Mejor ahora

El 6-1 a Argentina del pasado mes de marzo había disparado la euforia. Algo muy nuestro, por otra parte. No aprendemos. No nos quitamos los malos vicios ni a base de palos. España llega a la fecha definitiva ocupando uno de los cajones de los teóricos favoritos a alzarse con el Mundial. Palabras mayores que parecen poco menos que una fruslería cualquiera en las semanas previas. Lo de Suiza ayer fue un necesario baño de realidad. Un aterrizaje forzoso más o menos necesario que servirá para ponernos a todos en situación y contener el éxtasis premundialista en el que la goleada a la albiceleste parecía habernos colocado.

En Villarreal volvió la España del dominio estéril. La del sobeteo improductivo. La que dispone pero no concreta. Sobre el césped del Estadio de la Cerámica reapareció un problema que es ya un mal endémico en nuestro seleccionado: la dificultad para encontrar la fisura ante defensas de equipos notablemente inferiores pero bien cerrados y ordenados. España ejerció ante Suiza, Iniesta mediante, una autoridad engañosa que no tuvo reflejo en el marcador final. Acaparó el balón y merodeó con insistencia el área de Yann Sommer como el que solo ha venido ‘a mirar‘ y no tiene intención alguna de echarse la mano a la cartera. Preocupa de verdad que, mostrándose tan superior a su rival de turno, el combinado nacional se muestre incapaz de sacar la tarea adelante. Y preocupa porque da la sensación de que, por mucho que España sublime su juego en tres cuartos de campo, el problema de las dificultades en área rival que le impide finiquitar las brillantes y vertiginosas combinaciones de sus centrocampistas sigue ahí, enquistado, oscuro y acechante.

Bien es cierto que España concedió poco. Se mostró firme atrás y apenas permitió incursiones de la tímida avanzadilla helvética, que dejó la sensación de acabar pidiendo perdón por importunar a De Gea. Pero concediendo los nuestros tan poco, dominando con mano tan firme el reparto del balón, es cuestión delicada que Suiza obtuviese tanto premio. No pasa de ser un ensayo. Un ensayo al que varios de los actores llamados a ser principales no pudieron acudir. Pero asusta pensar que con tan poco se pueda causar tanta mella. Ayer fue Suiza, mundialista y revoltosa. Podría ser Marruecos, o Uruguay, o Perú, todos ellos factibles rivales de los nuestros en los primeros lances hacia el cielo de Luzhnikí. Mejor ahora que no dentro de dos semanas.

Bilbao, 1977. Abogado. Una noche de lluvia y frío en (el viejo) San Mamés, una canción en el Riverside de Craven Cottage, un balón rodando por un descampado al caer la tarde. En Notas de Fútbol desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2006. Cofundador de Diarios de Fútbol en agosto de 2006. borja.barba @ diariosdefutbol.com