Crónicas del infrafútbol mesetario: El Doncel

Manchego CF-Villamayor en El Doncel. Imagen: Lanza

Cuando no eres nada, la nada es el lugar adecuado para comenzar. Para nacer sobreviviendo. Como esas crí­as de animales obligadas a alzarse temblorosas sobre sus cuatro paticas y caminar a los pocos segundos de ser expulsadas del seno de sus madres.

Ciudad Real, primero de octubre del último año del siglo XX. La Catedral acoge la tradicional ofrenda floral a la Virgen del Prado por parte del equipo de la ciudad ante el inicio de una nueva temporada. Equipo que ya no es el Club Deportivo Manchego, el de siempre. El Mancheguito rico. El que escasos meses atrás apuraba los últimos partidos del curso en el Grupo IV de 2ª B, navegando en las aguas tranquilas de mitad de tabla. Ya no está. Muerto, asesinado, enterrado. Las instituciones desaparecen, las almas prevalecen. Los colores, los sentimientos. Lo trascendente por encima de lo tangible. Un nuevo cuerpo donde habitar: Manchego Club de Fútbol. Nunca será lo mismo. Pero la pelota sigue rodando, debe seguir rodando. Las flores deben volver a los pies de la patrona un año más. Don Pedro Pardo, quizá antes futbolero que sacerdote, dirige la ofrenda. «Poneos siempre en manos de la Virgen del Prado». ¿En manos de quién ponerse cuando mañana juegas el primer partido de tu historia, en el grupo III de Segunda Autonómica, en Alcolea de Calatrava?

En el Campo Municipal «El Reloj» de Alcolea, a una veintena de kilómetros de la capital, una pequeña legión de incondicionales vio nacer de la tierra al nuevo equipo. Hasta los directivos pasaron por taquilla y el Manchego se lo cobró de vuelta en forma de 0-2. El bebé balompédico habí­a conformado una plantilla inédita a partir de jóvenes talentos del fútbol capitalino, viejos conocidos del filial mancheguista y un manojo de jugadores del Almagro. Sobre sus botas cubiertas de polvo amarillento, el peso del nombre de la ciudad; sobre sus cabezas, el fantasma de las siete décadas de historia de un club por el que todaví­a se guardaba luto. Por delante, un periplo por las profundidades abisales del océano mesetario: Luciana, Picón, Poblete, Villamayor y Corral de Calatrava, Almodóvar del Campo, Cabezarrubias del Puerto. La Ruta 66 de la Santa Hermandad.

Las obras del entonces Polideportivo Prí­ncipe Juan Carlos (hoy ya coronado como Juan Carlos I) obligaron al nuevo equipo a buscar un hogar alternativo, quizá mucho más para refugiarse del agobio de las responsabilidades que para actuar como local. El epicentro del fútbol ciudadrealeño pasó de estar a la vera de las ví­as del tren a un rinconcito de la Ciudad Jardí­n: el modesto campito de tierra de la residencia universitaria El Doncel. Un microcosmos encerrado por muros bajos. No serí­a la única casa del Manchego aquella temporada: el 21 de enero de 2001 la clausura eventual del Doncel por sanción —en la visita del Almadenejos no acabó de reinar la paz ni la deportividad— obligó al Manchego a recibir al Almadén en el Ángel Castellanos de Miguelturra. Culipardos anfitriones en el solar churriego: el fútbol obra milagros que para la historia y la polí­tica sólo pueden ser utopí­as.

Manchego CF-Almadén en Miguelturra. Imagen: Lanza

El Manchego disputó hasta once partidos como local sobre la arena del Doncel. Un lugar donde despertar a la realidad. Donde no se conciben la gloria ni los focos, ni el repiqueteo de campanas. Una mezcla extraña de supervivencia y cotidianeidad; siempre necesitado de riego, unas veces embarrado tras la lluvia, otras con tanta tierra que impedí­a vislumbrar las lí­neas de cal. Abrazos de arcaí­smo. Once partidos contra Picón, Agudo, Almodóvar, Poblete, Abenójar, Almadenejos, Villamayor, Alcolea, Corraleño, Los Pozuelos y Las Casas. Debió ser alguno más, pero la retirada del Cabezarrubias de la competición (de la que también se caerí­a el Agudo, no en vano el grupo III fue apodado como el «grupo de los desertores»), la efí­mera mudanza a Miguelturra y el epí­logo mosaico de la temporada privaron al Doncel de albergar otras citas, otras mañanas y otras tardes de pipas, voces, rodillas ensangrentadas y goleadas por inercia.

Como el fútbol no podrí­a ser fútbol sin cierta lí­rica, aun en sus estadios más recónditos, la tarde del 22 de abril de 2001, el mismo dí­a que el Club Deportivo Manchego hubiese cumplido 72 años de existencia, el Manchego CF apabulló a sus vecinos de Las Casas. Un 4-0 que los caseros maquillaron con dos goles en la recta final. Aquella serí­a la última victoria azul sobre la tierra del Doncel. El último partido en el refugio de arena y muros bajos. Al mismo tiempo, el empate del Almodóvar frente al Abenójar serví­a en bandeja el campeonato y, con él, el ascenso: una semana después, en Almadenejos, hasta seis goles lo certificaron. Se habí­a cumplido. El nuevo Manchego habí­a escalado el primer peldaño de su historia en poco más de medio año: siete meses y 55 puntos entre los temblores del recién nacido en Alcolea y la apoteosis en Almadenejos.

No hubo más partidos en El Doncel. No habrí­a más Manchego en Segunda Autonómica. La travesí­a por los caminos provinciales y regionales no acabó ahí­: continuó varios años hasta desembocar —siempre de la mano de Guillermo Alcázar— en Tercera, la última Meca mancheguista y en la que el joven club morirí­a en 2009. Para su última jornada como local de la temporada 00/01, el final de las obras permitió al Manchego CF jugar en la que se suponí­a que debí­a ser su casa, el «Poli». El Luciana no viajó con equipación alternativa, los ciudadrealeños hubieron de ceder el azul y vestir el blanco. Disfrazados de visitantes en su primer partido local después del «destierro»: un último guiño cómplice al Doncel.

El páramo que abrió sus brazos al recién nacido cuando aún chorreaba lí­quido amniótico, el que lo acunó y vio sus primeros pasitos en lo más insondable de las cavernas del fútbol. El Doncel que fue hogar del fútbol en Ciudad Real entre octubre del 2000 y abril de 2001, antes de devolver el testigo al remozado Polideportivo, ése que sigue ostentando el honor, a muy pocos metros de donde tiene su calle Don Pedro Pardo, el hombre que fue futbolero antes que cura. El que puso al Manchego CF en manos de la Virgen del Prado antes de un partido olvidado en El Reloj de Alcolea de Calatrava.

Hoy un bosque de matorrales amarillentos coloniza lo que un dí­a fue la arena de El Doncel. Las porterí­as, desnudas de redes, permanecen erguidas, sin que la naturaleza las haya ocultado todaví­a. La escasa altura de los muros permite asomarse al pasado al atravesar la calle Sauces.

Manchego CF-Luciana en el Polideportivo Prí­ncipe Juan Carlos. Imagen: Lanza

Submeseta Sur, finales del II milenio d.C. Zurdo cerrado. One club man, aunque bastante paquete. Colé un gol fantasma en mi último partido. Fracasado en todo lo demás.