Un jugador más

Van a necesitar Arial 64 para dar salida a tamaña frustración. Argentina entera es un clamor contra el enésimo fracaso de su selección nacional. El equipo dirigido por Jorge Sampaoli sucumbió ante Croacia (0-3) después de intentar poner en práctica una propuesta timorata, anodina y deslavada, absolutamente indigna de una bicampeona mundial.

Hablar de equipos ‘rácanos’ y referirse a combinados como el de Irán o el de Panamá es una insensatez y denota un cierto desconocimiento del nivel futbolístico de ambos. Las dos selecciones compiten en un torneo que se aleja mucho de su potencial real. Utilizan sus escasísimos recursos con mesura e inteligencia y si no muestran mucho más es porque, sencillamente, no tienen nada más que mostrar. No es, por tanto, racanería, sino carencia. El caso de Argentina es diferente, porque esconde mucho más de lo que enseña. Argentina es el equipo que guarda celosamente a Banega y lanza al verde a Mascherano, muy alejado del ritmo de juego mínimamente aceptable, Enzo Pérez o Lucas Biglia. El equipo que devuelve cuidadosamente a su cajita al Kun Agüero cuando Croacia se adelanta en el marcador. El equipo que, centrando su atención sobre la figura de Leo Messi, descuida el resto del planteamiento.

No hay que pasar por alto el momento que vive el fútbol argentino. ¿Cuántos futbolistas del once presentado por Argentina en Nizhni-Nóvgorod, con la evidente excepción de Leo, eran considerablemente mejores que sus homólogos del once croata? Tal vez no sea una cuestión de rendimiento, sino de mero nivel futbolístico. De que Tagliafico, Meza o Acuña no son Ruggeri, Burruchaga y Basualdo. De que las expectativas levantadas no tienen correspondencia con la puesta en escena. De que por mucho que cuenten con la carta imbatible de Messi, el resto de equipos también compite.

Argentina lleva años agarrotada y luchando contra la ansiedad que le genera saber que cuenta con los servicios del que muy probablemente haya sido el mejor jugador de la historia y de que debe de ganar cosas antes de que esa supuesta pócima de invulnerabilidad se agote. Es presa de sí misma, esclava del tiempo que se le escapa. Cautiva de su exigencia y su exceso de compromiso. De su obsesión por hacer valer la supuesta ventaja de que Leo naciese en Rosario, y no en Curitiba o Colonia. Incapaz de proporcionarle buenas situaciones a Messi con una cierta continuidad. Contagiando al astro de la tristeza y la espesura que doblega el ánimo del combinado albiceleste, absorbiendo su energía y convirtiéndolo en lo peor que se puede convertir a Messi: un futbolista más.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

2 Comments

  1. Fernetero

    25 de junio de 2018 a las 4:33 am

    Si quieres resultados distintos NO HAGAS siempre lo mismo. Esta frase define a la selección Argentina que siempre sale a jugar con estos mismos jugadores… y vannnn.

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