La chilena

Uno de los goles más recordados de Hugo Sánchez con el Real Madrid (sino el que más) fue el que consiguió de chilena ante el Logroñés. Ocurrió en el año 1988. El Madrid ese día ganó 2-0 y, como digo, lo que quedó para siempre en la memoria del aficionado fue la tijereta de Hugo. Aunque antes de perdurar en el tiempo, el público asistente al partido le sacó pañuelos blancos y le jaleó al grito de “¡torero, torero!”. Hugo salió del Madrid algunas temporadas más tarde, enfadado con Mendoza, y, tras pasar por Rayo, Atlante, Celaya y algún equipo más, acabó retirándose. Lo siguiente que yo supe de él fue que seguía con su costumbre de llevar fotos suyas allá donde iba, para contentar a los que querían un recuerdo suyo. Y también, que era el entrenador del Almería.

En el Almería Hugo no lo hizo mal del todo. Consiguió salvar al equipo en su primera campaña en el banquillo, obteniendo entre otros buenos resultados, una más que decorosa derrota ante el Barça en el Camp Nou. Con una táctica poco vista en la modernidad futbolística y en la que tuvo un papel destacado Chico Flores, encargado de perseguir en marcaje individual a Xavi Hernández por todo el campo, los almerienses estuvieron cerca de firmar las tablas pero, finalmente, un gol de Pedrito terminó con sus aspiraciones. Teniendo en cuenta que se esperaba una goleada, lo de caer por la mínima fue una sorpresa mayúscula. También lo fue, para mí, el uso de la mencionada táctica. No por el planteamiento en sí, ya que cada uno es libre de idear lo más conveniente para llegar a sus objetivos. No. Lo fue porque al parecer, según me contó un amigo de Chico, Hugo parecía trabajar con más interés otras cosas antes que la disposición de sus hombres sobre el terreno de juego. Bueno, antes no. Después. Pero sí con más interés. En concreto, se dedicaba con devoción al arte del remate que el mismo popularizó, es decir, al arte de la mencionada chilena. Así, al concluir cada sesión preparatoria, el técnico solía juntar a varios de sus hombres y, en vez de ponerse a tirar faltas como se hace habitualmente, se ponían a lanzar centros con la pretensión de conectar de vez en cuando algún golpeo de tijera.

Cuando Ronaldo anotó el prodigioso tanto que acabó de hundir a la Juve en Turín, me acordé de lo de Hugo en Almería e intenté imaginar cómo hubiese sido la acción en caso de haber contado el jugador portugués con las enseñanzas de las que disfrutaron Chico y compañía en épocas pasadas. No pasé de ahí. Del intento de imaginar. Y es que ni siquiera con un extra de entrenamiento se habría podido mejorar aquello. Sólo queda por tanto desear que, en el futuro, Ronaldo continúe su carrera tal y como lo hizo Hugo. Esto es, que entrene y que lo haga con un método según el cual, todo su grupo le dedique un rato cada día a lo de las acrobacias de cara a puerta. Así tendremos más probabilidades de disfrutar en el futuro de otra genialidad como la suya. O al menos parecida.

Contacto: juan.liverpool@gmail.com

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