Lukita

Nunca habría podido imaginarme a un futbolista tan pequeño, tan poquita cosa, tan aparentemente escaso, mandando tanto. Tenemos la falsa creencia de que en el fútbol actual la autoridad se mide por el tamaño y por el aspecto físico. A mayor estampa, mayor presencia. Tendemos a despreciar la inteligencia. Consideramos que está sobrevalorada frente a físicos imponentes, extenuantes kilometradas recorridas por todo el ancho del terreno de juego y espaldas anchas y robustas de dorsales cincelados para resistir el choque. Pero la inteligencia tiene más salidas que el poderío físico. Con el cerebro se sale de más situaciones comprometidas que con la pierna dura y el codo enhiesto. El abanico de soluciones es más profundo y no se limitan a, sencillamente, correr más que el rival o ser más fuerte que él.

A Luka Modric los muy madridistas le llaman cariñosamente Lukita. Es su aspecto, aniñado, tierno y de mirada limpia e inocente lo que incita a la derivación apreciativa de su insigne apellido. También hay una fuerte componente afectiva, algo lógico y natural hacia el futbolista que coordina los designios del centro del campo de su equipo y con el que buena parte de la afición blanca se siente en deuda permanente. Pero Lukita es pequeño exclusivamente en tamaño. Porque el menudo croata gobierna como si midiera dos metros y pesara noventa kilos, como un Napoleón balcánico. Como Billy the Kid en Silver City. Dominante como nadie en el fútbol actual. Con su inteligencia táctica y su personalidad forjada en una infancia complicada suple de sobra la falta de envergadura y kilos. Se muestra despiadadamente autoritario sobre el césped. Roba, tirando de manual de la buena colocación, y asiste. Coordina y distribuye sin descanso por más trabajo que se le acumule en su parcela. En noches como la de Nizhni-Nóvgorod, exhibiendo todo su compendio de virtudes, no necesita de nadie a su vera en las sacrificadas labores de zapa. Él solo se basta y se sobra para cumplir con los compromisos de una posición sobrecargada de trabajo. Necesitaba de un partido así al frente de la selección croata. La perspectiva que ofrecerá el paso del tiempo nos ayudará a comprender la dimensión de su talento.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com