No sé lo qué es (pero me encanta)

Craig Johnston no era el mejor jugador del Liverpool en el 84. Más bien al contrario. Ya lo dijo Jackie Charlton, entrenador del Middlesbrough cuando Johnston probó por ese equipo unos años antes:

“Eres una mierda. Lo peor que he visto en mi vida”.

Aquella noche Johnston llamó a su madre y le dijo que la prueba había ido genial. No podía decirle otra cosa. Su familia había vendido su casa para poder pagarle los billetes de avión desde Australia. Sí, Johnston era australiano. Normal que no fuese muy allá con el balón. Ahora, a voluntad no le ganaba nadie. Sabedor de sus limitaciones, se negó a irse del Middlesbrough. Escondido en el parking de la ciudad deportiva, ensayó todo lo que pudo mientras los demás se ejercitaban de manera normal. Así estuvo hasta que Charlton se fue al Sheffield Wednesday. Con la llegada de un nuevo técnico las cosas cambiaron. Una epidemia de gripe dejó a seis futbolistas fuera de combate y la solución fue preguntar por “Canguro” (así el llamaban), que seguía ejercitándose entre los automóviles. Johnston, cabezota como él solo, no desaprovechó la oportunidad. Y no lo hizo hasta el punto de que acabó fichando por el Liverpool. Por cierto, Shankly, que de aquella hacía de ojeador del Everton, también lo quiso.

Johnston no era el mejor del Liverpool en el 84. Más bien al contrario. Sin embargo, fue decisivo para que ganaran la Copa de Europa a la Roma ese mismo año. Y no precisamente por su contribución al juego de los suyos. Aunque fue titular en la final, Johnston aportó algo más aparte de su fútbol. Además de entrenarse en el aparcamiento, en Middlesbrough hizo amistad con un cantante entonces bastante desconocido llamado Chris Rea. Cuando se fue al Liverpool, aburrió a sus compañeros con uno de los discos del artista y, en concreto, con una canción que llevaba por título “No sé lo qué es (pero me encanta)”. De tanto repetir el tema, lo adoptaron como himno. Así, no era raro que, en los tiempos muertos de las concentraciones, en los desplazamientos en el autobús o en cualquier otra circunstancia, algún jugador se arrancará con una estrofa y los demás le siguieran con el estribillo. El día de la mencionada final ante la Roma, el coro sonó un par de veces y, más allá del puro entretenimiento, sirvió para quitarse los nervios antes del choque. Pero, además, asustó a sus contrarios. Favoritos para todos, los italianos no contemplaban la posibilidad de perder un título que parecía destinado a ser suyo. Eran mejor equipo y jugaban en casa. Y sin contar con ello, apareció de repente el Liverpool cantando y perdieron la confianza que tenían, cediendo finalmente la copa.

Johnston no era el mejor del Liverpool del 84. Más bien al contrario. Pero esto ya se ha dicho. También se ha dicho que fueron dos las ocasiones en las que se entonó el cántico. La primera, volviendo de reconocer el terreno de juego. Los jugadores del Liverpool, lejos de intimidarse por el ambiente, recorrieron con tranquilidad el perímetro del rectángulo y, al enfilar el túnel, Davie Hodgson empezó con la melodía. De inmediato, sus compañeros se unieron y acabaron entrando todos juntos a vestuarios como si estuviesen poniendo a punto sus gargantas para interpretar un musical. El entrenador de la Roma, Niels Liedholm, en plena charla previa, vio cómo le cambiaba el gesto a sus jugadores. El bis llegó estando listos para saltar al césped. Se alineó el Liverpool en el pasillo y esperó a la Roma. Y esperó. Y esperó. Y siguió esperando. Y cuando ya tuvieron todos claro que lo que estaban intentando sus rivales era meterles presión, Sammy Lee, Souness y el propio Johnston se pusieron con la canción. De cuando en cuando, golpeaban en la puerta del vestidor romanista para hacer algo de acompañamiento a modo de batería. Finalmente, salieron los contrincantes. Y al salir, Souness les miró a los ojos uno a uno y siguió cantando. También sus compañeros. Y lo hicieron tan fuerte, que no se oía nada del ambiente de fuera. El primer gol ya lo habían metido.

Craig Johnston no era el mejor del Liverpool en el 84. Más bien al contrario. Sin embargo, ésta no fue la razón por la que se retiró a los veintisiete años. Su hermana, en coma, necesitaba atención. A eso se dedicó al volver a Australia. Y también a inventarse unas botas de fútbol, un sistema para que no robaran en los minibares de los hoteles y un método de entrenamiento, entre otras cosas. Hoy sigue enredando con sus asuntos, todos ellos en la línea de los ya comentados. Mucho mérito el suyo, sin duda. Pero nada comparable a su decisiva contribución a la victoria ante la Roma. Porque Johnston no era el mejor del Liverpool en el 84. Más bien al contrario.

Contacto: juan.liverpool@gmail.com

1 Comentario

  1. Jos

    5 de mayo de 2018 a las 12:13 pm

    Pues no es el mejor artículo que te he leído, y no se lo que es, pero me encanta!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *