España en primera fase

Cabeceó a la red Youssef En-Nesyri y muchos, agoreros, empezamos a temernos lo peor. Los síntomas no estaban siendo nada esperanzadores y dibujar un escenario apocalíptico entraba dentro de lo plausible. España había trazado una curva de rendimiento que, desde el torpe penalti de Nacho sobre Cristiano Ronaldo en el partido de la primera jornada ante Portugal, había ido claramente de más a menos. Como si de alguna manera quisiera advertirnos de que este proyecto amenazaba caducidad temprana. Si lo de Portugal, actual campeona de Europa y particularmente motivada cuando se enfrenta a los nuestros, bien pudo entenderse como un resultado esperado y digno y lo de Irán quedó maquillado tras esa máxima del partido difícil y trabado ante un rival que no dejaba huecos, lo de anoche frente a la ya eliminada Marruecos de Hervé Renard supuso una dramática puesta en situación de lo que puede y no puede dar esta selección española.

España es, desde la ecuación de segundo grado que planteó la imprevisible salida de Lopetegui, una incógnita que no termina de despejarse. Y lo es no solo para los aficionados y para sus rivales. España es una incógnita para sí misma. Es una amalgama de inseguridades, nervios e incertidumbres que hacen palidecer hasta a los elementos más convincentes del equipo. Así se explica que para desmoronarse apenas necesite de un soplido en forma de corajuda e impetuosa puesta en escena de una selección, la marroquí, que puso en liza poco más que el orgullo nacional de sus muchos expatriados radicados entre nuestras fronteras y una importante cazuelada de patadas a destiempo.

Por allí, entre el mar de dudas, puntualmente aparecen destellos de Iniesta o ramalazos de Isco, reflejo de lo que España fue y de lo que debería ser algún día. Pero es insuficiente para sacudir a un equipo que parece sorprendido por la ineficacia de su propuesta y que amenaza ruina inminente desde el primer forjado de sus cimientos. David De Gea es el señalado. La brecha en el muro por la que España se desangra. La herida abierta que ha desencandenado un proceso infeccioso y de contagio que ha ido afectando a todos los órganos del equipo. El estado de nerviosismo es palpable en el portero madrileño, enfocado desde la previa por su grosero fallo ante Suiza en Vila-real. No solo repitió astracanada ante Portugal, sino que no ha sido capaz en los dos siguientes partidos (y ante rivales considerablemente asequibles) de gestionar emocionalmente su error y de dar un golpe en la mesa para devolver la confianza sobre su participación. Cada acercamiento a su área supone una certificación de que su concurso es, hoy por hoy, una lotería para el equipo. Se siente inseguro y sabe que sabemos que se siente inseguro, lo que ahonda en su desconfianza. No descuelga su alargada figura del larguero y aguarda como un galán de noche a que el rival de turno vaya por allí a colgar su vestimenta. Inerte, inmóvil, queriendo participar lo menos posible para no tentar a la suerte y no volver a aparecer en los papeles. Se hace extraño ver a un portero de tan altísimo nivel como De Gea ofrecer tantas dudas en cada jugada en la que participa.

Hay un cierto temor entre la opinión pública deportiva española a reclamar la siempre necesaria dosis de temperamento en el equipo. Es evocar el carácter como cualidad indispensable en un equipo aspirante a todo y aparecerse los siete males en forma de Furia Española, como representación de la España más futbolísticamente alcanforada que nuestra generación recuerda. Sin despreciar y sin pretender arrinconar el estilo que nos ha llevado a donde nos ha llevado, ayer, como en el resto de partidos de este Mundial, eché en falta algo más de carácter en los nuestros. Algo que no transmita sensación de improvisación e interinidad y de no saber qué es lo que va a pasar el día uno después de caer eliminados.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. Israell

    27 de junio de 2018 a las 11:31 pm

    Me gustaria ver a Koke y Saul Ñiguez contra Rusia, junto con Isco y Thiago. Me parece que Busquets lleva falto de frescura un tiempo, no solo en la seleccion, sino tambien el barca. Igual Iniesta. Aunque sigue dando pinceladas de genio, le falta una pizca para ser decisivo en momentos importantes.

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