Es historia

Hundido en el asiento 15 de la fila 22 del sector 25 del estadio olímpico de Kiev, rodeado de gente del Madrid que celebraba una nueva victoria, alguien se me acercó y me dijo: “Es historia”. Puse la mejor de mis caras porque era verdad y porque entendía que intentaba aliviar mi pena. A fin de cuentas, habíamos perdido ante uno de los mejores equipos que el fútbol haya visto nunca. Aunque a mí en ese momento, el consuelo no me servía. Tampoco lo hizo cuando, ya de vuelta en mi hotel, intenté asimilar todo con más calma. Y eso que, en el momento de partir hacia tierras ucranianas, ya sabía a lo que iba. Era casi imposible que ganáramos la final. Y ahora se puede hablar de lo de Karius o de la lesión de Salah pero lo cierto es que, el Madrid, habría sacado adelante el partido en el momento que hubiese querido. De hecho, ya estaba en ello antes del primer fallo estrepitoso del mencionado arquero. Y habría sacado el partido por puro oficio. Ese es su estilo. No hay que darle más vueltas. Ganar por saber manejar mejor las distintas situaciones que se pueden dar durante los noventa minutos. Por mucho que quiera el rival, nunca va a estar a ese nivel de experiencia y conocimientos. Para que se entienda, es como una clase particular. De la asignatura que sea. El alumno puede ir haciendo los ejercicios pero, el profesor, siempre tendrá la capacidad para plantearle algo para lo que todavía no está preparado.

Esta teoría del maestro y su discípulo la llevo desarrollando desde hace tiempo. Más o menos desde el verano de 2014. Entonces estuve en Cardiff viendo la Supercopa de Europa. Jugaban el Madrid y el Sevilla. Ganó el Madrid. 2-0. Al volver a casa escribí lo siguiente:

“No hubo opción ninguna para el Sevilla que se vio superado por un equipo que apunta a ser leyenda.”

Como digo, era el verano de 2014. El equipo que apuntaba a leyenda estaba entrenado por Ancelotti y en los siguientes meses iba a hacer un juego maravilloso. Después, sin saber muy bien por qué, llegó el caos. Se fue Ancelotti, vino Benítez y el caos continuó. Lo de conjunto legendario empezaba a resultar irrisorio. La suerte para mí fue que, como siempre me he dirigido a audiencias minoritarias, nadie vino a mi ventanilla a reclamar nada. La suerte para mí también fue que, al desorden, le pusieron remedio nombrando a Zidane nuevo director técnico. Lo demás ya se sabe. Tres Champions seguidas y la indiscutible condición de ser el mejor Madrid de los últimos años, por no decir el mejor de siempre.

Es historia, es verdad. Ya me lo dijo el generoso aficionado madridista que se interesó por mí. Yo añadiría algo más. Es una suerte haber sido testigo de ella. Pero por una vez, me tomaré la licencia de que me importe poco el haber disfrutado de semejante privilegio. Espero que se entienda. Ojalá algún día la historia la escriba el Liverpool.

Contacto: juan.liverpool@gmail.com

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