: todos eran españoles y ninguno ostentaba el apellido Zurdo en su DNI –otros tres tíos que sí lo tenían decidieron jugar y ser famosos con otros nombres, cosas de la vida–. El caso es que se ha muerto Esquerdinha, con sólo 46 años y de un infarto, que es una muerte terrible pero no más que cualquier otra, y yo pienso en que aún queda mucho tiempo hasta que los futbolistas que yo he visto jugar se empiecen a morir de viejos y que por tanto todos los que se mueren ahora lo hacen jóvenes, de una forma trágica, impactante, casi como si fuese mentira.

Vemos pasar tantos y tantos jugadores ante nuestros ojos, en la grada, en la televisión, en las guías de fútbol (que creo que aún existen), en cualquier parte, que cuando antes o después desaparecen de esos lugares, de la escena pública, damos por hecho que descienden a una especie de limbo; no sabemos qué pasa después, no sabemos de qué vive la mayoría, a qué se dedica ahora ese tío que jugaba en cualquier equipo hace no sé cuántos años, si puso una tienda de muebles, lo captó una secta o hizo fortuna en Las Vegas, un limbo neblinoso e informe en el que la escasa información se centrifuga junto a nuestros recuerdos, imprecisos y normalmente viciados. Y resulta que algunos se mueren, de repente, de un infarto o de un accidente de tráfico o de pena, y eso nos impacta porque los imaginábamos en ese limbo absurdo, ajenos a las leyes de los hombres y de la naturaleza, igual que levantamos las cejas entre divertidos y alucinados cuando otros señores ex-futbolistas reaparecen de casualidad un día en una foto y están obscenamente gordos y calvos, decadentes, irreconocibles, como si fuese cosa de magia que los hijos de puta no tengan, diez, quince o veinte años después, la misma pinta que lucían en nuestros cromos. Y sí, algunos también se mueren igual que engordan, les salen arrugas o se les descubre la coronilla, y el recuerdo de sus días no tan lejanos bajo los focos, en nuestras guías de fútbol, en nuestros estadios y nuestros televisores, de pronto nos visita de nuevo como un DeLorean con el depósito lleno, y nos sentimos extraños, yo al menos, porque la muerte es algo extraño, y siento cómo se oscurece hasta apagarse una minúscula fracción de la persona que fui, en una página perdida de un álbum de cromos apilado junto a viejas guías de fútbol al fondo de un armario en casa de mis padres. Ahí debe seguir, pegado para la eternidad junto a Láinez, Juanmi, Aguado, Sündgren y Paco Jémez, el cromo de Esquerdinha, que en algún momento de mi niñez cayó al limbo con todos los demás y del que no había vuelto a saber nada hasta leer que se ha muerto, con sólo 46 años y de un infarto. Como una persona cualquiera, con mala suerte y muchas cuentas pendientes en este mundo de mierda.

Siempre es un buen momento para recordarse que ellos, los futbolistas, también viven, sufren y mueren como todos nosotros. Que su privilegio casi nunca es eterno, que el tiempo siempre tiene una aguja preparada para pinchar la burbuja que los envuelve. Que la justicia no es ciega pero la muerte sí y por eso no hace distingos y también vive pegada a su sombra, cosida a la suela de sus zapatos, y a veces los fulmina jóvenes, de forma trágica, inexplicable. Y a veces la moneda cae del otro lado y también vuelven a nacer, y también tienen que luchar por volver a dar dos pasos, por volver a encontrar su lugar en el mundo, porque nunca fueron más que humanos, y el limbo no existe, el infierno tampoco, sólo estamos nosotros entre miles de millones, con nuestros recuerdos, nuestros terrores, nuestras ganas de vivir. Descansa en paz, Esquerdinha. Mucha suerte en la vida, Pelayo.

Imagen: El Mundo

Submeseta Sur, finales del II milenio d.C. Zurdo cerrado. One club man, aunque bastante paquete. Colé un gol fantasma en mi último partido. Fracasado en todo lo demás.

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