#LaDecision

Se deshojó la margarita. Se decantó la balanza. Y no se hizo al modo tradicional. Antoine Griezmann decidió romper con los cánones y asumir el mando de la situación que se había generado alrededor de su hipotética salida del Atlético de Madrid y, quién sabe, posterior llegada al FC Barcelona. De tal manera quiso erigirse en protagonista único y absoluto el atacante francés que urdió un plan rocambolesco e insospechado y que consiguió poner patas arriba todo el sistema tradicional de gestión de la información deportiva.

#LaDecision, porque la maniobra publicitaria tenía, no podía ser menos, su propia matrícula 3.0, hubiese sido un giro argumental maravilloso en un producto de ficción. Cuidada estética, intensos primeros planos, mucho postureo y cierta vacuidad en el mensaje visual. Hubiera funcionado bien como capítulo final en una de esas modernas series de culto que rellenan las horas de ocio de medio planeta. El problema es que el docudrama de Antoine, lejos de ser una pieza de ficción, maneja elementos reales. Juega con la sensibilidad de una gente que no tiene el consuelo, si el final de la serie no le satisface o le deja con mal cuerpo, de pensar que todo eso es mentira y que solo ha ocurrido así en la despiadada imaginación de los guionistas. Que mañana sonará el despertador y la vida seguirá fluyendo aunque su querido protagonista haya muerto. Porque #LaDecision acarreaba unas consecuencias reales y palpables que tendrán, muy probablemente, su fiel reflejo en el devenir de las próximas temporadas de ambos equipos implicados.

Admiro en cierto modo la valentía de Griezmann y de Piqué en su necesario compadreo. Admiro su intento de dar un vuelco al establishment de la comunicación y de manejar los tiempos de la noticia desde la perspectiva del protagonista y no del comunicador, todo bajo el filtro de un par de millennials locuelos y acaudalados. Pero no puedo dejar de empatizar con el abnegado aficionado colchonero pendiente de la resolución del futuro de su jugador estrella. No puedo dejar de pensar en que su idolatrado jugador ha mercantilizado sus sentimientos hasta el extremo. Ha construido un juego de mentiras y verdades cimentándolo sobre las dudas, inseguridades e incertidumbres, alimentadas por el propio jugador en estas últimas fechas, de aquellos que lo han encumbrado y que le han permitido llegar a estos extremos de narcisismo desmedido. Ha rodeado Griezmann su apuesta profesional de futuro de tal cantidad de artificios meticulosamente preparados que lo ha terminado convirtiendo en un acto de vanidad infumable. Y habrá quien se lo aplauda. Quien lo defienda como un genio. Lo hará, naturalmente, apoyado en el final feliz de la historia. Lo hará pensando que todo ha servido para poder seguir disfrutando de Antoine vestido de colchonero. Ay si la decisión hubiese sido otra… Pero me preocupa la deriva que está tomando el mundo del fútbol. Me genera desconfianza esta corriente de veneración desproporcionada por la imagen, de futbolistas convertidos en Youtubers, de personajes satélites dispuestos a lo que sea con tal de optar a su porción del diezmo. Es un reflejo más de la cultura de lo efímero. Del fútbol de poso y que disfrutábamos con trago corto convertido en fast-food. Quita el hambre pero sin dejar huella.

No estaría de más un mínimo de empatía con quienes sustentan todo este descomunal circo. Estamos en sus manos. Somos sus marionetas emocionales. Sus muñequitos de playmobil esparcidos por la alfombra y dispuestos al arbitrio de sus caprichos, de lo que se quieran divertir y de lo que quieran jugar. Y seguirá siendo así hasta que tomemos la firme decisión de dejar de serlo.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com

1 Comentario

  1. Hornblower

    15 de junio de 2018 a las 1:52 pm

    Borja,

    Muy de acuerdo, ayer viéndolo (que me daba vergüenza estar haciéndolo), mi sensación fue que era absolutamente desproporcionado, fuera de lugar muchas cosas y otras claramente para intentar lavar su imagen. Mi chat con los del Aleti ardía a descalificaciones durante y “contentos” con el resultado pero sin euforia alguna (es un paso adelante ser capaces de defender una estrella de un grande).

    Pero el problema es también tratar de traidor a alguien por irse (y no lo fue entonces de la Real??), cuando es la regla del fútbol actual…

    Y desde luego, eso sí, han descolocado a todos.

    Abrazo,