La clase de Zidane

Cuando era más joven tocaba en un grupo de música. Se llamaba Pop Robinson y pertenecía a un estilo clasificado como power pop. Al menos eso me dijeron el día que me uní a ellos. Yo, por supuesto, no sabía lo que era eso. Aprendí a tocar el bajo escuchando canciones de otros grupos, los del rock radical vasco en concreto. Sin estar de acuerdo con las letras que cantaban, sus melodías ligeras me servían de inspiración para componer mis propias líneas de acompañamiento, las cuales apliqué posteriormente a los temas que conformaban el repertorio que, según me indicaron, debía interpretar. Fue una contribución importante al cuarteto (éramos ciertamente cuatro músicos, a cada cual peor), pero no la más importante. Sin duda, lo más destacado que hice esos años fue escribir la letra “La clase de Zidane”. Reconozco que el pie ya me lo habían dado, porque alguien que estuvo antes que yo ejerciendo de bajista titular, había transformado un estribillo que decía “¡Cómo cuesta olvidar la frase del final!” en precisamente eso, en “¡Cómo cuesta olvidar la clase de Zidane!”. A partir de ahí, me junté con el vocalista (y líder de la banda) y nos salió esto:

A tu rutina y a tu indecisión,

La vida te ofreció una nueva ocasión de ver,

Al mejor jugador.

Daba igual si él era francés,

Si no tenía tupé,

Si a veces se le iba el pie,

Pues no hay dos como él.

Controlando el balón no había nadie mejor,

Porque al regatear parecía bailar,

¡Cómo cuesta olvidar la clase de Zidane!

Jamás habrá nadie que juegue al fútbol como él.

Desde Marsella hasta Saint Dennis,

Siempre te hizo soñar,

La magia del número diez,

Llamado Zinedine.

Si te parece que hay que ir a París,

A ver la Torre Eiffel, el Senna o el final del Tour,

Debes ver a Zizou.

Controlando el balón no había nadie mejor,

Porque al regatear parecía bailar,

¡Cómo cuesta olvidar la clase de Zidane!

Jamás habrá nadie que juegue al fútbol como él.

El poema o cómo se le quiera llamar, no es gran cosa (por no decir que es infame). Rimas obvias y consonantes. Un ejercicio literario que podría haber firmado hasta un niño (o el prestigioso escritor y autor también de este blog, Enrique Ballester). Sin embargo, olvidando la forma, el fondo de la oda contiene un mensaje que define muy bien todo lo que ha sido Zidane. Personaje irrepetible, de una elegancia extrema, tanto de jugador como de entrenador supo hacerlo todo con una clase que nadie ha tenido. La clase de Zidane, claro. Y en su despedida del banquillo del Madrid lo hemos vuelto a ver. Se marcha cómo llegó. Con tranquilidad, sin ruido, sin participar de las estridencias del fútbol actual. Tiene mérito. Muy pocos lo dejan en lo más alto y sin montar un circo. Lo que haga en el futuro, lo veremos. Ahora de momento, hay que aplaudir sus logros deportivos y darle reconocimiento a un estilo. Un estilo que ha sido la mejor representación de la clase de Zidane. Será difícil olvidarla, ciertamente.

Contacto: juan.liverpool@gmail.com

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