El Mundial y los exámenes

Gary Lineker ha dicho que, si él fuera el entrenador de la selección inglesa, les diría a los jugadores que se olvidaran de ganar y que disfrutaran. “La esperanza es lo que te mata”, afirmó en una entrevista de radio previa al comienzo del Mundial, añadiendo además que “cuando empieza el torneo, nuestras expectativas aumentan y al final acabamos decepcionados”. Se le puede llamar a esto discurso de equipo pequeño o se le puede llamar ser realista. Yo más bien diría lo segundo. Inglaterra llega a la cita mundialista con poca cosa, destacando la ausencia de líderes tipo Lampard, Gerrard o Carragher. El discurso oficialista es que, a falta de nombres, hay una idea de juego. Es la del técnico Gareth Southgate, al cual parece que le han dado margen hasta el siguiente gran compromiso internacional, la Eurocopa. Entonces sí se le exigirá más a su 3-5-2. Ahora, vale con probar y ver qué tal. 

De acuerdo con esto, los aficionados ingleses no deberían estar preocupados. Al contrario, como apuntaba Lineker, lo que tienen que hacer, igual que los jugadores, es pasarlo bien. Y ya. Sin embargo, los aficionados ingleses en realidad sí que tienen motivos para estar inquietos y con cierto desasosiego. Y la culpa, efectivamente, es del Mundial. Eso sí, el motivo de la desazón no está en el terreno de juego. Está en las aulas. Al parecer, en año de mundiales, las notas de los exámenes en los colegios son un tercio peores de lo normal. Un efecto casi devastador que se asemeja únicamente al de tener un mal profesor. Por cierto, otro dato. El fracaso académico afecta más a los chicos que a las chicas y, para ser exactos, a fecha más a los chicos de barrios desfavorecidos. Supongo que es igual en todo el mundo. Bueno, en todo el mundo sin contar con Estados Unidos. Aquí las notas de los exámenes bajan cuando hace calor. Pero, aparte de este caso, sí, se podría decir que es lo mismo en cualquier país.

Yo fui un afortunado. Hice la selectividad en año impar. Es decir, no había nada excepto una final de copa, la del Valencia contra el Depor, la de la tormenta (junio de 1995). Pese a todo, suspendí Matemáticas y Dibujo Técnico. Suerte que compensé sacando un 10 en Física y un 9 en Química. Muchas veces me pregunto qué hubiese sido de mí de haber tenido que pasar esta prueba en otra fecha más comprometida. Porque yo un Mundial no lo perdono. Ni unos JJOO. Ni nada, en verdad. Y tampoco se me hubiese ocurrido argumentar lo que argumenta Lineker sobre la falta de expectativas en caso de que mis padres me hubiesen preguntado. Aunque hubiese argumentado otra cosa. Hubiese argumentado lo que argumento siempre. Que a lo largo de tu vida, con buena salud, puedes llegar a disfrutar aproximadamente de veinte Mundiales. Para aprobar, sin embargo, siempre hay tiempo.

Contacto: juan.liverpool@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *